Ciencia y Tecnología
EEUU está discutiendo si condena a las tecnológicas por diseñar algo tan adictivo como las tragaperras: el doomscroll
Si tienes Instagram o TikTok, seguramente te hayas visto atrapado por ese río constante de vídeos, cada uno más gracioso e interesante que el anterior. Das like, los compartes, a veces comentas y sigues viendo más. Sin darte cuenta ha pasado una hora. Es el fenómeno del doomscrolling y es el motivo por el que Meta, TikTok y Google se han sentado en el banquillo de los acusados en EEUU. Ahora, el veredicto del jurado está al caer.
La acusación. Todo comenzó con la denuncia de Kaley, una joven de 20 años, que acusaba a Instagram, YouTube y TikTok de haber diseñado sus productos para fomentar una adicción que acabó perjudicando su salud mental y física cuando era niña. Afirma que un día llegó a pasar 16 horas en Instagram. Ahora, un jurado decide si su adicción fue culpa suya o del diseño de estas redes sociales; el scroll infinito, el autoplay y algoritmos expresamente diseñados para atraparnos el mayor tiempo posible.
Por qué es importante. No es la única denuncia sobre los efectos de las redes sociales en la salud mental (dicen en BBC que hay más de 2.000 demandas similares), pero el de Kaley se ha convertido en un caso de referencia por ser el primero en llegar a los tribunales y además con un jurado. El juicio se ha comparado con el que sentó en el banquillo a las tabacaleras a finales de los años 90, ahora está por ver si tiene consecuencias reales.
La defensa. Durante el juicio se han aportado documentos internos de Meta en los que algunos empleados bromeaban diciendo que Instagram era una droga y ellos los camellos. Sin embargo, las plataformas se defienden argumentando que cada usuario es responsable de su propio uso. El director de Instagram, Adam Mosseri, dijo en el juicio que las redes sociales no son "clínicamente adictivas", y lo comparó con ser adicto a una serie de televisión. Además, defiende que han implementado funciones de seguridad, como las limitaciones de tiempo de pantalla y recordatorios de descanso.
Y ahora qué. Las plataformas se han librado de otras acusaciones gracias al artículo 230 de la ley de decencia en las comunicaciones, que las exime de la responsabilidad de lo que los usuarios publiquen en ellas. Sin embargo, la demanda trata de esquivar esta limitación al centrarse en el diseño y no en el contenido. Si lo consigue, sentará un precedente y abrirá una vía para las miles de demandas que esperan tramitación.
Aún así, puede que no sea suficiente para que se produzcan consecuencias reales. En declaraciones al, New York Times Glenn Cohen, profesor de la Facultad de Derecho de Harvard especializado en nuevas tecnologías, afirma que aunque el jurado le dé la razón "no sobrevivirá a una apelación".
Cambio de chip. En los últimos años ha ido creciendo el discurso de rechazo hacia las redes sociales (aunque su uso no ha bajado, paradójicamente) y sus efectos sobre nuestra salud mental, especialmente la de los más jóvenes. Australia ha prohibido el uso de redes sociales a los menores de 16 años y hay otros países que se han mostrado inclinados a seguir sus pasos como Dinamarca o, recientemente, España.
Imagen | Wikipedia
–
La noticia
EEUU está discutiendo si condena a las tecnológicas por diseñar algo tan adictivo como las tragaperras: el doomscroll
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Amparo Babiloni
.
Si tienes Instagram o TikTok, seguramente te hayas visto atrapado por ese río constante de vídeos, cada uno más gracioso e interesante que el anterior. Das like, los compartes, a veces comentas y sigues viendo más. Sin darte cuenta ha pasado una hora. Es el fenómeno del doomscrolling y es el motivo por el que Meta, TikTok y Google se han sentado en el banquillo de los acusados en EEUU. Ahora, el veredicto del jurado está al caer.
La acusación. Todo comenzó con la denuncia de Kaley, una joven de 20 años, que acusaba a Instagram, YouTube y TikTok de haber diseñado sus productos para fomentar una adicción que acabó perjudicando su salud mental y física cuando era niña. Afirma que un día llegó a pasar 16 horas en Instagram. Ahora, un jurado decide si su adicción fue culpa suya o del diseño de estas redes sociales; el scroll infinito, el autoplay y algoritmos expresamente diseñados para atraparnos el mayor tiempo posible.
En Xataka
Hay un motivo por el que te pasas horas viendo reels en Instagram hasta las 03:00 AM: la ciencia del "doomscrolling"
Por qué es importante. No es la única denuncia sobre los efectos de las redes sociales en la salud mental (dicen en BBC que hay más de 2.000 demandas similares), pero el de Kaley se ha convertido en un caso de referencia por ser el primero en llegar a los tribunales y además con un jurado. El juicio se ha comparado con el que sentó en el banquillo a las tabacaleras a finales de los años 90, ahora está por ver si tiene consecuencias reales.
La defensa. Durante el juicio se han aportado documentos internos de Meta en los que algunos empleados bromeaban diciendo que Instagram era una droga y ellos los camellos. Sin embargo, las plataformas se defienden argumentando que cada usuario es responsable de su propio uso. El director de Instagram, Adam Mosseri, dijo en el juicio que las redes sociales no son "clínicamente adictivas", y lo comparó con ser adicto a una serie de televisión. Además, defiende que han implementado funciones de seguridad, como las limitaciones de tiempo de pantalla y recordatorios de descanso.
Y ahora qué. Las plataformas se han librado de otras acusaciones gracias al artículo 230 de la ley de decencia en las comunicaciones, que las exime de la responsabilidad de lo que los usuarios publiquen en ellas. Sin embargo, la demanda trata de esquivar esta limitación al centrarse en el diseño y no en el contenido. Si lo consigue, sentará un precedente y abrirá una vía para las miles de demandas que esperan tramitación.
Aún así, puede que no sea suficiente para que se produzcan consecuencias reales. En declaraciones al, New York Times Glenn Cohen, profesor de la Facultad de Derecho de Harvard especializado en nuevas tecnologías, afirma que aunque el jurado le dé la razón "no sobrevivirá a una apelación".
Cambio de chip. En los últimos años ha ido creciendo el discurso de rechazo hacia las redes sociales (aunque su uso no ha bajado, paradójicamente) y sus efectos sobre nuestra salud mental, especialmente la de los más jóvenes. Australia ha prohibido el uso de redes sociales a los menores de 16 años y hay otros países que se han mostrado inclinados a seguir sus pasos como Dinamarca o, recientemente, España.
En Xataka | Pasar todo el día scrolleando en Instagram o en TikTok tiene un efecto muy concreto en tu cerebro: empequeñece
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Amparo Babiloni
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