Espectáculo
Apertura emocional: por qué nos hace más fuertes
“Nos enseñaron a esconder la tristeza, a disfrazar el miedo, a silenciar la rabia. Nos dijeron que solo valía la alegría. Pero ¿y si todo eso fue un error?”.
Esto se pregunta, invitando a reflexionar sobre este asunto, el doctor Sergi Rufi (@DrSergiRufi), psicólogo, divulgador y autor de cinco libros en los que defiende una psicología más profunda, humana, sensible y realista.
Su libro más reciente, ‘Abiertos a Sentir’, está dirigido a “todos aquellos que se han sentido demasiado sensibles, demasiado profundos, demasiado vulnerables, demasiado humanos”, a quienes invita a “dejar atrás la dictadura de la racionalidad y volver a vivir con el corazón abierto”.
Con una trayectoria de décadas en la psicología y la espiritualidad, y después de estar vinculado al mundo académico como docente e investigador en la Universidad de Barcelona (España), Rufi se dedica ahora al acompañamiento terapéutico.
Ayuda a las personas a vivir una vida con menos culpa, vergüenza y frustración, y más conexión, sentido y autenticidad.
El doctor Rufi considera que la represión emocional es la raíz del malestar humano actual y reivindica la sensibilidad como una brújula interior, la base de una vida con sentido y una fuerza esencial en un mundo incoherente y superficial que nos enseñó a reprimirla.
“Porque el problema nunca fue sentir, sino todo lo que nos enseñaron para evitarlo. Cuando la sensibilidad se comprende, se permite y es acompañada, deja de pesarnos y facilita nuestra brújula, criterio y camino propio”, enfatiza.
Para salir de esa encrucijada “necesitamos una psicología más real, diferente de la oficial, que es una psicología de la razón -fría, técnica, cerebral – que ha ignorado lo que palpita y nos mueve por dentro”, en opinión de Rufi.
“Necesitamos una psicología que en vez de negar lo que somos, lo abrace e incluya la confusión, la fragilidad y el desborde; que no nos enseñe a dejar de llorar, sino a poder llorar con dignidad".
"Que no nos exija controlar lo que sentimos, sino que nos acompañe a sentirlo mejor; que no nos castigue por ser humanos, sino que nos ayude a ser más nosotros mismos”, destaca.
Viaje hacia la voz de nuestro mundo interior
“Estar abiertos a sentir es lo contrario al intento de control. Es algo que va antes que cualquier técnica, método o intento de modular tu mente. Es un viaje desde el silencio impuesto por decreto hacia la voz de nuestro mundo interior”, precisa.
Señala que “solo después de habernos permitido sentirlo todo, de haber atravesado la incomodidad de la tristeza, de la rabia, del miedo o de la ternura, podemos usar todas las herramientas que queramos, no para escondernos, fingir o evitar lo que sentimos, sino para comprender, integrar, canalizar”.
“Lo terapéutico es permitir, comprender(nos), compartir, aprender a disfrutar del proceso de estar vivos”, destaca.
Rufi explica que aquello que nos gusta, duele, mueve o enciende no lo decidimos nosotros. Es algo que “nace solo, brota dentro, desde la parte más profunda, inconsciente, autónoma y sabia de nuestro sistema nervioso, una zona independiente de nuestra voluntad racional y donde reside nuestra brújula personal”, recalca.
“Abrirse a sentir es una actitud de honestidad profunda con uno mismo, y también de desobediencia emocional con el entorno”, según este psicólogo.
Señala que abrirnos a sentir, es decir ‘estoy aquí, sin escudos ni guiones memorizados. Es permitirnos la lágrima y la duda, el fuego y la dulzura.
Es vivir con menos dique y con más espontaneidad amable. No como una moda o un lema, sino como un camino de regreso a lo que en realidad somos y nunca dejamos de ser”.

Reprimir las emociones: una cárcel invisible
Rufi considera que “en una cultura que idolatra el raciocinio, el control y la eficiencia, el sentimiento es tratado como un fastidio. Se nos enseña a reprimirlo, a disfrazarlo o a negarlo”.
