Economía
Un Estado que presiona a los que ya están presionados
El Gobierno dominicano, y tal vez otros en el mundo, se ha dedicado a concentrar sus esfuerzos de captación de más recursos y de “modernización” del Estado, con base en ejercer presión sobre las empresas y contribuyentes que están en la formalidad. Dejando de lado lo que debe ser el verdadero objetivo: la captación de los informales.
Y no hay que llevarse mucho de esos informes oficiales de las autoridades monetarias sobre la reducción -muy lenta, por cierto- de la informalidad laboral y un incremento de la formalidad sustentado en más empleados en el Estado y en la inclusión de personas físicas con base en datos nominales y no necesariamente reales.
Pero cuando decimos que el Gobierno se concentra en presionar a los ya presionados, no es solo en lo referente a lo laboral; es en casi todo. Veamos algunos ejemplos.
El caso de la facturación electrónica. Es un proceso que viene a complicar la existencia, principalmente de los microempresarios que están formalizados, quienes ahora deben llenar una serie de requisitos para facturar de forma electrónica lo que ya facturan con los NCF tradicionales. La idea es “modernizar” un proceso que de por sí está bajo regulación del Estado, porque se trata de microempresarios formales.
Mientras tanto, los microempresarios informales siguen ganando dinero sin aportar al fisco y sin la necesidad de cumplir con requisitos burocráticos que lo único que hacen es limitar sus actividades productivas, cuando debería ser lo contrario.
Los microempresarios formales tienen ahora una camisa de fuerza, pues a partir del 15 de mayo deben tener su sistema de facturación electrónica, con una DGII que dice ofrecer ese servicio gratuito, pero cuando se entra al sistema para cumplir el proceso, aparecen múltiples complejidades que impiden completar el trámite en línea.
Otro ejemplo es el caso de las agencias de cambio formales, las cuales son reguladas muy estrictamente por la Superintendencia de Bancos (SB). Esta institución cumple con el mandato legal de hacer que las agencias de cambio formalizadas cumplan una cantidad enorme de regulaciones.
Mientras tanto, la gran mayoría de agencias de cambio que operan en el país lo hacen en la informalidad, sin ningún tipo de persecución ni de presión estatal para que se formalicen, por lo que se convierten en competidores desleales de los pocos que sí están formalizados y que, en lugar de recibir apoyo del Estado para enfrentar la competencia informal, lo que reciben es más presión para que cumplan con más requisitos.
También ocurre con los contribuyentes que pagan al día su factura de electricidad. Esos son solo el 60% de los consumidores totales de electricidad, pues las EDE dejan sin facturar cerca del 40% de la energía que colocan en redes.
A los que sí se les envía factura y se les cobra el servicio el Estado quiere incrementarles la tarifa que pagan cada mes. Mientras tanto, a los que les regalan la electricidad, se la siguen regalando sin ningún tipo de condicionalidad; incluso, dándoles 24 horas de luz, como si pagaran, lo cual aleja su motivación para regularizarse.
La autoridad tributaria se la pasa persiguiendo a los contribuyentes. Sí, a esos que están registrados; esos que son apenas el 44% de la masa productiva del país, pues hay un 56% que no está formalizado y sobre el cual nadie hace gestiones de captar, a los fines de que también contribuyan al fisco.
Pero, a ese 44% que sí se formalizó, que sí paga sus impuestos, aunque haya evasores y elusión en el paquete; esos sí tienen la constante presión del Estado en procura de que paguen más de lo que ya pagan y de que, encima de eso, el proceso para que paguen sea más burocrático y complicado, como si la intención fuera castigar más a los ya castigados.
En ese escenario, en el que el Estado no ofrece ningún tipo de incentivo ni de presión a los informales para que se formalicen y, en cambio, incurre en presiones constantes sobre los ya formalizados, con lo que les empuja a querer salirse de esa formalidad, es donde el Gobierno pretende exhibir una imagen de modernidad y progreso, cuando lo que hace es atentar contra quienes siguen bajo la presión constante de estar castigados y de que la autoridad estatal los siga castigando. Así, es difícil progresar.
