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EEUU alejó sus portaaviones de Asia para protegerlos: China acaba de publicar un manual para cazarlos desde 3.000 km

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EEUU alejó sus portaaviones de Asia para protegerlos: China acaba de publicar un manual para cazarlos desde 3.000 km

Japón diseñó la batalla de Midway convencido de que la distancia y la dispersión de su flota le daban ventaja. El problema es que Estados Unidos había descifrado el plan y convirtió aquella distancia en una trampa en 1942: cuatro portaaviones japoneses acabaron en el fondo del Pacífico en apenas unas horas. En la guerra naval, alejarse nunca ha sido garantía de estar a salvo. 

El repliegue ya no es refugio. Durante años, la respuesta de Estados Unidos al crecimiento militar de China en el Pacífico fue clara: alejar sus portaaviones y grandes activos navales de la costa asiática. El razonamiento parecía sólido. 

Cuanto más lejos estuvieran de los misiles balísticos, hipersónicos y enjambres de crucero chinos, más difícil sería destruirlos. Bases como Guam se convirtieron así en una especie de santuario estratégico… hasta que Pekín acaba de dejar claro algo incómodo: la distancia ya no garantiza seguridad.

Us Carrier Guam

El manual chino. Un grupo de científicos militares chinos, liderados por Gao Tianyun desde la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa en Nankín, ha publicado un estudio que describe cómo destruir un grupo de combate de portaaviones a 3.000 kilómetros. 

La cifra no es ni mucho menos casual. Es, prácticamente, la distancia exacta entre Shanghái y Guam. Lo llamativo no es solo la ambición del plan, sino el mensaje implícito: el refugio que Washington eligió para proteger a sus buques más valiosos ya está dentro del mapa de amenazas que China dice estar estudiando.

La gran cadena de muerte. El estudio no presenta un “arma milagrosa”, sino algo más peligroso: un sistema completo. Primero localizar, luego seguir, y después saturar. La propuesta combina satélites, drones, aviones radar, submarinos, buques e inteligencia de señales para construir una cadena de seguimiento constante sobre un grupo naval enemigo. 

Una vez fijado el objetivo, llegaría la verdadera clave: un ataque masivo con misiles coordinados entre sí, compartiendo datos en vuelo, diferenciando señuelos de blancos reales y asignándose objetivos desde múltiples ángulos de ataque.

La guerra de agotar defensas. La lógica china no es tanto perforar el blindaje de un portaaviones como romper la arquitectura defensiva que lo protege. Un grupo de combate estadounidense depende de destructores Aegis, misiles interceptores, guerra electrónica, señuelos y sistemas CIWS de última línea. 

El problema es que todos esos sistemas tienen límites. El objetivo de un enjambre coordinado no es ser imparable, sino hacer que la defensa se quede sin tiempo, sin capacidad de radar o sin interceptores suficientes. Dicho de otra forma, es una guerra de agotamiento en segundos.

Esconderse ya no basta. Aquí está posiblemente la idea central que inquieta a Washington. Estados Unidos dispersó sus barcos y alejó sus portaaviones para evitar tener “todos los huevos en la misma cesta”, complicando que China pudiera localizarlos y atacarlos.

Pero el estudio chino lanza una advertencia muy concreta: esconderse y dispersarse no significa necesariamente estar a salvo. Si la cadena de detección y seguimiento funciona, la distancia deja de ser una barrera y se convierte simplemente en una variable logística.

El punto más difícil. Qué duda cabe, el trabajo no significa que China pueda hacerlo mañana. El propio análisis deja claro que el problema no es el alcance de los misiles, sino mantener datos de targeting precisos sobre un grupo naval que se mueve, maniobra, se camufla, emite interferencias y despliega señuelos.

Porque golpear un blanco móvil a 3.000 kilómetros sigue siendo una de las tareas más complejas de la guerra moderna, y aunque ahora la teoría existe, la práctica es otra cosa muy distinta.

Más mensaje que capacidad. Porque quizá ese sea precisamente el punto. Publicar este estudio no parece tanto una demostración técnica como una declaración estratégica. Si se quiere también, Pekín está diciendo algo muy concreto a Washington: mover tus portaaviones más lejos no resuelve el problema, solo cambia su forma. 

En otras palabras, la nueva guerra del Pacífico ya no consiste en acercarse lo suficiente para golpear, sino en demostrar que incluso a miles de kilómetros nadie está realmente fuera de alcance.