Pero “la represión emocional acaba siendo una cárcel invisible que deshumaniza la experiencia y endurece nuestro fondo. Nos vuelve más rígidos y lejanos, más funcionales que vivos. Reduce lo que somos. Nos desconecta de nuestro mundo interior, nos separa de los demás. Nos aleja de lo humano”, lamenta.
“Sin permitir tus emociones no sabes lo que te gusta y lo que no. Careces de criterio propio, no tienes código personal. Otros te guían y deciden por ti lo que te conviene y lo que no. Pero lo meramente racional acaba resultando demasiado soso, protocolario, repetitivo, trillado, superficial. Y se olvida pronto”.
Una sociedad emocionalmente mutilada
El doctor Rufi explica en una entrevista con EFE que “las consecuencias de haber sido educados en la represión emocional son profundas: una sociedad emocionalmente mutilada. Una sociedad compuesta por personas que parecen ‘funcionar’, pero por dentro se sienten vacías, ansiosas o desconectadas”.
En esa sociedad “la tristeza reprimida se transforma en depresión, el miedo disfrazado en ansiedad crónica, la rabia silenciada en somatizaciones y relaciones tóxicas. Y la alegría convertida en obligación nos deja agotados, al estar fingiendo una felicidad que no sentimos”, sentencia.
El precio de la represión emocional “ha sido una desconexión de lo más humano, nuestra capacidad de emocionarnos de verdad”, asevera.

La emoción es la energía de la vida
Por el contrario, la actitud de abrirnos a emocionarnos y a sentir representa un cambio radicalmente positivo en nuestra vida, de acuerdo con este especialista.
“Cuando nos abrimos a sentir, recuperamos autenticidad, confianza y conexión. La emoción deja de ser un peso y se convierte en energía vital, en brújula interior”, según Rufi.
“Sentir el miedo nos protege, sentir la tristeza nos transforma, sentir la rabia nos da fuerza, sentir la alegría nos conecta. El compartir esas emociones con los demás nos libera de la soledad y nos hace más humanos”, destaca.
Rufi aclara que “abrirse a sentir no es debilidad, sino empezar a vivir con más sentido y con el corazón abierto. Sentir no es doloroso. Lo que duele son los recuerdos traumáticos relacionados con el sentir. Es ahí donde tenemos que trabajar, en lugar de tapar y reprimir”.
Recalca que “ser sensible no equivale a ser débil. La sensibilidad nos permite tener una comprensión más profunda de nuestras propias emociones y las de los demás, lo cual no implica fragilidad”.
“De hecho, ser sensible puede fortalecernos al ampliar y diversificar nuestro carácter, permitiéndonos ser suaves en el trato y firmes en nuestras convicciones”, asegura.
“La verdadera fortaleza radica en la capacidad de acoger nuestras emociones con apertura y autenticidad, manteniendo intactas nuestra integridad y nuestra firmeza”, señala.
El primer y más sencillo paso para abrirnos a sentir
El primer paso que una persona acostumbrada a reprimir sus emociones puede dar en su vida diaria para desactivar su represión emocional es sencillo pero poderoso: consiste en “atreverse a sentir lo incómodo sin disfrazarlo”, según Rufi.
“Quedarse un momento con la tristeza sin ponerse la máscara de la sonrisa. Reconocer el miedo sin darse prisa en anestesiarlo. Permitirse la rabia sin culparse por sentirla” son formas de ir tomando contacto con las emociones en vez de reprimirlas, mencionadas por este experto.
En su libro ‘Abiertos a Sentir’ Rufi propone gestos muy concretos: llorar a solas, aunque nos parezca ridículo, escribir lo que nunca nos atrevimos a decir, contarle a alguien de confianza “hoy me siento vulnerable” aunque nos tiemble la voz, entre muchas más opciones.
“Son microrebeldías contra la represión emocional que nos enseñaron. Cada vez que nos damos ese permiso, la coraza se agrieta y la sensibilidad recupera su lugar como brújula interior”, concluye este reconocido experto.
