EEUU
Por qué la final del Mundial 2026 cuesta casi 11.000 dólares y qué factores empujan el encarecimiento del deporte en vivo en Estados Unidos
La política de precios de la FIFA para el Mundial 2026 llevó el valor nominal de una entrada para la final a casi USD 11.000, según The Athletic.
El artículo vinculó ese aumento con las tarifas de mercado en Estados Unidos, los precios dinámicos y la reventa digital, en un contexto de encarecimiento general del deporte en vivo.
La suba no se limita al fútbol. Según la plataforma de venta de entradas TickPick, el precio promedio de una entrada para las Finales de la NBA de 2024 entre Oklahoma City Thunder e Indiana Pacers fue de USD 1.147, 17 veces más que el equivalente ajustado por inflación de una entrada de 1989 que el autor del artículo había pagado para ver a Detroit Pistons.
El mismo patrón apareció en la NFL. Según The Athletic, el precio promedio de una entrada para el Super Bowl pasó de USD 700 en 2006 a casi USD 10.000 este año. Incluso al ajustar la cifra inicial por inflación, el aumento acumulado rondó el 800%.
Qué explicación dio la FIFA sobre los precios
La explicación que ofreció el presidente de FIFA Gianni Infantino apuntó al mercado estadounidense. “Estamos en el mercado donde el entretenimiento es el más desarrollado del mundo, así que tenemos que aplicar tarifas de mercado”, dijo Infantino, citado por The Athletic.
Esa lógica ya había sido desarrollada por el periodista Henry Bushnell en un artículo de diciembre para The Athletic.
Allí sostuvo que, desde 2000, el precio de casi todo en Estados Unidos se duplicó, pero el costo del deporte en vivo avanzó al doble de ese ritmo por la expansión de las aplicaciones de reventa, el crecimiento patrimonial de los sectores de mayores ingresos y la escasez relativa de eventos deportivos prémium en un país extenso.
Los costos del negocio y la experiencia en los estadios
Peter Moore, exdirector ejecutivo de Liverpool FC y exejecutivo de Sega, Xbox y EA Sports, atribuyó una parte del fenómeno al aumento de los costos estructurales del negocio deportivo, según The Athletic.
“Primero, los salarios de los jugadores se dispararon”, dijo Moore al medio. “La agencia libre, la exposición mediática global y los enormes contratos de televisión transformaron a los atletas de élite en marcas mundiales”.
Moore sostuvo que esos costos terminaron trasladándose al consumidor. También afirmó que la experiencia en los estadios cambió: muchos recintos dejaron de ser espacios simples para ver un partido y pasaron a ser complejos de entretenimiento de miles de millones de dólares, con asientos prémium, palcos de lujo, pantallas gigantes, zonas de hospitalidad, infraestructura tecnológica y desarrollo comercial durante todo el año, según The Athletic.
Para Moore, el valor televisivo del deporte también alteró el significado de asistir en persona. “Los equipos se dieron cuenta de que estar en el estadio ya no consistía solo en ver el partido. Pasó a tratarse de exclusividad, ambiente, estatus y entretenimiento”, dijo a The Athletic.
El académico Alan Fyall, especialista en hospitalidad y turismo de la University of Central Florida, coincidió en que el consumidor estadounidense espera más por su dinero.
Según The Athletic, Fyall señaló que la jornada empieza con el tailgate, sigue con el espectáculo previo, el show del entretiempo, la comida, la bebida y la venta de mercancía oficial, un paquete de consumo más amplio que el que suele exigir un aficionado británico.
Fyall agregó otro elemento: la escasez. Según explicó a The Athletic, la NFL ofrece apenas ocho o nueve partidos de local por temporada para la mayoría de sus equipos, de modo que muchos aficionados están dispuestos a gastar más por encuentro que un seguidor del fútbol británico, que dispone de aproximadamente el doble de partidos en casa.
La tecnología aceleró esa transformación. “La fijación dinámica de precios también cambió el panorama”, dijo Moore a The Athletic.
Comparó el sistema actual con el de aerolíneas y hoteles: los rivales grandes, los clásicos, los fines de semana y la pelea por los playoffs empujan los valores hacia arriba en tiempo real según la demanda.

Fyall identificó a las compañías de reventa como otro factor inflacionario. Según The Athletic, dijo que facilitaron la compra de entradas, pero a la vez encarecieron el mercado.
Monopolio, menos butacas y cargos adicionales
La economista Lindsay Owens, de la organización de defensa del consumidor Groundwork Collaborative, resumió el problema en tres factores: monopolio, precios dinámicos y escasez, según The Athletic.
“El precio de ver deporte en vivo, y música en vivo, explotó en la última década por tres razones principales: monopolio, precios dinámicos y escasez”, dijo al medio.
Owens sostuvo que, de las 100 principales arenas del mundo, 68 están en Estados Unidos y Ticketmaster controla 53 de ellas, según The Athletic.
