Ciencia y Tecnología
Tenemos tanta agua en los embalses de España ahora mismo que se ha convertido en un problema para alguien: las nucleares
Lo que hace apenas unos meses parecía una quimera —ver los embalses rebosantes en pleno invierno— se ha convertido en una realidad abrumadora tras el paso de sucesivos frentes atlánticos. Pero el agua que ha caído sobre la península no solo ha aliviado la sequía; ha generado un exceso de oferta energética tal que el sistema eléctrico ha tenido que prescindir de su “carga base” tradicional: la energía nuclear. Los datos confirman que, ante el empuje del agua y el viento, el átomo ha perdido su hueco en el mercado.
Un cambio de escenario. Según los datos del Boletín Hidrológico Peninsular, la reserva de agua en España se ha disparado hasta el 77,3% de su capacidad total, almacenando 43.341 hm³ de agua. Esto supone un incremento del 10,1% en una sola semana, una cifra que ilustra el volumen de las precipitaciones. Para entender la magnitud de este dato, basta con mirar atrás: en esta misma semana de 2025, la reserva estaba al 58,13%. Más impresionante aún es la comparativa con la media de los últimos 10 años, que se sitúa en el 53,6%. Es decir, hoy tenemos 13.000 hectómetros cúbicos más de agua que el promedio histórico de la década.
La situación es tal que el foco ha pasado de la escasez a la seguridad. En Andalucía, donde se han activado avisos rojos, los embalses están funcionando como la última línea de defensa. El sistema ha estado realizando labores de “laminación de avenidas” (retención de agua para evitar riadas), especialmente en la cuenca del Guadalquivir y el Genil, donde presas como la de Iznájar o El Tranco son cruciales para contener el caudal antes de que llegue a ciudades como Sevilla.
La gran batería de España está llena. El impacto va mucho más allá de lo visible. Los embalses no son solo almacenes de líquido, son baterías gigantes, y ahora mismo están más cargadas que nunca. Según detalla el Boletín Hidrológico en su apartado de energía, España almacena actualmente 16.184 GWh de energía hidroeléctrica, la mayor cantidad registrada jamás en estas fechas. Si comparamos esta cifra con la misma semana del año anterior (13.825 GWh), el salto es notable: disponemos hoy de un 117,1% de la energía que teníamos hace un año.
Esta inyección masiva de electricidad barata ha saturado las costuras del mercado ibérico. La oferta de energía renovable ha sido tan alta que las interconexiones no han dado abasto. Según analiza el experto Joaquín Coronado en su perfil de LinkedIn, la combinación de lluvias y una elevada producción eólica en Portugal provocó la saturación de la interconexión entre ambos países. Al no poder fluir la electricidad libremente, el mercado se desacopló: mientras en España los precios se hundían por el sol y el agua, en Portugal se disparaban en horas puntas por restricciones técnicas. La red física está sufriendo para gestionar tal avalancha de electrones verdes.
La nuclear “no casa”. La consecuencia directa de este superávit renovable es que la energía nuclear ha dejado de ser competitiva en este escenario. La tesis es clara: sobra potencia instalada cuando la meteorología es favorable.
Según datos de mercado, la presión de las renovables ha expulsado a 1,5 GW de potencia nuclear. Por un lado, la unidad II de Almaraz tuvo que reducir carga. Por otro, la Central Nuclear de Trillo se desconectó totalmente de la red el domingo 8 de febrero. La confirmación llega desde la propia central. En su nota informativa, los gestores de Trillo reconocen que la planta paró de forma programada al “no resultar casada en el mercado eléctrico ni ser requerida por el Operador del Sistema”. Aunque aseguran que la planta está perfecta técnicamente, apuntan a un motivo económico: con los precios hundidos por las borrascas y la “alta fiscalidad”, operar la nuclear les sale a pagar.
El debate de fondo: ¿por qué mantener lo que sobra? Este episodio de “apagón nuclear” llega en medio del debate sobre la prórroga de la central de Almaraz, cuyos propietarios solicitan extender su vida útil más allá de 2027. Un nuevo informe de Greenpeace, elaborado por la Universidad Rey Juan Carlos y la UPC, advierte que mantener artificialmente la nuclear operativa supone un tapón para la transición ecológica. Lo ocurrido esta semana en Trillo refuerza sus conclusiones:
- Viabilidad técnica: El estudio asegura que en el periodo 2028-2029, la energía de Almaraz podría ser sustituida en un 96,4% por renovables.
- Coste económico: Según recoge El Salto, prorrogar Almaraz costaría a los consumidores 3.831 millones de euros adicionales y frenaría inversiones verdes por valor de 26.129 millones.
- Emisiones: El informe señala que la prórroga generaría millones de toneladas de CO2 extra al desincentivar la instalación de nueva potencia limpia.
La sentencia del mercado. Este episodio no es una anécdota meteorológica, es la confirmación de un cambio de ciclo estructural. La borrasca de febrero ha funcionado como una prueba de estrés para el sistema eléctrico y el resultado es nítido: en un mercado marginalista, el agua y el viento desplazan físicamente a la nuclear. Los datos avalan que esto es ya una tendencia, no una excepción. Según las cifras de cierre de 2025 publicadas por Cinco Días, en el mix de generación de Iberdrola en España la energía hidroeléctrica (33,3%) ya superó a la nuclear (33,2%) en producción total el año pasado.
Lo ocurrido esta semana en Trillo es la demostración en tiempo real de esa estadística. Con la “batería” de España cargada al 77% y los aerogeneradores girando, la rigidez del parque nuclear se convierte en una barrera económica. La conclusión del mercado es, hoy por hoy, inapelable: tenemos tanta agua que la nuclear ha dejado de ser imprescindible.
