Ciencia y Tecnología
Jesús no nació en el año 1 ni el 25 de diciembre. Esto es lo que sabemos sobre su fecha real y exacta de nacimiento
Con Jesús de Nazaret ocurre algo curioso. Pocos personajes han sido más celebrados, discutidos y revisados a lo largo de los siglos. Hoy los historiadores suelen coincidir en que (pese a que no hay evidencias materiales de su existencia) fue una figura histórica que puede enmarcarse en la Galilea de hace 2.000 años. Sin embargo y a pesar de toda la atención que ha recibido durante los últimos 20 siglos, hay ciertos datos clave de su biografía que siguen envueltos en sombras.
Por ejemplo la fecha de su nacimiento. Y con “fecha” no nos referimos solo al día, también al año. Puestos a discutir incluso podríamos cuestionar dónde nació.
Lo habitual es pensar que Jesús llegó al mundo un 25 de diciembre en Belén de Judea y que seis días después la humanidad (al menos Occidente o el Occidente de influencia cristiana) entró en una nueva era, una en la que la historia quedó dislocada en dos etapas que aún hoy usamos en pleno siglo XXI, seamos o no cristianos: la anterior y la posterior al nacimiento de Cristo (Anno Domini).
¿Totalmente normal, no? Es decir, ¿por qué si no íbamos a celebrar cada 25 de diciembre la Navidad, palabra que parte del latín “nativitas” (“nacimiento”)? ¿Y por qué hablamos de años a.C. y d.C. si no es por el nacimiento de Cristo?
La realidad es más complicada y tiene algunos claroscuros.
¿Qué sabemos del nacimiento de Jesús?

La respuesta a la pregunta anterior es muy simple: poco.
Los historiadores suelen coincidir en que hay básicamente dos fuentes para abordar el tema del nacimiento de Jesús y ambas están plasmadas en la misma obra: el Nuevo Testamento de la Biblia. Una pista nos la da el evangelista Mateo. La otra, Lucas. El problema no es solo la escasez de información, sino que ambos textos se escribieron muchas décadas después de los hechos que narran. Para ser más precisos, hacia el 80 y 90 d.C., medio siglo después de la crucifixión.
Por supuesto en el Nuevo Testamento hay textos más antiguos (como las cartas de Pablo o incluso el evangelio de Marcos, escrito hacia el 70 d.C.), pero sirven de poco si lo que nos interesa es la infancia (y sobre todo el natalicio) de Jesús.
Teniendo en cuenta las pocas referencias que hay y la importancia del tema (hablamos del nacimiento del personaje central de una de las religiones más influyentes de la historia), lo lógico sería que Mateo y Lucas coinciden en sus relatos. No es así. En sus textos ambos nos ofrecen lo que los expertos llaman “anclajes cronológicos”, referencias que nos ayudan a datar el natalicio de Jesús, pero esas pistas son escasas y no acaban de encajar del todo entre sí.
¿Qué nos dicen exactamente? Veamos.
“Y cuando Jesús nació en Belén de Judea en los días del rey Herodes, he aquí unos magos vinieron del orienta a Jerusalén, diciendo: ‘¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarle. Al oír esto Herodes se turbó y Jerusalén con él”.
Mateo 2:2-4
“Y aconteció en aquellos días que salió un edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada. Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.
Entonces subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David, para ser empadronado con María, su mujer, desposada con él, la que estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días en que ella había de dar a luz”.
Lucas 2:2-7
Aunque a priori no lo parezca, ambos pasajes ocultan una pequeña discordancia, como explica en Desperta Ferro el profesor Javier Alonso, filólogo, historiador y biblista. El evangelista Mateo (y Lucas) nos dice que Jesús nació en tiempos del rey Herodes, pero luego Lucas precisa que María salió de cuentas mientras ella y José viajaban para cumplir con el censo ordenado en tiempos de Augusto.
Si repasamos la historia comprobamos que ambos “anclajes” chocan entre sí. Herodes el Grande, mandatario a las órdenes de Roma, gobernó Judea más o menos entre el 40 y 4 a.C, año de su muerte. En cuanto al padrón del que nos habla Lucas, los historiadores creen que coincidió con el censo realizado por Quirino en tiempos de Augusto, un hecho mencionado por Flavio Josefo.