Para la economista, ese nivel de dominio permitió sumar cargos adicionales cada vez que un usuario compra una entrada.
Esa denuncia recibió respaldo judicial. En abril, un jurado federal de Nueva York declaró a Live Nation, empresa matriz de Ticketmaster, culpable de operar como monopolio y de cobrar de más a los clientes, según The Athletic.
Owens sostuvo que la escasez no es solo natural, sino diseñada. Según explicó a The Athletic, muchas franquicias levantaron estadios nuevos o remodelaron los existentes para reducir la capacidad general y aumentar la oferta de palcos y suites, con el objetivo de apuntar a un público más adinerado y elevar los precios en todo el recinto.
Como ejemplo, Owens señaló que los nuevos estadios de Atlanta Braves, Florida Marlins, Minnesota Twins y New York Yankees tienen al menos 8.000 asientos menos que sus predecesores, según The Athletic.
También citó investigaciones que indican que el estadio típico de la NFL pasó de 72.000 asientos a cerca de 65.000.
Ese ajuste ocurrió mientras la población de Estados Unidos crecía. Según The Athletic, el país pasó de menos de 250 millones de habitantes en 1989 a casi 350 millones en la actualidad, un alza del 40%.
La reacción de los aficionados y el riesgo de exclusión
Bailey Brown, presidente del Independent Supporters Council, respondió que los aficionados estadounidenses no aceptaron sin resistencia este esquema de precios.
“No conozco a nadie que no esté hablando de lo disparatados que son los precios del Mundial y de que no los vamos a pagar”, dijo Brown a The Athletic.
Brown sostuvo que muchos aficionados esperan que los precios bajen a medida que se acerquen los partidos si las entradas no se venden.
También dijo al medio que, en la práctica, no asistir y mirar los encuentros por televisión funciona como una forma de protesta.
Fyall describió una conducta similar. Según The Athletic, dijo que existe enojo, pero no necesariamente una indignación visible porque muchos consumidores ya se acostumbraron a esos valores.
En lugar de marchas o boicots organizados, optan por ver los partidos en su casa, con sus propias bebidas y comida, o en un bar.
Varios de los entrevistados subrayaron que no todo el deporte en vivo en Estados Unidos es inaccesible. Fyall dijo a The Athletic que asistir a un partido de Orlando City puede costarle alrededor de USD 100 en total, con entrada, comida, bebida y estacionamiento.
Owens mencionó otro modelo. Según The Athletic, citó el caso de Savannah Bananas, cuyos boletos se distribuyen por sorteo, con precios desde USD 35 sin cargos adicionales, y con un mercado secundario propio para reventa al valor nominal.
Críticas a la estrategia de precios del Mundial
Brown dijo a The Athletic que FIFA quizá sobrestimó la disposición del público norteamericano a pagar cifras sin precedente. Para él, el organismo creyó que los aficionados aceptarían ese nivel de precios sin resistencia.
En un artículo reciente para The American Prospect, Owens y Nia Law escribieron que, en un momento en que más de dos tercios de los votantes consideran que los bienes esenciales son cada vez menos asequibles y casi la mitad está usando sus ahorros para llegar a fin de mes, asistir al Mundial queda fuera de alcance.
También afirmaron que en Los Ángeles la entrada más barata para el partido inaugural equivaldría para una familia local promedio a casi siete meses de primas del Affordable Care Act.
Las críticas cruzaron el arco ideológico. Según The Athletic, el alcalde de Nueva York Zohran Mamdani dijo el año pasado al periodista Adam Crafton que esas políticas de venta amenazan con excluir justamente a las personas que hacen especial a este deporte.
El presidente de Estados Unidos Donald Trump expresó una objeción parecida desde otro lugar del espectro político. Consultado por New York Post sobre el precio del debut de la selección masculina de Estados Unidos ante Paraguay en Los Ángeles, respondió: “Sin duda me gustaría estar allí, pero yo tampoco lo pagaría, para serle sincero”.
Moore formuló la crítica en términos de identidad cultural. “Maximizar los ingresos puede satisfacer objetivos empresariales de corto plazo, pero el verdadero valor del deporte siempre provino de la pertenencia, la identidad y la conexión con la comunidad”, dijo a The Athletic.
El artículo cerró con un ejemplo de ese desplazamiento del hincha tradicional. Un amigo del autor, residente en Atlanta y ligado al fútbol desde hace décadas, le dijo a The Athletic que por el precio de una entrada para ver a Marruecos contra Haití en esa ciudad podría irse de vacaciones a Marruecos y mirar el partido desde allí. También dijo que, con toda probabilidad, lo verá por televisión.
La FIFA defendió valores alineados con el entretenimiento norteamericano, mientras influyen la fijación dinámica, la reventa digital y la escasez de eventos prémium, en un contexto de subas también visibles en la NFL y la NBA
