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Carta de Zelenski a Putin: no es un texto, sino un arma psicológica

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El presidente ucraniano envía mensajes a Trump, ofrece la paz al pueblo ruso y se dirige a su élite al margen de su líder, al que avisa: "El cansancio hacia usted solo irá en aumento" Leer El presidente ucraniano envía mensajes a Trump, ofrece la paz al pueblo ruso y se dirige a su élite al margen de su líder, al que avisa: "El cansancio hacia usted solo irá en aumento" Leer   

Volodimir Zelenski ha enviado dos cartas durante la última semana. La primera era casi un ruego e iba destinada a Donald Trump, a quien le pidió una mayor celeridad en la venta de misiles Patriot para defender las ciudades ucranianas. En la segunda, publicada el jueves, el destinatario nominal es Vladimir Putin, aunque tiene muchos más destinatarios reales. Tampoco es un mensaje al uso: más bien es una carta de guerra psicológica disfrazada de propuesta de paz.

Aunque la misiva es una propuesta de cara a cara entre Putin y Zelenski en un país neutral, en Kiev saben que las posibilidades reales son escasas, ya que el autócrata ruso lleva años deslegitimando al presidente de Ucrania al llamarlo «nazi» y «drogadicto». Y Putin sabe que no puede sentarse con el personaje al que ha denostado, porque perdería toneladas de credibilidad.

Pero el objetivo no es ese. Zelenski quiere recordarle a los rusos que su país se desangra y que su narrativa sobre los avances y las victorias sólo es propaganda, que el mundo se cansa de ella y que el tiempo corre en su contra. «Diga lo que diga sobre la OTAN, la geopolítica o el idioma ruso, esta guerra es una elección personal suya: una guerra sin una causa real. Así es como la historia lo recordará». La elección, dice, es sólo de Vladimir Putin.Pero los mensajes más interesantes están escritos para otros destinatarios:

Es quizá el destinatario más importante de la carta. El mensaje es explícito: «vuestros funcionarios, empresarios y propagandistas os miran con cansancio evidente». La referencia al motín de Wagner en 2023, a la dependencia de Corea del Norte y China para retomar la región de Kursk, y a que Putin ya no tiene dinero para comprar lealtades es un mensaje directo al entorno del Kremlin: el barco se hunde, y el capitán no tiene solución. Es una invitación encubierta a la desobediencia o al golpe de palacio. No es una carta diplomática: es un espejo incómodo. «Después de 26 años en el poder, la edad empieza a pasarle factura. Y, con el tiempo, el cansancio hacia usted solo irá en aumento». No es un mensaje a Putin, sino a los que le rodean.

Zelenski enumera con precisión los agravios cotidianos del Gobierno ruso contra sus ciudadanos: escasez de gasolina, precios en aumento, restricciones, drones ucranianos en el cielo, cortes en internet y movilización en marcha. No le habla como enemigo sino como víctima del mismo régimen. La frase «los rusos también responderían positivamente a la paz» es un guiño directo a la opinión pública rusa, pensado para circular en las redes sociales que escapan al control del Kremlin. La mejor noticia para Ucrania sería que la carta se leyera masivamente en Rusia para conocer datos que allí la censura impide publicar: «Estamos perdiendo a nuestra gente, y cada pérdida nos duele. Incluso cuando la proporción de bajas ucranianas frente a rusas es de uno a cinco o de uno a seis, eso importa enormemente».

Desde la llegada al poder por segunda vez, en Kiev tienen claro que Putin tiene hilo directo con el presidente de EEUU para contarle la guerra bajo la narrativa rusa del ejército invencible. Tras el atasco ruso de 2025, Zelenski quiere reconducir el relato hasta posiciones realistas, donde la guerra es una picadora de carne sin sentido en la que los grandes avances ya son impensables y Putin se queda poco a poco sin apoyos. El líder ucraniano también desea dejar claro que aún tiene cartas en la mano. Hay dos referencias muy precisas a Trump. La primera, explícita: «Los asuntos ucranianos y europeos no se deciden en Anchorage», una crítica directa a las conversaciones en Alaska entre EEUU y Rusia que excluyeron a Ucrania y Europa, y donde Trump pretendió entregarle todo el Donbás a Moscú. La segunda, implícita: Zelenski ofrece al mandatario de EEUU exactamente lo que él quiere vender como logro -una reunión cara a cara entre los dos líderes- pero en sus términos, no en los de Putin. Cada dron ucraniano que prende fuego a una refinería rusa amplifica ese mensaje.

La insistencia en que Europa debe ser parte del proceso de negociación y de las garantías de seguridad son una respuesta directa a quienes en Bruselas temen quedar excluidos de cualquier acuerdo entre Washington y Moscú. Zelenski les dice: os necesito en la mesa, no os quedéis fuera. Mientras tanto, en Ucrania son conscientes de que Moscú jamás va a admitir a los líderes europeos como árbitros neutrales en la mesa de negociaciones, sino como enemigos activos. Zelenski también revela que la Inteligencia ucraniana conoce que Putin planea continuar la guerra más allá de 2026, con una segunda oleada de movilización, mayor implicación de Bielorrusia y maniobras en Transnistria para desestabilizar a Moldavia. Es un mensaje a sus aliados europeos para que pasen a la acción y no permitan la escalada del caudillo ruso.

La carta está escrita para ser viral. No se ha enviado por los canales diplomáticos habituales, como ha reconocido el propio Sergei Lavrov, ministro de Exteriores ruso, que ha negado que ese documento llegara en papel. Se ha publicado en X usando un tono directo y no un lenguaje de cancillería. Muestra las cifras concretas, la humillación personal de Putin: todo está calibrado para los titulares y las redes sociales de Europa y América. Es un documento pensado para leerse en los teléfonos de millones de personas antes que en el Kremlin. El mensaje más importante tiene esa forma: una amenaza velada pero inequívoca: si Putin no pone fin a la guerra, Ucrania trabajará para acelerar el colapso interno de su régimen. «Cuando Rusia se cansa, llega el cambio», escribe Zelenski, en referencia a la historia del país de los zares, donde las revoluciones políticas siempre dejan un reguero de sangre.

«El ejemplo de Orban muestra en qué acaban quienes eligen ayudar a Rusia en su guerra contra nosotros», escribe Zelenski. Es un mensaje a los países y líderes que han ayudado a Putin a eludir sanciones, pero también a los oligarcas y empresas occidentales que hacen negocios con Moscú.

 

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