El problema, recuerda Alonso, es que Quirino gobernó hacia el 6 d.C. la región que abarca Judea, años después de la muerte de Herodes. ¿Conclusión? Ambos evangelistas están trazando en realidad un marco temporal bastante amplio, de una década, que podría fijarse entre los años previos a la muerte del rey y 6.d.C. “Hay Una diferencia de mínimo 10 años entre Mateo y Lucas”, explica Alonso.
¿Por qué decimos que Jesús nació cuando nació?
Llegados a este punto esa es la pregunta más razonable. Si los evangelistas apuntan a un horizonte temporal que arranca varios años antes de nuestra era (Anno Domini), ¿por qué diablos decimos que Jesús nació unos días antes del I d.C.? ¿Quién y cómo fijó esa fecha? Para responder a esas cuestiones hay que remontarse unos cuantos siglos atrás, aunque sin llegar a la era de Herodes.
Nuestra atención se centrará a comienzos del V d.C., cuando a instancias del Papa el monje escita Dionisio ‘el Exiguo’ se lanzó a una tarea peliaguda: calcular la fecha del nacimiento de Cristo. Quizás suene raro que tantos siglos después los seguidores de Jesús se preocupasen de esa cuestión, pero en juego había un tema primordial: aclarar cuándo debía celebrarse la Pascua (Computus paschalis), la principal celebración de la cristiandad. Su fecha dependía de los ciclos lunares y obligaba a tener en cuenta cuestiones como los meses sinódicos y años solares.
Dionisio echó mano de toda su erudición (y no era poca) para remontarse siglos atrás y desveló la fecha del alumbramiento de Cristo con una precisión pasmosa: finales del año 753 ad urbe condita, es decir, desde la fundación de Roma.
Su cálculo podría haber pasado sin pena ni gloria si no fuera porque sirvió para dislocar toda la historia (al menos a ojos de Occidente) en dos etapas: a.C. y d.C., dos bloques que quedaron divididos a finales de ese año. Con su trabajo, puso la puntilla a la era diocleciana, que arrancaba con la coronación de Diocleciano.
El problema es que el monje patinó. Se supone que para sus cuentas tuvo en cuenta el reinado de Herodes I el Grande y la fecha de fundación de Roma, pero sorprendentemente le bailaron los números. Como precisa Alonso, su propuesta apunta a un momento (754 ad urbe condita) en el que Herodes ya llevaba unos cuantos años muerto, lo que choca con el evangelio de Mateo. Tampoco acaba de encajar con el Lucas poque es algo anterior al famoso censo de Quirino.
¿Se equivocó el sapientísimo monje bizantino? Otro misterio.
¿De dónde viene lo del 25 de diciembre?
Si el año de nacimiento de Jesús es terreno resbaladizo más aún lo es la fecha exacta, con día y mes. Sí, lo celebramos el 25 de diciembre; pero en realidad eso tiene más que ver con la estrategia política que con la historiografía. En este caso la explicación se remonta al siglo IV, en el que el Imperio abrazó el cristianismo.
Tras la convocatoria del Concilio de Nicea (325 d.C.) y sobre todo el edicto del emperador Teodosio I el Grande (380 d.C.) el cristianismo pasó a convertirse en la religión fuerte de Roma. Una cosa era sin embargo proclamar que la doctrina de Jesús de Narazet era la doctrina del Estado y otra muy distinta que el mensaje calase realmente en una población que ya tenía sus propios ritos y costumbres. Para facilitar el trance se recurrió a una vieja (y efectiva) táctica: la asimilación.
Más o menos en la época del año en la que nosotros adornamos nuestras ciudades con miles de luces led la Roma imperial celebraba sus Saturnales, una fiesta pagana celebrada en honor a Saturno y en la que abundaban también la comida, los regalos y los festejos. Eso sí, en vez de incidir en mensajes de paz y confraternidad reinaba una relajación más similar a la del carnaval.
Al fin y al cabo coincidía con la época del año en la que los días (horas de luz) empiezan a crecer de nuevo, marcando el ‘nacimiento’ del Sol Invicto.

Para festejar ese renacimiento se reservaba una jornada especial: el 25 de diciembre. En la Roma del siglo IV que abrazó el cristianismo la asimilación fue clara y directa: si ese era el día del nacimiento del Sol, ¿no debía de ser también el día del nacimiento de Cristo? No fue solo una cuestión espontánea y popular. Las autoridades eclesiásticas, con Julio I y Liberio a la cabeza, favorecieron la idea. El natalicio de Jesús pasó a encajar así con el solsticio de invierno y las Saturnales.
¿Cuándo nació entonces Jesús?
