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El alcohol necesita ganarse a una generación cada vez menos interesada en el alcohol. Su estrategia: ofrecerle otra cosa

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El alcohol necesita ganarse a una generación cada vez menos interesada en el alcohol. Su estrategia: ofrecerle otra cosa

La industria del alcohol ha llegado a una conclusión interesante. Quizás la Generación Z esté menos interesada por la bebida que los millenials, pero eso no la hace inmune a un reclamo a prueba de edades: la curiosidad. Partiendo de esa premisa las firmas dedicadas a elaborar destilados y vinos han decidido reenfocar su estrategia y apostar por nuevos productos que apelan a los más jóvenes. Y eso pasa tanto por el vino no/low como por el tequifresa o chocolate Dubái.

El objetivo es claro: conectar con una cohorte demográfica que parece estar perdiendo el interés por el alcohol y decidirá el futuro de la industria.

¿Qué ha pasado? Básicamente que Madrid acaba de despedirse del Salón Gourmets, una de las grandes ferias europeas de la industria de la alimentación y bebidas de alta gama. Hasta ahí nada del otro mundo o que pueda interesar más allá de la industria especializada. Lo curioso, como ha revelado la agencia EFE Agro, es que en esta ocasión en el IFEMA no solo se han visto botellas de vinos tradicionales, cervezas artesanales y los destilados de toda la vida. 

Las empresas del sector han querido apostar por nuevos productos y sabores poco ortodoxos para despertar la curiosidad de los clientes. Y eso (aunque de entrada pueda parecer anecdótico) sí interesa más allá de la industria.

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¿Y eso, por qué? Porque el sector está transformándose. Llega con echar un vistazo a la hemeroteca para comprobarlo. A pesar de que España encadena cifras récord de turismo, en 2024 las ventas anotadas por la patronal cervecera cayeron por segundo año seguido, algo que no ocurría desde hacía más de una década. 

Las cifras avanzadas por Circana sugieren que el panorama fue más halagüeño en 2025, aunque también con sorpresa: las ventas de cerveza 'sin' aumentaron casi el triple que las de bebida con alcohol. Su facturación sigue siendo bastante inferior a la de la cerveza 'con', pero se aprecia un cambio de tendencia.

¿Y el resto de bebidas? El panorama es similar en el caso del vino. La Federación Española de Enología calcula que en 2025 se consumieron 9,35 millones de hectolitros, un 5,2% menos que el año anterior. Al igual que ocurre con la cerveza, su demanda está muy implantada y ha experimentado vaivenes en los últimos años, pero eso no quita que las bodegas estén buscando nuevos nichos de negocio. Por ejemplo, la elaboración de vinos 'sin' o el uso de nuevos formatos, como el caldo envasado bag-in-box o servido directamente desde el grifo. 

Con respecto a los espirituosos, la patronal calcula que en 2024 su consumo se contrajo un 3,7%, lo que agrava la caída que ya había padecido en 2023.

¿Cuál es la estrategia? Por lo que se ha visto estos días en el IFEMA, la industria quiere ir un paso más allá. En los estands se han promocionado botellas de tequila con sabor a fresa, melón, melocotón o incluso con sabores aún menos ortodoxos. Orujos Panizo, que lleva casi 90 años dedicada a la elaboración de espirituosos, ha lanzado por ejemplo un licor crema de chocolate Dubái. 

El objetivo es claro: aprovechar la ola de popularidad del dulce y acercarse al público joven en un momento que, reconoce el responsable de la empresa, no es precisamente bueno para la industria. La estrategia no parece mal encaminada. EFE Agro asegura que la demanda de algunas cremas de frutas con tequila está creciendo a doble dígito. Eso sí el producto parte de cifras "muy bajas". 

¿Hay más ideas? Sí. A la apuesta por el tequifresa o meloncello se suma el conocido como vino no/low, caldos parcialmente desalcoholizados o sin alcohol. De ser prácticamente una desconocida en el sector, las botellas 'sin' han pasado a colarse en catas profesionales, aportar ingresos millonarios a algunas empresas y (sobre todo) generar unas expectativas de negocio prometedoras a medio plazo. 

El medio especializado Italian Food News asegura que el mercado de los vinos 'sin' espera expandirse con una tasa de crecimiento anual compuesta del 10% hasta 2033, ampliando su mercado de 2.000 millones a cerca de 5.200.

