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Economía

Innovación y emprendimiento en tiempos de crisis

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La historia económica demuestra que la incertidumbre no es solo un obstáculo, sino el terreno más fértil para la destrucción creativa, tal y como apuntaba Joseph Schumpeter. En efecto, en tiempos de volatilidad como el actual, las estructuras rígidas se quiebran, dejando espacios vacíos que solo la agilidad emprendedora puede llenar.

Sin embargo, navegar en aguas turbulentas requiere algo más que optimismo; exige una reingeniería del pensamiento estratégico y la adopción de paradigmas no aptos para mentes débiles. La verdadera innovación en crisis es metabólica, porque implica una transformación profunda y estructural de cómo opera una organización. Obliga a reconvertir recursos, adoptar urgencia y reimaginar modelos de negocio para sobrevivir, adaptando el organismo empresarial a un nuevo entorno hostil, según se plantea en un estudio de la ESE Business School.

Y como señala Nassim Taleb (2024), en su concepto de Antifragilidad, existen sistemas que no solo resisten el choque, sino que mejoran gracias a él. En la incertidumbre, las necesidades del cliente mutan hacia la seguridad y el ahorro, algo que la innovación debe resolver.

Así también, el flujo de caja es el oxígeno en tiempos de crisis, pero la agilidad es el músculo. Reducir costos fijos para convertirlos en variables permite una capacidad de maniobra que las grandes corporaciones no poseen. De la misma manera, en tiempos difíciles, la confianza, la creatividad y el trabajo colaborativo constituyen monedas sumamente caras. En tal virtud, fortalecer los vínculos con proveedores, empleados y clientes leales crea una red de contención que ningún crédito bancario puede suplantar.

Pero los tiempos de incertidumbre también son propicios para descubrir gobiernos emprendedores, facilitadores de riesgo calculado. Incentivos fiscales específicos para emprendedores y para micro y pequeños negocios son vitales en momentos como los actuales.

El fomento a la investigación, desarrollo y la innovación (I+D+I) durante la crisis, debe fluir como un rio gubernamental de grandes caudales. Un Estado que simplifica trámites de registro, patentes y permisos de exportación reduce el costo del emprendimiento. Como argumenta la economista Mariana Mazzucato, directora del Institute for Innovation and Public Purpose, el Estado debe actuar como un Estado Emprendedor, asumiendo los riesgos iniciales que la banca privada suele evitar en tiempos volátiles. El profesor de Harvard, Clayton Christensen, padre de la Innovación Disruptiva, sostenía que las crisis eliminan los excesos de competencia, permitiendo que propuestas más eficientes y sencillas ganen mercado.

Estudios del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) indican que los emprendimientos nacidos en periodos de recesión tienden a tener estructuras de costos más sanas y una mayor tasa de supervivencia a largo plazo que los nacidos en periodos de bonanza.

En resumen, los gobiernos deben entender que proteger al emprendedor no es un acto de caridad, sino la inversión más rentable para garantizar la recuperación económica. De ahí la importancia de la V Feria de Innovación y Emprendimiento Industrial que, en medio de la incertidumbre global, está llevando a cabo en Centro de Desarrollo y Competitividad Industrial (ProIndustria), una muestra de un Estado facilitador, que es en donde reside la única salida hacia una prosperidad sostenible.

 

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