Ciencia y Tecnología
Leo Hernández, cazadora de eclipses: “Cuando acaba, te caen lágrimas de alegría, no las puedes contener”
El próximo 12 de agosto será la primera vez que muchos españoles vean un eclipse solar total. Este fenómeno no se había visto en la España peninsular desde 1912 y desde 1959 en las islas Canarias, por lo que solo las personas canarias de cierta edad han podido ver uno sin tener que desplazarse. Por lo demás, los únicos españoles que han podido ver hasta ahora uno de estos fenómenos son los cazadores de eclipses. Esas personas que viajan por todo el mundo solo con la intención de disfrutar del magnífico espectáculo que regala la Luna cuando le roba el protagonismo diurno al Sol colocándose enfrente de él y bloqueando su luz durante unos pocos minutos.
Una de esas personas es Leonor Ana Hernández, una astrónoma amateur, divulgadora científica e ilustradora astronómica, que lleva ya muchos años viajando en busca de nuevos eclipses. Su primera vez fue en 1999, en Hungría. Desde entonces ha visto cuatro eclipses solares totales y la invaden las ganas de viajar en busca de más. De cada uno de ellos atesora algo en su recuerdo, un pequeño detalle que ha quedado grabado en su mente de una forma muy especial.
Por mi parte, nunca he visto un eclipse solar total. Sí que he presenciado alguno parcial, pero nunca he visto el Sol ocultarse por completo. El de este verano será el primero para mí y lo cierto es que, después de hablar con Leo, como le gusta que la llamen, estoy deseando que llegue el momento.
Los cuatro eclipses de Leo
Para Leo todo empezó cuando era una niña. “A mí me encantaba la astronomía y cuando mi padre se enteró de que había una asociación cerca de donde vivimos me dijo: hija por lo menos te llevo allí, con gente que le gusta lo mismo que a ti”, recuerda. “Allí ya empecé a aprender más y a informarme sobre eclipses y claro, leía sobre la gente que los ha visto, veía imágenes y pensaba que me encantaría ver eso que todo el mundo describe, vivir esa sensación de la noche lunar en mitad del día”.
Con ese objetivo claro, comenzó a ahorrar hasta que en 1999 tuvo la primera oportunidad. De hecho, realizó el viaje a Hungría con compañeros de esa asociación en la que había empezado a desarrollar su interés por los eclipses. “Todos los que pudimos de la asociación organizamos una expedición conjunta para ver el eclipse solar”, recuerda. “La experiencia me marcó y en ese momento supe que siempre que pudiera o la vida me lo permitiera intentaría viajar para ver más”.
Siete años después, en 2006, le llegó el turno de ver un nuevo eclipse solar total en Turquía. Esta vez fue un viaje más íntimo, con solo tres personas, y lo recuerda también con mucho cariño. “Decidimos subirnos a lo alto de una montaña y estuvimos solos, había puro silencio”, cuenta con una sonrisa. “Ese silencio y ese cielo azul transparente que vi me dejaron impactadísima”. Recuerda que la emoción fue tanta que no podía parar de llorar. “Cuando acabó, me caían por las mejillas lágrimas de alegría, no las podía contener”.
Para el siguiente no esperó tanto. En 2009, viajó a China, esta vez en una expedición con un grupo grande de personas. Fue una ocasión complicada, porque coincidió con un monzón que nubló el cielo, tapando por completo el eclipse, que podría haber durado seis minutos. “Tapábamos los telescopios con lo que podíamos: ponchos, gorros, chubasqueros…La lluvia era brutal y decíamos: ¿cómo hemos podido tener tan mala suerte?”. Sin embargo, entonces ocurrió algo que Leo cataloga como casi mágico. “Parece que los cielos nos escucharon, hubo un momento que paró, apareció un claro, ese claro se fue abriendo y pudimos ver la bola negra de la Luna”, recuerda. “Abrió lo suficiente para que durante un minuto y medio o dos minutos pudiésemos verlo. Luego se volvió a nublar, pero al menos pudimos ver algo”.
