Espectáculo
La falta de agua: el enemigo silencioso del adulto mayor
Uno de cada cuatro adultos mayores que viven en sus hogares presenta Deshidratación por Bajo Ingreso de Fluidos (DBIF). Este es un factor de riesgo mayor y, afortunadamente, modificable.
La DBIF produce hipovolemia (reducción del volumen sanguíneo), convirtiéndose en uno de los riesgos críticos más comunes para las caídas y las fracturas de cadera.
Además, es corresponsable de eventos catastróficos como el síncope (pérdida del conocimiento), infarto agudo al miocardio (IAM), isquemia cerebral transitoria (TIA), accidentes cerebrovasculares (ACV), arritmias, insuficiencia cardíaca y muerte.
El mecanismo de la caída
La deshidratación reduce el volumen plasmático, lo que provoca una caída de la presión arterial sistólica mayor a 20 mmHg al ponerse de pie (hipotensión ortostática).
Al no recibir el cerebro suficiente flujo sanguíneo, se producen mareos, confusión, reducción de la alerta y de la coordinación motriz, culminando en síncopes y caídas que resultan en fracturas de cadera y pérdida de la autonomía.
Un estudio observacional encontró que el 25% de los pacientes ingresados por caídas presentaban una DBIF no atendida.
Consejos de gran impacto en salud… y poco cumplidos
Un nutriente esencial para la vida
El agua es el nutriente más importante para garantizar un envejecimiento saludable. Los fluidos corporales transportan nutrientes y desechos, siendo esenciales para metabolizar energía.
La deshidratación —definida como una pérdida rápida de más del 3% del peso corporal asociada al aumento de la concentración de sodio— es potencialmente mortal debido a su interacción con otras enfermedades crónicas. Es, de hecho, la causa más frecuente de hospitalización en adultos de 65 a 75 años.
Según la Agencia para la Investigación y la Calidad en Salud (AHRQ), se espera que las hospitalizaciones relacionadas aumenten drásticamente para el año 2030.
¿Por qué se deshidratan los adultos mayores?
Existen múltiples razones biológicas y sociales:
- Falla en la concentración: los riñones pierden eficacia para conservar líquidos.
- Hipodipsia: la pérdida de la sensación de sed hace que el cerebro no envíe la señal de beber.
- Barreras físicas: la reducción de fuerza y movilidad dificulta el acceso a las bebidas.
- Miedo a la incontinencia: muchos restringen los líquidos voluntariamente para evitar accidents urinarios o nicturia (despertar de noche).
El desafío del diagnóstico
Diagnosticar la DBIF es difícil porque las manifestaciones clásicas no son confiables: la boca seca, el signo del pliegue o los ojos hundidos pueden estar ausentes incluso en deshidrataciones graves.
Aunque la medición de la osmolaridad sérica (>300 mOsm/kg) es la prueba estándar, resulta poco práctica en el día a día. Por ello, un resultado de Sodio mayor a 145 mEq/L y una relación BUN/Creatinina mayor a 20 establecen el diagnóstico en la mayoría de los casos clínicos.
Puntos clave para destacar
- Nuevo estatus geriátrico: la DBIF ha sido elevada al estatus de "Gigante geriátrico", al mismo nivel que la demencia o la depresión.
- Fragilidad ósea: la falta de agua debilita mecánicamente el hueso, haciendo que la pelvis se quiebre con mayor facilidad.
- Pronóstico reservado: un paciente hospitalizado por caída que presenta deshidratación tiene una mortalidad 6 veces mayor en los meses siguientes.
- Acción proactiva: no se debe esperar a que el anciano pida agua. La hidratación debe ser asistida y prescriptiva.
Protocolo de prevención recomendado
- Ingesta: asegurar entre 1.5 y 2 litros diarios.
- Horario: ofrecer 200-215 cc (aprox. 7 onzas) cada 90 a 120 minutos, de 7:00 am a 6:00 pm.
- Concentración diurna: evitar grandes ingestas nocturnas para prevenir caídas camino al baño.
- Variedad: utilizar agua, infusiones, gelatinas o aguas saborizadas naturalmente para incentivar el consumo.
- Monitoreo visual: entrenar a los cuidadores para identificar la orina oscura como una señal de alerta inmediata.
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Hooper, L., et al. (2022/2024). "Diagnostic accuracy of clinical signs and symptoms of low-intake dehydration in older people". Cochrane Database of Systematic Reviews.
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AHRQ (Agency for Healthcare Research and Quality). "Hospitalization rates and dehydration in the elderly population". Statistical Briefs.
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El-Sharkawy, A. M., et al. "Hydration and outcome in older patients admitted to hospital (The HOOP study)". Age and Ageing.
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Bunn, D., et al. "Dehydration in care homes: A systematic review of prevalence and interventions". Journal of Advanced Nursing.
