Ciencia y Tecnología
Pensábamos que los neandertales crecían como nosotros: el hallazgo de un bebé de 14 meses ha demostrado lo contrario
Aunque pueda suponer extraño, la infancia humana es una rareza evolutiva. Y para entenderlo, solo hay que ver que, a diferencia de otros primates, los Homo sapiens tardamos muchísimo en desarrollarnos, madurar y ser independientes fuera del nicho familiar. Pero… ¿Somos los únicos que tenemos esta 'mala' evolución? Para resolver esta pregunta, la ciencia ha ido a ver a nuestros primos evolutivos, los neandertales, para ver si también tenían mucha prisa para crecer o si iban con un desarrollo a cámara lenta.
Cómo se ha visto. A día de hoy no hay ninguna máquina del tiempo que nos permita ir hacia el momento donde los neandertales copaban el planeta, pero si que podemos 'verlo' a través de los restos que se van encontrando. Aquí en concreto, la ciencia ha analizado los restos de Amud 7, un bebé neandertal de entre 6 y 14 meses de edad que se ha encontrado en Israel.
Un rompecabezas. El estudio de esqueletos infantiles en el registro fósil, la verdad es que es muy complejo, porque los huesos de bebés son frágiles, pequeños y rara vez sobreviven al paso del tiempo. Sin embargo, el equipo liderado por la investigadora Ella Been ha logrado analizar 111 elementos óseos de este lactante hallado en la cueva de Amud.
Aquí al estudiar el esqueleto, los investigadores descubrieron que el desarrollo óseo de Amud 7 iba a un ritmo que hoy nos parecería vertiginoso de lo avanzado que está. Y es que su fisiología ya mostraba afinidades neandertales muy claras a pesar de su corta edad, confirmando que las diferencias morfológicas entre nuestra especie y la suya se establecían prácticamente desde el nacimiento o incluso en el útero.
Un toque español. Para entender la magnitud de este hallazgo, tenemos que viajar a nuestro país, y concretamente a la cueva asturiana de El Sidrón. Aquí en 2017 la revista Science publicó un gran trabajo sobre un niño neandertal de 7,7 años llamado Sidrón J1.
Lo que encontraron en aquel joven homínido nos voló la cabeza, puesto que, aunque en la mayoría de sus huesos maduraba a un ritmo similar al nuestro, su cerebro aún seguía creciendo a una edad en la que el cerebro de un niño sapiens ya ha alcanzado su volumen definitivo. Pero además, la maduración de sus vértebras torácicas presentaba un curioso retraso.
Su significado. El conjunto de estos dos descubrimientos nos hace darnos cuenta que el desarrollo neandertal no era simplemente una versión rápida de la humana, sino un patrón fisiológico completamente diferente. De esta manera, mientras que en sus primeros meses el cuerpo crecía a un ritmo frenético para garantizar la supervivencia, órganos tan energéticamente costosos como el cerebro requerían de un periodo de crecimiento prolongado.
Tiene sentido. Si nos ponemos en el momento donde crecieron estos niños, la verdad es que tiene sentido este crecimiento tan rápido. En aquel momento, la supervivencia era lo más importante, y mantenerse en un tamaño pequeño y con una gran dependencia de otras personas, la verdad es que no marcaba una buena supervivencia dentro de la teoría de la evolución.
Aunque hay un matiz. Un estudio publicado en 2012 apuntaba a que, a partir del tercer o cuarto mes de vida, el crecimiento en estatura de los neandertales se podía ralentizar. El motivo no es más que el destete y el estrés metabólico que supone crecer en una Eurasia hostil y fría, expuestos a gran cantidad de enfermedades y con una gran necesidad energética para mantenerse.
Imágenes | freepik
–
La noticia
Pensábamos que los neandertales crecían como nosotros: el hallazgo de un bebé de 14 meses ha demostrado lo contrario
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
.
