Economía

Desafíos del mercado inmobiliario dominicano

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<p>&ZeroWidthSpace;<&sol;p>&NewLine;<p>Como señaláramos en la entrega anterior&comma; el mercado inmobiliario dominicano conoce una etapa de notable expansión que se evidencia en el crecimiento de las construcciones y la multiplicación asombrosa de torres y edificios residenciales&comma; todo ello en el contexto del creciente interés que mantiene el capital extranjero junto a miles de dominicanos que ven en ese nicho mercado una de las formas más seguras de inversión y resguardo patrimonial&period; Lamentablemente&comma; el auge del sector también comienza a mostrar fisuras institucionales&comma; legales y operativas que pueden comprometer seriamente la confianza que lo sostiene&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Los casos de conflictos inmobiliarios&comma; registrados en el transcurso de los últimos cinco o seis años&comma; no deben ser leídos como episodios aislados&period; Entre los hechos que ponen en zozobra a los adquirientes advertimos retrasos prolongados en las entregas&comma; promesas de venta sin suficiente respaldo&comma; dobles ventas&comma; litigios interminables&comma; opacidad societaria y respuestas judiciales extremadamente tardías&period; El caso Bellorizonte&comma; abordado en artículos previos publicados en El Dinero y Acento&comma; pone al desnudo cómo una operación&comma; que debía estar protegida por la seguridad jurídica&comma; literalmente degeneró en un laberinto de incertidumbre&comma; desgaste y desconfianza&period;<&sol;p>&NewLine;<p>La compra de un inmueble no solo involucra concreto&comma; ubicación o metros cuadrados&period; También una promesa de cumplimiento&comma; expectativa de estabilidad y confianza anticipada en el orden institucional&period; Si el sistema falla&comma; se afectaría la credibilidad del mercado en su conjunto&comma; la percepción de riesgo sería mayor y la inversión terminaría encareciéndose&comma; como ya está ocurriendo&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Lo que preocupa es que&comma; cada vez con mayor frecuencia&comma; el sistema no logra prevenir ni corregir los incumplimientos con la agilidad que exige un mercado moderno&period; Debemos repetir que un sector inmobiliario saludable no depende únicamente del empuje constructor ni de la demanda&period; Requiere reglas claras&comma; información verificable&comma; controles efectivos y una justicia capaz de responder con prontitud&period; El debilitamiento de esos pilares equivale a creciente vulnerabilidad&comma; mayor riesgo y menor confianza&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Con más razón tomando en cuenta que el contexto económico hoy se caracteriza por las elevadas tasas de interés&comma; creciente costo de los materiales&comma; tensiones de financiamiento y ciertas señales de desaceleración económica&period; Todo ello contribuye a que los proyectos financieramente débiles o jurídicamente mal estructurados se tornen todavía más riesgosos&comma; siendo precisamente los compradores quienes terminan cargando con una parte excesiva de esa fragilidad&period;<&sol;p>&NewLine;<p>¿Cruzarnos de brazos&quest; No&period; Entendemos que la primera gran reforma debería ser la creación de un sistema obligatorio de registro previo de proyectos&period; Ninguna iniciativa debería comercializarse sin que el comprador pueda verificar en línea el estado legal del terreno&comma; los permisos aprobados&comma; la identidad real de los promotores y la situación jurídica del desarrollo&period; Luego&comma; las preventas deberían canalizarse a través de mecanismos fiduciarios o cuentas protegidas&comma; administradas por entidades reguladas&comma; para evitar que los fondos de los compradores se usen sin control o se desvíen hacia fines ajenos al proyecto &lpar;disciplina financiera y reducción del riesgo de fraude o incumplimiento&rpar;&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Igualmente es indispensable exigir certificaciones técnicas y legales independientes antes de iniciar la comercialización&comma; junto con seguros obligatorios de cumplimiento que protejan al adquiriente frente a retrasos graves&comma; defectos estructurales o incumplimientos contractuales&period; A todo ello debemos sumar procedimientos judiciales más ágiles para los litigios inmobiliarios&period; Una justicia que tarda demasiado en decidir termina favoreciendo la impunidad económica&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Por tanto&comma; debemos apuntar a jueces especializados&comma; plazos razonables y ejecución efectiva de sentencias&comma; todo lo cual impactaría positivamente la confianza&period; No podemos ignorar la necesidad de regular con mayor rigor la publicidad inmobiliaria&comma; fortalecer la debida diligencia del comprador y establecer sanciones ejemplares contra quienes actúen con dolo o irresponsabilidad&period; ¿O es que acaso la confianza es un recurso inagotable&quest; Como en muchos otros ámbitos de negocios&comma; ella es un activo intangible que puede impulsar la bonanza o destruir el negocio de manera irreversible&period;<&sol;p>&NewLine;<p> <&sol;p>&NewLine;

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