Ciencia y Tecnología
Adiós Tinder, hola Strava: los clubes de running se han convertido en la aplicación de citas favorita de la Generación Z
Amanece y los parques empiezan a llenarse de corredores. El despertador ha sonado temprano, toca atarse las zapatillas y salir a sumar kilómetros. Al terminar la ruta, aún con la respiración agitada y el sudor en la frente, el ritual moderno exige abrir el teléfono. Pero el objetivo ya no es deslizar perfiles en una aplicación de citas desde la comodidad del sofá, sino subir el entrenamiento a Strava acompañado de un selfie o de un título ingenioso.
Quienes lo hacen saben perfectamente que hay alguien al otro lado prestando atención. Como confesaba una joven corredora en un reportaje publicado por la revista Elle, la intención de ser vista es innegable: “Al mil por cien. Tanto si se trata de una carrera larga como de un atuendo bonito, ha habido ocasiones en las que he pensado: esto lo va a ver él”.
Esta escena, que se repite cada mañana y cada tarde en cualquier ciudad del mundo, ilustra un cambio de paradigma masivo. En un mundo donde el amor parecía haber quedado atrapado en algoritmos, muros de pago y pantallas frías, la Generación Z ha decidido volver a la calle, al asfalto y a los clubes deportivos.
A primera vista, Strava es una herramienta puramente técnica: mapas GPS, ritmos promedio y desniveles. Sin embargo, los datos confirman un fenómeno sociológico. Según el Year in Sport: Trend Report de 2025 emitido por la propia Strava, uno de cada cinco encuestados de la Generación Z afirmó haber tenido una cita con alguien que conoció a través de un club de running. El mismo documento revela que la creación de nuevos clubes en la plataforma se multiplicó por 3,5 en el último año.
La transición de los kilómetros al romance tiene una mecánica propia. Como explica la edición alemana de Runners Global, dar un Kudo (el equivalente a un “me gusta” en Strava) se ha convertido en el nuevo super-like. Tyler Swartz, fundador del club de corredores Endorphins, señala que “tener varios puntos de contacto con alguien es una forma estupenda de generar confianza”. Después de una carrera grupal, seguirse en la aplicación permite mantenerse en el radar del otro sin la presión de un intercambio de teléfonos.
La propia plataforma ha sido testigo (y facilitadora) de este giro. Cuando Strava introdujo los mensajes directos (DMs) a finales de 2023 con la intención de “coordinar aventuras”, los usuarios más jóvenes tardaron solo un par de horas para convertirlo en una nueva vía para el flirteo, acuñando frases para romper el hielo como: “¿A tu ritmo o al mío?”. A diferencia del catálogo visual de Tinder, aquí la seducción es conductual. Un reportaje de Trail Infos destaca que en esta red “la gente observa antes de hablar”. Saber que alguien corre cuatro veces por semana a las 6 de la mañana dice mucho más sobre su estilo de vida, su disciplina y su constancia que una biografía vacía de 150 caracteres.
El desplome de las ‘apps’ de citas y la búsqueda de lo auténtico
Este éxodo hacia el asfalto no se entiende sin analizar el colapso del modelo anterior. Los jóvenes están agotados de deslizar perfiles. Según una encuesta de Forbes, más del 75% de la Generación Z sufre de burnout por el uso de aplicaciones de citas, sintiendo que no logran conexiones genuinas. Incluso Spencer Rascoff, CEO de Match Group (matriz de Tinder y Hinge), admitió que estas aplicaciones se perciben hoy como un “juego de números” que prioriza las métricas sobre la experiencia.
Las consecuencias financieras son palpables. Tinder ha experimentado un declive sostenido en sus usuarios de pago, cayendo por debajo de la barrera de los 10 millones, arrastrando las acciones de Match Group a una caída libre desde sus máximos de 2021. La excepción a la regla, paradójicamente, es Facebook Dating, que está ganando tracción entre los jóvenes de 18 a 29 años, principalmente porque es completamente gratuita frente a los modelos de suscripción de sus competidores.
En contraste, el negocio del deporte social florece. Un reportaje de Financial Times detalla cómo Strava, que cerró el año con 180 millones de usuarios a nivel mundial, está preparando su salida a bolsa en Wall Street bajo el liderazgo de su nuevo CEO, Michael Martin, con una valoración que ya superaba los 2.200 millones de dólares en rondas anteriores.