Aunque pueda suponer extraño, la infancia humana es una rareza evolutiva. Y para entenderlo, solo hay que ver que, a diferencia de otros primates, los Homo sapiens tardamos muchísimo en desarrollarnos, madurar y ser independientes fuera del nicho familiar. Pero… ¿Somos los únicos que tenemos esta 'mala' evolución? Para resolver esta pregunta, la ciencia ha ido a ver a nuestros primos evolutivos, los neandertales, para ver si también tenían mucha prisa para crecer o si iban con un desarrollo a cámara lenta.
Cómo se ha visto. A día de hoy no hay ninguna máquina del tiempo que nos permita ir hacia el momento donde los neandertales copaban el planeta, pero si que podemos 'verlo' a través de los restos que se van encontrando. Aquí en concreto, la ciencia ha analizado los restos de Amud 7, un bebé neandertal de entre 6 y 14 meses de edad que se ha encontrado en Israel.
En Xataka
Hace miles de años, los neandertales ya habían descubierto el primer "antiséptico": el alquitrán de abedul
Un rompecabezas. El estudio de esqueletos infantiles en el registro fósil, la verdad es que es muy complejo, porque los huesos de bebés son frágiles, pequeños y rara vez sobreviven al paso del tiempo. Sin embargo, el equipo liderado por la investigadora Ella Been ha logrado analizar 111 elementos óseos de este lactante hallado en la cueva de Amud.
Aquí al estudiar el esqueleto, los investigadores descubrieron que el desarrollo óseo de Amud 7 iba a un ritmo que hoy nos parecería vertiginoso de lo avanzado que está. Y es que su fisiología ya mostraba afinidades neandertales muy claras a pesar de su corta edad, confirmando que las diferencias morfológicas entre nuestra especie y la suya se establecían prácticamente desde el nacimiento o incluso en el útero.
Un toque español. Para entender la magnitud de este hallazgo, tenemos que viajar a nuestro país, y concretamente a la cueva asturiana de El Sidrón. Aquí en 2017 la revista Science publicó un gran trabajo sobre un niño neandertal de 7,7 años llamado Sidrón J1.
Lo que encontraron en aquel joven homínido nos voló la cabeza, puesto que, aunque en la mayoría de sus huesos maduraba a un ritmo similar al nuestro, su cerebro aún seguía creciendo a una edad en la que el cerebro de un niño sapiens ya ha alcanzado su volumen definitivo. Pero además, la maduración de sus vértebras torácicas presentaba un curioso retraso.
Su significado. El conjunto de estos dos descubrimientos nos hace darnos cuenta que el desarrollo neandertal no era simplemente una versión rápida de la humana, sino un patrón fisiológico completamente diferente. De esta manera, mientras que en sus primeros meses el cuerpo crecía a un ritmo frenético para garantizar la supervivencia, órganos tan energéticamente costosos como el cerebro requerían de un periodo de crecimiento prolongado.
En Xataka
Los neandertales dejaron una honda huella genética en nosotros. El último ejemplo: el sentido del dolor
Tiene sentido. Si nos ponemos en el momento donde crecieron estos niños, la verdad es que tiene sentido este crecimiento tan rápido. En aquel momento, la supervivencia era lo más importante, y mantenerse en un tamaño pequeño y con una gran dependencia de otras personas, la verdad es que no marcaba una buena supervivencia dentro de la teoría de la evolución.
Aunque hay un matiz. Un estudio publicado en 2012 apuntaba a que, a partir del tercer o cuarto mes de vida, el crecimiento en estatura de los neandertales se podía ralentizar. El motivo no es más que el destete y el estrés metabólico que supone crecer en una Eurasia hostil y fría, expuestos a gran cantidad de enfermedades y con una gran necesidad energética para mantenerse.
Imágenes | freepik
En Xataka | Lo sorprendente no es que hayamos secuenciado el ADN de un neandertal de hace 11.000 años: es lo que ha revelado
– La noticia
Pensábamos que los neandertales crecían como nosotros: el hallazgo de un bebé de 14 meses ha demostrado lo contrario
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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