Connect with us

Mundo

Magyar busca abrir un nuevo capítulo con Ucrania mientras redefine el regreso de Hungría a Europa

Published

on

Los derechos de la minoría húngara en el país vecino se han convertido en una de las primeras pruebas diplomáticas para el nuevo primer ministro Leer Los derechos de la minoría húngara en el país vecino se han convertido en una de las primeras pruebas diplomáticas para el nuevo primer ministro Leer   

Los derechos de la minoría húngara en Ucrania, uno de los grandes contenciosos bilaterales que marcaron la relación entre Kiev y Budapest durante los años de Viktor Orban, se han convertido también en una de las primeras pruebas diplomáticas para el nuevo primer ministro húngaro, Péter Magyar. Desde Berlín, donde este martes se ha reunido con el canciller alemán, Friedrich Merz, aseguró estar dispuesto a reunirse con el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, previsiblemente a comienzos de la próxima semana, como culminación de las negociaciones técnicas abiertas entre ambos Gobiernos. El encuentro podría celebrarse en Berehove -Beregszász en húngaro-, principal núcleo de la comunidad magiar en Transcarpatia y enclave simbólico del conflicto entre ambos países, un escenario planteado previamente para una eventual reunión bilateral.

"Soy optimista en que la cuestión de los derechos de las minorías pueda resolverse y que podamos abrir un nuevo capítulo en las relaciones entre Ucrania y Hungría", afirmó.

La disputa va mucho más allá de una cuestión identitaria. En Transcarpatia, la región occidental ucraniana fronteriza con Hungría, vive la principal comunidad magiar del país: antes de la guerra se estimaba en torno a 150.000 personas, aunque la emigración y el desplazamiento derivados del conflicto han reducido esa cifra y hoy distintas estimaciones la sitúan alrededor de los 90.000-100.000 habitantes. Budapest sostiene desde hace casi una década que las reformas educativas y lingüísticas adoptadas por Kyiv desde 2017 han erosionado progresivamente derechos básicos vinculados al uso de la lengua materna, la educación y la representación cultural.

Para el nuevo Ejecutivo, el expediente es especialmente delicado. Mantiene una de las grandes líneas rojas heredadas de la etapa Orban -la defensa de las minorías húngaras más allá de sus fronteras-, pero intenta cambiar el método político. Mientras el anterior Gobierno convirtió repetidamente Transcarpatia en un instrumento de presión y veto dentro de la UE y la OTAN, ahora la cuestión se presenta como una negociación técnica susceptible de resolverse mediante acuerdos bilaterales.

La elección de Berehove tampoco sería casual. La ciudad concentra buena parte de la presencia húngara en Ucrania y su elección tendría una fuerte carga simbólica: convertir un territorio utilizado durante años como argumento de bloqueo diplomático en el escenario de un posible deshielo bilateral.

La continuidad con la etapa Orban aparece también en el terreno militar. Magyar ha reiterado que Hungría no participará en el suministro de armamento a Ucrania. Tras reunirse recientemente con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, aseguró: "Hungría no enviará armas ni equipamiento militar a la guerra ruso-ucraniana". Al mismo tiempo, intenta diferenciarse del enfoque anterior insistiendo en que Hungría seguirá siendo un socio fiable dentro de la OTAN y mantendrá abiertos los canales diplomáticos con Ucrania.

La cuestión ucraniana se ha convertido así en una de las primeras pruebas para medir hasta qué punto existe realmente un cambio en Budapest. Preguntado indirectamente sobre las diferencias con Viktor Orban, defendió que seguirá priorizando los intereses nacionales húngaros, pero reivindicó que Bruselas ya percibe un cambio de rumbo.

El principal argumento de su Ejecutivo es económico. La Comisión Europea anunció la liberación de 16.400 millones de euros en fondos previamente congelados tras los compromisos asumidos por el nuevo Gobierno en materia de reformas institucionales, lucha contra la corrupción y Estado de derecho.

El desbloqueo de fondos se ha convertido en uno de los argumentos centrales de la nueva diplomacia húngara. Orban convirtió durante años el conflicto con Bruselas en un activo político; Magyar intenta convertir la reconciliación con Bruselas en un activo económico.

La cuestión ucraniana conecta además con otra prioridad regional del nuevo Ejecutivo: reconstruir alianzas en Europa Central. Magyar confirmó que Budapest acogerá el próximo 23 de junio una cumbre del Grupo de Visegrado (V4), debilitado tras la invasión rusa de Ucrania, y defendió la necesidad de reforzar una Europa Central "fuerte y con voz propia". Su intención es ampliar el formato tradicional incorporando a otros actores regionales, entre ellos Austria, Eslovenia e incluso Alemania.

La apuesta no es menor. El V4 -integrado por Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia- quedó prácticamente paralizado tras la guerra. Mientras Varsovia y Praga adoptaron posiciones claramente pro-ucranianas, Budapest mantuvo una línea mucho más reticente respecto a sanciones, apoyo militar y relación con Moscú.

La visita a Berlín dejó ver, además, que política exterior y batalla interna siguen entrelazadas. Ante la prensa alemana, endureció de nuevo el tono contra el presidente Tamás Sulyok, al que ha definido repetidamente como una "marioneta" de Orban y cuya salida sigue exigiendo. Acusó al jefe del Estado de haber guardado silencio ante abusos del pasado Gobierno y volvió a utilizar un tono mucho más cercano al de campaña política que al lenguaje diplomático.

Fue en ese contexto donde apareció también el respaldo alemán. Friedrich Merz quiso escenificar públicamente el cambio político húngaro. "Péter Magyar ha demostrado que el péndulo no sólo oscila hacia la dirección autoritaria e iliberal, sino que también puede volver al centro", afirmó el canciller alemán, que prometió apoyo para devolver Hungría "al corazón de Europa".

Pero acompañó el gesto con una advertencia. Berlín entiende que Budapest quiera resolver primero las cuestiones relativas a la minoría húngara, pero esas diferencias, subrayó Merz, no pueden hacerse "a costa del apoyo europeo" ni bloquear la apertura formal de las negociaciones de adhesión de Ucrania a la Unión Europea.

El mensaje alemán resume también el desafío político del nuevo Gobierno húngaro: mantener las líneas rojas tradicionales de Budapest sobre soberanía, minorías o no implicación militar, pero intentar sustituir la diplomacia del veto por una estrategia de negociación, reintegración europea y reconstrucción de alianzas regionales.

 

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *