Ciencia & Tecnologia
Ni pirómanos, ni ganaderos: el enemigo número uno del monte español se llama cambio climático. Y tenemos datos que lo demuestran
En 2024, se quemaron 47.700 hectáreas. En 2025, se superaron las 340.000. Y, sinceramente, los motivos son muchos, casi demasiados. Pues bien, Marco Turco, de la Universidad de Murcia, acaba de demostrar algo que ya intuíamos: a nivel global, los días de riesgo extremo de incendio han aumentado un 65% desde 1980. Eso son 12 días más al año.
Y, por si fuera poco, en la región mediterránea es donde las señales son más claras.
¿Qué significa todo esto? En términos generales, esto significa que aunque las causas de los incendios siguen siendo humanas (en España entre un 80 y un 95% de los incendios, de hecho; los intencionados son muchos menos), entre las causas de su propagación tiene mucho que ver el cambio climático. Cada vez más.
¿Por qué es interesante? Porque este estudio es el primero en aplicar técnicas formales de 'fingerprinting' climático a escala global al riesgo de incendios. Es decir, esa cifra de 11,66 días más de riesgo extremo en 44 años está conseguida con la metodología más avanzada que tenemos a nuestra disposición.
Y si los datos globales son malos, los datos mediterráneos (donde los días se han duplicado en estas casi cinco décadas) son horripilantes.
Pero no todo son malas noticias. Al fin y al cabo, como señala Turco, pese al incremente del riesgo no ha aumentado proporcionalmente la superficie quemada. Y el motivo, según él, es la mejora de los medios de extinción. No obstante, "cuando las condiciones extremas coinciden con una ignición, los incendios resultantes son más virulentos y extensos".
¿Por qué es noticia ahora? Además de porque el artículo acaba de ser publicado en Science Advances, porque el precedente de 2025 (una primavera lluviosa y un verano terrible) resuena mucho con lo que llevamos de 2026. No hay ni que recordar que hablamos de un puñado de meses con acumulados de precipitaciones realmente increíbles y eso está generando una cantidad de material en el campo que, fácilmente, pueden acabar tiznando España de negro.
Porque lo central del trabajo de Turco es que las condiciones que permiten que el fuego se propague y se convierta en un gran incendio están más fuertes que nunca. Además, la exposición humana a este tipo de incendios crece: según un trabajo reciente en Cataluña, entre un 42 y un 138% por cada superficie quemada desde 1992.
El gran debate del futuro. Como hemos repetido en varias ocasiones, no hay un debate sobre el efecto del cambio climático en el aumento del riesgo de incendio. El trabajo se resume en cuánto, cómo y dónde. Por eso, el debate central es otro: el qué.
El qué hacemos con las cartas que la naturaleza nos está repartiendo. Y lo cierto es que hay mucha tela que cortar: si apostar por la extinción o la prevención, si invertir más en la gestión del paisaje o empezar a integrar todo el territorio en esquemas de planificación urbanística más ambiciosos y extensos. Etc, etc, etc. El debate es interminable y siempre vamos tarde.
Porque lo que sí está claro gracias a Turco es que la distancia que separa la chispa del megaincendio es cada vez más corta.
Imagen | Mikhail Serdyukov
–
La noticia
Ni pirómanos, ni ganaderos: el enemigo número uno del monte español se llama cambio climático. Y tenemos datos que lo demuestran
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Jiménez
.
En 2024, se quemaron 47.700 hectáreas. En 2025, se superaron las 340.000. Y, sinceramente, los motivos son muchos, casi demasiados. Pues bien, Marco Turco, de la Universidad de Murcia, acaba de demostrar algo que ya intuíamos: a nivel global, los días de riesgo extremo de incendio han aumentado un 65% desde 1980. Eso son 12 días más al año.
Y, por si fuera poco, en la región mediterránea es donde las señales son más claras.
¿Qué significa todo esto? En términos generales, esto significa que aunque las causas de los incendios siguen siendo humanas (en España entre un 80 y un 95% de los incendios, de hecho; los intencionados son muchos menos), entre las causas de su propagación tiene mucho que ver el cambio climático. Cada vez más.
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¿Por qué es interesante? Porque este estudio es el primero en aplicar técnicas formales de 'fingerprinting' climático a escala global al riesgo de incendios. Es decir, esa cifra de 11,66 días más de riesgo extremo en 44 años está conseguida con la metodología más avanzada que tenemos a nuestra disposición.
Y si los datos globales son malos, los datos mediterráneos (donde los días se han duplicado en estas casi cinco décadas) son horripilantes.
Pero no todo son malas noticias. Al fin y al cabo, como señala Turco, pese al incremente del riesgo no ha aumentado proporcionalmente la superficie quemada. Y el motivo, según él, es la mejora de los medios de extinción. No obstante, "cuando las condiciones extremas coinciden con una ignición, los incendios resultantes son más virulentos y extensos".
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¿Por qué es noticia ahora? Además de porque el artículo acaba de ser publicado en Science Advances, porque el precedente de 2025 (una primavera lluviosa y un verano terrible) resuena mucho con lo que llevamos de 2026. No hay ni que recordar que hablamos de un puñado de meses con acumulados de precipitaciones realmente increíbles y eso está generando una cantidad de material en el campo que, fácilmente, pueden acabar tiznando España de negro.
Porque lo central del trabajo de Turco es que las condiciones que permiten que el fuego se propague y se convierta en un gran incendio están más fuertes que nunca. Además, la exposición humana a este tipo de incendios crece: según un trabajo reciente en Cataluña, entre un 42 y un 138% por cada superficie quemada desde 1992.
El gran debate del futuro. Como hemos repetido en varias ocasiones, no hay un debate sobre el efecto del cambio climático en el aumento del riesgo de incendio. El trabajo se resume en cuánto, cómo y dónde. Por eso, el debate central es otro: el qué.
El qué hacemos con las cartas que la naturaleza nos está repartiendo. Y lo cierto es que hay mucha tela que cortar: si apostar por la extinción o la prevención, si invertir más en la gestión del paisaje o empezar a integrar todo el territorio en esquemas de planificación urbanística más ambiciosos y extensos. Etc, etc, etc. El debate es interminable y siempre vamos tarde.
Porque lo que sí está claro gracias a Turco es que la distancia que separa la chispa del megaincendio es cada vez más corta.
Imagen | Mikhail Serdyukov
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– La noticia
Ni pirómanos, ni ganaderos: el enemigo número uno del monte español se llama cambio climático. Y tenemos datos que lo demuestran
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.