Aun así, y a pesar de todo lo bonito que vio en sus tres primeros eclipses, Leo tiene claro que se queda con el eclipse solar total de Estados Unidos en 2017. Para ella fue muy especial porque en esta ocasión tomó la decisión de no hacer fotos, sino tumbarse a mirarlo y dibujarlo.

Leo, tumbada con los materiales para dibujar el eclipse
“Me quedaría con el de 2017, porque tomé la decisión de no hacer fotos”, explica Leo. “El tiempo que se te va con la cámara luego te da mucha rabia, así que decidí tomar alguna foto testimonial, con la cámara trabajando sola, pero yo tumbarme y observarlo, observarlo y observarlo”. Además, ideó un plan de actuación que empezaba incluso antes de la totalidad. “Si no tienes la vista adaptada a la oscuridad, igual que por la noche, no puedes ver los detalles sutiles de la corona solar, así que me pasé los minutos previos con gafas de sol para que mis ojos estuviesen adaptados a un momento oscuro”. Por supuesto, cuando miró al Sol durante la fase parcial usó gafas homologadas. Las gafas de sol solo las usó para mirar el ambiente.
Una vez comenzada la adaptación, fue preparando los materiales. “Me tumbé, preparé mi cuaderno y una cartulina y plasmé un fondo nebuloso con un círculo para delimitar el hueco de la Luna, esos fueron los minutos más hermosos y maravillosos que he vivido en mucho tiempo”. Y llegó el momento. “Cuando dibujas algo te tienes que proyectar mucho en los detalles y es ahí cuando realmente tus ojos empiezan a ver”, señala. “Normalmente miramos, pero no vemos todo lo que podemos, porque vamos de un sitio a otro de una forma más superficial”. Ella se centró en lo que quería dibujar. “Fue mi eclipse más increíble solo por todo lo que pude ver en la corona con la vista adaptada a la oscuridad”. Es por eso que guarda con muchísimo cariño el dibujo que hizo aquel día. “Siento que me conecté emocionalmente de tal manera que me lo quedo como algo difícil de superar”.
¿Qué se siente al ver un eclipse solar total?
En realidad, según a quien le hagamos esta pregunta, posiblemente nos contestará cosas muy distintas. Pero lo cierto es que, sea como sea, algo debe tener para enganchar a tantas personas. Leo lo describe como un momento único, que se graba en el recuerdo y siempre te deja con ganas de más.
“Los animales se creen que llega la noche y se revolucionan, los pájaros revolotean alterados, cantan muchísimo, los perros ladran, las temperaturas bajan, los colores a tu alrededor cambian, las sombras son diferentes a cualquiera que hayas visto antes… Y luego están todos los detalles de la corona solar. Es algo tan mágicamente maravilloso visualmente que necesitas llenar tu retina todo lo posible porque sabes que a lo mejor no vas a poder volver a ver otro en mucho tiempo”.
¿Qué será lo siguiente?
Podríamos pensar que el próximo eclipse solar total que vea Leo será el de este 12 de agosto, pero en realidad ella no viajará a la franja de totalidad, precisamente por amor a los eclipses. Para ella, la ocasión de ver un eclipse es algo tan maravilloso que quiere ayudar a otras personas a sentir lo mismo. Por eso, se quedará en el Observatorio de la Fundación Astrohita, donde trabaja como responsable del área de formación y divulgación, así como en el mantenimiento del observatorio y la instalación de instrumental especializado.
“Nosotros animamos a todo el mundo a que viaje, pero sabemos que hay mucha gente que no puede: gente mayor o que por lo que sea no van a poder viajar y se van a quedar a las puertas de la totalidad”. Creen que esas personas también merecen disfrutar del eclipse, aunque sea en esa parcialidad profunda que tendrán en Astrohita. “Confiamos en que si hay calima el poquito sol que quede se atenuará lo suficiente, la experiencia será gratificante y nosotros nos sentiremos muy bien por llevar la ciencia y las emociones a la gente”.
