Ciencia y Tecnología
Mientras el calor ‘españoliza’ Europa a toda pastilla, España empieza a plantearse una pregunta clave: si tendrá ella misma que ‘saharizarse’

Durante los últimos veranos, a medida que las olas de calor han ido extendiendo sus tentáculos por el continente, los españoles nos hemos visto reivindicados. Por fin, Alemania descubríra la siesta, Francia se enamoraría de las persianas e Inglaterra tendría que admitir que cenar tarde tiene sus beneficios. Era visto, reconozcámoslo, como una victoria cultural.
No contábamos con la otra cara de la moneda: que el cambio climático es un animal traicionero y, mientras Europa coquetea con nuestros hábitos, costumbres y soluciones, nosotros nos estamos viendo obligados a abandonarlas.
La cuestión no era si lograremos ‘españolizar’ Europa; era si vamos a tener que ‘saharizar’ España.
Lo que estamos haciendo no basta… En plena ola de calor, se hace evidente que muchas de las cosas que veníamos haciendo ya no funcionan. Pero lo cierto es que el calor ha dejado de ser “un episodio aislado”. Según el Estado del Clima de España 2025 de AEMET, la temperatura media ha subido 1,75 °C desde 1961. En 2025 se batieron 25 récords de días cálidos y ninguno de días fríos (cuando cabría esperar cinco de cada) y, por lo que sabemos, el verano se alarga unos nueve días por década.
Las consecuencias han cambiado radicalmente y se puede ver con un solo dato: la necesidad de refrigeración en España se ha multiplicado por 2,6 entre 1982 y 2022. En este sentido, el Real Decreto-ley 4/2023 ya ha certificado lo evidente: la jornada laboral española tiene que subordinarse jurídicamente al termómetro y a los avisos de AEMET.
…y, de hecho, estamos dejando de hacer muchas cosas. La siesta es un buen ejemplo: solo el 16 % la echa a diario y el 60 % de los españoles no la duerme nunca. Se debe a la evolución social del mercado de trabajo, es verdad; pero también a que a partir de ciertas temperaturas, la siesta deja de ser reparadora y solo podemos tirar del aire acondicionado.
Cuando se habla de ‘saharización’ hay un componente polémico, claro; pero también hay un poso de verdad. Hay cosas extremadamente llamativas para un español promedio (como tomar bebidas calientes porque estas ayudan a regular la temperatura corporal de forma más eficiente que las bebidas frías) que adquieren todo el sentido del mundo en un clima muy caluroso.
Y es razonable pensar que hay muchas de esas cosas que tenderemos a adoptar. Siempre se ha dicho que la cultura islámica tendía a concebir las casas ‘hacia dentro’ y daba mucho peso a la vida doméstica interior, pero ¿de verdad creemos que es una decisión libre y no una adaptación cultural a un entorno muy cálido?
Hay más, mucho más. Porque las señales están ahí. Las ciudades están reaccionando: Barcelona ha pasado de 197 refugios climáticos en 2021 a más de 500 este verano, con cobertura del 99 % de la población a menos de diez minutos a pie; Bilbao, por su parte, ronda los 131 espacios.
El ocio también cambia y las reservas de verano a Noruega subieron un 37 % mientras el norte peninsular gana turistas. Es decir, ya no es si cambiamos de “hábitos, costumbres y soluciones” sino cómo lo hacemos.
Deberíamos hablar más sobre esto porque ahí está buena parte de nuestro futuro cercano.
Imagen | Sam Williams
En Xataka | Los otorrinos coinciden: “Dormir con el aire acondicionado obliga a trabajar a la nariz de forma excesiva”
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La noticia
Mientras el calor ‘españoliza’ Europa a toda pastilla, España empieza a plantearse una pregunta clave: si tendrá ella misma que ‘saharizarse’
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Jiménez
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Durante los últimos veranos, a medida que las olas de calor han ido extendiendo sus tentáculos por el continente, los españoles nos hemos visto reivindicados. Por fin, Alemania descubríra la siesta, Francia se enamoraría de las persianas e Inglaterra tendría que admitir que cenar tarde tiene sus beneficios. Era visto, reconozcámoslo, como una victoria cultural.
No contábamos con la otra cara de la moneda: que el cambio climático es un animal traicionero y, mientras Europa coquetea con nuestros hábitos, costumbres y soluciones, nosotros nos estamos viendo obligados a abandonarlas.
La cuestión no era si lograremos ‘españolizar’ Europa; era si vamos a tener que ‘saharizar’ España.
Lo que estamos haciendo no basta… En plena ola de calor, se hace evidente que muchas de las cosas que veníamos haciendo ya no funcionan. Pero lo cierto es que el calor ha dejado de ser “un episodio aislado”. Según el Estado del Clima de España 2025 de AEMET, la temperatura media ha subido 1,75 °C desde 1961. En 2025 se batieron 25 récords de días cálidos y ninguno de días fríos (cuando cabría esperar cinco de cada) y, por lo que sabemos, el verano se alarga unos nueve días por década.
Las consecuencias han cambiado radicalmente y se puede ver con un solo dato: la necesidad de refrigeración en España se ha multiplicado por 2,6 entre 1982 y 2022. En este sentido, el Real Decreto-ley 4/2023 ya ha certificado lo evidente: la jornada laboral española tiene que subordinarse jurídicamente al termómetro y a los avisos de AEMET.
En Xataka
Los expertos coinciden en que abrir las ventanas de noche y cerrarlas de día está dejando de ser la mejor estrategia frente al calor
…y, de hecho, estamos dejando de hacer muchas cosas. La siesta es un buen ejemplo: solo el 16 % la echa a diario y el 60 % de los españoles no la duerme nunca. Se debe a la evolución social del mercado de trabajo, es verdad; pero también a que a partir de ciertas temperaturas, la siesta deja de ser reparadora y solo podemos tirar del aire acondicionado.
Cuando se habla de ‘saharización’ hay un componente polémico, claro; pero también hay un poso de verdad. Hay cosas extremadamente llamativas para un español promedio (como tomar bebidas calientes porque estas ayudan a regular la temperatura corporal de forma más eficiente que las bebidas frías) que adquieren todo el sentido del mundo en un clima muy caluroso.
Y es razonable pensar que hay muchas de esas cosas que tenderemos a adoptar. Siempre se ha dicho que la cultura islámica tendía a concebir las casas ‘hacia dentro’ y daba mucho peso a la vida doméstica interior, pero ¿de verdad creemos que es una decisión libre y no una adaptación cultural a un entorno muy cálido?
Hay más, mucho más. Porque las señales están ahí. Las ciudades están reaccionando: Barcelona ha pasado de 197 refugios climáticos en 2021 a más de 500 este verano, con cobertura del 99 % de la población a menos de diez minutos a pie; Bilbao, por su parte, ronda los 131 espacios.
El ocio también cambia y las reservas de verano a Noruega subieron un 37 % mientras el norte peninsular gana turistas. Es decir, ya no es si cambiamos de “hábitos, costumbres y soluciones” sino cómo lo hacemos.
Deberíamos hablar más sobre esto porque ahí está buena parte de nuestro futuro cercano.
Imagen | Sam Williams
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Xataka
por
Javier Jiménez
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Ciencia y Tecnología
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