Economía

El problema es el maíz

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<p>&ZeroWidthSpace;<&sol;p>&NewLine;<p>Desde que el Presidente colocó la reforma de la seguridad social dentro del paquete de doce reformas estructurales&comma; el debate sobre el sistema de pensiones volvió al centro de la conversación nacional&period; Y es saludable que así sea&period; Nuestro sistema cumple 25 años desde su diseño y&comma; aunque ha funcionado mejor de lo que muchos reconocen&comma; las proyecciones de tasa de reemplazo dejan mucho espacio para mejorar&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Las críticas y propuestas han sido diversas y van desde la reestructuración del sistema hasta su eliminación&period; Hay voces respetables que insisten en que el problema radica en las comisiones de las AFP&semi; otros aseguran que bastaría con aumentar la tasa de cotización&period; Ambas explicaciones resultan atractivas por su simplicidad&comma; pero ninguna ataca la raíz&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Conviene aclarar algo esencial&colon; el sistema dominicano es conceptualmente moderno&period; De hecho&comma; mientras hay aquí quienes cuestionan su existencia&comma; varios países han transitado&comma; con matices&comma; hacia sistemas de ahorro individual&period; Turquía &lpar;2017&rpar;&comma; Armenia &lpar;2018&rpar;&comma; Georgia &lpar;2019&rpar;&comma; Polonia &lpar;2019&rpar;&comma; Filipinas &lpar;2021&rpar;&comma; Gibraltar &lpar;2021&rpar;&comma; Grecia &lpar;2022&rpar; y Bielorrusia &lpar;2022&rpar; son solo algunos ejemplos&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Cuando se diseñó la Ley 87-01&comma; como era habitual en su época&comma; se pensó en un sistema basado en el trabajo&period; Y&comma; peor aún para nuestra realidad&comma; basado en el trabajo formal&period; La ley sugiere como condición para una pensión completa 360 cotizaciones&period; Si alguien empieza a trabajar a los 18 años y se retira a los 60&comma; esas 360 cotizaciones equivalen al 71 &percnt; de los meses en los que pudo haber cotizado&period;<&sol;p>&NewLine;<p>La realidad dominicana está muy lejos de ese supuesto&colon; en promedio&comma; nuestros trabajadores cotizan apenas el 43&percnt; de esos meses&period; Pero ese promedio esconde historias reales muy distintas&period; Por ejemplo&comma; Claudia&comma; con un salario de RD&dollar;75&comma;500&comma; ha trabajado casi toda su vida en entornos formales &lpar;su densidad ronda el 95&percnt;&rpar; y si se pensiona en los próximos años&comma; podría alcanzar una tasa de reemplazo cercana al 63&percnt;&comma; es decir&comma; unos RD&dollar;47&comma;500 mensuales&period;<&sol;p>&NewLine;<p>En el promedio también está Miguel&comma; con una realidad absolutamente diferente&period; Trabajó casi toda su vida haciendo servicios en la informalidad y ahora devenga ingresos similares a Claudia&comma; pero solo cotizó durante dos años y medio como mensajero en una empresa formal&period; No alcanzará una pensión autosostenida ni calificará fácilmente para el Fondo de Solidaridad Social&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Esto muestra que el sistema no está roto&comma; funciona tal como fue diseñado&period; La clave no es si eliminamos el modelo o si castigamos a sus gestores&semi; la pregunta es cómo enfrentamos esa baja densidad de cotización&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Y aquí surge la primera verdad incómoda&colon; la densidad no se resuelve en una ley de pensiones&period; Es un problema estructural del mercado laboral dominicano y no podemos esperar que décadas de informalidad desaparezcan con un cambio paramétrico&period;<&sol;p>&NewLine;<p>La segunda verdad es igualmente relevante&colon; nuestro nivel de aporte&comma; aunque no es el más alto de la región&comma; es suficiente&period; El costo laboral formal ya incluye SFS&comma; SVDS&comma; SRL&comma; INFOTEP&comma; regalía&comma; vacaciones&comma; y cesantía&comma; entre otros&period; Además&comma; se acompaña de una carga tributaria efectiva