El medio británico The Guardian enmarca este fenómeno en el auge de las llamadas Hobby Apps (aplicaciones de aficiones). Plataformas como Letterboxd (para cinéfilos), Goodreads (para lectores) o la propia Strava están absorbiendo a los usuarios que huyen de la plaza pública tóxica de X (antes Twitter) o TikTok. Son espacios amables, fuertemente moderados por los propios intereses comunes, donde el debate se centra en pasiones y no en guerras culturales.
Todo esto ha modificado las reglas de la seducción. Hoy, pedir una cita cara a cara aterroriza a una generación paralizada por el miedo al rechazo. Vivimos en lo que se definido como la “paradoja de la preparación”: el 80% de la Gen Z quiere encontrar el amor verdadero, pero solo el 55% se siente listo para una relación. Tienen pánico al “fracaso público”, prefiriendo el tanteo eterno en Instagram o el soft launch (anunciar una pareja de forma ambigua en redes para evitar dar explicaciones si rompen).
Serena Kerrigan, creadora de contenido, lo resume a la perfección: las apps de citas dan cringe (grima) porque se sienten “como una entrevista de trabajo”. En la vida real, el flirteo tradicional está mutando hacia el pragmatismo absoluto. De hecho, una tendencia en alza es el choremancing (la unión de chore —tarea— y romance). Las nuevas citas ya no consisten en ir a cenar con velas, sino en ir al supermercado juntos o montar un mueble de Ikea. Es el filtro definitivo: ver cómo la otra persona gestiona el estrés, la logística y el trabajo en equipo en el mundo real.
En este contexto, los clubes de corredores encajan perfectamente. Como relata un asistente para la revista MensXP, presentarte sudado y sin aliento rompe el hielo de forma instantánea. No hay filtros de Instagram que valgan cuando estás intentando recuperar la respiración; la fachada desaparece y la autenticidad toma el mando.
El bienestar como nueva rebeldía: el ecosistema natural de la Gen Z
Es bastante complejo descifrar a la Generación Z (y más para la mirada de una redactora millennial), pero hay un hilo conductor que lo explica todo: el bienestar ha sustituido a la cultura de la noche.
El informe anual de Strava arroja un dato demoledor para la industria del ocio tradicional: el 64% de los jóvenes de la Generación Z prefiere gastar su dinero en equipamiento deportivo que en una cita, y un 46% dice un rotundo “sí” a tener una primera cita haciendo ejercicio. Esto explica fenómenos como el reportado por Reuters: la Maratón de Nueva York atrajo a un récord de más de 200.000 solicitantes, y la de Londres superó los 1,1 millones de aspirantes.
Este giro radical hacia lo sano resignifica por completo dónde y cómo se conocen los jóvenes. La Gen Z está cambiando las discotecas por las coffee raves: fiestas matutinas impulsadas por café y música electrónica, completamente libres de alcohol, que integran sesiones de yoga y sound healing. La rebeldía ya no es destruirse el fin de semana, sino mantenerse lúcido. De la misma forma, el tabaco ha quedado relegado a un mero accesorio estético retro en redes sociales, pero es firmemente rechazado en la intimidad: estudios de aplicaciones de citas demuestran que los perfiles que muestran a fumadores reciben hasta un 52% menos de matches.
Si el alcohol, el humo y la madrugada ya no son el escenario del cortejo, es pura lógica que los clubes de running hayan tomado el relevo.
A esta búsqueda de bienestar se suma una realidad asfixiante: la tiranía del reloj y la hiperproductividad. Los jóvenes enfrentan agendas imposibles. En Silicon Valley, fundadores de startups adoptan un “celibato consciente”, viendo las relaciones como una pérdida de tiempo o evaluando a sus parejas por el “retorno de inversión” a su negocio. Incluso para quienes tienen pareja, la vida moderna no da tregua, empujando a una “recesión sexual” que obliga a miles a recurrir al “sexo programado” en Google Calendar para que la rutina no devore su intimidad.
Ante este panorama donde el tiempo es un lujo inalcanzable, y sabiendo que la soltería prolongada después de los 25 años desploma el bienestar emocional, matar dos pájaros de un tiro se ha convertido en el hack vital perfecto: haces deporte para cuidar tu salud física y socializas de forma natural en un club de running para cuidar tu salud mental y afectiva. Todo en la misma franja horaria.