Vitaly Gariev 9whfrg6az6g Unsplash

¿Tanto cambia el consumo? Eso parece. Y el cambio es especialmente interesante entre la Generación Z, la cohorte de población nacida entre mediados de los 90 y la primera década de este siglo. Aunque el 76% de los jóvenes de entre 14 y 18 años reconoce haber probado el alcohol al menos una vez en su vida y el 21% se ha emborrachado en el último mes, su relación con la bebida está cambiando. Al menos si se compara con las generaciones anteriores.

"La Generación Z bebe menos que los millenials y estos, a su vez, menos que los boomers", explica a El País Andera Mellado, impulsodora de una distribuidora de bebidas 'sin'. "Han visto cómo bebían sus mayores y no quiere entrar en eso".

¿Es solo oferta y demanda? No. Es algo cultural. Cambian los hábitos, la forma de buscar pareja y de disfrutar del ocio. Incluso cambian eventos que hasta hace no tanto estaban indisolublemente ligadas a la "barra libre", como las bodas. También se transforma el vocabulario. Se popularizan los términos Straight edge y Dry January y expresiones anglosajonas como sober curious, mindful living o zebra striping, que identifican nuevas formas de acercarse a la bebida. 

Eso por supuesto no significa que el alcohol haya desaparecido del radar de la Generación Z o ya no haya botellones. El 28% de los jóvenes reconocen que en el último mes se han dado atracones de alcohol, el denominado bringe drinking.

¿Qué dicen los estudios? Que en general hay un descenso en la ingesta de alcohol. Aunque España tiene uno de los mayores niveles de consumo, los datos de la OMS muestran que la media per cápita ha bajado en las últimas décadas. Si en 1975 llegó a situarse en 18,5 l (alcohol puro), en 2022 rondaba ya los 11,7.

El estudio sobre consumo entre los jóvenes de menor edad (14-18 años) del Ministerio de Sanidad muestra también una paulatina pérdida de interés por la bebida a lo largo de los últimos años, sobre todo desde mediados de la década pasada, aunque se trata en ambos casos de una tendencia con vaivenes.

Imágenes | Destilerías Panizo, Vitaly Gariev (Unsplash), Vitaly Gariev (Unsplash) y Ministerio de Sanidad

En Xataka | Tomarse una caña o un vino a los 65 años parece una indulgencia inocua. Cada vez tenemos más evidencias de lo contrario


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El alcohol necesita ganarse a una generación cada vez menos interesada en el alcohol. Su estrategia: ofrecerle otra cosa

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Carlos Prego

.

 La industria del alcohol ha llegado a una conclusión interesante. Quizás la Generación Z esté menos interesada por la bebida que los millenials, pero eso no la hace inmune a un reclamo a prueba de edades: la curiosidad. Partiendo de esa premisa las firmas dedicadas a elaborar destilados y vinos han decidido reenfocar su estrategia y apostar por nuevos productos que apelan a los más jóvenes. Y eso pasa tanto por el vino no/low como por el tequifresa o chocolate Dubái.
El objetivo es claro: conectar con una cohorte demográfica que parece estar perdiendo el interés por el alcohol y decidirá el futuro de la industria.
¿Qué ha pasado? Básicamente que Madrid acaba de despedirse del Salón Gourmets, una de las grandes ferias europeas de la industria de la alimentación y bebidas de alta gama. Hasta ahí nada del otro mundo o que pueda interesar más allá de la industria especializada. Lo curioso, como ha revelado la agencia EFE Agro, es que en esta ocasión en el IFEMA no solo se han visto botellas de vinos tradicionales, cervezas artesanales y los destilados de toda la vida. 
Las empresas del sector han querido apostar por nuevos productos y sabores poco ortodoxos para despertar la curiosidad de los clientes. Y eso (aunque de entrada pueda parecer anecdótico) sí interesa más allá de la industria.

¿Y eso, por qué? Porque el sector está transformándose. Llega con echar un vistazo a la hemeroteca para comprobarlo. A pesar de que España encadena cifras récord de turismo, en 2024 las ventas anotadas por la patronal cervecera cayeron por segundo año seguido, algo que no ocurría desde hacía más de una década. 
Las cifras avanzadas por Circana sugieren que el panorama fue más halagüeño en 2025, aunque también con sorpresa: las ventas de cerveza 'sin' aumentaron casi el triple que las de bebida con alcohol. Su facturación sigue siendo bastante inferior a la de la cerveza 'con', pero se aprecia un cambio de tendencia.
¿Y el resto de bebidas? El panorama es similar en el caso del vino. La Federación Española de Enología calcula que en 2025 se consumieron 9,35 millones de hectolitros, un 5,2% menos que el año anterior. Al igual que ocurre con la cerveza, su demanda está muy implantada y ha experimentado vaivenes en los últimos años, pero eso no quita que las bodegas estén buscando nuevos nichos de negocio. Por ejemplo, la elaboración de vinos 'sin' o el uso de nuevos formatos, como el caldo envasado bag-in-box o servido directamente desde el grifo. 
Con respecto a los espirituosos, la patronal calcula que en 2024 su consumo se contrajo un 3,7%, lo que agrava la caída que ya había padecido en 2023.