La respuesta breve es que no podemos precisarlo. Nno sabemos el día exacto y tampoco podemos concretar el año, aunque manejamos un marco acotado si tomamos como referencia la muerte de Herodes y el censo de Quirino.
Eso no quiere decir que la pregunta siga coleando dos milenios después. Por ejemplo, hay quien ha buscado anclajes temporales en otras etapas de la biografía de Jesús, como su crucifixión. En ella asoma el nombre de Poncio Pilatos, que ejerció su prefectura en la provincia romana de Judea entre el 26 y 36 d.C. Otra referencia valiosa es cuándo empezó a predicar, en el 15º año de Tiberio.
“Si hacemos caso a Mateo y Jesús nació en el 4 a.C., tiene sentido. Moriría en el año 30 y tendría, quizás, unos 34 años”, explica a la BBC Alonso. Lo que sabemos sobre la edad que tenía al morir y su predicación permite a algunos autores trazar un marco que coincide con los últimos años del reinado de Herodes. Hay quien ha ido incluso más allá, saliéndose de ese horizonte y apuntando a un mes en concreto: diciembre del 1 a.C., basándose en las peregrinaciones judías.
La realidad es que es complicado dar respuestas certezas.
Y lo en parte por la mentalidad de los primeros cristianos.
Primero porque pudieron estar tentados de incluir referencias para que el nacimiento de Jesús se ajustase mejor a las profecías. “Lo del censo de Quirino no encaja, y se entiende que Lucas lo usara como excusa para mover a unas personas que son de Nazaret, en el norte de Israel, hasta Belén, que es donde tiene que nacer el mesías, pero nada más”, señala Alonso. “Es un artificio literario”.
La otra razón es que la fecha del nacimiento de Cristo igual nos intriga a nosotros, pero desde luego no era algo que quitase el sueño a las primeras comunidades critianas, más centradas en el futuro, en la llegada de un Reino de los Cielos que se prometía inminente, que en el pasado terrenal de Jesús.
Imágenes | Wikipedia 1, 2 y 3
En Xataka | El santoral cristiano parece una cosa muy seria y bien pensada. Hasta que descubres que “San Thor” existe
–
La noticia
Jesús no nació en el año 1 ni el 25 de diciembre. Esto es lo que sabemos sobre su fecha real y exacta de nacimiento
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
.
Con Jesús de Nazaret ocurre algo curioso. Pocos personajes han sido más celebrados, discutidos y revisados a lo largo de los siglos. Hoy los historiadores suelen coincidir en que (pese a que no hay evidencias materiales de su existencia) fue una figura histórica que puede enmarcarse en la Galilea de hace 2.000 años. Sin embargo y a pesar de toda la atención que ha recibido durante los últimos 20 siglos, hay ciertos datos clave de su biografía que siguen envueltos en sombras.
Por ejemplo la fecha de su nacimiento. Y con “fecha” no nos referimos solo al día, también al año. Puestos a discutir incluso podríamos cuestionar dónde nació.
Lo habitual es pensar que Jesús llegó al mundo un 25 de diciembre en Belén de Judea y que seis días después la humanidad (al menos Occidente o el Occidente de influencia cristiana) entró en una nueva era, una en la que la historia quedó dislocada en dos etapas que aún hoy usamos en pleno siglo XXI, seamos o no cristianos: la anterior y la posterior al nacimiento de Cristo (Anno Domini).
¿Totalmente normal, no? Es decir, ¿por qué si no íbamos a celebrar cada 25 de diciembre la Navidad, palabra que parte del latín “nativitas” (“nacimiento”)? ¿Y por qué hablamos de años a.C. y d.C. si no es por el nacimiento de Cristo?
La realidad es más complicada y tiene algunos claroscuros.
¿Qué sabemos del nacimiento de Jesús?
La respuesta a la pregunta anterior es muy simple: poco.
Los historiadores suelen coincidir en que hay básicamente dos fuentes para abordar el tema del nacimiento de Jesús y ambas están plasmadas en la misma obra: el Nuevo Testamento de la Biblia. Una pista nos la da el evangelista Mateo. La otra, Lucas. El problema no es solo la escasez de información, sino que ambos textos se escribieron muchas décadas después de los hechos que narran. Para ser más precisos, hacia el 80 y 90 d.C., medio siglo después de la crucifixión.
Por supuesto en el Nuevo Testamento hay textos más antiguos (como las cartas de Pablo o incluso el evangelio de Marcos, escrito hacia el 70 d.C.), pero sirven de poco si lo que nos interesa es la infancia (y sobre todo el natalicio) de Jesús.