Las sombras de romantizar el asfalto
Aun así, convertir el deporte en el nuevo Tinder tiene sus detractores y sus sombras. En la revista Triathlete, la columnista Abby Levene alza la voz pidiendo que Strava no pierda su esencia. Para ella y muchos veteranos, la plataforma era “el último refugio de la sinceridad en internet”, un lugar para sufrir contra el viento y no para publicar thirst traps (fotos provocativas).
A esta queja la acompañan preocupaciones mucho más graves sobre la privacidad. The New York Times recogió el testimonio de mujeres que consideraban desactivar sus mensajes directos por temor al acoso. El hecho de que un desconocido pueda analizar tus rutas diarias, saber dónde vives y enviarte un mensaje levanta evidentes y justificadas alarmas de seguridad.
No hay que ponerse categóricos; simplemente ha cambiado el ecosistema donde florece. Las aplicaciones de citas vendieron la ilusión de que un algoritmo podía descifrar la química humana, pero terminaron generando una epidemia de soledad hiperconectada.
Strava, Letterboxd o Goodreads no fueron creadas para buscar pareja, pero la naturaleza social del ser humano ha terminado por reconvertirlas. Al final, los jóvenes han descubierto que la mejor forma de saber si alguien es compatible para el largo y complejo maratón de la vida no es leyendo una biografía ingeniosa en una pantalla, sino saliendo, literalmente, a sudar a su lado.
A partir de ahí, que cada cual utilice la aplicación como mejor le convenga, siempre y cuando impere el respeto mutuo, el sentido común y no se crucen las líneas de la privacidad ajena. Las herramientas están sobre la mesa. Por mi parte, después de ojear a fondo la plataforma para escribir estas líneas, tengo claro mi propio veredicto: esta editora la usará única y exclusivamente para descubrir rutas de senderismo… En cuanto el dichoso edema óseo con el que cargo decida darme una tregua.
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La noticia
Adiós Tinder, hola Strava: los clubes de running se han convertido en la aplicación de citas favorita de la Generación Z
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
.
Amanece y los parques empiezan a llenarse de corredores. El despertador ha sonado temprano, toca atarse las zapatillas y salir a sumar kilómetros. Al terminar la ruta, aún con la respiración agitada y el sudor en la frente, el ritual moderno exige abrir el teléfono. Pero el objetivo ya no es deslizar perfiles en una aplicación de citas desde la comodidad del sofá, sino subir el entrenamiento a Strava acompañado de un selfie o de un título ingenioso.
Quienes lo hacen saben perfectamente que hay alguien al otro lado prestando atención. Como confesaba una joven corredora en un reportaje publicado por la revista Elle, la intención de ser vista es innegable: “Al mil por cien. Tanto si se trata de una carrera larga como de un atuendo bonito, ha habido ocasiones en las que he pensado: esto lo va a ver él”.
Esta escena, que se repite cada mañana y cada tarde en cualquier ciudad del mundo, ilustra un cambio de paradigma masivo. En un mundo donde el amor parecía haber quedado atrapado en algoritmos, muros de pago y pantallas frías, la Generación Z ha decidido volver a la calle, al asfalto y a los clubes deportivos.
A primera vista, Strava es una herramienta puramente técnica: mapas GPS, ritmos promedio y desniveles. Sin embargo, los datos confirman un fenómeno sociológico. Según el Year in Sport: Trend Report de 2025 emitido por la propia Strava, uno de cada cinco encuestados de la Generación Z afirmó haber tenido una cita con alguien que conoció a través de un club de running. El mismo documento revela que la creación de nuevos clubes en la plataforma se multiplicó por 3,5 en el último año.
La transición de los kilómetros al romance tiene una mecánica propia. Como explica la edición alemana de Runners Global, dar un Kudo (el equivalente a un “me gusta” en Strava) se ha convertido en el nuevo super-like. Tyler Swartz, fundador del club de corredores Endorphins, señala que “tener varios puntos de contacto con alguien es una forma estupenda de generar confianza”. Después de una carrera grupal, seguirse en la aplicación permite mantenerse en el radar del otro sin la presión de un intercambio de teléfonos.
