Ciencia y Tecnología
EEUU lleva años mirando desde el espacio una enorme cinta marrón en el Atlántico que va de México a África que no debería estar ahí
El planeta azul se ve muy diferente desde el espacio. Tenemos interiorizado cosas como que la Muralla China se ve y no es verdad: lo que sí se aprecia son los invernaderos de Almería. O un viejo gran desconocido como el Gran Dique de Zimbabue. Y desde hace unos años, los satélites de la NASA llevan registrando la presencia de una franja marrón que se extiende por el océano Atlántico. No es una gran isla marrón ni un continente, pero lo parece.
Qué es ese “continente marrón”. Es una masa de algas pardas que según una investigación del Instituto Oceanográfico Harbor Branch y de la Universidad Atlántica de Florida en cuyo último registro pesaba 37,5 millones de toneladas y supera los 8.000 kilómetros de longitud, más que de Nueva York a Madrid. Y tiene nombre: el Gran Cinturón de Sargazo.
Contexto. El sargazo pelágico es un alga marina que históricamente siempre ha vivido confinada en el Mar de los Sargazos. Sin embargo, desde 2011 la NASA lleva documentando su expansión a mar abierto hasta lo que es ahora: una franja marrón que para finales de 2024 salía del Golfo de México y se desperdigaba hasta llegar a las costas de África occidental. Este fenómeno es en realidad una enorme acumulación de algas que reaparece casi cada año con una excepción: 2013.
Por qué es importante. Porque esta estratosférica masa de algas no es solo espectacular desde un punto de vista visual: tiene repercusiones en el ecosistema marino, destruye playas y hasta contribuye a acelerar el cambio climático. Es también una señal de alarma ecológica para el Atlántico.
Según el Dr. Brian Lapointe, autor principal de la revisión de los cambios en el sargazo pelágico y profesor en la FAU Harbor Branch, explica que hasta ocasionó el cierre de emergencia de una central nuclear de Florida en 1991.
Por qué están creciendo como la espuma. Lapointe y su equipo han estado investigando la evolución desde la década de 1980 y han descubierto que el contenido de nitrógeno en las algas pardas ha aumentado un 55% entre 1980 y 2020; la relación nitrógeno/fósforo también aumentó un 50%.
Este cambio se ha producido porque las algas pardas ya no solo se alimentan de nutrientes naturales del océano, sino que también reciben nitrógeno y fósforo desde tierra gracias a la actividad humana, como la escorrentía agrícola o el vertido de aguas residuales. El resultado es un crecimiento descontrolado. El sargazo es transportado por las corrientes oceánicas, especialmente en crecidas del Amazonas, hacia el Atlántico. Allí prospera gracias a ese aporte extra de nutrientes.
Una mancha poco estética y dañina. Las algas pardas per se no son nocivas y de hecho, sirven de hábitat para diferentes especies. Sin embargo, su enorme presencia ha alterado el ecosistema. Al llegar a las costas, comienzan a descomponerse, liberando así ácido sulfhídrico, un gas tóxico que daña arrecifes de coral, reducen el oxígeno presente y emite gases de efecto invernadero.
Qué podemos hacer. En pocas palabras: dejar de darles alimento. Tras esa exhaustiva monitorización, el equipo de investigación advierte que los humanos deberíamos reducir la escorrentía de nutrientes desde la costa ya que, en caso de seguir así, podrían aparecer más Grandes Cinturones de Sargazo en todo el océano.
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Portada | NASA
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La noticia
EEUU lleva años mirando desde el espacio una enorme cinta marrón en el Atlántico que va de México a África que no debería estar ahí
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Eva R. de Luis
.
El planeta azul se ve muy diferente desde el espacio. Tenemos interiorizado cosas como que la Muralla China se ve y no es verdad: lo que sí se aprecia son los invernaderos de Almería. O un viejo gran desconocido como el Gran Dique de Zimbabue. Y desde hace unos años, los satélites de la NASA llevan registrando la presencia de una franja marrón que se extiende por el océano Atlántico. No es una gran isla marrón ni un continente, pero lo parece.
Qué es ese “continente marrón”. Es una masa de algas pardas que según una investigación del Instituto Oceanográfico Harbor Branch y de la Universidad Atlántica de Florida en cuyo último registro pesaba 37,5 millones de toneladas y supera los 8.000 kilómetros de longitud, más que de Nueva York a Madrid. Y tiene nombre: el Gran Cinturón de Sargazo.
Contexto. El sargazo pelágico es un alga marina que históricamente siempre ha vivido confinada en el Mar de los Sargazos. Sin embargo, desde 2011 la NASA lleva documentando su expansión a mar abierto hasta lo que es ahora: una franja marrón que para finales de 2024 salía del Golfo de México y se desperdigaba hasta llegar a las costas de África occidental. Este fenómeno es en realidad una enorme acumulación de algas que reaparece casi cada año con una excepción: 2013.
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Por qué es importante. Porque esta estratosférica masa de algas no es solo espectacular desde un punto de vista visual: tiene repercusiones en el ecosistema marino, destruye playas y hasta contribuye a acelerar el cambio climático. Es también una señal de alarma ecológica para el Atlántico.
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Por qué están creciendo como la espuma. Lapointe y su equipo han estado investigando la evolución desde la década de 1980 y han descubierto que el contenido de nitrógeno en las algas pardas ha aumentado un 55% entre 1980 y 2020; la relación nitrógeno/fósforo también aumentó un 50%.
Este cambio se ha producido porque las algas pardas ya no solo se alimentan de nutrientes naturales del océano, sino que también reciben nitrógeno y fósforo desde tierra gracias a la actividad humana, como la escorrentía agrícola o el vertido de aguas residuales. El resultado es un crecimiento descontrolado. El sargazo es transportado por las corrientes oceánicas, especialmente en crecidas del Amazonas, hacia el Atlántico. Allí prospera gracias a ese aporte extra de nutrientes.
Una mancha poco estética y dañina. Las algas pardas per se no son nocivas y de hecho, sirven de hábitat para diferentes especies. Sin embargo, su enorme presencia ha alterado el ecosistema. Al llegar a las costas, comienzan a descomponerse, liberando así ácido sulfhídrico, un gas tóxico que daña arrecifes de coral, reducen el oxígeno presente y emite gases de efecto invernadero.
Qué podemos hacer. En pocas palabras: dejar de darles alimento. Tras esa exhaustiva monitorización, el equipo de investigación advierte que los humanos deberíamos reducir la escorrentía de nutrientes desde la costa ya que, en caso de seguir así, podrían aparecer más Grandes Cinturones de Sargazo en todo el océano.
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EEUU lleva años mirando desde el espacio una enorme cinta marrón en el Atlántico que va de México a África que no debería estar ahí
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Eva R. de Luis
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