Deportes
La finalissima sucumbe ante el conflicto y el desacuerdo
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<p>Son tiempos de poca paz. Mientras nos obligan a mirar para otro lado, la <strong>guerra</strong> se instala quién sabe hasta cuándo, dejando a su paso el desastre que la historia trata de enseñarnos y no terminamos de aprender. El conflicto se ha expandido, y en esta ocasión <strong>Catar</strong>, un rincón hasta hoy bien protegido en el Golfo Pérsico, ha sido blanco de los ataques de este nuevo sinsentido. En Doha, su capital, se tenía previsto que Argentina y España jugaran la <strong>Finalissima</strong>, un partido a disputarse entre los campeones de la Copa América y la Eurocopa, pero dadas las circunstancias era preciso buscar otra sede. Hace seis años apenas, la pandemia del coronavirus nos mostró que hay circunstancias muchísimo más importantes que el deporte. </p>
<p>Este imprevisto agarró mal parados a los dirigentes de <strong>UEFA</strong> y <strong>Conmebol</strong>, quienes no se pusieron de acuerdo en encontrar dónde mover el partido. El mundo parece que es demasiado pequeño cuando los absurdos campean, y como se encuentra de moda el desacuerdo y la brecha, terminó ganando la <strong>cancelación</strong>. </p>
<p>La federación española puso a disposición el <strong>Bernabéu</strong>, Argentina pedía un estadio en un <strong>país neutral</strong>, a pesar de que España le garantizaba la disponibilidad de la mitad del aforo. Siguieron las propuestas y contrapropuestas, aquello parecía el "Blue del ping pong" de nuestra querida Rita Indiana, pero todo terminó a rabazos limpios como la fiesta de los monos, una parte culpando a la otra, mientras, el punto de medio, ese lugar de encuentro en una <strong>negociación</strong>, bien perdido en lo más profundo del Atlántico. </p>
<p>Hace casi año y medio que ambas <strong>selecciones</strong> se consagraron a nivel continental; venir a encontrarse para disputar un <strong>título</strong> a estas alturas le quita también <strong>interés deportivo</strong> y algo de emoción a la competencia, aunque sabemos que hoy en el deporte profesional en general eso es lo menos importante. </p>
<p>Que no se termine jugando siento que es un respiro para la sobreproducción de <strong>amistosos</strong> que hoy hemos transformado en <strong>torneos oficiales</strong> integrados al calendario del fútbol a nivel internacional, y mientras los jugadores no se opongan, para ellos también es rentable; y si los <strong>fanáticos</strong> siguen llenando estadios, que siga la fiesta.</p>
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