La propia plataforma ha sido testigo (y facilitadora) de este giro. Cuando Strava introdujo los mensajes directos (DMs) a finales de 2023 con la intención de “coordinar aventuras”, los usuarios más jóvenes tardaron solo un par de horas para convertirlo en una nueva vía para el flirteo, acuñando frases para romper el hielo como: “¿A tu ritmo o al mío?”. A diferencia del catálogo visual de Tinder, aquí la seducción es conductual. Un reportaje de Trail Infos destaca que en esta red “la gente observa antes de hablar”. Saber que alguien corre cuatro veces por semana a las 6 de la mañana dice mucho más sobre su estilo de vida, su disciplina y su constancia que una biografía vacía de 150 caracteres.
En Xataka
Adiós cenita romántica, hola montar muebles de Ikea: las “citas de tareas” son la nueva forma de filtrar a tu futura pareja
El desplome de las ‘apps’ de citas y la búsqueda de lo auténticoEste éxodo hacia el asfalto no se entiende sin analizar el colapso del modelo anterior. Los jóvenes están agotados de deslizar perfiles. Según una encuesta de Forbes, más del 75% de la Generación Z sufre de burnout por el uso de aplicaciones de citas, sintiendo que no logran conexiones genuinas. Incluso Spencer Rascoff, CEO de Match Group (matriz de Tinder y Hinge), admitió que estas aplicaciones se perciben hoy como un “juego de números” que prioriza las métricas sobre la experiencia.
Las consecuencias financieras son palpables. Tinder ha experimentado un declive sostenido en sus usuarios de pago, cayendo por debajo de la barrera de los 10 millones, arrastrando las acciones de Match Group a una caída libre desde sus máximos de 2021. La excepción a la regla, paradójicamente, es Facebook Dating, que está ganando tracción entre los jóvenes de 18 a 29 años, principalmente porque es completamente gratuita frente a los modelos de suscripción de sus competidores.
En contraste, el negocio del deporte social florece. Un reportaje de Financial Times detalla cómo Strava, que cerró el año con 180 millones de usuarios a nivel mundial, está preparando su salida a bolsa en Wall Street bajo el liderazgo de su nuevo CEO, Michael Martin, con una valoración que ya superaba los 2.200 millones de dólares en rondas anteriores.
El medio británico The Guardian enmarca este fenómeno en el auge de las llamadas Hobby Apps (aplicaciones de aficiones). Plataformas como Letterboxd (para cinéfilos), Goodreads (para lectores) o la propia Strava están absorbiendo a los usuarios que huyen de la plaza pública tóxica de X (antes Twitter) o TikTok. Son espacios amables, fuertemente moderados por los propios intereses comunes, donde el debate se centra en pasiones y no en guerras culturales.
Todo esto ha modificado las reglas de la seducción. Hoy, pedir una cita cara a cara aterroriza a una generación paralizada por el miedo al rechazo. Vivimos en lo que se definido como la “paradoja de la preparación”: el 80% de la Gen Z quiere encontrar el amor verdadero, pero solo el 55% se siente listo para una relación. Tienen pánico al “fracaso público”, prefiriendo el tanteo eterno en Instagram o el soft launch (anunciar una pareja de forma ambigua en redes para evitar dar explicaciones si rompen).
Serena Kerrigan, creadora de contenido, lo resume a la perfección: las apps de citas dan cringe (grima) porque se sienten “como una entrevista de trabajo”. En la vida real, el flirteo tradicional está mutando hacia el pragmatismo absoluto. De hecho, una tendencia en alza es el choremancing (la unión de chore —tarea— y romance). Las nuevas citas ya no consisten en ir a cenar con velas, sino en ir al supermercado juntos o montar un mueble de Ikea. Es el filtro definitivo: ver cómo la otra persona gestiona el estrés, la logística y el trabajo en equipo en el mundo real.
En este contexto, los clubes de corredores encajan perfectamente. Como relata un asistente para la revista MensXP, presentarte sudado y sin aliento rompe el hielo de forma instantánea. No hay filtros de Instagram que valgan cuando estás intentando recuperar la respiración; la fachada desaparece y la autenticidad toma el mando.
El bienestar como nueva rebeldía: el ecosistema natural de la Gen ZEs bastante complejo descifrar a la Generación Z (y más para la mirada de una redactora millennial), pero hay un hilo conductor que lo explica todo: el bienestar ha sustituido a la cultura de la noche.