Uno de cada cuatro adultos mayores que viven en sus hogares presenta Deshidratación por Bajo Ingreso de Fluidos (DBIF). Este es un factor de riesgo mayor y, afortunadamente, modificable. La DBIF produce hipovolemia (reducción del volumen sanguíneo), convirtiéndose en uno de los riesgos críticos más comunes para las caídas y las fracturas de cadera. Además, es corresponsable de eventos catastróficos como el síncope (pérdida del conocimiento), infarto agudo al miocardio (IAM), isquemia cerebral transitoria (TIA), accidentes cerebrovasculares (ACV), arritmias, insuficiencia cardíaca y muerte.El mecanismo de la caídaLa deshidratación reduce el volumen plasmático, lo que provoca una caída de la presión arterial sistólica mayor a 20 mmHg al ponerse de pie (hipotensión ortostática). Al no recibir el cerebro suficiente flujo sanguíneo, se producen mareos, confusión, reducción de la alerta y de la coordinación motriz, culminando en síncopes y caídas que resultan en fracturas de cadera y pérdida de la autonomía. Un estudio observacional encontró que el 25% de los pacientes ingresados por caídas presentaban una DBIF no atendida. Te puede interesar Consejos de gran impacto en salud… y poco cumplidos Un nutriente esencial para la vidaEl agua es el nutriente más importante para garantizar un envejecimiento saludable. Los fluidos corporales transportan nutrientes y desechos, siendo esenciales para metabolizar energía. La deshidratación —definida como una pérdida rápida de más del 3% del peso corporal asociada al aumento de la concentración de sodio— es potencialmente mortal debido a su interacción con otras enfermedades crónicas. Es, de hecho, la causa más frecuente de hospitalización en adultos de 65 a 75 años. Según la Agencia para la Investigación y la Calidad en Salud (AHRQ), se espera que las hospitalizaciones relacionadas aumenten drásticamente para el año 2030.¿Por qué se deshidratan los adultos mayores? Existen múltiples razones biológicas y sociales: Falla en la concentración: los riñones pierden eficacia para conservar líquidos. Hipodipsia: la pérdida de la sensación de sed hace que el cerebro no envíe la señal de beber. Barreras físicas: la reducción de fuerza y movilidad dificulta el acceso a las bebidas. Miedo a la incontinencia: muchos restringen los líquidos voluntariamente para evitar accidents urinarios o nicturia (despertar de noche).El desafío del diagnóstico Diagnosticar la DBIF es difícil porque las manifestaciones clásicas no son confiables: la boca seca, el signo del pliegue o los ojos hundidos pueden estar ausentes incluso en deshidrataciones graves. Aunque la medición de la osmolaridad sérica (>300 mOsm/kg) es la prueba estándar, resulta poco práctica en el día a día. Por ello, un resultado de Sodio mayor a 145 mEq/L y una relación BUN/Creatinina mayor a 20 establecen el diagnóstico en la mayoría de los casos clínicos.Puntos clave para destacar Nuevo estatus geriátrico: la DBIF ha sido elevada al estatus de "Gigante geriátrico", al mismo nivel que la demencia o la depresión. Fragilidad ósea: la falta de agua debilita mecánicamente el hueso, haciendo que la pelvis se quiebre con mayor facilidad. Pronóstico reservado: un paciente hospitalizado por caída que presenta deshidratación tiene una mortalidad 6 veces mayor en los meses siguientes. Acción proactiva: no se debe esperar a que el anciano pida agua. La hidratación debe ser asistida y prescriptiva.Protocolo de prevención recomendado Ingesta: asegurar entre 1.5 y 2 litros diarios. Horario: ofrecer 200-215 cc (aprox. 7 onzas) cada 90 a 120 minutos, de 7:00 am a 6:00 pm. Concentración diurna: evitar grandes ingestas nocturnas para prevenir caídas camino al baño. Variedad: utilizar agua, infusiones, gelatinas o aguas saborizadas naturalmente para incentivar el consumo. Monitoreo visual: entrenar a los cuidadores para identificar la orina oscura como una señal de alerta inmediata. Referencias Bibliográficas Hooper, L., et al. (2022/2024). "Diagnostic accuracy of clinical signs and symptoms of low-intake dehydration in older people". Cochrane Database of Systematic Reviews.AHRQ (Agency for Healthcare Research and Quality). "Hospitalization rates and dehydration in the elderly population". Statistical Briefs.El-Sharkawy, A. M., et al. "Hydration and outcome in older patients admitted to hospital (The HOOP study)". Age and Ageing.Bunn, D., et al. "Dehydration in care homes: A systematic review of prevalence and interventions". Journal of Advanced Nursing. Leer más Vitamina D3: el puente roto entre sol, salud y corazón Revista, columnistas, Roberto Fernández de Castro T., Santo Domingo, Salud, adulto mayor, Deshidratación, Deshidratación por Bajo Ingreso de Fluidos (DBIF)
