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El enigma que lleva décadas fascinando a los arqueólogos: qué hace un busto romano en una tumba prehispánica de México

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El enigma que lleva décadas fascinando a los arqueólogos: qué hace un busto romano en una tumba prehispánica de México

No es extraño que de vez en cuando los arqueólogos nos sorprendan con hallazgos fascinantes. Un hueso que nos habla de espectáculos con fieras en la Britannia romana, una estalactita que revela hasta qué punto sufrieron los mayas las sequías, un pecio del XVI hundido con parte del menú de sus tripulantes… La lista es larga, pero en ella es difícil encontrar hitos como el que dejó hace 90 años una excavación en el yacimiento de Tecaxic-Calixtlahuaca, en México.

Mientras estudiaban una tumba precolombina los historiadores localizaron lo que parece parte de una escultura romana, una figura que algunos expertos datan hacia los siglos II y III d.C. La pregunta es obvia: ¿Cómo diablos llegó allí?

Primer salto atrás: 1933. Para entender el enigma hay que dar un salto atrás de 90 años, a 1933, cuando un equipo dirigido por José García Payón excavaba en el yacimiento de Tecaxic-Calixtlahuaca, 65 kilómetros al noroeste de la capital de México. Allí los expertos localizaron una ofrenda funeraria que incluía piezas de oro, cobre, turquesa, cristal de roca, azache, cerámica… y algo mucho menos común en un ajuar funerario precolombino: una cabeza de terracota.

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Dos grandes incógnitas. El busto en cuestión muestra un rostro barbudo, con un estilo, unos rasgos e incluso un peinado que encajan más en la antigua Roma que en la América prehispánica. La pieza es tan curiosa que durante las últimas décadas ha fascinado a los arqueólogos y protagonizado varias investigaciones que intentan responder a dos grandes preguntas: ¿De dónde salió la figura? ¿Y cómo diablos acabó entre las ofrendas de una tumba de finales del XV?

El alcance del misterio se comprende mejor cuando conocemos un dato fundamental de la excavación de 1933. La cabecilla no apareció en un espacio abierto (y manipulable), sino entre ofrendas sepultadas bajo tres pisos intactos de una estructura piramidal. Es decir, todo indica que nadie alteró el ajuar desde la fecha del enterramiento, que los expertos datan entre 1476 y 1510

Si aquel pequeño busto barbudo que parecía sacado de la antigua Roma estaba allí era, en teoría, porque alguien lo depositó antes de sellar la tumba.

Segundo salto atrás: II d.C. La cabecilla de Tecaxic-Calixtlahuaca siguió envuelto en incógnitas hasta comienzos de los años 60, cuando Ernst Boehringer, el presidente del Instituto Alemán de Arqueología, sugirió que probablemente era de origen romano y se había elaborado entre los siglos II y III d.C. No es el único que piensa así. Bernad Andreae, otro eminente arqueólogo, comparte la hipótesis e incluso ha ido un paso más allá: "El peinado y la forma de la barba presentar los rasgos típicos del período de los emperadores Severos (193-235 d.C.)".

Por si quedasen dudas, a mediados de los 90 la Universidad de Heidelberg, en Alemania, sometió la figurilla a una prueba de datación por termoluminiscencia. El marco temporal que arrojó es mucho más amplio, pero despeja el misterio: concluyó que la cabeza tuvo que fabricarse entre los siglos IX a.C. y XIII d.C. Algunas fuentes incluso acotan esa ventana entre el II a.C. y VI d.C. 

Si tenemos en cuenta que el resto de artículos del ajuar funerario eran de la época Azteca-Matlatzinca (siglos XV-XVI d.C.) la pregunta volvía a repetirse: ¿Cómo se explica que una antigua figurilla romana acabase enterrada allí?

¿Y cuál es la respuesta? La realidad es que los expertos solo manejan hipótesis, no certezas. Algunas son fascinantes. Otras no tanto. Entre estas últimas hay una que lleva tiempo sobre la mesa y explica que durante décadas el mundo académico mirase la figurilla de Calixtlahuaca con cierto recelo. 

