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Europa se recoloca ante la incertidumbre creada por el nuevo plan de la NASA para la Luna
Madrid .- Los nuevos planes de la NASA, que pasan por establecer una base permanente en la Luna y dejar en pausa la futura estación orbital Gateway, tienen un impacto directo en Europa e introducen «preocupación e incertidumbre», al menos, a corto plazo. Países e industria ya se han sentado a evaluar el nuevo escenario.
Y es que la reformada hoja de ruta que presentó recientemente Estados Unidos, aunque también presenta oportunidades, obliga a Europa a reajustar programas y prioridades, y a renegociar posiblemente la presencia de astronautas europeos en las futuras misiones lunares.
Por eso, la Agencia Espacial Europea (ESA), cuya contribución al éxito de la reciente misión Artemis 2 a la Luna ha sido clave, está manteniendo consultas estrechas con sus Estados miembros, socios internacionales e industria para evaluar las implicaciones del anuncio, señalan a EFE fuentes de la ESA que, por el momento, no quiere hacer más comentarios.
El pasado 24 de marzo, el administrador de la NASA, Jared Isaacman, se refirió a una estrategia de despliegue lunar por fases que será la más ambiciosa de la historia desde el programa Apollo (1961-1972) y que costará al menos 20.000 millones de dólares durante los próximos siete años.
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Como parte de ese plan que incluye establecer una presencia lunar sostenida, la agencia espacial estadounidense tiene la intención de poner en pausa el proyecto Gateway en su forma actual y reorientar su enfoque hacia una infraestructura que permita mantener operaciones continuas en la superficie.
También es una oportunidad
Para Jorge Potti, presidente de la Comisión de Espacio de la Asociación Española de Empresas Tecnológicas de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio (Tedae), los nuevos planes tienen un impacto directo en Europa, porque el programa de exploración lunar Artemis se había construido sobre una arquitectura internacional muy definida en la que Gateway era un elemento central para la participación de socios como la ESA.
El giro altera ese marco. Europa había estructurado buena parte de su contribución -y del retorno esperado, incluido el acceso a vuelos tripulados- en torno a ese proyecto, que ahora entra en revisión.
Gateway no era solo una estación orbital, sino el mecanismo que estructuraba la contribución europea, con elementos clave como los módulos I-Hab y ESPRIT, y sobre el que se apoyaba la negociación de acceso a misiones tripuladas.
«Esto introduce incertidumbre a corto plazo, tanto a nivel industrial como estratégico, y obliga a reajustar programas, inversiones y prioridades», señala Potti a EFE, para quien, no obstante, también abre oportunidades.
«Si el foco se desplaza a la superficie, Europa puede reposicionarse en áreas donde también tiene capacidades sólidas, como hábitats, robótica, logística o utilización de recursos», comenta el experto.
En todo caso, «este cambio refuerza una realidad: la participación europea depende en gran medida de decisiones externas. Por eso, pone sobre la mesa la necesidad de combinar flexibilidad a corto plazo con una mayor autonomía estratégica a medio plazo».
¿Está perdido lo hecho?
El presidente de la Comisión de Espacio de Tedae explica que muchos desarrollos asociados a Gateway -como módulos habitables, soporte vital, repostaje o comunicaciones- se han diseñado de forma modular, lo que facilita su adaptación.
Esa reutilización no es automática, puntualiza. Implica costes adicionales, rediseños y posibles retrasos, y depende de decisiones estratégicas sobre la futura arquitectura del programa. En estos momentos, la industria está precisamente en fase de análisis para determinar qué se puede reutilizar y cómo.
«En cualquier caso, no se parte de cero: existe ya una base tecnológica muy valiosa», relata Potti, quien afirma, además, que la industria española -implicada en varios contratos- cuenta con amplia experiencia en múltiples disciplinas y dichas competencias son altamente transferibles.
La ESA ha invertido cientos de millones de euros en estos desarrollos, al igual que las empresas, que han comprometido recursos significativos. Cambios de este tipo, aunque no son inusuales en programas de esta magnitud, sí generan incertidumbre a corto plazo, recalca Potti.
Las empresas y los actores del sector están en contacto continuo con la ESA, que actúa como interlocutor principal en Europa. «La agencia está analizando el impacto y trabajando con sus socios para adaptar las contribuciones europeas al nuevo contexto».
«Es un momento de transición que combina preocupación real con oportunidades, y que exige rapidez de adaptación y coordinación para no perder posicionamiento en la futura economía lunar».
Consultada por EFE, Thales Alenia Space indica que aún es demasiado pronto para hacer comentarios. «Nuestra empresa -defienden- es reconocida por su experiencia en la exploración lunar». Airbus ha preferido no pronunciarse.
¿Habrá un astronauta europeo en la Luna?
En cuanto a la presencia de astronautas europeos en la Luna -en el equipo oficial de la ESA está el español Pablo Álvarez- los últimos cambios introducen una incertidumbre real, dice Potti.
Gran parte de las opciones de vuelo estaban vinculadas a las contribuciones a Gateway, por lo que ese marco ahora tendrá que renegociarse.
Esto no significa -añade- que la presencia de astronautas europeos en el satélite esté descartada, pero sí que deja de estar implícitamente garantizada. La ESA tendrá que redefinir con la NASA cómo se traducen sus contribuciones en acceso a misiones en superficie.
Madrid .- Los nuevos planes de la NASA, que pasan por establecer una base permanente en la Luna y dejar en pausa la futura estación orbital Gateway, tienen un impacto directo en Europa e introducen «preocupación e incertidumbre», al menos, a corto plazo. Países e industria ya se han sentado a evaluar el nuevo escenario. Tecnología, Europa, La Luna, NASA