considerable en el caso de las empresas formales&period; Aumentar la cotización podría generar más incentivos para la informalidad&comma; no menos&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Mientras se pueda atacar la raíz&comma; debemos ampliar las vías de aporte desvinculadas del empleo formal&period; Aquí hay espacio para innovación&comma; y la SIPEN ha venido trabajando con intensidad en esa dirección&comma; abriendo un camino que creo que vale la pena profundizar&period; Debemos pensar en ahorros voluntarios automáticos&comma; retenciones vía administración tributaria para profesionales independientes&comma; cashbacks de consumo dirigidos directamente a la cuenta previsional&comma; millas de tarjetas de crédito convertibles en ahorro para el retiro&comma; o incluso la devolución parcial de impuestos al consumo cuando el ciudadano exige factura fiscal&comma; fortaleciendo con esta última formalidad y ahorro simultáneamente&period;<&sol;p>&NewLine;<p>En términos de parámetros&comma; si algo debe revisarse debería ser la edad de retiro&comma; no la tasa de aporte&period; Primero&comma; porque tiene un efecto doble&colon; prolonga el período de cotización y reduce el tiempo de pago de la pensión&comma; aumentando por dos vías el monto de la misma&period; Segundo&comma; porque el dominicano promedio a los 60 años no se siente listo para retirarse&colon; las estadísticas muestran que la cesantía permanente ocurre más cerca de los 68 años&period; Y tercero&comma; porque un aumento de los costos laborales podría incentivar aún más la informalidad&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Adicionalmente&comma; nuestro componente solidario también requiere ajustes&period; El Fondo de Solidaridad Social es conceptualmente correcto&comma; pero su barrera de entrada &lpar;300 cotizaciones&rpar; lo vuelve inaccesible para quienes más lo necesitan &lpar;como el ejemplo de Miguel&rpar;&period; Las proyecciones indican que quienes no alcanzarán pensión mínima por ahorro propio apenas superarán las 100 cotizaciones promedio&period; Reducir esa barrera es indispensable&comma; siempre tratando de garantizar la sostenibilidad&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Finalmente&comma; la participación estatal debe migrar hacia mayor transparencia y coherencia sistémica&period; La discrecionalidad en la asignación de pensiones gubernamentales debilita la credibilidad del sistema y tensiona las finanzas públicas&period; Si el componente público permanece fuera del régimen contributivo&comma; al menos debe cumplir dos condiciones&colon; &lpar;1&rpar; criterios socioeconómicos técnicos y transparentes y&comma; &lpar;2&rpar; prioridad para quienes ya han realizado aportes en el sistema contributivo&comma; de manera que ambos subsistemas se complementen y generen incentivos correctos&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Al final&comma; el tema no está en las ramas&comma; sino en lo más profundo del tronco&period; Y aquí es donde conviene usar una metáfora sencilla utilizada recientemente por un experto&colon; se ha dicho que nuestro sistema es la gallina de los huevos de oro&comma; algunos culpan a la gallina y otros al avicultor que la administra&comma; pero la realidad es menos romántica y más evidente&period; Si diseñamos una gallina para producir oro bajo una dieta específica y luego solo le damos la mitad del maíz previsto&comma; no deberíamos sorprendernos de que los huevos no salgan tan dorados como esperábamos&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Entonces así&comma; el problema no es la gallina o el cuidador&comma; el problema es el maíz&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Archivado en&colon; <a href&equals;"https&colon;&sol;&sol;eldinero&period;com&period;do&sol;tag&sol;reformas&sol;" rel&equals;"tag">Reformas<&sol;a><a href&equals;"https&colon;&sol;&sol;eldinero&period;com&period;do&sol;tag&sol;seguridad-social&sol;" rel&equals;"tag">Seguridad Social<&sol;a><&sol;p>&NewLine;<p> <&sol;p>&NewLine;

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