Espectáculo
Alimentación: factor clave en los estados de ánimo depresivos
<p>A veces creemos que la <strong>tristeza</strong>, la <strong>ansiedad</strong> o el desánimo vienen únicamente de lo que vivimos o sentimos. Sin embargo, hay algo mucho más cotidiano -y a la vez subestimado- que también juega un papel clave: <strong>lo que comemos</strong>.</p>
<p>Puede que no lo notes de inmediato, pero tu cuerpo sí. Esa <strong>sensación de pesadez</strong> después de una comida, el <strong>cansancio</strong> sin razón aparente o incluso los <strong>cambios bruscos de ánimo</strong> a lo largo del día pueden tener una raíz más profunda. </p>
<p>Y es que la <strong>alimentación</strong> no solo nutre el cuerpo; también influye directamente en el <strong>funcionamiento del cerebro</strong>.</p>
<p>La <strong>depresión</strong>, por ejemplo, suele asociarse a <strong>factores emocionales</strong> o situaciones difíciles. Pero lo cierto es que también puede estar vinculada a <strong>procesos biológicos</strong>, como la producción de neurotransmisores. En este punto, el <strong>intestino</strong> cobra un protagonismo inesperado.</p>
<p>La psicóloga clínica <strong>Mónica Mejía</strong>, fundadora del centro de <strong>salud</strong> Psicomed, lo explicaba de forma clara en el pódcast "La puerta abierta de Puerta del Cielo": “el <strong>intestino</strong> funciona como un <strong>segundo cerebro</strong>”. Y no es una metáfora exagerada. </p>
<p>Porque aproximadamente el <strong>90 % de la serotonina</strong> -la sustancia que regula el estado de ánimo, el sueño y el apetito- se produce en esta zona del cuerpo.</p>
<p>Por eso, cuando la <strong>microbiota intestinal</strong> se altera, el impacto va más allá de lo digestivo. “Es inevitable que lo que ocurra a nivel digestivo influya en cómo pensamos, sentimos y regulamos nuestras <strong>emociones</strong>”, señala Mejía. </p>
<p>En consulta, añade, es común ver pacientes con <strong>síntomas depresivos</strong> que también presentan <strong>inflamación</strong>, malestar estomacal o <strong>fatiga constante</strong>.</p>
<p>En otras palabras, <strong>mente y cuerpo</strong> no van por caminos separados. Están <strong>profundamente conectados</strong>.</p>
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<h3 data-section-id="uooahq" data-start="1898" data-end="1937">Cuando lo que comes te desequilibra</h3>
<p>Ahora bien, en medio del ritmo acelerado del día a día, es fácil caer en <strong>hábitos</strong> que, sin darnos cuenta, afectan nuestro <strong>bienestar emocional</strong>. Los <strong>ultraprocesados</strong>, el exceso de azúcar y la comida rápida no solo impactan la <strong>salud</strong> física, también generan lo que Mejía describe como una “desregulación”.</p>
<p>¿Te ha pasado que después de comer algo dulce te sientes con <strong>energía</strong>, pero poco después llega el <strong>bajón</strong>? Ese sube y baja no es casual. Se traduce en irritabilidad, <strong>ansiedad</strong> y una especie de <strong>montaña rusa emocional</strong> que termina afectando tu estabilidad.</p>
<p>“Entramos en un <strong>círculo vicioso</strong> difícil de controlar”, advierte la <strong>especialista</strong>. Porque, además, cuando te sientes mal, es más probable que busques ese mismo tipo de <strong>alimentos</strong> para obtener <strong>alivio inmediato</strong>, aunque sea pasajero.</p>
<p>Este patrón ha sido ampliamente estudiado por expertos como la psiquiatra nutricional <strong>Uma Naidoo</strong> y el neurólogo <strong>David Perlmutter</strong>, quienes coinciden en que una mala <strong>alimentación</strong> puede provocar <strong>inflamación</strong> intestinal, afectar la microbiota y, en consecuencia, intensificar síntomas como la <strong>ansiedad</strong>, la irritabilidad o la <strong>tristeza</strong> profunda.</p>
<p>El cuerpo, de hecho, suele dar señales bastante claras: <strong>antojos constantes</strong> -sobre todo en momentos de estrés-, cambios en el apetito, dificultad para concentrarte, <strong>cansancio</strong> persistente o incluso esa sensación de no tener <strong>energía</strong> ni motivación para lo más básico.</p>
