Economía
Trilema del agua: lo económico, el recurso y la salud
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<p>Históricamente, en República Dominicana el agua ha sido gestionada como un recurso inagotable y un servicio de segunda categoría. Sin embargo, la realidad técnica nos dicta una verdad distinta: el sector de Agua Potable y Saneamiento (APS) es el eje donde convergen la estabilidad económica, la integridad ambiental y la seguridad sanitaria de la nación. </p>
<p>Ignorar su complejidad es hipotecar el desarrollo sostenible del país. Para comprender la magnitud del desafío, se debe analizar el agua desde su naturaleza tripartita. En primer lugar, uno de los mayores obstáculos que ha existido para la modernización del sector es la distorsión de su dimensión económica.</p>
<p>En efecto, durante décadas se ha fomentado la percepción del agua como un bien gratuito, lo que ha derivado en una cultura de no pago y en infraestructuras deficientes.</p>
<p>Estudios de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) determinaron que la eficiencia comercial de las prestadoras de los servicios de APS en el país es críticamente baja, lo que se debe, principalmente, a la existencia de una estructura tarifaria que no refleja el costo de captación, tratamiento y distribución. </p>
<p>Y, como bien señala la teoría económica ambiental, “lo que no se valora, se desperdicia”. Una segunda dimensión es que no puede haber agua en el grifo si no hay agua en la cuenca. Como recurso natural, el agua es un activo finito bajo asedio por el cambio climático, el calentamiento global y la deforestación. </p>
<p>Investigadores como el geólogo Osiris de León han advertido reiteradamente sobre la vulnerabilidad de nuestras cuencas hidrográficas y la disminución de los caudales debido al uso de suelo inadecuado. </p>
<p>Desde la perspectiva de la salud pública, la tercera dimensión, el agua potable y, sobre todo, el saneamiento, son las medicinas más baratas y efectivas. La falta de alcantarillado sanitario y tratamiento de aguas residuales es una crisis de salud silenciosa. Según informes de la OPS, cada dólar invertido en agua y saneamiento ahorra al menos cuatro dólares en gastos hospitalarios por enfermedades de origen hídrico. El saneamiento no es un lujo urbano, es la primera línea de defensa contra epidemias.</p>
<p>Sin embargo, y a pesar de su importancia crítica, el sector APS en República Dominicana ha sufrido de una anemia de inversión crónica. Mientras otros sectores como el transporte o la energía reciben partidas masivas, el agua ha operado con presupuestos de supervivencia.</p>
<p>A través de los años, la inversión ha rondado el 0.4% o 0.5% del PIB, cuando los estándares internacionales sugieren que, para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), esta cifra debería duplicarse. Esta baja inversión no solo afecta la infraestructura física, sino también el fortalecimiento institucional de las prestadoras (Coraas e Inapa).</p>
<p>Por suerte, un programa para la modernización del sector agua potable y saneamiento, financiado con fondos del Banco Mundial, ha venido ejecutándose durante los últimos años, y el mismo muestra avances importantes en diferentes ámbitos de la gestión de actores institucionales que son beneficiarios de dicho programa.</p>
<p>Se espera que esta iniciativa logre, entre muchas otras cosas, generar un cambio de paradigma que reconozca que el agua es, simultáneamente, un derecho humano, un recurso escaso y un motor de competitividad económica. Y recuerde: el agua es vida, no la desperdicies.</p>
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