Podemos aceptar que el busto es romano, incluso que se fabricó a comienzos de nuestra era y acabó en una tumba precolombina que permaneció sellada hasta la década de 1930; pero eso no significa que tengamos que aceptar que la figura se hubiese enterrado allí a finales del XV. ¿Cómo es eso posible? Muy fácil. Quizás alguien la colocó allí hace 90 años, durante la excavación de García Payón.

"Podría ser un engaño, podría tratarse de una figurilla romana colocada en el yacimiento o laboratorio", desliza Michael E. Smith, profesor de la Universidad Estatal de Arizona. No es una teoría lanzada al aire sin más. El mismo experto recuerda que en el mundo académico se rumorea que la famosa cabecilla la coló un estudiante para gastar una broma. Incluso hay un sospechoso. "Muchos arqueólogos en México han escuchado la historia y tienden a creerla".

La gran incógnita. Cuando Smith intentó profundizar en esa posible explicación se encontró con un muro en apariencia infranqueable. No pudo confirmarla. Ni desmentirla. Tampoco ayuda que sus protagonistas hayan fallecido y que Payón no fuera especialmente exhaustivo con sus notas. 

De hecho hay quien asegura que en la colección de artefactos extraídos de Calixtlahuaca expuesta en el Museo de Antropología de Toluca se incluyen cerámicas que proceden de otros sitios.Otra posibilidad plausible es que la cabecilla se asociara al ajuar por un error, no de forma intencionada.

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Extraño sí, imposible no. No es la única hipótesis que han planteado los arqueológos. El propio Smith reconoce que hay otras sobre la mesa, igual de plausibles, como que la figura la llevara consigo algún español a principios del período colonial y por alguna razón acabase incluido en el ajuar junto a otras piezas cuyo origen en realidad puede retrasarse hasta comienzos del XVI. 

Al fin y al cabo el enterramiento de Calixtlahuaca es previo al contacto prolongado con indígenas, pero coincide con los primeros años de exploración. Como señala Arkeo News eso deja botando una posibilidad remota: ¿Y si por una carambola histórica una antigüedad romana viajó en las primeras expediciones coloniales y luego se movió por América hasta sumarse al ajuar funerario?

"No es posible determinar, por el contenido o contexto, si la ofrenda data del período anterior a la conquista española de México o de principios del período colonial español", confirma Smith, quien apunta la necesidad de ahondar en el estudio de la cabeza para comprender mejor tanto su origen como antigüedad.

Suma y sigue de explicaciones. Tampoco esa teoría agota la larga lista de hipótesis con las que han trabajado los arqueólogos en las últimas décadas. Hay otra, más complicada: que el busto efectivamente sea un vestigio de la antigua Roma y llegase a lo que hoy es México antes que los primeros españoles.

Eso no significa que la cabeza de Tecaxic-Calixtlahuaca sea una prueba de contactos sólidos entre el Viejo y Nuevo Mundo antes de Colón. La pieza puede relacionarse con supuestos contactos transoceánicos prehispánicos, pero también pudo haber llegado a las costas americanas tras el naufragio de que un barco romano, fenicio o bereber arrastrado por las corrientes del Atlántico.

La pista olmeca. Si el busto es una antigua figura romana supondría un descubrimiento fascinante, pero en realidad no sería la primera prueba de que durante los períodos Clásico (III-IX d.C.) y Posclásico (X-XV) se aprovechaban artefactos que ya por entones tenían siglos de antigüedad. Incluso para incluirlos en tumbas. En el templo de México-Tenochtitlán los arqueólogos descubrieron por ejemplo una máscara olmeca muy anterior que alguien decidió añadir a una ofrenda funeraria del siglo XV d.C. ¿Y si pasó lo mismo con la cabeza barbuda y de rasgos occidentales localizada por el equipo de García Payón en 1933?