<h3 data-section-id="1uqoglb" data-start="3373" data-end="3419">Escuchar al cuerpo también es <strong>salud mental</strong></h3>
<p>Frente a este panorama, la solución no está en cambios drásticos ni en dietas restrictivas. Al contrario, se trata de hacer ajustes sostenibles que permitan <strong>recuperar</strong> el <strong>equilibrio</strong> poco a poco.</p>
<p>Desde la práctica clínica, Mejía insiste en que no se trata de perfección, sino de <strong>constancia</strong> y sostenibilidad. Comer más <strong>alimentos</strong> naturales, <strong>equilibrar el plato</strong>, incluir proteínas, prestar atención al momento de comer -sin distracciones- y preguntarte si tienes hambre real o emocional son pequeños pasos que pueden marcar una gran diferencia.</p>
<p>También entra en juego algo que muchas veces se deja de lado: el <strong>descanso</strong>. <strong>Dormir bien</strong> es clave para que tanto el cuerpo como la mente funcionen correctamente.</p>
<p>Ahora bien, cuando la <strong>depresión</strong> ya está presente, el <strong>enfoque</strong> debe ser <strong>integral</strong>. No basta con trabajar solo lo emocional ni únicamente lo físico. </p>
<ul>
<li>“Si el cuerpo está inflamado o no tiene los <strong>nutrientes</strong> necesarios, es como nadar contra la corriente”, explica la <strong>especialista</strong>. Por eso, integrar la <strong>nutrición</strong> al <strong>tratamiento psicológico</strong> o psiquiátrico no es opcional, sino <strong>necesario.</strong></li>
</ul>
<p>Al final, entender esta conexión permite <strong>mirarte</strong> de <strong>forma más completa</strong>. No eres solo lo que piensas o lo que sientes, también eres lo que comes, cómo descansas y cómo cuidas tu cuerpo.</p>
<p>Y quizás ahí está la clave: empezar por lo cotidiano. Porque mejorar tu <strong>alimentación</strong> no solo fortalece tu organismo, también puede convertirse en una herramienta poderosa para sentirte mejor, recuperar el <strong>equilibrio</strong> y construir una vida más saludable, por dentro y por fuera.</p>
<div class="read-more mb-7"> <span class="block mb-2">Leer más</span> </p>
<ul class="glosa">
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<h3><a href="https://www.diariolibre.com/revista/columnistas/2026/01/13/como-apoyar-a-un-empleado-que-atraviesa-una-depresion/3402151?utm_source=relacionadas&;utm_medium=nota&;utm_campaign=relacionadas" title="Cinco recomendaciones para apoyar a un empleado con depresión ">Cinco recomendaciones para apoyar a un empleado con depresión </a></h3>
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<h3><a href="https://www.diariolibre.com/revista/buena-vida/2025/09/02/sabes-que-es-la-depresion-agitada/3231575?utm_source=relacionadas&;utm_medium=nota&;utm_campaign=relacionadas" title="Depresión agitada: cuando la tristeza y la ansiedad se encuentran">Depresión agitada: cuando la tristeza y la ansiedad se encuentran</a></h3>
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<h3><a href="https://www.diariolibre.com/revista/columnistas/2025/03/20/a-veces-la-depresion-no-se-siente-como-tristeza/3040078?utm_source=relacionadas&;utm_medium=nota&;utm_campaign=relacionadas" title="Cuando la depresión no se siente como tristeza">Cuando la depresión no se siente como tristeza</a></h3>
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<p>​A veces creemos que la tristeza, la ansiedad o el desánimo vienen únicamente de lo que vivimos o sentimos. Sin embargo, hay algo mucho más cotidiano -y a la vez subestimado- que también juega un papel clave: lo que comemos.Puede que no lo notes de inmediato, pero tu cuerpo sí. Esa sensación de pesadez después de una comida, el cansancio sin razón aparente o incluso los cambios bruscos de ánimo a lo largo del día pueden tener una raíz más profunda. Y es que la alimentación no solo nutre el cuerpo; también influye directamente en el funcionamiento del cerebro.La depresión, por ejemplo, suele asociarse a factores emocionales o situaciones difíciles. Pero lo cierto es que también puede estar vinculada a procesos biológicos, como la producción de neurotransmisores. En este punto, el intestino cobra un protagonismo inesperado.La psicóloga clínica Mónica Mejía, fundadora del centro de salud Psicomed, lo explicaba de