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Si el sector del alcohol creía tener un problema con la Gen Z es porque no vio su stock: 22.000 millones en botellas que nadie quiere

¿Cuál es la estrategia? Por lo que se ha visto estos días en el IFEMA, la industria quiere ir un paso más allá. En los estands se han promocionado botellas de tequila con sabor a fresa, melón, melocotón o incluso con sabores aún menos ortodoxos. Orujos Panizo, que lleva casi 90 años dedicada a la elaboración de espirituosos, ha lanzado por ejemplo un licor crema de chocolate Dubái. 
El objetivo es claro: aprovechar la ola de popularidad del dulce y acercarse al público joven en un momento que, reconoce el responsable de la empresa, no es precisamente bueno para la industria. La estrategia no parece mal encaminada. EFE Agro asegura que la demanda de algunas cremas de frutas con tequila está creciendo a doble dígito. Eso sí el producto parte de cifras "muy bajas". 
¿Hay más ideas? Sí. A la apuesta por el tequifresa o meloncello se suma el conocido como vino no/low, caldos parcialmente desalcoholizados o sin alcohol. De ser prácticamente una desconocida en el sector, las botellas 'sin' han pasado a colarse en catas profesionales, aportar ingresos millonarios a algunas empresas y (sobre todo) generar unas expectativas de negocio prometedoras a medio plazo. 
El medio especializado Italian Food News asegura que el mercado de los vinos 'sin' espera expandirse con una tasa de crecimiento anual compuesta del 10% hasta 2033, ampliando su mercado de 2.000 millones a cerca de 5.200.

¿Tanto cambia el consumo? Eso parece. Y el cambio es especialmente interesante entre la Generación Z, la cohorte de población nacida entre mediados de los 90 y la primera década de este siglo. Aunque el 76% de los jóvenes de entre 14 y 18 años reconoce haber probado el alcohol al menos una vez en su vida y el 21% se ha emborrachado en el último mes, su relación con la bebida está cambiando. Al menos si se compara con las generaciones anteriores.
"La Generación Z bebe menos que los millenials y estos, a su vez, menos que los boomers", explica a El País Andera Mellado, impulsodora de una distribuidora de bebidas 'sin'. "Han visto cómo bebían sus mayores y no quiere entrar en eso".
¿Es solo oferta y demanda? No. Es algo cultural. Cambian los hábitos, la forma de buscar pareja y de disfrutar del ocio. Incluso cambian eventos que hasta hace no tanto estaban indisolublemente ligadas a la "barra libre", como las bodas. También se transforma el vocabulario. Se popularizan los términos Straight edge y Dry January y expresiones anglosajonas como sober curious, mindful living o zebra striping, que identifican nuevas formas de acercarse a la bebida. 
Eso por supuesto no significa que el alcohol haya desaparecido del radar de la Generación Z o ya no haya botellones. El 28% de los jóvenes reconocen que en el último mes se han dado atracones de alcohol, el denominado bringe drinking.

¿Qué dicen los estudios? Que en general hay un descenso en la ingesta de alcohol. Aunque España tiene uno de los mayores niveles de consumo, los datos de la OMS muestran que la media per cápita ha bajado en las últimas décadas. Si en 1975 llegó a situarse en 18,5 l (alcohol puro), en 2022 rondaba ya los 11,7.

El estudio sobre consumo entre los jóvenes de menor edad (14-18 años) del Ministerio de Sanidad muestra también una paulatina pérdida de interés por la bebida a lo largo de los últimos años, sobre todo desde mediados de la década pasada, aunque se trata en ambos casos de una tendencia con vaivenes.

Imágenes | Destilerías Panizo, Vitaly Gariev (Unsplash), Vitaly Gariev (Unsplash) y Ministerio de Sanidad

En Xataka | Tomarse una caña o un vino a los 65 años parece una indulgencia inocua. Cada vez tenemos más evidencias de lo contrario

– La noticia

El alcohol necesita ganarse a una generación cada vez menos interesada en el alcohol. Su estrategia: ofrecerle otra cosa

fue publicada originalmente en

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por
Carlos Prego

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