- (Texto: Ricardo Segura)
La felicidad, un estado que nos hace bien
“Nos enseñaron a esconder la tristeza, a disfrazar el miedo, a silenciar la rabia. Nos dijeron que solo valía la alegría. Pero ¿y si todo eso fue un error?”.Esto se pregunta, invitando a reflexionar sobre este asunto, el doctor Sergi Rufi (@DrSergiRufi), psicólogo, divulgador y autor de cinco libros en los que defiende una psicología más profunda, humana, sensible y realista.Su libro más reciente, ‘Abiertos a Sentir’, está dirigido a “todos aquellos que se han sentido demasiado sensibles, demasiado profundos, demasiado vulnerables, demasiado humanos”, a quienes invita a “dejar atrás la dictadura de la racionalidad y volver a vivir con el corazón abierto”.Con una trayectoria de décadas en la psicología y la espiritualidad, y después de estar vinculado al mundo académico como docente e investigador en la Universidad de Barcelona (España), Rufi se dedica ahora al acompañamiento terapéutico.Ayuda a las personas a vivir una vida con menos culpa, vergüenza y frustración, y más conexión, sentido y autenticidad.El doctor Rufi considera que la represión emocional es la raíz del malestar humano actual y reivindica la sensibilidad como una brújula interior, la base de una vida con sentido y una fuerza esencial en un mundo incoherente y superficial que nos enseñó a reprimirla.“Porque el problema nunca fue sentir, sino todo lo que nos enseñaron para evitarlo. Cuando la sensibilidad se comprende, se permite y es acompañada, deja de pesarnos y facilita nuestra brújula, criterio y camino propio”, enfatiza.Para salir de esa encrucijada “necesitamos una psicología más real, diferente de la oficial, que es una psicología de la razón -fría, técnica, cerebral – que ha ignorado lo que palpita y nos mueve por dentro”, en opinión de Rufi.“Necesitamos una psicología que en vez de negar lo que somos, lo abrace e incluya la confusión, la fragilidad y el desborde; que no nos enseñe a dejar de llorar, sino a poder llorar con dignidad"."Que no nos exija controlar lo que sentimos, sino que nos acompañe a sentirlo mejor; que no nos castigue por ser humanos, sino que nos ayude a ser más nosotros mismos”, destaca.Viaje hacia la voz de nuestro mundo interior“Estar abiertos a sentir es lo contrario al intento de control. Es algo que va antes que cualquier técnica, método o intento de modular tu mente. Es un viaje desde el silencio impuesto por decreto hacia la voz de nuestro mundo interior”, precisa.Señala que “solo después de habernos permitido sentirlo todo, de haber atravesado la incomodidad de la tristeza, de la rabia, del miedo o de la ternura, podemos usar todas las herramientas que queramos, no para escondernos, fingir o evitar lo que sentimos, sino para comprender, integrar, canalizar”. “Lo terapéutico es permitir, comprender(nos), compartir, aprender a disfrutar del proceso de estar vivos”, destaca.Rufi explica que aquello que nos gusta, duele, mueve o enciende no lo decidimos nosotros. Es algo que “nace solo, brota dentro, desde la parte más profunda, inconsciente, autónoma y sabia de nuestro sistema nervioso, una zona independiente de nuestra voluntad racional y donde reside nuestra brújula personal”, recalca. “Abrirse a sentir es una actitud de honestidad profunda con uno mismo, y también de desobediencia emocional con el entorno”, según este psicólogo.Señala que abrirnos a sentir, es decir ‘estoy aquí, sin escudos ni guiones memorizados. Es permitirnos la lágrima y la duda, el fuego y la dulzura. Es vivir con menos dique y con más espontaneidad amable. No como una moda o un lema, sino como un camino de regreso a lo que en realidad somos y nunca dejamos de ser”.https://resources.diariolibre.com/images/2026/03/27/reprimir-emociones-aecb6428.jpgReprimir las emociones: una cárcel invisibleRufi considera que “en una cultura que idolatra el raciocinio, el control y la eficiencia, el sentimiento es tratado como un fastidio. Se nos enseña a reprimirlo, a disfrazarlo o a negarlo”. Pero “la represión emocional acaba siendo