Imagen | US Navy

En Xataka | Mientras el mundo miraba a Irán, China se ha apoderado de una isla en el Pacífico sin un solo tiro. Y ahora la está militarizando

En Xataka | Japón ha cruzado una línea roja en el Pacífico con EEUU: China acaba de responder con buques de guerra más cerca que nunca


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EEUU alejó sus portaaviones de Asia para protegerlos: China acaba de publicar un manual para cazarlos desde 3.000 km

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por

Miguel Jorge

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 Japón diseñó la batalla de Midway convencido de que la distancia y la dispersión de su flota le daban ventaja. El problema es que Estados Unidos había descifrado el plan y convirtió aquella distancia en una trampa en 1942: cuatro portaaviones japoneses acabaron en el fondo del Pacífico en apenas unas horas. En la guerra naval, alejarse nunca ha sido garantía de estar a salvo. 

El repliegue ya no es refugio. Durante años, la respuesta de Estados Unidos al crecimiento militar de China en el Pacífico fue clara: alejar sus portaaviones y grandes activos navales de la costa asiática. El razonamiento parecía sólido. 

Cuanto más lejos estuvieran de los misiles balísticos, hipersónicos y enjambres de crucero chinos, más difícil sería destruirlos. Bases como Guam se convirtieron así en una especie de santuario estratégico… hasta que Pekín acaba de dejar claro algo incómodo: la distancia ya no garantiza seguridad.

El manual chino. Un grupo de científicos militares chinos, liderados por Gao Tianyun desde la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa en Nankín, ha publicado un estudio que describe cómo destruir un grupo de combate de portaaviones a 3.000 kilómetros. 

La cifra no es ni mucho menos casual. Es, prácticamente, la distancia exacta entre Shanghái y Guam. Lo llamativo no es solo la ambición del plan, sino el mensaje implícito: el refugio que Washington eligió para proteger a sus buques más valiosos ya está dentro del mapa de amenazas que China dice estar estudiando.

La gran cadena de muerte. El estudio no presenta un “arma milagrosa”, sino algo más peligroso: un sistema completo. Primero localizar, luego seguir, y después saturar. La propuesta combina satélites, drones, aviones radar, submarinos, buques e inteligencia de señales para construir una cadena de seguimiento constante sobre un grupo naval enemigo. 

Una vez fijado el objetivo, llegaría la verdadera clave: un ataque masivo con misiles coordinados entre sí, compartiendo datos en vuelo, diferenciando señuelos de blancos reales y asignándose objetivos desde múltiples ángulos de ataque.

La guerra de agotar defensas. La lógica china no es tanto perforar el blindaje de un portaaviones como romper la arquitectura defensiva que lo protege. Un grupo de combate estadounidense depende de destructores Aegis, misiles interceptores, guerra electrónica, señuelos y sistemas CIWS de última línea. 

El problema es que todos esos sistemas tienen límites. El objetivo de un enjambre coordinado no es ser imparable, sino hacer que la defensa se quede sin tiempo, sin capacidad de radar o sin interceptores suficientes. Dicho de otra forma, es una guerra de agotamiento en segundos.

Esconderse ya no basta. Aquí está posiblemente la idea central que inquieta a Washington. Estados Unidos dispersó sus barcos y alejó sus portaaviones para evitar tener “todos los huevos en la misma cesta”, complicando que China pudiera localizarlos y atacarlos.

Pero el estudio chino lanza una advertencia muy concreta: esconderse y dispersarse no significa necesariamente estar a salvo. Si la cadena de detección y seguimiento funciona, la distancia deja de ser una barrera y se convierte simplemente en una variable logística.

El punto más difícil. Qué duda cabe, el trabajo no significa que China pueda hacerlo mañana. El propio análisis deja claro que el problema no es el alcance de los misiles, sino mantener datos de targeting precisos sobre un grupo naval que se mueve, maniobra, se camufla, emite interferencias y despliega señuelos.

Porque golpear un blanco móvil a 3.000 kilómetros sigue siendo una de las tareas más complejas de la guerra moderna, y aunque ahora la teoría existe, la práctica es otra cosa muy distinta.

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China lleva una década ensayando una invasión de Taiwán. Y ahora Taiwán se ha puesto a ensayar cómo repelerla

Más mensaje que capacidad. Porque quizá ese sea precisamente el punto. Publicar este estudio no parece tanto una demostración técnica como una declaración estratégica. Si se quiere también, Pekín está diciendo algo muy concreto a Washington: mover tus portaaviones más lejos no resuelve el problema, solo cambia su forma. 

En otras palabras, la nueva guerra del Pacífico ya no consiste en acercarse lo suficiente para golpear, sino en demostrar que incluso a miles de kilómetros nadie está realmente fuera de alcance.

Imagen | US Navy

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EEUU alejó sus portaaviones de Asia para protegerlos: China acaba de publicar un manual para cazarlos desde 3.000 km

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Miguel Jorge

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