Teniendo en cuenta las pocas referencias que hay y la importancia del tema (hablamos del nacimiento del personaje central de una de las religiones más influyentes de la historia), lo lógico sería que Mateo y Lucas coinciden en sus relatos. No es así. En sus textos ambos nos ofrecen lo que los expertos llaman “anclajes cronológicos”, referencias que nos ayudan a datar el natalicio de Jesús, pero esas pistas son escasas y no acaban de encajar del todo entre sí.
¿Qué nos dicen exactamente? Veamos.
“Y cuando Jesús nació en Belén de Judea en los días del rey Herodes, he aquí unos magos vinieron del orienta a Jerusalén, diciendo: ‘¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarle. Al oír esto Herodes se turbó y Jerusalén con él”.Mateo 2:2-4
“Y aconteció en aquellos días que salió un edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada. Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Entonces subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David, para ser empadronado con María, su mujer, desposada con él, la que estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días en que ella había de dar a luz”.Lucas 2:2-7
Aunque a priori no lo parezca, ambos pasajes ocultan una pequeña discordancia, como explica en Desperta Ferro el profesor Javier Alonso, filólogo, historiador y biblista. El evangelista Mateo (y Lucas) nos dice que Jesús nació en tiempos del rey Herodes, pero luego Lucas precisa que María salió de cuentas mientras ella y José viajaban para cumplir con el censo ordenado en tiempos de Augusto.
Si repasamos la historia comprobamos que ambos “anclajes” chocan entre sí. Herodes el Grande, mandatario a las órdenes de Roma, gobernó Judea más o menos entre el 40 y 4 a.C, año de su muerte. En cuanto al padrón del que nos habla Lucas, los historiadores creen que coincidió con el censo realizado por Quirino en tiempos de Augusto, un hecho mencionado por Flavio Josefo.
El problema, recuerda Alonso, es que Quirino gobernó hacia el 6 d.C. la región que abarca Judea, años después de la muerte de Herodes. ¿Conclusión? Ambos evangelistas están trazando en realidad un marco temporal bastante amplio, de una década, que podría fijarse entre los años previos a la muerte del rey y 6.d.C. “Hay Una diferencia de mínimo 10 años entre Mateo y Lucas”, explica Alonso.
¿Por qué decimos que Jesús nació cuando nació?Llegados a este punto esa es la pregunta más razonable. Si los evangelistas apuntan a un horizonte temporal que arranca varios años antes de nuestra era (Anno Domini), ¿por qué diablos decimos que Jesús nació unos días antes del I d.C.? ¿Quién y cómo fijó esa fecha? Para responder a esas cuestiones hay que remontarse unos cuantos siglos atrás, aunque sin llegar a la era de Herodes.
Nuestra atención se centrará a comienzos del V d.C., cuando a instancias del Papa el monje escita Dionisio ‘el Exiguo’ se lanzó a una tarea peliaguda: calcular la fecha del nacimiento de Cristo. Quizás suene raro que tantos siglos después los seguidores de Jesús se preocupasen de esa cuestión, pero en juego había un tema primordial: aclarar cuándo debía celebrarse la Pascua (Computus paschalis), la principal celebración de la cristiandad. Su fecha dependía de los ciclos lunares y obligaba a tener en cuenta cuestiones como los meses sinódicos y años solares.
En Xataka
No murió en la cruz: la tumba de Jesús está en este pueblo japonés convertido en centro de peregrinación
Dionisio echó mano de toda su erudición (y no era poca) para remontarse siglos atrás y desveló la fecha del alumbramiento de Cristo con una precisión pasmosa: finales del año 753 ad urbe condita, es decir, desde la fundación de Roma.
Su cálculo podría haber pasado sin pena ni gloria si no fuera porque sirvió para dislocar toda la historia (al menos a ojos de Occidente) en dos etapas: a.C. y d.C., dos bloques que quedaron divididos a finales de ese año. Con su trabajo, puso la puntilla a la era diocleciana, que arrancaba con la coronación de Diocleciano.
El problema es que el monje patinó. Se supone que para sus cuentas tuvo en cuenta el reinado de Herodes I el Grande y la fecha de fundación de Roma, pero sorprendentemente le bailaron los números. Como precisa Alonso, su propuesta apunta a un momento (754 ad urbe condita) en el que Herodes ya llevaba unos cuantos años muerto, lo que choca con el evangelio de Mateo. Tampoco acaba de encajar con el Lucas poque es algo anterior al famoso censo de Quirino.