Imágenes | Wikipedia y Reddit

En Xataka | Los arqueólogos creían conocer la historia de los mayas. Hasta que encontraron la tumba del primer rey de Caracol


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El enigma que lleva décadas fascinando a los arqueólogos: qué hace un busto romano en una tumba prehispánica de México

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Carlos Prego

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 No es extraño que de vez en cuando los arqueólogos nos sorprendan con hallazgos fascinantes. Un hueso que nos habla de espectáculos con fieras en la Britannia romana, una estalactita que revela hasta qué punto sufrieron los mayas las sequías, un pecio del XVI hundido con parte del menú de sus tripulantes… La lista es larga, pero en ella es difícil encontrar hitos como el que dejó hace 90 años una excavación en el yacimiento de Tecaxic-Calixtlahuaca, en México.

Mientras estudiaban una tumba precolombina los historiadores localizaron lo que parece parte de una escultura romana, una figura que algunos expertos datan hacia los siglos II y III d.C. La pregunta es obvia: ¿Cómo diablos llegó allí?

Primer salto atrás: 1933. Para entender el enigma hay que dar un salto atrás de 90 años, a 1933, cuando un equipo dirigido por José García Payón excavaba en el yacimiento de Tecaxic-Calixtlahuaca, 65 kilómetros al noroeste de la capital de México. Allí los expertos localizaron una ofrenda funeraria que incluía piezas de oro, cobre, turquesa, cristal de roca, azache, cerámica… y algo mucho menos común en un ajuar funerario precolombino: una cabeza de terracota.

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Dos grandes incógnitas. El busto en cuestión muestra un rostro barbudo, con un estilo, unos rasgos e incluso un peinado que encajan más en la antigua Roma que en la América prehispánica. La pieza es tan curiosa que durante las últimas décadas ha fascinado a los arqueólogos y protagonizado varias investigaciones que intentan responder a dos grandes preguntas: ¿De dónde salió la figura? ¿Y cómo diablos acabó entre las ofrendas de una tumba de finales del XV?
El alcance del misterio se comprende mejor cuando conocemos un dato fundamental de la excavación de 1933. La cabecilla no apareció en un espacio abierto (y manipulable), sino entre ofrendas sepultadas bajo tres pisos intactos de una estructura piramidal. Es decir, todo indica que nadie alteró el ajuar desde la fecha del enterramiento, que los expertos datan entre 1476 y 1510. 
Si aquel pequeño busto barbudo que parecía sacado de la antigua Roma estaba allí era, en teoría, porque alguien lo depositó antes de sellar la tumba.
Segundo salto atrás: II d.C. La cabecilla de Tecaxic-Calixtlahuaca siguió envuelto en incógnitas hasta comienzos de los años 60, cuando Ernst Boehringer, el presidente del Instituto Alemán de Arqueología, sugirió que probablemente era de origen romano y se había elaborado entre los siglos II y III d.C. No es el único que piensa así. Bernad Andreae, otro eminente arqueólogo, comparte la hipótesis e incluso ha ido un paso más allá: "El peinado y la forma de la barba presentar los rasgos típicos del período de los emperadores Severos (193-235 d.C.)".
Por si quedasen dudas, a mediados de los 90 la Universidad de Heidelberg, en Alemania, sometió la figurilla a una prueba de datación por termoluminiscencia. El marco temporal que arrojó es mucho más amplio, pero despeja el misterio: concluyó que la cabeza tuvo que fabricarse entre los siglos IX a.C. y XIII d.C. Algunas fuentes incluso acotan esa ventana entre el II a.C. y VI d.C. 
Si tenemos en cuenta que el resto de artículos del ajuar funerario eran de la época Azteca-Matlatzinca (siglos XV-XVI d.C.) la pregunta volvía a repetirse: ¿Cómo se explica que una antigua figurilla romana acabase enterrada allí?