una cárcel invisible que deshumaniza la experiencia y endurece nuestro fondo. Nos vuelve más rígidos y lejanos, más funcionales que vivos. Reduce lo que somos. Nos desconecta de nuestro mundo interior, nos separa de los demás. Nos aleja de lo humano”, lamenta. “Sin permitir tus emociones no sabes lo que te gusta y lo que no. Careces de criterio propio, no tienes código personal. Otros te guían y deciden por ti lo que te conviene y lo que no. Pero lo meramente racional acaba resultando demasiado soso, protocolario, repetitivo, trillado, superficial. Y se olvida pronto”.Una sociedad emocionalmente mutiladaEl doctor Rufi explica en una entrevista con EFE que “las consecuencias de haber sido educados en la represión emocional son profundas: una sociedad emocionalmente mutilada. Una sociedad compuesta por personas que parecen ‘funcionar’, pero por dentro se sienten vacías, ansiosas o desconectadas”.En esa sociedad “la tristeza reprimida se transforma en depresión, el miedo disfrazado en ansiedad crónica, la rabia silenciada en somatizaciones y relaciones tóxicas. Y la alegría convertida en obligación nos deja agotados, al estar fingiendo una felicidad que no sentimos”, sentencia. El precio de la represión emocional “ha sido una desconexión de lo más humano, nuestra capacidad de emocionarnos de verdad”, asevera.https://resources.diariolibre.com/images/2026/03/27/emocion-5e75753b.jpegLa emoción es la energía de la vidaPor el contrario, la actitud de abrirnos a emocionarnos y a sentir representa un cambio radicalmente positivo en nuestra vida, de acuerdo con este especialista. “Cuando nos abrimos a sentir, recuperamos autenticidad, confianza y conexión. La emoción deja de ser un peso y se convierte en energía vital, en brújula interior”, según Rufi.“Sentir el miedo nos protege, sentir la tristeza nos transforma, sentir la rabia nos da fuerza, sentir la alegría nos conecta. El compartir esas emociones con los demás nos libera de la soledad y nos hace más humanos”, destaca. Rufi aclara que “abrirse a sentir no es debilidad, sino empezar a vivir con más sentido y con el corazón abierto. Sentir no es doloroso. Lo que duele son los recuerdos traumáticos relacionados con el sentir. Es ahí donde tenemos que trabajar, en lugar de tapar y reprimir”.Recalca que “ser sensible no equivale a ser débil. La sensibilidad nos permite tener una comprensión más profunda de nuestras propias emociones y las de los demás, lo cual no implica fragilidad”. “De hecho, ser sensible puede fortalecernos al ampliar y diversificar nuestro carácter, permitiéndonos ser suaves en el trato y firmes en nuestras convicciones”, asegura.“La verdadera fortaleza radica en la capacidad de acoger nuestras emociones con apertura y autenticidad, manteniendo intactas nuestra integridad y nuestra firmeza”, señala.El primer y más sencillo paso para abrirnos a sentirEl primer paso que una persona acostumbrada a reprimir sus emociones puede dar en su vida diaria para desactivar su represión emocional es sencillo pero poderoso: consiste en “atreverse a sentir lo incómodo sin disfrazarlo”, según Rufi. “Quedarse un momento con la tristeza sin ponerse la máscara de la sonrisa. Reconocer el miedo sin darse prisa en anestesiarlo. Permitirse la rabia sin culparse por sentirla” son formas de ir tomando contacto con las emociones en vez de reprimirlas, mencionadas por este experto. En su libro ‘Abiertos a Sentir’ Rufi propone gestos muy concretos: llorar a solas, aunque nos parezca ridículo, escribir lo que nunca nos atrevimos a decir, contarle a alguien de confianza “hoy me siento vulnerable” aunque nos tiemble la voz, entre muchas más opciones. “Son microrebeldías contra la represión emocional que nos enseñaron. Cada vez que nos damos ese permiso, la coraza se agrieta y la sensibilidad recupera su lugar como brújula interior”, concluye este reconocido experto. (Texto: Ricardo Segura) Te puede interesar La felicidad, un estado que nos hace bien Revista, Buena vida, EFE, Madrid, Bienestar, Psicología, Apertura emocional
