Ciencia y Tecnología
El plástico es la gran pesadilla del reciclaje. El ácido de las baterías de coches aspira a ser la gran pesadilla del plástico
Tenemos un problema con el reciclaje. Así, en general e incluso en los países que más se esfuerzan y complican las cosas. Pero, en concreto, tenemos un problema con el reciclado de plásticos. Es un proceso difícil y, por tanto, caro, más que producir nuevo plástico, lo que conduce a un escenario en el que la basura potencial se va acumulando. Para complicar más las cosas, hay muchos tipos de plásticos, y algunos son terriblemente difíciles de reciclar. Pero la Universidad de Cambridge ha tenido una idea: un reactor solar para fulminar esos plásticos difíciles.
Y el ingrediente secreto es el ácido de la batería de los coches.
El dato. Antes de entrar en el ‘invento’ de Cambridge, vamos con algo de contexto. Reciclar no es recoger, y viceversa. Un ejemplo de esto es Japón, un país en el que hay zonas en las que hay 45 categorías distintas de basura que los ciudadanos deben separar y donde se recicla apenas un 20%. En España, con un sistema infinitamente menos obsesivo, estamos alrededor del 39%.
Y lo que no se recicla se quema en Japón y se envía a vertederos en España. Centrándonos en el plástico y según los investigadores de Cambridge, el mundo produce 400 millones de toneladas al año y se recicla apenas el 18%. Y, como digo, hay plásticos como el nailon o el poliuretano que son particularmente complejos de reciclar debido a que su estructura química es muy resistente, lo que hace que descomponerlos sea complejo y muy caro.
Fulminador de plástico. Ahí entra en juego el descubrimiento de la universidad de Cambridge. Lo que han desarrollado es un reactor alimentado por energía solar que utiliza un ingrediente muy especial: ácido de baterías de coches. Este componente rompe las cadenas estructurales de los polímeros en bloques químicos más básicos y, por tanto, más fáciles de asimilar, como el etilenglicol.
Una vez obtenido el nuevo material, un fotocatalizador muy especial es el que permite convertirlo en hidrógeno y ácido acético, acabando con ese plástico ‘rebelde.
De chiripa. Desde el equipo de investigadores comentan que el descubrimiento fue prácticamente un accidente ya que sabían que el ácido de baterías podía utilizarse para el proceso, pero no era conveniente porque, al igual que funde los plásticos, se ‘come’ los catalizadores. El suyo, sin embargo, resistió, y resulta es es barato y escalable.
Se trata de un fotocatalizador compuesto por nitruro de carbono funcionalizado con cianamida e integrado con disulfuro de molibdeno promovido con cobalto. Muchísimo texto para decir que es un material híbrido específicamente diseñado para mantenerse estable en un entorno fuertemente ácido. Según el equipo, es económico y soluciona dos problemas a la vez: disuelve los plásticos difíciles y reutiliza el ácido de baterías que suele acabar como desecho tras extraer su contenido en plomo para la reventa.
Futuro. En las pruebas, el equipo apunta que el sistema ha funcionado durante más de 260 horas sin perder rendimiento y funciona con los plásticos mencionados, pero también con el de las botellas de plástico que tampoco son particularmente fácil de tratar. Aseguran que su descubrimiento ofrece una potencial reducción de costes en las tareas de reciclado porque, además, se produce hidrógeno reutilizable en el proceso.
La clave aquí es encontrar la manera de recolectar el ácido de las baterías antes de que se neutralice para usarlo de manera ininterrumpida para descomponer los plásticos. Desde el equipo comentan que no prometen solucionar el problema, pero demuestran cómo los residuos pueden convertirse en un recurso.
Nueva vida. Este enfoque aborda el problema desde el ángulo de la descomposición, pero hay otras propuestas para dar una segunda vida a estos plásticos. Porque puede que 'fundirlos' sea caro, pero si se meten en prensas se pueden convertir, directamente, en ladrillos o en adoquines para las calles. Es lo que propone Nzambi Matee, una ingeniera de materiales keniana que se ha propuesto convertir esos residuos en material de construcción.
Al igual que el experimento de la Universidad de Cambridge, aborda dos problemas a la vez: reciclado y creación de necesarios elementos de construcción no contaminantes, y esta idea sí está calando porque las autoridades han dado luz verde para utilizar este ladrillo 2.0 para pavimentar las calles de Nairobi.
Volviendo al ácido de baterías, la rama empresarial de la Universidad de Cambridge busca comercializar la empresa, pero ahora queda lo más complicado: que se convierta en un estándar.
Imágenes | Universidad de Cambridge (Beverly Low)
–
La noticia
El plástico es la gran pesadilla del reciclaje. El ácido de las baterías de coches aspira a ser la gran pesadilla del plástico
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alejandro Alcolea
.
Tenemos un problema con el reciclaje. Así, en general e incluso en los países que más se esfuerzan y complican las cosas. Pero, en concreto, tenemos un problema con el reciclado de plásticos. Es un proceso difícil y, por tanto, caro, más que producir nuevo plástico, lo que conduce a un escenario en el que la basura potencial se va acumulando. Para complicar más las cosas, hay muchos tipos de plásticos, y algunos son terriblemente difíciles de reciclar. Pero la Universidad de Cambridge ha tenido una idea: un reactor solar para fulminar esos plásticos difíciles.
Y el ingrediente secreto es el ácido de la batería de los coches.
El dato. Antes de entrar en el ‘invento’ de Cambridge, vamos con algo de contexto. Reciclar no es recoger, y viceversa. Un ejemplo de esto es Japón, un país en el que hay zonas en las que hay 45 categorías distintas de basura que los ciudadanos deben separar y donde se recicla apenas un 20%. En España, con un sistema infinitamente menos obsesivo, estamos alrededor del 39%.
Y lo que no se recicla se quema en Japón y se envía a vertederos en España. Centrándonos en el plástico y según los investigadores de Cambridge, el mundo produce 400 millones de toneladas al año y se recicla apenas el 18%. Y, como digo, hay plásticos como el nailon o el poliuretano que son particularmente complejos de reciclar debido a que su estructura química es muy resistente, lo que hace que descomponerlos sea complejo y muy caro.
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Una vez obtenido el nuevo material, un fotocatalizador muy especial es el que permite convertirlo en hidrógeno y ácido acético, acabando con ese plástico ‘rebelde.
De chiripa. Desde el equipo de investigadores comentan que el descubrimiento fue prácticamente un accidente ya que sabían que el ácido de baterías podía utilizarse para el proceso, pero no era conveniente porque, al igual que funde los plásticos, se ‘come’ los catalizadores. El suyo, sin embargo, resistió, y resulta es es barato y escalable.
Se trata de un fotocatalizador compuesto por nitruro de carbono funcionalizado con cianamida e integrado con disulfuro de molibdeno promovido con cobalto. Muchísimo texto para decir que es un material híbrido específicamente diseñado para mantenerse estable en un entorno fuertemente ácido. Según el equipo, es económico y soluciona dos problemas a la vez: disuelve los plásticos difíciles y reutiliza el ácido de baterías que suele acabar como desecho tras extraer su contenido en plomo para la reventa.
Futuro. En las pruebas, el equipo apunta que el sistema ha funcionado durante más de 260 horas sin perder rendimiento y funciona con los plásticos mencionados, pero también con el de las botellas de plástico que tampoco son particularmente fácil de tratar. Aseguran que su descubrimiento ofrece una potencial reducción de costes en las tareas de reciclado porque, además, se produce hidrógeno reutilizable en el proceso.
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