Ciencia y Tecnología
La productividad “cíclica” suena muy bien como forma de ordenar el trabajo siguiendo la regla. El problema es que es un bluff

Contaba Patricia Gosálvez que desde hace algún tiempo las charlas sobre cómo ordenar la agenda de trabajo según la fase del ciclo menstrual están a la orden del día. Hay distintos planteamientos y distintos discursos, pero la idea general es la misma: “haz tareas sociales cuando estás ovulando y reserva para los días regla las tareas de planificación y en soledad”.
Sabíamos que la ‘productividad cíclica’ arrasaba en TikTok, lo que no intuíamos es que ya estaba haciendo proselitismo entre la clase directiva de todo el país. Y no debería extrañarnos. A priori, la idea suena a empoderamiento y feminismo militante. La pregunta, sin embargo, es si tiene algún sentido.
Pero… ¿de qué estamos hablando exactamente? En términos generales, podemos verlo como una adaptación laboral de algo sobre lo que lleva hablándose desde hace bastante tiempo: el cycle syncing. Una práctica de autocuidado en la que se ajustan cosas como la dieta, las rutinas de ejercicio o los hábitos de vida para que coincidan con las fluctuaciones hormonales del ciclo menstrual.
Aplicado al ámbito laboral, el mes se divide en cuatro fases y se reparten tareas: la planificación se reserva para el sangrado, durante la fase folicular se adelata trabajo, la ovulación son “días ideales para negociar, pedir un aumento y todo lo que necesite poderío y seguridad” y la fase lútea es fantástica para el trabajo en detalle.
Suena bien, pero es un bluff. Sobre todo porque el modelo asume un ciclo hormonal que la mayoría de mujeres no tienen realmente. En general, el cycle syncing tiene razón en que existe un ciclo hormonal infradiano (o sea, de periodo más largo que un día), pero salta a la idea de que es un esquema cerrado fácil de programar sin solución de continuidad.
De hecho, hay dos grandes revisiones sistemáticas sobre este tipo de cosas que no sostienen las ideas de la productividad cíclica. Según el último metaanálisis de 2025, no hay evidencia robusta de que el rendimiento cognitivo (ni atención, ni memoria, ni función ejecutiva, ni capacidad espacial) cambie a lo largo del ciclo.
Por otro lado, los esdios más robustos sobre rendimiento físico también encuentran que el efecto del ciclo es “trivial”.
Esto no quiere decir que la menstruación no tenga un impacto muy significativo en la vida de las mujeres y que el dolor en muchos casos sea un enorme problema. Ni siquiera quiere decir que no exista el SPM. Lo que quiere decir es que el ciclo hormonal no parece servir para calendarizar tareas con ese nivel de detalle en la población general.
Pero sí tiene un problema. Y es que, tras la fachada de ’empoderamiento’, lo cierto es que hay un mensaje muy problemático sobre que “la competencia de las mujeres oscila con las hormonas”. Es algo que refuerza estereotipos y que, como hemos visto, es mentira. Como decía la endocrina Carme Valls a Gosálvez, es una idea que “hace a las mujeres demasiado biológicas, demasiado animales”. Y lo hace sin aportar demasiado.
Sobre todo, porque como continúa Valls en un ciclo normal la variabilidad es mínima: “un 40% de las mujeres no sienten apenas nada”. Es decir, aunque desde el punto de vista individual conocer el ciclo es muy útil, desde el punto de vista poblacional introduce ruido. El problema no es la intuición de partida, ni la idea de que hablar de la regla es bueno. El problema es la promesa de productividad que tiene asociada. Un promesa que, como vemos, en términos generales no tiene ninguna relación con la realdiad.
Imagen | Annika Gordon
–
La noticia
La productividad “cíclica” suena muy bien como forma de ordenar el trabajo siguiendo la regla. El problema es que es un bluff
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Jiménez
.
Contaba Patricia Gosálvez que desde hace algún tiempo las charlas sobre cómo ordenar la agenda de trabajo según la fase del ciclo menstrual están a la orden del día. Hay distintos planteamientos y distintos discursos, pero la idea general es la misma: “haz tareas sociales cuando estás ovulando y reserva para los días regla las tareas de planificación y en soledad”.
Sabíamos que la ‘productividad cíclica’ arrasaba en TikTok, lo que no intuíamos es que ya estaba haciendo proselitismo entre la clase directiva de todo el país. Y no debería extrañarnos. A priori, la idea suena a empoderamiento y feminismo militante. La pregunta, sin embargo, es si tiene algún sentido.
Pero… ¿de qué estamos hablando exactamente? En términos generales, podemos verlo como una adaptación laboral de algo sobre lo que lleva hablándose desde hace bastante tiempo: el cycle syncing. Una práctica de autocuidado en la que se ajustan cosas como la dieta, las rutinas de ejercicio o los hábitos de vida para que coincidan con las fluctuaciones hormonales del ciclo menstrual.
Aplicado al ámbito laboral, el mes se divide en cuatro fases y se reparten tareas: la planificación se reserva para el sangrado, durante la fase folicular se adelata trabajo, la ovulación son “días ideales para negociar, pedir un aumento y todo lo que necesite poderío y seguridad” y la fase lútea es fantástica para el trabajo en detalle.
En Xataka
España tenía razón con las bajas laborales por la regla. La menstruación cuesta miles de millones en productividad en Australia
Suena bien, pero es un bluff. Sobre todo porque el modelo asume un ciclo hormonal que la mayoría de mujeres no tienen realmente. En general, el cycle syncing tiene razón en que existe un ciclo hormonal infradiano (o sea, de periodo más largo que un día), pero salta a la idea de que es un esquema cerrado fácil de programar sin solución de continuidad.
De hecho, hay dos grandes revisiones sistemáticas sobre este tipo de cosas que no sostienen las ideas de la productividad cíclica. Según el último metaanálisis de 2025, no hay evidencia robusta de que el rendimiento cognitivo (ni atención, ni memoria, ni función ejecutiva, ni capacidad espacial) cambie a lo largo del ciclo.
Por otro lado, los esdios más robustos sobre rendimiento físico también encuentran que el efecto del ciclo es “trivial”.
Esto no quiere decir que la menstruación no tenga un impacto muy significativo en la vida de las mujeres y que el dolor en muchos casos sea un enorme problema. Ni siquiera quiere decir que no exista el SPM. Lo que quiere decir es que el ciclo hormonal no parece servir para calendarizar tareas con ese nivel de detalle en la población general.
Pero sí tiene un problema. Y es que, tras la fachada de ’empoderamiento’, lo cierto es que hay un mensaje muy problemático sobre que “la competencia de las mujeres oscila con las hormonas”. Es algo que refuerza estereotipos y que, como hemos visto, es mentira. Como decía la endocrina Carme Valls a Gosálvez, es una idea que “hace a las mujeres demasiado biológicas, demasiado animales”. Y lo hace sin aportar demasiado.
Sobre todo, porque como continúa Valls en un ciclo normal la variabilidad es mínima: “un 40% de las mujeres no sienten apenas nada”. Es decir, aunque desde el punto de vista individual conocer el ciclo es muy útil, desde el punto de vista poblacional introduce ruido. El problema no es la intuición de partida, ni la idea de que hablar de la regla es bueno. El problema es la promesa de productividad que tiene asociada. Un promesa que, como vemos, en términos generales no tiene ninguna relación con la realdiad.
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Javier Jiménez
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