Economía
El “Niño Godzilla” y sus efectos en la economía
<p>​</p>
<p>República Dominicana está colocada en el mismo trayecto del sol, como decía nuestro poeta nacional, Pedro Mir, pero también se encuentra en el tránsito de los fenómenos atmosféricos: tormentas, ciclones y huracanes, convirtiendo al país en una zona vulnerable con amplias posibilidades de ser afectado por cualesquiera de estos fenómenos. </p>
<p>Estar en el trayecto del sol nos bendice con un potencial enorme para la energía fotovoltaica (clave para la transición energética), pero en años del “Niño Godzilla”, ese mismo sol se vuelve implacable, evaporando nuestras reservas de agua y castigando la producción agrícola.</p>
<p>El término “Niño Godzilla”, acuñado por expertos de la NASA para describir eventos de la naturaleza ocurridos durante el periodo 2015-2016, designa a aquellos episodios del fenómeno “El Niño” donde el calentamiento superficial del océano supera los $2.5°C$ por encima del promedio. </p>
<p>Esta alteración masiva de la termodinámica atmosférica desencadena un efecto dominó: mientras unas regiones se ahogan bajo precipitaciones récord, otras se calcinan en sequías prolongadas. Para la economía, esto se traduce en una palabra: volatilidad. Y cuando hablamos del “Niño Godzilla”, no nos referimos a una simple anomalía térmica, sino a un evento de intensidad extrema capaz de reescribir el producto interno bruto (PIB) de naciones enteras.</p>
<p>El impacto más inmediato se siente en la agricultura. Países como Brasil, Australia e Indonesia, pilares de la exportación de commodities, ven sus cosechas de soja, azúcar y café diezmadas. La reducción de la oferta dispara los precios internacionales, generando lo que los economistas llaman “agflation”, fenómeno económico donde la inflación general aumenta debido al incremento drástico en los precios de los productos agrícolas. Pero el efecto no es uniforme. </p>
<p>En el Perú, por ejemplo, el calentamiento de las aguas ha hecho colapsar a una de las industrias pesqueras más grandes del mundo. En contraste, algunas zonas agrícolas de Estados Unidos pueden experimentar inviernos más húmedos que favorecen ciertos cultivos, demostrando que este fenómeno es un redistribuidor arbitrario de la riqueza.</p>
<p>Pero no se trata de los efectos que se tiene en lo que comemos, sino que el “Niño Godzilla” también es un enemigo silencioso de la infraestructura. En países dependientes de represas, como Colombia, las sequías obligan a encender plantas térmicas más costosas y contaminantes, elevando el costo de la energía para las industrias. Por demás, las inundaciones extremas destruyen carreteras y puentes, desconectando centros de producción de los puertos y encareciendo la logística global.</p>
<p>Es por lo anterior que la incidencia del “Niño Godzilla” nos obliga a replantear la gestión de riesgos. Ya no basta con fondos de emergencia para desastres; es necesaria una integración de los modelos climáticos en la planificación macroeconómica. </p>
<p>El “Niño Godzilla” es un recordatorio brutal de nuestra vulnerabilidad. En un mundo hiperconectado, una sequía en el sudeste asiático o una inundación en los Andes pueden alterar el precio de un café en Londres o de un microchip en Taiwán. Ignorar la potencia económica de estos gigantes climáticos es, en el mejor de los casos, una imprudencia y, en el peor, una receta para el estancamiento y para la caída del PIB. La pregunta no es si vendrá otro “Niño Godzilla”, sino si nuestras economías habrán aprendido a bailar bajo su tormenta e imprevisibilidad.</p>
<p>Archivado en: <a href="https://eldinero.com.do/tag/nino-godzilla/" rel="tag">Niño Godzilla</a></p>
<p> </p>