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Mientras el mundo anda ocupado con otras cosas, en el Pacífico ha pasado algo: El Niño está volviendo a lo grande

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Mientras el mundo anda ocupado con otras cosas, en el Pacífico ha pasado algo: El Niño está volviendo a lo grande

Desde mediados de 2025, no teníamos novedades en el frente: el Pacífico ecuatorial lleva meses gobernado por una La Niña tremendamente débil, descafeinada y aburrida. Pero las cosas se acaban. 

Y esta La Niña, de hecho, se está acabando con mucha rapidez. 

Mientras escribo, las ondas de Kevin están transportando calor hacia el este del Pacífico y los principales modelos estacionales señalan con una fijación sin precedentes que El Niño está a la vuelta de la esquina. Es más, señalan que el próximo episodio de la ENSO va a ser entre fuerte y muy fuerte antes de que nos demos cuenta. 

Antes de nada… qué es El Niño en 127 palabras. Lo que conocemos como El Niño-Oscilación Meridional (o ENSO, por sus siglas en inglés) es un fenómeno climático cíclico (aunque algo irregular) que tiene grandes efectos sobre el clima  mundial. Durante la fase cálida (durante El Niño  propiamente dicho), la falta de vientos alíseos que refresquen la superficie hace que la temperatura de las aguas del Pacífico se dispare.

Y eso, precisamente eso, desbarajusta todos los sistemas meteorológicos de la Tierra, provocando que los termómetros de todo el planeta se disparen. Como explican desde AEMET, “El Niño, a través de diferentes teleconexiones atmosféricas, da lugar a condiciones más secas de lo normal en determinadas partes del mundo; mientras que en otras provoca más precipitaciones. Unos países tienen  que lidiar con sequías importantes y otros, con lluvias torrenciales”.

¿Qué ha pasado ahora? Algo bastante curioso, la verdad. En apenas una semana, hemos pasado de la tranquilidad más absoluta (60-70% de probabilidad de condiciones neutrales) a un 80% de un El Niño fuerte o muy fuerte antes de que acabe el verano. 

Lo que ha cambiado, como decía más arriba, son las señales oceánicas: la NOAA ha encontrado signos de un calentamiento subsuperficial significativo y ese calor es la primera señal clásica de que algo está empezando a cambiar. 

Básicamente, desde que empezó el año se han producido tres episodios en los que el agua cálida del Pacífico occidental se ha ido moviendo hacia el este. También se han detectado  cambios en el patrón de los vientos. 

¿Y por qué preocupa a los expertos? Porque estos cambios tan rápidos se parecen mucho a lo que pasó en 1997. El super El Niño de 97-98 fue uno de los ENSOS más fuertes de los últimos años y causo numerosos problemas: las estimaciones dicen que él solo produjo un daño al crecimiento económico mundial de alrededor de 5,7 billones de dólares.

Evidentemente, muchas cosas pueden torcerse de aquí a verano, pero haríamos mal si no prestamos atención al Pacífico. Estamos a las puertas de una crisis alimentaria global, lo último que necesitamos es que El Niño golpee con fuerza durante los últimos meses del año el Hemisferio Sur.

Imagen | NOAA

En Xataka | Los largos periodos de sequía van a ser cada vez más y más normales. Es hora de acostumbrarnos a ellos


La noticia

Mientras el mundo anda ocupado con otras cosas, en el Pacífico ha pasado algo: El Niño está volviendo a lo grande

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Javier Jiménez

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​Desde mediados de 2025, no teníamos novedades en el frente: el Pacífico ecuatorial lleva meses gobernado por una La Niña tremendamente débil, descafeinada y aburrida. Pero las cosas se acaban. 
Y esta La Niña, de hecho, se está acabando con mucha rapidez. 
Mientras escribo, las ondas de Kevin están transportando calor hacia el este del Pacífico y los principales modelos estacionales señalan con una fijación sin precedentes que El Niño está a la vuelta de la esquina. Es más, señalan que el próximo episodio de la ENSO va a ser entre fuerte y muy fuerte antes de que nos demos cuenta. 
Antes de nada… qué es El Niño en 127 palabras. Lo que conocemos como El Niño-Oscilación Meridional (o ENSO, por sus siglas en inglés) es un fenómeno climático cíclico (aunque algo irregular) que tiene grandes efectos sobre el clima  mundial. Durante la fase cálida (durante El Niño  propiamente dicho), la falta de vientos alíseos que refresquen la superficie hace que la temperatura de las aguas del Pacífico se dispare.
Y eso, precisamente eso, desbarajusta todos los sistemas meteorológicos de la Tierra, provocando que los termómetros de todo el planeta se disparen. Como explican desde AEMET, “El Niño, a través de diferentes teleconexiones atmosféricas, da lugar a condiciones más secas de lo normal en determinadas partes del mundo; mientras que en otras provoca más precipitaciones. Unos países tienen  que lidiar con sequías importantes y otros, con lluvias torrenciales”.

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“Es tan extremo que es difícil de creer”: las previsiones de El Niño dibujan un evento de una intensidad inédita

¿Qué ha pasado ahora? Algo bastante curioso, la verdad. En apenas una semana, hemos pasado de la tranquilidad más absoluta (60-70% de probabilidad de condiciones neutrales) a un 80% de un El Niño fuerte o muy fuerte antes de que acabe el verano. 
Lo que ha cambiado, como decía más arriba, son las señales oceánicas: la NOAA ha encontrado signos de un calentamiento subsuperficial significativo y ese calor es la primera señal clásica de que algo está empezando a cambiar. 
Básicamente, desde que empezó el año se han producido tres episodios en los que el agua cálida del Pacífico occidental se ha ido moviendo hacia el este. También se han detectado  cambios en el patrón de los vientos. 

¿Y por qué preocupa a los expertos? Porque estos cambios tan rápidos se parecen mucho a lo que pasó en 1997. El super El Niño de 97-98 fue uno de los ENSOS más fuertes de los últimos años y causo numerosos problemas: las estimaciones dicen que él solo produjo un daño al crecimiento económico mundial de alrededor de 5,7 billones de dólares.

Evidentemente, muchas cosas pueden torcerse de aquí a verano, pero haríamos mal si no prestamos atención al Pacífico. Estamos a las puertas de una crisis alimentaria global, lo último que necesitamos es que El Niño golpee con fuerza durante los últimos meses del año el Hemisferio Sur.

Imagen | NOAA

En Xataka | Los largos periodos de sequía van a ser cada vez más y más normales. Es hora de acostumbrarnos a ellos

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Javier Jiménez

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