Economía

Fraude inmobiliario: de casos aislados a estructuras criminales

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<p>&ZeroWidthSpace;<&sol;p>&NewLine;<blockquote>&NewLine;<p>&OpenCurlyDoubleQuote;Los hombres no pueden prosperar sin confianza”&period; <strong><em>Adam Smith<&sol;em><&sol;strong><&sol;p>&NewLine;<&sol;blockquote>&NewLine;<p>La reciente acusación del Ministerio Público en el marco de la denominada Operación Guepardo marca un punto de inflexión en la manera de entender el fraude inmobiliario en la República Dominicana&period; Si bien durante años estos hechos se presentaban como conflictos puntuales entre compradores y desarrolladores&comma; lo que ahora tenemos delante es una realidad distinta&comma; más estructurada&comma; más audaz y potencialmente más peligrosa&period;<&sol;p>&NewLine;<p>El expediente presentado por las autoridades pone al descubierto una estructura criminal que habría afectado a 426 víctimas y movilizado más de US&dollar;18 millones &lpar;1&comma;112&period;4 millones de pesos a la tasa prevaleciente&rpar; mediante la utilización de empresas del sector inmobiliario como fachada para captar recursos a través de proyectos inexistentes&period; Llaman la atención&comma; además de las cifras&comma; la lógica operativa de una red con roles claramente definidos&comma; estrategias de captación sofisticadas y mecanismos de ocultamiento financiero propios de esquemas de lavado de activos cuidadosamente articulados&period;<&sol;p>&NewLine;<p>La publicación de los detalles del sofisticado modus operandi de este grupo de delincuentes demuestra que ya no estamos ante una irregularidad ocasional&comma; sino frente a una modalidad de criminalidad económica organizada&comma; donde convergen la estafa&comma; la simulación empresarial&comma; el uso instrumental de la tecnología&comma; la grosera intimidación de las víctimas a través de terceros y la manipulación de la confianza del inversionista&period;<&sol;p>&NewLine;<p>El uso de marcas reconocidas&comma; la promoción intensiva en plataformas digitales y la oferta de retornos atractivos forman parte de una estrategia deliberada para desactivar las barreras naturales de desconfianza&period; En ese entorno&comma; el inversionista enfrenta&comma; más allá del mercado&comma; el riesgo adicional y destructivo de participar&comma; sin saberlo&comma; en un esquema concebido para despojarlo de su capital&period; Lo más doloroso es que&comma; para la mayoría de los estafados&comma; esos recursos no eran simples excedentes financieros&comma; sino el ahorro de toda una vida&comma; la reserva levantada con años de trabajo&comma; sacrificio y previsión para proteger su retiro y su futuro&period;<&sol;p>&NewLine;<p>¿Se agota el problema en la ejecución del fraude&quest; En absoluto&period; Una vez consumado el engaño&comma; la recuperación de los fondos se transforma en un proceso largo&comma; agotador&comma; incierto y&comma; en muchos casos&comma; profundamente frustrante&comma; como lo recuerda el caso Bellorizonte&period;<&sol;p>&NewLine;<p>La realidad es que la respuesta institucional&comma; aun cuando logra identificar y desmantelar determinadas estructuras&comma; no siempre consigue ofrecer una reparación oportuna ni proporcional al daño causado&comma; sobre todo si ciertas características operativas del sistema judicial dominicano&comma; donde la lentitud&comma; los incidentes procesales&comma; la corrupción hábilmente camuflada y las respuestas contradictorias pueden prolongar aún más el sufrimiento de las víctimas&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Preocupante resulta que la velocidad de estos delitos suele superar ampliamente la capacidad de respuesta del sistema&period; Ese desbalance puede terminar incentivando nuevas prácticas fraudulentas&comma; porque la red oscura aprende con rapidez que&comma; en muchos casos&comma; resulta más fácil y veloz defraudar que sancionar&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Tampoco debe perderse de vista que este tipo de esquemas eleva la percepción de riesgo&comma; encarece las decisiones de inversión y obliga a los actores legítimos a operar en un entorno cada vez más contaminado por la desconfianza&period; ¡El costo del fraude no recae solo sobre la víctima directa&comma; sino también sobre todo el ecosistema económico&excl;<&sol;p>&NewLine;<p>El mercado inmobiliario dominicano cuenta con empresas que operan con altos estándares de cumplimiento&period; Por tanto&comma; las amenazas deben ser enfrentadas con mayor rigor&period; Además de la persecución penal&comma; es perentorio fortalecer los mecanismos de prevención&comma; mejorar la trazabilidad de las operaciones&comma; elevar los estándares de supervisión y promover una cultura de mayor exigencia en la verificación de las inversiones&period; El fraude inmobiliario es un desafío transversal que involucra al sistema registral&comma; a los órganos de supervisión&comma; al sector financiero y a los propios actores del mercado&period; ¡Debemos actuar más allá de los procesos penales&excl;<&sol;p>&NewLine;<p> <&sol;p>&NewLine;

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