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Siempre habíamos pensado que los mayas desaparecieron por un "apocalipsis" ambiental. Resulta que estábamos equivocados

¿Y cuál es la respuesta? La realidad es que los expertos solo manejan hipótesis, no certezas. Algunas son fascinantes. Otras no tanto. Entre estas últimas hay una que lleva tiempo sobre la mesa y explica que durante décadas el mundo académico mirase la figurilla de Calixtlahuaca con cierto recelo. 
Podemos aceptar que el busto es romano, incluso que se fabricó a comienzos de nuestra era y acabó en una tumba precolombina que permaneció sellada hasta la década de 1930; pero eso no significa que tengamos que aceptar que la figura se hubiese enterrado allí a finales del XV. ¿Cómo es eso posible? Muy fácil. Quizás alguien la colocó allí hace 90 años, durante la excavación de García Payón.
"Podría ser un engaño, podría tratarse de una figurilla romana colocada en el yacimiento o laboratorio", desliza Michael E. Smith, profesor de la Universidad Estatal de Arizona. No es una teoría lanzada al aire sin más. El mismo experto recuerda que en el mundo académico se rumorea que la famosa cabecilla la coló un estudiante para gastar una broma. Incluso hay un sospechoso. "Muchos arqueólogos en México han escuchado la historia y tienden a creerla".
La gran incógnita. Cuando Smith intentó profundizar en esa posible explicación se encontró con un muro en apariencia infranqueable. No pudo confirmarla. Ni desmentirla. Tampoco ayuda que sus protagonistas hayan fallecido y que Payón no fuera especialmente exhaustivo con sus notas. 
De hecho hay quien asegura que en la colección de artefactos extraídos de Calixtlahuaca expuesta en el Museo de Antropología de Toluca se incluyen cerámicas que proceden de otros sitios.Otra posibilidad plausible es que la cabecilla se asociara al ajuar por un error, no de forma intencionada.

Extraño sí, imposible no. No es la única hipótesis que han planteado los arqueológos. El propio Smith reconoce que hay otras sobre la mesa, igual de plausibles, como que la figura la llevara consigo algún español a principios del período colonial y por alguna razón acabase incluido en el ajuar junto a otras piezas cuyo origen en realidad puede retrasarse hasta comienzos del XVI. 
Al fin y al cabo el enterramiento de Calixtlahuaca es previo al contacto prolongado con indígenas, pero coincide con los primeros años de exploración. Como señala Arkeo News eso deja botando una posibilidad remota: ¿Y si por una carambola histórica una antigüedad romana viajó en las primeras expediciones coloniales y luego se movió por América hasta sumarse al ajuar funerario?
"No es posible determinar, por el contenido o contexto, si la ofrenda data del período anterior a la conquista española de México o de principios del período colonial español", confirma Smith, quien apunta la necesidad de ahondar en el estudio de la cabeza para comprender mejor tanto su origen como antigüedad.
Suma y sigue de explicaciones. Tampoco esa teoría agota la larga lista de hipótesis con las que han trabajado los arqueólogos en las últimas décadas. Hay otra, más complicada: que el busto efectivamente sea un vestigio de la antigua Roma y llegase a lo que hoy es México antes que los primeros españoles.
Eso no significa que la cabeza de Tecaxic-Calixtlahuaca sea una prueba de contactos sólidos entre el Viejo y Nuevo Mundo antes de Colón. La pieza puede relacionarse con supuestos contactos transoceánicos prehispánicos, pero también pudo haber llegado a las costas americanas tras el naufragio de que un barco romano, fenicio o bereber arrastrado por las corrientes del Atlántico.

La pista olmeca. Si el busto es una antigua figura romana supondría un descubrimiento fascinante, pero en realidad no sería la primera prueba de que durante los períodos Clásico (III-IX d.C.) y Posclásico (X-XV) se aprovechaban artefactos que ya por entones tenían siglos de antigüedad. Incluso para incluirlos en tumbas. En el templo de México-Tenochtitlán los arqueólogos descubrieron por ejemplo una máscara olmeca muy anterior que alguien decidió añadir a una ofrenda funeraria del siglo XV d.C. ¿Y si pasó lo mismo con la cabeza barbuda y de rasgos occidentales localizada por el equipo de García Payón en 1933?

Imágenes | Wikipedia y Reddit

En Xataka | Los arqueólogos creían conocer la historia de los mayas. Hasta que encontraron la tumba del primer rey de Caracol

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El enigma que lleva décadas fascinando a los arqueólogos: qué hace un busto romano en una tumba prehispánica de México

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Carlos Prego

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