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Economía

La caducidad de la etapa más productiva de la vida

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Recientemente conversaba con un amigo que estuvo trabajando durante 26 años en una entidad financiera importante. Entró a ese banco a la edad de 22 años, cuando todavía le faltaba un par de años para terminar su carrera de Administración de Empresas. Logró graduarse y siguió laborando, pero no se interesó en ampliar su capacitación académica con un posgrado, maestría o hasta doctorado. Solo se limitó a tomar algunos cursos de capacitación interna de la entidad.

Con 26 años de servicios, solo alcanzó la posición de supervisor de área y al cabo de ese tiempo fue desahuciado, es decir, “lo cancelaron”. Le dieron sus prestaciones y lo mandaron para su casa.

Ahora, a sus 48 años y sin más capacitación que la de una licenciatura, mi amigo está buscando empleo y no lo ha conseguido. Con sus habilidades, los empleadores prefieren a jóvenes de 20 a 25 años y que, preferiblemente, dominen al menos el idioma inglés.

En resumidas cuentas, mi amigo dejó pasar los mejores años de su vida (su juventud) acostumbrado a un empleo de paga regular y sin interesarse en construir su futuro con la preparación que debió asumir en esa etapa, a los fines de adquirir libertad económica cuando se acercara a los 50 años.

Eso pasa con muchos jóvenes en la actualidad, principalmente influidos por la “fiebre” de las redes sociales, que prometen “monetizar” con base a una mayor cantidad de seguidores, pero sin hacer notar que la etapa de “influencer” tiene caducidad.

Hoy día, es frecuente ver en redes sociales portales de chicos, y más de chicas, con miles de seguidores; pero, cuando observas su contenido, te das cuenta de que está cargado de fotografías posando en tangas y bikinis, mostrando los “atributos” de un cuerpo joven que todavía puede exhibirse. Y uno se pregunta ¿cuántos seguidores más se van a agregar cuando ese cuerpo deje de ser atractivo por el paso de los años y ya no tengas más contenido para agregar? Los atractivos físicos tienen tiempo de caducidad. Si decides sacarle provecho, debes tomar en cuenta que, mientras tanto, debes hacer algo productivo para cuando ya ese cuerpo no atraiga seguidores.

Algo parecido ocurre con el deporte. La etapa profesional y de alta rentabilidad de un atleta, de cualquier disciplina, tiene un tiempo límite. En ese breve tiempo, debes gozar el éxito, pero también debes ahorrar e invertir lo que están generando en dinero, para poder sustentarte cuando ya tus habilidades físicas no atraigan contratos.

Lo mismo pasa en el ámbito profesional y cotidiano, como el caso de mi amigo. En la etapa de la juventud es cuando uno tiende a hacer las cosas que le divierten, que le hacen ser feliz, que la edad les permite. Es la etapa en la que se tiene más energía, más fuerza, más ánimo; pero preste atención, eso energía hay que aprovecharla en procura de hacer los esfuerzos que se requieren para construir un futuro mejor.

Ya no basta con ir a la universidad y graduarse de una licenciatura o ingeniería. Es preciso estudiar al menos un idioma adicional al nativo. Es necesario y hasta imprescindible obtener grados de maestría, ya sea una o dos. Se requiere ser creativo y disciplinado con la administración de los recursos disponibles (ahorrar, invertir los ahorros con moderación, procurar mejores puestos laborales -ascensos- y adquirir por lo menos su primera vivienda propia, entre otros aspectos).

No es casual que cuando una institución de cualquier naturaleza ofrece un programa de becas académicas, siempre indica que irá dirigida a jóvenes entre 18 y 30 años. Esto es porque es durante la juventud que se presentan las oportunidades.

Lo mismo ocurre con la oferta de empleos; siempre se prefiere a personas con ese intervalo de edad.

El problema con la juventud es que solo nos damos cuenta de su inmenso valor, cuando ya hemos pasado esa etapa de la vida.

Por eso, es preciso que usted, quien ahora es joven, tal vez con 25 años (más o menos), se pregunte en qué condición desea estar dentro de 10 años, es decir, cuando apenas tenga 35, o dentro de 20 años, cuando aún estará en buena condición física con 45 años cumplidos.

Luego de contestarse esa pregunta, yo le pregunto: ¿qué está usted haciendo ahora para alcanzar la condición en que desea estar, en ese futuro que ha visualizado? Es momento de actuar.

 

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