EEUU
La temporada de huracanes del Atlántico de 2026 ya inició, ¿cuándo se formará la primera tormenta?

Las condiciones para la temporada de huracanes del Atlántico en 2026 combinan señales que apuntan a una actividad menor a la habitual, aunque con riesgo persistente de impactos puntuales.
En su pronóstico estacional, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) proyectó un escenario “por debajo de lo normal” y remarcó que su estimación no anticipa dónde ni cuándo ocurrirán los posibles impactos en tierra, un matiz clave para interpretar el inicio del periodo, que comenzó este lunes 1 de junio.
La NOAA estimó para 2026 un rango de ocho a 14 tormentas con nombre, de las cuales tres a seis podrían convertirse en huracanes y una a tres alcanzar la categoría de “mayores” (categorías 3, 4 o 5).
La agencia asignó 55% de probabilidad a una temporada por debajo de lo normal, 35% a una temporada cercana a lo normal y 10% a una por encima de lo normal, con 70% de confianza en esos rangos.
En paralelo, AccuWeather publicó una previsión de 11 a 16 tormentas con nombre y cuatro a siete huracanes para la cuenca del Atlántico, el Caribe y el golfo de México, en una lectura que también se ubicó entre lo cercano y lo inferior al promedio.
Según la NOAA, la primera tormenta con nombre suele formarse entre principios y mediados de junio, el primer huracán a finales de junio y el primer huracán importante a mediados de julio.

El factor central que explicaría el sesgo a la baja es la evolución de El Niño, fenómeno asociado al calentamiento anómalo de aguas en el Pacífico tropical, que suele aumentar la cizalladura, es decir un cambio fuerte en la dirección o intensidad, del viento sobre el Atlántico.
Ese “corte” vertical en la atmósfera tiende a desorganizar la convección y dificulta que las perturbaciones se consoliden como ciclones tropicales.
Aun con temperaturas del mar por encima del umbral típico para el desarrollo —en torno a 27 °C (80 °F)—, la presencia de vientos en altura puede frenar el proceso de formación.
Qué factores moldean la temporada en el Atlántico
AccuWeather advirtió que, en los primeros días del periodo, la cizalladura sería el principal inhibidor de desarrollo en el Golfo de México, el Caribe y el Atlántico suroccidental.
El meteorólogo Alex DaSilva, especialista de la firma, señaló que no había áreas de baja presión “organizadas” para aprovechar el calor del océano, incluso cuando la humedad resultaba suficiente en algunos sectores de la región.

En esa misma línea, el pronóstico de la NOAA atribuyó su escenario de menor actividad a “factores en competencia”: por un lado, el probable desarrollo e intensificación de El Niño, que suele suprimir tormentas en el Atlántico; por el otro, temperaturas oceánicas algo por encima de lo normal y vientos alisios potencialmente más débiles, que podrían favorecer episodios de actividad si el patrón atmosférico se vuelve transitoriamente más propicio.
Una referencia histórica citada por reportes meteorológicos es que, en promedio, la primera tormenta con nombre suele formarse cerca del 20 de junio, un dato que funciona como guía estadística, no como calendario fijo.
En ese marco, algunos análisis recordaron que desde 1986 no se registró un huracán que tocara tierra en junio en los 48 estados continentales de Estados Unidos, aunque los especialistas subrayan que un antecedente no descarta un evento aislado.
Atlántico con freno, Pacífico con señal opuesta
El comportamiento de El Niño suele trasladar parte de la energía ciclónica al Pacífico oriental. AccuWeather anticipó que esa cuenca podría registrar un repunte en el corto plazo, con múltiples tormentas tropicales en formación durante los próximos 10 días y, al menos, un sistema con potencial de amenaza para zonas de México.
La lógica es la inversa a la del Atlántico: la configuración atmosférica puede ser más favorable para organizar ciclones del lado del Pacífico mientras el Atlántico opera bajo mayor cizalladura.

Esa divergencia regional también alcanza a territorios insulares. En años con El Niño, el patrón puede modificar trayectorias y áreas de mayor vigilancia, por lo que el foco no se limita a la costa atlántica de Estados Unidos: el Pacífico central y áreas vulnerables a tormentas deben seguir la evolución de los sistemas de forma regular.
Por qué un pronóstico “moderado” no reduce el riesgo en tierra
Los organismos oficiales y los equipos privados reiteraron un punto: un pronóstico de menor cantidad de tormentas no equivale a “cero riesgo”.
La NOAA destacó que su outlook es un cálculo de actividad total y no un pronóstico de impactos. En la práctica, una sola tormenta que se intensifica rápido y llega a zonas densamente pobladas puede concentrar daños y alterar la percepción pública de toda la temporada.
Por eso, la recomendación operativa para regiones expuestas no depende del número final de sistemas, sino del monitoreo continuo y de la preparación.
La temporada comenzó el 1 de junio de 2026 con un escenario estadístico más favorable que el de años recientes, pero los meteorólogos advirtieron que los cambios de patrón en cuestión de días pueden abrir ventanas de desarrollo, incluso en un contexto dominado por la cizalladura y El Niño.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica proyectó una actividad por debajo de lo normal, aunque no anticipó lugares de impacto y pidió mantener vigilancia y preparación constante