¿Se equivocó el sapientísimo monje bizantino? Otro misterio.
¿De dónde viene lo del 25 de diciembre?Si el año de nacimiento de Jesús es terreno resbaladizo más aún lo es la fecha exacta, con día y mes. Sí, lo celebramos el 25 de diciembre; pero en realidad eso tiene más que ver con la estrategia política que con la historiografía. En este caso la explicación se remonta al siglo IV, en el que el Imperio abrazó el cristianismo.
Tras la convocatoria del Concilio de Nicea (325 d.C.) y sobre todo el edicto del emperador Teodosio I el Grande (380 d.C.) el cristianismo pasó a convertirse en la religión fuerte de Roma. Una cosa era sin embargo proclamar que la doctrina de Jesús de Narazet era la doctrina del Estado y otra muy distinta que el mensaje calase realmente en una población que ya tenía sus propios ritos y costumbres. Para facilitar el trance se recurrió a una vieja (y efectiva) táctica: la asimilación.
Más o menos en la época del año en la que nosotros adornamos nuestras ciudades con miles de luces led la Roma imperial celebraba sus Saturnales, una fiesta pagana celebrada en honor a Saturno y en la que abundaban también la comida, los regalos y los festejos. Eso sí, en vez de incidir en mensajes de paz y confraternidad reinaba una relajación más similar a la del carnaval.
Al fin y al cabo coincidía con la época del año en la que los días (horas de luz) empiezan a crecer de nuevo, marcando el ‘nacimiento’ del Sol Invicto.
Para festejar ese renacimiento se reservaba una jornada especial: el 25 de diciembre. En la Roma del siglo IV que abrazó el cristianismo la asimilación fue clara y directa: si ese era el día del nacimiento del Sol, ¿no debía de ser también el día del nacimiento de Cristo? No fue solo una cuestión espontánea y popular. Las autoridades eclesiásticas, con Julio I y Liberio a la cabeza, favorecieron la idea. El natalicio de Jesús pasó a encajar así con el solsticio de invierno y las Saturnales.
¿Cuándo nació entonces Jesús?La respuesta breve es que no podemos precisarlo. Nno sabemos el día exacto y tampoco podemos concretar el año, aunque manejamos un marco acotado si tomamos como referencia la muerte de Herodes y el censo de Quirino.
Eso no quiere decir que la pregunta siga coleando dos milenios después. Por ejemplo, hay quien ha buscado anclajes temporales en otras etapas de la biografía de Jesús, como su crucifixión. En ella asoma el nombre de Poncio Pilatos, que ejerció su prefectura en la provincia romana de Judea entre el 26 y 36 d.C. Otra referencia valiosa es cuándo empezó a predicar, en el 15º año de Tiberio.
“Si hacemos caso a Mateo y Jesús nació en el 4 a.C., tiene sentido. Moriría en el año 30 y tendría, quizás, unos 34 años”, explica a la BBC Alonso. Lo que sabemos sobre la edad que tenía al morir y su predicación permite a algunos autores trazar un marco que coincide con los últimos años del reinado de Herodes. Hay quien ha ido incluso más allá, saliéndose de ese horizonte y apuntando a un mes en concreto: diciembre del 1 a.C., basándose en las peregrinaciones judías.
La realidad es que es complicado dar respuestas certezas.
Y lo en parte por la mentalidad de los primeros cristianos.
Primero porque pudieron estar tentados de incluir referencias para que el nacimiento de Jesús se ajustase mejor a las profecías. “Lo del censo de Quirino no encaja, y se entiende que Lucas lo usara como excusa para mover a unas personas que son de Nazaret, en el norte de Israel, hasta Belén, que es donde tiene que nacer el mesías, pero nada más”, señala Alonso. “Es un artificio literario”.
La otra razón es que la fecha del nacimiento de Cristo igual nos intriga a nosotros, pero desde luego no era algo que quitase el sueño a las primeras comunidades critianas, más centradas en el futuro, en la llegada de un Reino de los Cielos que se prometía inminente, que en el pasado terrenal de Jesús.
Imágenes | Wikipedia 1, 2 y 3
En Xataka | El santoral cristiano parece una cosa muy seria y bien pensada. Hasta que descubres que “San Thor” existe
– La noticia
Jesús no nació en el año 1 ni el 25 de diciembre. Esto es lo que sabemos sobre su fecha real y exacta de nacimiento
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
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