forma clara en el pódcast "La puerta abierta de Puerta del Cielo": “el intestino funciona como un segundo cerebro”. Y no es una metáfora exagerada. Porque aproximadamente el 90 % de la serotonina -la sustancia que regula el estado de ánimo, el sueño y el apetito- se produce en esta zona del cuerpo.Por eso, cuando la microbiota intestinal se altera, el impacto va más allá de lo digestivo. “Es inevitable que lo que ocurra a nivel digestivo influya en cómo pensamos, sentimos y regulamos nuestras emociones”, señala Mejía. En consulta, añade, es común ver pacientes con síntomas depresivos que también presentan inflamación, malestar estomacal o fatiga constante.En otras palabras, mente y cuerpo no van por caminos separados. Están profundamente conectados. Salud Más de 500,000 personas viven con depresión en República Dominicana Consulta Libre La alimentación puede empeorar o mejorar los cuadros de depresión Cuando lo que comes te desequilibraAhora bien, en medio del ritmo acelerado del día a día, es fácil caer en hábitos que, sin darnos cuenta, afectan nuestro bienestar emocional. Los ultraprocesados, el exceso de azúcar y la comida rápida no solo impactan la salud física, también generan lo que Mejía describe como una “desregulación”.¿Te ha pasado que después de comer algo dulce te sientes con energía, pero poco después llega el bajón? Ese sube y baja no es casual. Se traduce en irritabilidad, ansiedad y una especie de montaña rusa emocional que termina afectando tu estabilidad.“Entramos en un círculo vicioso difícil de controlar”, advierte la especialista. Porque, además, cuando te sientes mal, es más probable que busques ese mismo tipo de alimentos para obtener alivio inmediato, aunque sea pasajero.Este patrón ha sido ampliamente estudiado por expertos como la psiquiatra nutricional Uma Naidoo y el neurólogo David Perlmutter, quienes coinciden en que una mala alimentación puede provocar inflamación intestinal, afectar la microbiota y, en consecuencia, intensificar síntomas como la ansiedad, la irritabilidad o la tristeza profunda.El cuerpo, de hecho, suele dar señales bastante claras: antojos constantes -sobre todo en momentos de estrés-, cambios en el apetito, dificultad para concentrarte, cansancio persistente o incluso esa sensación de no tener energía ni motivación para lo más básico.Escuchar al cuerpo también es salud mentalFrente a este panorama, la solución no está en cambios drásticos ni en dietas restrictivas. Al contrario, se trata de hacer ajustes sostenibles que permitan recuperar el equilibrio poco a poco.Desde la práctica clínica, Mejía insiste en que no se trata de perfección, sino de constancia y sostenibilidad. Comer más alimentos naturales, equilibrar el plato, incluir proteínas, prestar atención al momento de comer -sin distracciones- y preguntarte si tienes hambre real o emocional son pequeños pasos que pueden marcar una gran diferencia.También entra en juego algo que muchas veces se deja de lado: el descanso. Dormir bien es clave para que tanto el cuerpo como la mente funcionen correctamente.Ahora bien, cuando la depresión ya está presente, el enfoque debe ser integral. No basta con trabajar solo lo emocional ni únicamente lo físico. “Si el cuerpo está inflamado o no tiene los nutrientes necesarios, es como nadar contra la corriente”, explica la especialista. Por eso, integrar la nutrición al tratamiento psicológico o psiquiátrico no es opcional, sino necesario.Al final, entender esta conexión permite mirarte de forma más completa. No eres solo lo que piensas o lo que sientes, también eres lo que comes, cómo descansas y cómo cuidas tu cuerpo.Y quizás ahí está la clave: empezar por lo cotidiano. Porque mejorar tu alimentación no solo fortalece tu organismo, también puede convertirse en una herramienta poderosa para sentirte mejor, recuperar el equilibrio y construir una vida más saludable, por dentro y por fuera. Leer más Cinco recomendaciones para apoyar a un empleado con depresión Depresión agitada: cuando la tristeza y la ansiedad se encuentran Cuando la depresión no se siente como tristeza Revista, Buena vida, Beatriz Bienzobas, Santo Domingo, Salud, Alimentación, Nutrición, Depresión, Vida Saludable, enfoque integral </p>