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Descubren cómo el cáncer “aprende” a resistir medicamentos y terapias avanzadas
Durante décadas, la resistencia a los tratamientos fue uno de los enigmas más complejos de la oncología. ¿Por qué algunos tumores dejan de responder incluso a terapias avanzadas? Una investigación reciente aporta una respuesta distinta a la tradicional y propone que el secreto no está solo en las mutaciones genéticas, sino en la capacidad de adaptación de las propias células cancerosas.
El estudio, desarrollado por científicos de NYU Langone Health y publicado en la revista Nature, describe un mecanismo que permite a los tumores modificar su comportamiento de forma reversible para sobrevivir a los tratamientos.
Este hallazgo introduce una nueva forma de entender la resistencia y abre la puerta a estrategias terapéuticas diferentes.
La flexibilidad epigenética tumoral
Hasta ahora, la teoría dominante sostenía que la resistencia aparecía cuando algunas células adquirían mutaciones en su ADN. Estos cambios, poco frecuentes, les otorgaban ventajas frente a los fármacos y les permitían multiplicarse mientras otras células eran eliminadas.
El nuevo modelo no descarta ese proceso, pero suma un elemento clave: las células también pueden cambiar cómo usan sus genes sin alterar su estructura. Este fenómeno se conoce como regulación epigenética.
El estudio de NYU Langone Health revela que la regulación epigenética permite a los tumores sobrevivir a fármacos sin mutaciones permanentes.
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Para entenderlo, puede pensarse en el ADN como un manual de instrucciones. La epigenética no modifica ese manual, pero sí decide qué instrucciones se activan y cuáles quedan en pausa. De ese modo, una misma célula puede comportarse de maneras distintas según el contexto.
Esta flexibilidad permite respuestas rápidas frente a situaciones adversas, como la exposición a un medicamento. En lugar de esperar una mutación, las células reorganizan su funcionamiento casi de inmediato.
El papel central de las proteínas AP-1
El estudio identifica a un grupo de proteínas llamadas AP-1 como protagonistas de este proceso. Estas moléculas actúan como “interruptores” que regulan la actividad de cientos de genes.
Una característica distintiva de las AP-1 es su capacidad para combinarse entre sí. Forman pares —conocidos como dímeros— y cada combinación activa un conjunto diferente de genes. Esto genera una gran diversidad de respuestas posibles dentro de una misma célula.
Según explicó el investigador Gustavo S. França, este sistema funciona como un “algoritmo evolutivo”. En la práctica, las células prueban distintas configuraciones: aquellas que favorecen su supervivencia se mantienen, mientras que las menos eficaces se descartan.Los científicos proponen agentes antiadaptación para bloquear la capacidad de ajuste de los tumores y mejorar la respuesta a las terapias oncológicas (Imagen Ilustrativa Infobae)
Este mecanismo de ensayo y error permite que el tumor encuentre rápidamente formas de resistir los tratamientos. Uno de los hallazgos más relevantes es que estas adaptaciones no se pierden. A través de lo que se denomina memoria epigenética, las células transmiten estas configuraciones a sus descendientes.
Esto significa que, con el tiempo, las poblaciones celulares se vuelven cada vez más resistentes. Incluso cuando se aplican terapias más sofisticadas, el tumor ya cuenta con un repertorio de respuestas que le permite sobrevivir.
El modelo fue liderado por Itai Yanai, quien señala que esta capacidad de adaptación progresiva ayuda a explicar por qué algunos cánceres avanzados resultan tan difíciles de tratar.
Un sistema dinámico de supervivencia molecular
Los investigadores describen este sistema como una especie de “kit de supervivencia” interno. Gracias a las proteínas AP-1, las células pueden explorar múltiples combinaciones de actividad genética sin necesidad de modificar su ADN de forma permanente.
Este enfoque cambia la forma de pensar la evolución del cáncer. Ya no se trata solo de mutaciones acumuladas, sino también de ajustes dinámicos que permiten a las células adaptarse al entorno. Además, estas modificaciones son reversibles. Esto implica que, en teoría, podrían ser bloqueadas o modificadas con nuevas terapias.
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Nuevas estrategias para enfrentar tumores resistentes
La combinación de terapias tradicionales y antiadaptativas se perfila como una estrategia prometedora para combatir la resistencia tumoral (Imagen Ilustrativa Infobae)
A partir de estos hallazgos, los científicos proponen un cambio en la estrategia terapéutica. En lugar de centrarse únicamente en eliminar las células cancerosas, sugieren intervenir sobre su capacidad de adaptación.
Una de las líneas más prometedoras es el desarrollo de los llamados “agentes antiadaptación”. Se trata de fármacos diseñados para impedir que las células ajusten su comportamiento frente a los tratamientos.
Según el equipo de NYU Langone Health, la combinación de estas terapias con los tratamientos tradicionales podría aumentar su eficacia y prolongar la respuesta, dificultando que el tumor desarrolle resistencia.
Este enfoque busca, en esencia, bloquear el “aprendizaje” de las células malignas, evitando que encuentren nuevas formas de sobrevivir.
Mecanismos compartidos con procesos fisiológicos normales
El estudio también destaca que este sistema no es exclusivo del cáncer. Las proteínas AP-1 participan en funciones normales del organismo, como la formación de la memoria y la reparación de tejidos. Esto sugiere que se trata de un mecanismo biológico fundamental, que en el caso de los tumores es aprovechado de manera descontrolada.El uso de análisis unicelular y edición genética CRISPR permitirá identificar combinaciones de AP-1 asociadas a distintos tipos de resistencia tumoral (Imagen Ilustrativa Infobae)
Comprender cómo funciona en condiciones normales y patológicas será clave para desarrollar terapias que actúen con precisión sin afectar procesos esenciales.
El objetivo ahora es descifrar en detalle cómo operan las distintas combinaciones de AP-1. Para lograrlo, los científicos planean utilizar herramientas avanzadas como el análisis unicelular —que estudia células individuales— y la edición genética mediante CRISPR.
Estas técnicas permitirán identificar qué configuraciones están asociadas a distintos tipos de resistencia y diseñar tratamientos más específicos. El desafío consiste en mapear este “lenguaje” interno de las células para anticipar sus respuestas y actuar antes de que desarrollen mecanismos de defensa.
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Este modelo introduce una perspectiva más amplia sobre la resistencia tumoral. Al incorporar la capacidad de adaptación como un factor central, ofrece una explicación más completa de por qué algunos tratamientos pierden eficacia.
Más importante aún, abre nuevas posibilidades para el desarrollo de terapias más duraderas. En lugar de perseguir únicamente las mutaciones, la ciencia empieza a enfocarse en el comportamiento dinámico de las células.



Durante décadas, la resistencia a los tratamientos fue uno de los enigmas más complejos de la oncología. ¿Por qué algunos tumores dejan de responder incluso a terapias avanzadas? Una investigación reciente aporta una respuesta distinta a la tradicional y propone que el secreto no está solo en las mutaciones genéticas, sino en la capacidad de adaptación de las Uncategorized
