Economía
Impulsemos la innovación en la agropecuaria (en serio)
República Dominicana se encuentra en un punto de inflexión histórico. Las cifras compartidas recientemente por la Junta Agroempresarial Dominicana (JAD) en la Feria Agropecuaria 2026 no son solo alentadoras, sino que podría dictar una hoja de ruta obligatoria, pues producimos el 85% de nuestra canasta básica.
Sin embargo, y aunque esta cifra no parece nueva, este orgullo de autosuficiencia no debe ser un asiento para el descanso, sino el combustible para una transformación digital profunda. Si queremos blindar nuestra seguridad alimentaria, el camino es uno solo: la innovación tecnológica.
La agropecuaria no debe ser una actividad de mera subsistencia o de herramientas rudimentarias. Hay quienes lo han entendido, pero otros tienen esa tarea pendiente.
Como bien se ha señalado, estamos inmersos en la cuarta revolución agrícola. El paso de la mecanización tradicional a la integración de la biotecnología, la inteligencia artificial y el uso de satélites no es un lujo para economías avanzadas. Hay que ver esto como una condición para no quedarnos atrás.
Es aquí donde el Estado debe asumir un rol protagónico y renovado. No basta con el acompañamiento tradicional o los subsidios coyunturales. Urge que el Gobierno fortalezca su función de apoyo mediante políticas públicas que democraticen el acceso a la tecnología.
Ya hemos referenciado experiencias en Rancho Arriba, provincia San José de Ocoa.
La brecha digital en el campo es la brecha del hambre en el futuro. Necesitamos un Estado que actúe como facilitador de crédito para la adquisición de drones, por ejemplo, capaces de reducir costos operativos en un 60%, y que promueva la capacitación técnica en agricultura de precisión.
La ventaja competitiva que hoy tenemos frente a vecinos regionales es notable, pero frágil si no se tecnifica. Mientras otras economías apenas cubren el 40% de su demanda interna, República Dominicana lidera en rubros como el arroz, el huevo y el pollo. No obstante, para mantener este liderazgo frente al cambio climático y la volatilidad de los mercados globales, la toma de decisiones basada en datos reales debe ser la norma, no la excepción.
Está más que claro que la soberanía alimentaria del siglo XXI se construye con códigos, sensores y automatización. El llamado es a las autoridades. El ministro de Agricultura es un abanderado de la tecnología y la innovación, por lo que ahora tiene la bola en su cancha.
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