El informe anual de Strava arroja un dato demoledor para la industria del ocio tradicional: el 64% de los jóvenes de la Generación Z prefiere gastar su dinero en equipamiento deportivo que en una cita, y un 46% dice un rotundo “sí” a tener una primera cita haciendo ejercicio. Esto explica fenómenos como el reportado por Reuters: la Maratón de Nueva York atrajo a un récord de más de 200.000 solicitantes, y la de Londres superó los 1,1 millones de aspirantes.
Este giro radical hacia lo sano resignifica por completo dónde y cómo se conocen los jóvenes. La Gen Z está cambiando las discotecas por las coffee raves: fiestas matutinas impulsadas por café y música electrónica, completamente libres de alcohol, que integran sesiones de yoga y sound healing. La rebeldía ya no es destruirse el fin de semana, sino mantenerse lúcido. De la misma forma, el tabaco ha quedado relegado a un mero accesorio estético retro en redes sociales, pero es firmemente rechazado en la intimidad: estudios de aplicaciones de citas demuestran que los perfiles que muestran a fumadores reciben hasta un 52% menos de matches.
Si el alcohol, el humo y la madrugada ya no son el escenario del cortejo, es pura lógica que los clubes de running hayan tomado el relevo.
A esta búsqueda de bienestar se suma una realidad asfixiante: la tiranía del reloj y la hiperproductividad. Los jóvenes enfrentan agendas imposibles. En Silicon Valley, fundadores de startups adoptan un “celibato consciente”, viendo las relaciones como una pérdida de tiempo o evaluando a sus parejas por el “retorno de inversión” a su negocio. Incluso para quienes tienen pareja, la vida moderna no da tregua, empujando a una “recesión sexual” que obliga a miles a recurrir al “sexo programado” en Google Calendar para que la rutina no devore su intimidad.
Ante este panorama donde el tiempo es un lujo inalcanzable, y sabiendo que la soltería prolongada después de los 25 años desploma el bienestar emocional, matar dos pájaros de un tiro se ha convertido en el hack vital perfecto: haces deporte para cuidar tu salud física y socializas de forma natural en un club de running para cuidar tu salud mental y afectiva. Todo en la misma franja horaria.
Las sombras de romantizar el asfaltoAun así, convertir el deporte en el nuevo Tinder tiene sus detractores y sus sombras. En la revista Triathlete, la columnista Abby Levene alza la voz pidiendo que Strava no pierda su esencia. Para ella y muchos veteranos, la plataforma era “el último refugio de la sinceridad en internet”, un lugar para sufrir contra el viento y no para publicar thirst traps (fotos provocativas).
A esta queja la acompañan preocupaciones mucho más graves sobre la privacidad. The New York Times recogió el testimonio de mujeres que consideraban desactivar sus mensajes directos por temor al acoso. El hecho de que un desconocido pueda analizar tus rutas diarias, saber dónde vives y enviarte un mensaje levanta evidentes y justificadas alarmas de seguridad.
En Xataka
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No hay que ponerse categóricos; simplemente ha cambiado el ecosistema donde florece. Las aplicaciones de citas vendieron la ilusión de que un algoritmo podía descifrar la química humana, pero terminaron generando una epidemia de soledad hiperconectada.
Strava, Letterboxd o Goodreads no fueron creadas para buscar pareja, pero la naturaleza social del ser humano ha terminado por reconvertirlas. Al final, los jóvenes han descubierto que la mejor forma de saber si alguien es compatible para el largo y complejo maratón de la vida no es leyendo una biografía ingeniosa en una pantalla, sino saliendo, literalmente, a sudar a su lado.
A partir de ahí, que cada cual utilice la aplicación como mejor le convenga, siempre y cuando impere el respeto mutuo, el sentido común y no se crucen las líneas de la privacidad ajena. Las herramientas están sobre la mesa. Por mi parte, después de ojear a fondo la plataforma para escribir estas líneas, tengo claro mi propio veredicto: esta editora la usará única y exclusivamente para descubrir rutas de senderismo… En cuanto el dichoso edema óseo con el que cargo decida darme una tregua.
Imagen | Freepik y Strava
Xataka | El mundo vive una crisis de emparejamientos. 5.000 estudiantes y un algoritmo están experimentando para arreglarla
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Adiós Tinder, hola Strava: los clubes de running se han convertido en la aplicación de citas favorita de la Generación Z
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Xataka
por
Alba Otero
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