Como ella misma dice, “va a ser un pequeño sacrificio, pero merecerá la pena por hacer felices a todas esas personas”. Y es que esa ha sido otra de las grandes emociones que ha experimentado Leo en cada uno de los eclipses que ha podido disfrutar. La necesidad imperiosa de no quedarse todas esas emociones tan maravillosas para ella sola. Ahora tiene la oportunidad de llevar ese deseo a cabo.
Imagen | Leonor Ana Hernández
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Leo Hernández, cazadora de eclipses: “Cuando acaba, te caen lágrimas de alegría, no las puedes contener”
fue publicada originalmente en
Xataka
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Azucena Martín
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El próximo 12 de agosto será la primera vez que muchos españoles vean un eclipse solar total. Este fenómeno no se había visto en la España peninsular desde 1912 y desde 1959 en las islas Canarias, por lo que solo las personas canarias de cierta edad han podido ver uno sin tener que desplazarse. Por lo demás, los únicos españoles que han podido ver hasta ahora uno de estos fenómenos son los cazadores de eclipses. Esas personas que viajan por todo el mundo solo con la intención de disfrutar del magnífico espectáculo que regala la Luna cuando le roba el protagonismo diurno al Sol colocándose enfrente de él y bloqueando su luz durante unos pocos minutos.
Una de esas personas es Leonor Ana Hernández, una astrónoma amateur, divulgadora científica e ilustradora astronómica, que lleva ya muchos años viajando en busca de nuevos eclipses. Su primera vez fue en 1999, en Hungría. Desde entonces ha visto cuatro eclipses solares totales y la invaden las ganas de viajar en busca de más. De cada uno de ellos atesora algo en su recuerdo, un pequeño detalle que ha quedado grabado en su mente de una forma muy especial.
Por mi parte, nunca he visto un eclipse solar total. Sí que he presenciado alguno parcial, pero nunca he visto el Sol ocultarse por completo. El de este verano será el primero para mí y lo cierto es que, después de hablar con Leo, como le gusta que la llamen, estoy deseando que llegue el momento.
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Con ese objetivo claro, comenzó a ahorrar hasta que en 1999 tuvo la primera oportunidad. De hecho, realizó el viaje a Hungría con compañeros de esa asociación en la que había empezado a desarrollar su interés por los eclipses. “Todos los que pudimos de la asociación organizamos una expedición conjunta para ver el eclipse solar”, recuerda. “La experiencia me marcó y en ese momento supe que siempre que pudiera o la vida me lo permitiera intentaría viajar para ver más”.
Siete años después, en 2006, le llegó el turno de ver un nuevo eclipse solar total en Turquía. Esta vez fue un viaje más íntimo, con solo tres personas, y lo recuerda también con mucho cariño. “Decidimos subirnos a lo alto de una montaña y estuvimos solos, había puro silencio”, cuenta con una sonrisa. “Ese silencio y ese cielo azul transparente que vi me dejaron impactadísima”. Recuerda que la emoción fue tanta que no podía parar de llorar. “Cuando acabó, me caían por las mejillas lágrimas de alegría, no las podía contener”.
Para el siguiente no esperó tanto. En 2009, viajó a China, esta vez en una expedición con un grupo grande de personas. Fue una ocasión complicada, porque coincidió con un monzón que nubló el cielo, tapando por completo el eclipse, que podría haber durado seis minutos. “Tapábamos los telescopios con lo que podíamos: ponchos, gorros, chubasqueros…La lluvia era brutal y decíamos: ¿cómo hemos podido tener tan mala suerte?”. Sin embargo, entonces ocurrió algo que Leo cataloga como casi mágico. “Parece que los cielos nos escucharon, hubo un momento que paró, apareció un claro, ese claro se fue abriendo y pudimos ver la bola negra de la Luna”, recuerda. “Abrió lo suficiente para que durante un minuto y medio o dos minutos pudiésemos verlo. Luego se volvió a nublar, pero al menos pudimos ver algo”.
