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Mientras EEUU bombardea a Irán, ha ocurrido algo insólito: drones atacando las bases nucleares de Dakota del Norte

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Mientras EEUU bombardea a Irán, ha ocurrido algo insólito: drones atacando las bases nucleares de Dakota del Norte

La estrategia nuclear de Estados Unidos se ha basado durante mucho tiempo en la llamada “triada”, un sistema que combina submarinos, misiles terrestres y bombarderos para garantizar una capacidad de respuesta incluso en el peor escenario posible. El modelo, diseñado en plena Guerra Fría, asumía que el territorio continental era prácticamente inaccesible para amenazas directas, lo que permitía concentrar la defensa en el exterior y no tanto en proteger cada instalación dentro del país.

Hasta que han llegado los drones. 

Un ataque sin precedentes en el corazón nuclear. Lo que ha ocurrido, según contaban varios analistas, es que mientras Estados Unidos bombardea Irán en su operación de gran escala, algo completamente inesperado está ocurriendo dentro de su propio territorio.

Oleadas de drones han sobrevolado bases clave vinculadas al arsenal nuclear estadounidense. Al parecer, no se trataba de incidentes aislados ni de aparatos improvisados. Eran incursiones coordinadas, ataques repetidos durante días que han obligado a detener operaciones críticas y a activar protocolos de emergencia. Por primera vez, en medio de una guerra, instalaciones estratégicas en suelo estadounidense quedaban directamente afectadas por una amenaza aérea persistente.

Barksdale, el punto crítico. El caso más llamativo se produjo en la base aérea de Barksdale, uno de los pilares del sistema nuclear de Estados Unidos. Allí operan bombarderos estratégicos y se almacenan misiles de largo alcance, lo que convierte la instalación en un nodo clave dentro de la capacidad de disuasión del país. 

Durante varios días, los enjambres de drones han sobrevolado la base en oleadas organizadas, obligando a interrumpir salidas de bombarderos que participaban en los ataques sobre Irán. La escena, más propia de una película, ha sido difícil de ignorar: mientras los B-52 se preparaban para proyectar fuerza a miles de kilómetros, el espacio aéreo sobre sus propias pistas quedaba comprometido.

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Drones avanzados. Lo más preocupante no fue solo la presencia de estos drones, sino su nivel tecnológico. Contaban en ABCNews que los aparatos mostraron una resistencia notable a las interferencias electrónicas, utilizaron rutas de entrada y salida variables y operaron con patrones dispersos que dificultaban su rastreo. 

De hecho, las contramedidas diseñadas para neutralizar este tipo de amenazas no funcionaron como se esperaba. Esto sugiere que no se trata de sistemas comerciales adaptados, sino más bien de plataformas mucho más sofisticadas, capaces de operar con autonomía parcial o total y de recopilar información en entornos altamente protegidos.

D

Más que una amenaza física. Qué duda cabe, estos drones no solo representan un riesgo para Washington por su capacidad potencial de ataque, sino también por el tipo de información que pueden obtener. Al sobrevolar instalaciones críticas, pueden mapear emisiones electrónicas, identificar patrones operativos y fotografiar infraestructuras sensibles. 

En otras palabras, pueden construir un retrato detallado de cómo funciona una base estratégica desde dentro. Y esto abre la puerta a ataques futuros mucho más precisos y efectivos, ya que convierte cada incursión en una misión de reconocimiento altamente valiosa.

Vulnerabilidad estructural en territorio nacional. Recordaban en TWZ que las incursiones no se limitan a un único punto ni a un momento concreto. Se han registrado episodios similares en otras bases clave, incluidas instalaciones relacionadas con bombarderos estratégicos y centros de desarrollo tecnológico avanzado. 

En muchos casos, estas infraestructuras carecen de sistemas de defensa aérea adecuados frente a drones, lo que obliga a depender de soluciones improvisadas o en desarrollo. Es más, incluso con nuevas herramientas desplegadas, la capacidad de neutralizar estas amenazas sigue siendo limitada y desigual.

La paradoja estratégica. El contraste es más que evidente. Estados Unidos mantiene una capacidad militar global sin precedentes y puede proyectar fuerza en prácticamente cualquier punto del planeta. Sin embargo, al mismo tiempo, muestra dificultades para proteger plenamente sus propias instalaciones frente a amenazas relativamente pequeñas, pero tecnológicamente avanzadas. 

Esta paradoja revela un desajuste que ya vimos en Ucrania y ahora en Irán, uno entre la arquitectura de defensa tradicional y las nuevas formas de guerra, donde sistemas baratos y difíciles de detectar pueden generar efectos desproporcionados.

Cambio de paradigma en marcha. En definitiva, lo ocurrido, por inédito, apunta a una transformación más profunda en la forma de entender la seguridad militar. Ni siquiera las bases, los silos y las infraestructuras estratégicas de una superpotencia como Estados Unidos pueden considerarse espacios seguros por el mero hecho de estar en territorio nacional. 

