Economía

El desarrollo exige reglas

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<p>&ZeroWidthSpace;<&sol;p>&NewLine;<p>Las economías no solo se desarrollan cuando crecen&semi; también lo hacen cuando aceptan vivir bajo reglas más exigentes&period; <&sol;p>&NewLine;<p>En los últimos años&comma; República Dominicana ha comenzado a plantearse metas institucionales que apuntan en esa dirección&period; Está la aspiración de alcanzar el grado de inversión&period; Más recientemente&comma; la ambición de acercarse a los estándares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico &lpar;OCDE&rpar;&period; Ambas metas suelen discutirse por separado&period; <&sol;p>&NewLine;<p>El grado de inversión se asocia a la percepción de riesgo en los mercados financieros&comma; mientras que la OCDE se vincula con estándares institucionales y calidad regulatoria&period; En la práctica&comma; ambas apuntan al mismo desafío&colon; construir reglas económicas capaces de sostener el crecimiento&period;<&sol;p>&NewLine;<p>La OCDE reúne a 38 economías que comparten estándares orientados a fortalecer la competencia&comma; mejorar la calidad regulatoria&comma; elevar la transparencia institucional y consolidar sistemas fiscales más sostenibles&period; En América Latina solo cuatro países forman parte de la organización&colon; México desde 1994&comma; Chile &lpar;2010&rpar;&comma; Colombia &lpar;2020&rpar; y Costa Rica &lpar;2021&rpar;&period;<&sol;p>&NewLine;<p>La experiencia de estos países muestra que la membresía en la OCDE no transforma automáticamente una economía&period; El verdadero valor del proceso está en algo menos visible&colon; la disciplina institucional que exige sostenerla&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Alinearse con esos estándares implica revisar marcos regulatorios&comma; fortalecer políticas de competencia&comma; mejorar la calidad del gasto público y consolidar sistemas de transparencia y rendición de cuentas&period; En esencia&comma; obliga a los países a compararse con reglas más exigentes y a sostenerlas en el tiempo&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Algo similar ocurre con el grado de inversión&period; Más allá de su dimensión financiera&comma; es una señal de confianza sobre la estabilidad macroeconómica y la previsibilidad de las políticas públicas&period; Los mercados no evalúan solo el crecimiento o el nivel de deuda&semi; también observan la fortaleza de las instituciones que sostienen esas políticas&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Por eso ambos procesos convergen en el mismo terreno&colon; la credibilidad de las reglas&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Estos logros no son irreversibles&period; Colombia ingresó a la OCDE en 2020 y perdió su grado de inversión un año después&period; Costa Rica se incorporó a la organización en 2021 y continúa enfrentando el desafío de fortalecer su estabilidad fiscal&period; <&sol;p>&NewLine;<p>Estas trayectorias muestran que pertenecer a la OCDE no garantiza desarrollo automático&comma; y el grado de inversión tampoco asegura estabilidad permanente&period; Ambos procesos dependen de la capacidad para sostener instituciones creíbles y políticas consistentes a largo plazo&period; Más que metas aisladas&comma; el grado de inversión y llegar a los estándares de la OCDE apuntan hacia una misma dirección&colon; la construcción de reglas capaces de sostener el desarrollo&period;<&sol;p>&NewLine;<p>Porque&comma; al final&comma; el desarrollo sostenible también exige disciplina institucional&period;<&sol;p>&NewLine;<p> <&sol;p>

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