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La noticia
Tenemos tanta agua en los embalses de España ahora mismo que se ha convertido en un problema para alguien: las nucleares
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
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Lo que hace apenas unos meses parecía una quimera —ver los embalses rebosantes en pleno invierno— se ha convertido en una realidad abrumadora tras el paso de sucesivos frentes atlánticos. Pero el agua que ha caído sobre la península no solo ha aliviado la sequía; ha generado un exceso de oferta energética tal que el sistema eléctrico ha tenido que prescindir de su “carga base” tradicional: la energía nuclear. Los datos confirman que, ante el empuje del agua y el viento, el átomo ha perdido su hueco en el mercado.
Un cambio de escenario. Según los datos del Boletín Hidrológico Peninsular, la reserva de agua en España se ha disparado hasta el 77,3% de su capacidad total, almacenando 43.341 hm³ de agua. Esto supone un incremento del 10,1% en una sola semana, una cifra que ilustra el volumen de las precipitaciones. Para entender la magnitud de este dato, basta con mirar atrás: en esta misma semana de 2025, la reserva estaba al 58,13%. Más impresionante aún es la comparativa con la media de los últimos 10 años, que se sitúa en el 53,6%. Es decir, hoy tenemos 13.000 hectómetros cúbicos más de agua que el promedio histórico de la década.
La situación es tal que el foco ha pasado de la escasez a la seguridad. En Andalucía, donde se han activado avisos rojos, los embalses están funcionando como la última línea de defensa. El sistema ha estado realizando labores de “laminación de avenidas” (retención de agua para evitar riadas), especialmente en la cuenca del Guadalquivir y el Genil, donde presas como la de Iznájar o El Tranco son cruciales para contener el caudal antes de que llegue a ciudades como Sevilla.
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Esta inyección masiva de electricidad barata ha saturado las costuras del mercado ibérico. La oferta de energía renovable ha sido tan alta que las interconexiones no han dado abasto. Según analiza el experto Joaquín Coronado en su perfil de LinkedIn, la combinación de lluvias y una elevada producción eólica en Portugal provocó la saturación de la interconexión entre ambos países. Al no poder fluir la electricidad libremente, el mercado se desacopló: mientras en España los precios se hundían por el sol y el agua, en Portugal se disparaban en horas puntas por restricciones técnicas. La red física está sufriendo para gestionar tal avalancha de electrones verdes.
La nuclear “no casa”. La consecuencia directa de este superávit renovable es que la energía nuclear ha dejado de ser competitiva en este escenario. La tesis es clara: sobra potencia instalada cuando la meteorología es favorable.
Según datos de mercado, la presión de las renovables ha expulsado a 1,5 GW de potencia nuclear. Por un lado, la unidad II de Almaraz tuvo que reducir carga. Por otro, la Central Nuclear de Trillo se desconectó totalmente de la red el domingo 8 de febrero. La confirmación llega desde la propia central. En su nota informativa, los gestores de Trillo reconocen que la planta paró de forma programada al “no resultar casada en el mercado eléctrico ni ser requerida por el Operador del Sistema”. Aunque aseguran que la planta está perfecta técnicamente, apuntan a un motivo económico: con los precios hundidos por las borrascas y la “alta fiscalidad”, operar la nuclear les sale a pagar.
El debate de fondo: ¿por qué mantener lo que sobra? Este episodio de “apagón nuclear” llega en medio del debate sobre la prórroga de la central de Almaraz, cuyos propietarios solicitan extender su vida útil más allá de 2027. Un nuevo informe de Greenpeace, elaborado por la Universidad Rey Juan Carlos y la UPC, advierte que mantener artificialmente la nuclear operativa supone un tapón para la transición ecológica. Lo ocurrido esta semana en Trillo refuerza sus conclusiones:
Viabilidad técnica: El estudio asegura que en el periodo 2028-2029, la energía de Almaraz podría ser sustituida en un 96,4% por renovables.Coste económico: Según recoge El Salto, prorrogar Almaraz costaría a los consumidores 3.831 millones de euros adicionales y frenaría inversiones verdes por valor de 26.129 millones.Emisiones: El informe señala que la prórroga generaría millones de toneladas de CO2 extra al desincentivar la instalación de nueva potencia limpia.
La sentencia del mercado. Este episodio no es una anécdota meteorológica, es la confirmación de un cambio de ciclo estructural. La borrasca de febrero ha funcionado como una prueba de estrés para el sistema eléctrico y el resultado es nítido: en un mercado marginalista, el agua y el viento desplazan físicamente a la nuclear. Los datos avalan que esto es ya una tendencia, no una excepción. Según las cifras de cierre de 2025 publicadas por Cinco Días, en el mix de generación de Iberdrola en España la energía hidroeléctrica (33,3%) ya superó a la nuclear (33,2%) en producción total el año pasado.
Lo ocurrido esta semana en Trillo es la demostración en tiempo real de esa estadística. Con la “batería” de España cargada al 77% y los aerogeneradores girando, la rigidez del parque nuclear se convierte en una barrera económica. La conclusión del mercado es, hoy por hoy, inapelable: tenemos tanta agua que la nuclear ha dejado de ser imprescindible.
Imagen | Freepik y Freepik
Xataka | Cuando España se echó en brazos de la energía eólica no contaba con un problema: que hiciera demasiado viento
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Tenemos tanta agua en los embalses de España ahora mismo que se ha convertido en un problema para alguien: las nucleares
fue publicada originalmente en
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por
Alba Otero
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