Porque la combinación de drones avanzados, sensores y guerra electrónica está llevando el conflicto directamente al corazón de las potencias. Y eso implica, o abre la posibilidad inquietante, a que la próxima gran batalla no se libre solo en el exterior, sino también en la capacidad de proteger lo que hasta ahora se daba por seguro.

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fue publicada originalmente en

Xataka

por
Miguel Jorge

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 La estrategia nuclear de Estados Unidos se ha basado durante mucho tiempo en la llamada “triada”, un sistema que combina submarinos, misiles terrestres y bombarderos para garantizar una capacidad de respuesta incluso en el peor escenario posible. El modelo, diseñado en plena Guerra Fría, asumía que el territorio continental era prácticamente inaccesible para amenazas directas, lo que permitía concentrar la defensa en el exterior y no tanto en proteger cada instalación dentro del país.

Hasta que han llegado los drones. 

Un ataque sin precedentes en el corazón nuclear. Lo que ha ocurrido, según contaban varios analistas, es que mientras Estados Unidos bombardea Irán en su operación de gran escala, algo completamente inesperado está ocurriendo dentro de su propio territorio.

Oleadas de drones han sobrevolado bases clave vinculadas al arsenal nuclear estadounidense. Al parecer, no se trataba de incidentes aislados ni de aparatos improvisados. Eran incursiones coordinadas, ataques repetidos durante días que han obligado a detener operaciones críticas y a activar protocolos de emergencia. Por primera vez, en medio de una guerra, instalaciones estratégicas en suelo estadounidense quedaban directamente afectadas por una amenaza aérea persistente.

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Durante varios días, los enjambres de drones han sobrevolado la base en oleadas organizadas, obligando a interrumpir salidas de bombarderos que participaban en los ataques sobre Irán. La escena, más propia de una película, ha sido difícil de ignorar: mientras los B-52 se preparaban para proyectar fuerza a miles de kilómetros, el espacio aéreo sobre sus propias pistas quedaba comprometido.

Drones avanzados. Lo más preocupante no fue solo la presencia de estos drones, sino su nivel tecnológico. Contaban en ABCNews que los aparatos mostraron una resistencia notable a las interferencias electrónicas, utilizaron rutas de entrada y salida variables y operaron con patrones dispersos que dificultaban su rastreo. 

De hecho, las contramedidas diseñadas para neutralizar este tipo de amenazas no funcionaron como se esperaba. Esto sugiere que no se trata de sistemas comerciales adaptados, sino más bien de plataformas mucho más sofisticadas, capaces de operar con autonomía parcial o total y de recopilar información en entornos altamente protegidos.

Más que una amenaza física. Qué duda cabe, estos drones no solo representan un riesgo para Washington por su capacidad potencial de ataque, sino también por el tipo de información que pueden obtener. Al sobrevolar instalaciones críticas, pueden mapear emisiones electrónicas, identificar patrones operativos y fotografiar infraestructuras sensibles. 

En otras palabras, pueden construir un retrato detallado de cómo funciona una base estratégica desde dentro. Y esto abre la puerta a ataques futuros mucho más precisos y efectivos, ya que convierte cada incursión en una misión de reconocimiento altamente valiosa.

Vulnerabilidad estructural en territorio nacional. Recordaban en TWZ que las incursiones no se limitan a un único punto ni a un momento concreto. Se han registrado episodios similares en otras bases clave, incluidas instalaciones relacionadas con bombarderos estratégicos y centros de desarrollo tecnológico avanzado. 

En muchos casos, estas infraestructuras carecen de sistemas de defensa aérea adecuados frente a drones, lo que obliga a depender de soluciones improvisadas o en desarrollo. Es más, incluso con nuevas herramientas desplegadas, la capacidad de neutralizar estas amenazas sigue siendo limitada y desigual.

La paradoja estratégica. El contraste es más que evidente. Estados Unidos mantiene una capacidad militar global sin precedentes y puede proyectar fuerza en prácticamente cualquier punto del planeta. Sin embargo, al mismo tiempo, muestra dificultades para proteger plenamente sus propias instalaciones frente a amenazas relativamente pequeñas, pero tecnológicamente avanzadas. 

Esta paradoja revela un desajuste que ya vimos en Ucrania y ahora en Irán, uno entre la arquitectura de defensa tradicional y las nuevas formas de guerra, donde sistemas baratos y difíciles de detectar pueden generar efectos desproporcionados.

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Porque la combinación de drones avanzados, sensores y guerra electrónica está llevando el conflicto directamente al corazón de las potencias. Y eso implica, o abre la posibilidad inquietante, a que la próxima gran batalla no se libre solo en el exterior, sino también en la capacidad de proteger lo que hasta ahora se daba por seguro.

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