Aun así, y a pesar de todo lo bonito que vio en sus tres primeros eclipses, Leo tiene claro que se queda con el eclipse solar total de Estados Unidos en 2017. Para ella fue muy especial porque en esta ocasión tomó la decisión de no hacer fotos, sino tumbarse a mirarlo y dibujarlo.
Leo, tumbada con los materiales para dibujar el eclipse
“Me quedaría con el de 2017, porque tomé la decisión de no hacer fotos”, explica Leo. “El tiempo que se te va con la cámara luego te da mucha rabia, así que decidí tomar alguna foto testimonial, con la cámara trabajando sola, pero yo tumbarme y observarlo, observarlo y observarlo”. Además, ideó un plan de actuación que empezaba incluso antes de la totalidad. “Si no tienes la vista adaptada a la oscuridad, igual que por la noche, no puedes ver los detalles sutiles de la corona solar, así que me pasé los minutos previos con gafas de sol para que mis ojos estuviesen adaptados a un momento oscuro”. Por supuesto, cuando miró al Sol durante la fase parcial usó gafas homologadas. Las gafas de sol solo las usó para mirar el ambiente.
Una vez comenzada la adaptación, fue preparando los materiales. “Me tumbé, preparé mi cuaderno y una cartulina y plasmé un fondo nebuloso con un círculo para delimitar el hueco de la Luna, esos fueron los minutos más hermosos y maravillosos que he vivido en mucho tiempo”. Y llegó el momento. “Cuando dibujas algo te tienes que proyectar mucho en los detalles y es ahí cuando realmente tus ojos empiezan a ver”, señala. “Normalmente miramos, pero no vemos todo lo que podemos, porque vamos de un sitio a otro de una forma más superficial”. Ella se centró en lo que quería dibujar. “Fue mi eclipse más increíble solo por todo lo que pude ver en la corona con la vista adaptada a la oscuridad”. Es por eso que guarda con muchísimo cariño el dibujo que hizo aquel día. “Siento que me conecté emocionalmente de tal manera que me lo quedo como algo difícil de superar”.
¿Qué se siente al ver un eclipse solar total?
En realidad, según a quien le hagamos esta pregunta, posiblemente nos contestará cosas muy distintas. Pero lo cierto es que, sea como sea, algo debe tener para enganchar a tantas personas. Leo lo describe como un momento único, que se graba en el recuerdo y siempre te deja con ganas de más.
“Los animales se creen que llega la noche y se revolucionan, los pájaros revolotean alterados, cantan muchísimo, los perros ladran, las temperaturas bajan, los colores a tu alrededor cambian, las sombras son diferentes a cualquiera que hayas visto antes… Y luego están todos los detalles de la corona solar. Es algo tan mágicamente maravilloso visualmente que necesitas llenar tu retina todo lo posible porque sabes que a lo mejor no vas a poder volver a ver otro en mucho tiempo”.
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“Nosotros animamos a todo el mundo a que viaje, pero sabemos que hay mucha gente que no puede: gente mayor o que por lo que sea no van a poder viajar y se van a quedar a las puertas de la totalidad”. Creen que esas personas también merecen disfrutar del eclipse, aunque sea en esa parcialidad profunda que tendrán en Astrohita. “Confiamos en que si hay calima el poquito sol que quede se atenuará lo suficiente, la experiencia será gratificante y nosotros nos sentiremos muy bien por llevar la ciencia y las emociones a la gente”.
Como ella misma dice, “va a ser un pequeño sacrificio, pero merecerá la pena por hacer felices a todas esas personas”. Y es que esa ha sido otra de las grandes emociones que ha experimentado Leo en cada uno de los eclipses que ha podido disfrutar. La necesidad imperiosa de no quedarse todas esas emociones tan maravillosas para ella sola. Ahora tiene la oportunidad de llevar ese deseo a cabo.
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Leo Hernández, cazadora de eclipses: “Cuando acaba, te caen lágrimas de alegría, no las puedes contener”
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Xataka
por
Azucena Martín
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