Ciencia y Tecnología
Todos los espectadores creen que los trailers espoilean demasiado las películas. Pero hay un motivo: el miedo a las demandas
La paradoja de los trailers: sirven para incitar al público a ver próximos estrenos, pero cada vez más gente decide taparse literalmente los ojos o ponerse a hablar con el vecino, porque la sensación de que los avances revelan demasiado está generalizada: giros argumentales, escenas climáticas que deberían ser sorpresa. Hay una razón más o menos intuitiva: el mercado es cada vez más competitivo y conviene mostrar al público qué ofrece cada película que no ofrezcan las demás. Pero hay razones más prosaicas para que los trailers revelen cada vez más de las películas.
El trailer como herramienta de marketing. Durante décadas, los trailers se consideraban piezas con su propia narrativa: pequeñas obras que condensaban el espíritu de una película, no meros anuncios. Esa premisa se tambaleó en diciembre de 2022, cuando un fallo judicial cuestionó los límites legales del marketing cinematográfico. El caso enfrentaba a Universal Pictures con dos espectadores que alegaban haber sido engañados por el trailer de ‘Yesterday’.
El caso ‘Yesterday’. Dos espectadores habían alquilado la película tras ver el trailer, en el que aparecía Ana de Armas en un papel aparentemente relevante; pero en la película había desaparecido: su personaje había sido eliminado por completo tras las proyecciones de prueba. Los demandantes alegaron que nunca habrían pagado por la película de haber sabido que De Armas no estaba en ella.
Universal Pictures solicitó la desestimación del caso argumentando que el trailer transmitía el tema de la película en tres minutos, pero el juez rechazó esta línea de defensa. Aunque los trailers implican creatividad y decisiones editoriales, estos elementos no anulan su naturaleza fundamentalmente comercial: deben tratarse como anuncios, y la muestra que enseñan de la película debe corresponderse con el producto final. El juez especificó que su resolución se limitaba a la presencia o ausencia de intérpretes, excluyendo valoraciones subjetivas sobre tono, calidad o expectativas genéricas, pero sentó un precedente.
No es el primero. La fricción entre lo que los trailers prometen y lo que las películas entregan ha generado algún intento de litigio. Ninguno llegó a establecer jurisprudencia firme, pero todos ilustran una tensión recurrente entre las expectativas del público y las prácticas de marketing de los estudios.
- Drive (2011). Una espectadora demandó a la distribuidora alegando que el avance presentaba la película como una cinta de acción al estilo de ‘Fast & Furious’, cuando en realidad se trataba de un drama atmosférico con escasas persecuciones y un protagonista prácticamente mudo. El caso se prolongó durante años sin éxito para la demandante: la película sí contenía escenas de conducción, pero la discrepancia residía en el tono y el ritmo, no en cuestiones objetivas.
- Suicide Squad (2016). Los trailers habían destacado a Jared Leto como Joker, pero su presencia en el montaje final resultó ser inferior a quince minutos. Un fan escocés anunció su intención de demandar a Warner Bros. por publicidad engañosa. El propio Leto alimentó la controversia al confirmar que el material eliminado era tan extenso que daría para una película independiente. La demanda no llegó a prosperar, pero puso de manifiesto el problema de los trailers editados antes del montaje final.
- Dune (2021). Zendaya figuraba de forma prominente en el material promocional: carteles, trailers y gira de prensa la situaban al mismo nivel que Timothée Chalamet. Sin embargo, su tiempo en pantalla apenas superaba los siete minutos de un metraje total de 155, y la mayor parte de sus apariciones eran secuencias oníricas. No hubo repercusiones legales: Zendaya había advertido previamente que su presencia era reducida y que solo había rodado durante cuatro días.
El caso Náufrago. Robert Zemeckis, con su habitual capacidad para anticiparse al resto de la industria, ya había transitado este camino años antes. El trailer de ‘Náufrago’ (2000) fue criticado en su momento porque revelaba el eventual rescate del protagonista. Zemeckis se defendió con un argumento que sigue vigente en la industria, más allá de las actuales precauciones legales: los estudios de mercado indican que el público quiere saber exactamente qué va a ver antes de pagar una entrada.
El problema de la externalización. La producción de trailers rara vez recae en los equipos creativos de las películas. Los estudios contratan agencias especializadas (Buddha Jones, Trailer Park o Mark Woollen & Associates, solo en Los Ángeles) que trabajan con material en bruto, a menudo meses antes de que exista un montaje definitivo. Estas agencias operan a partir de dailies o rushes, el metraje sin editar que llega directamente del rodaje. El proceso de creación de un trailer puede extenderse hasta un año, un calendario que obliga a trabajar sin conocer el corte final. El caso de ‘Yesterday’ es consecuencia directa de esta dinámica.
La presión por la diferencia. Cuando una franquicia acumula múltiples entregas, los equipos de marketing afrontan un dilema adicional: ¿cómo convencer al público de que esta película ofrece algo distinto a las anteriores? La respuesta, con frecuencia, pasa por revelar el elemento diferenciador. El trailer de ‘Terminator: Génesis’ (2015) contaba que John Connor, tradicionalmente el líder de la resistencia humana, había sido convertido en una máquina, un giro que constituía el núcleo dramático de la película. El director Alan Taylor reconoció que la decisión respondió a un cálculo complejo: ¿cómo señalar al público que esta entrega no era una mera repetición de las anteriores? Un dilema que promete seguir dándonos dolores de cabeza durante mucho tiempo.
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La noticia
Todos los espectadores creen que los trailers espoilean demasiado las películas. Pero hay un motivo: el miedo a las demandas
fue publicada originalmente en
Xataka
por
John Tones
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La paradoja de los trailers: sirven para incitar al público a ver próximos estrenos, pero cada vez más gente decide taparse literalmente los ojos o ponerse a hablar con el vecino, porque la sensación de que los avances revelan demasiado está generalizada: giros argumentales, escenas climáticas que deberían ser sorpresa. Hay una razón más o menos intuitiva: el mercado es cada vez más competitivo y conviene mostrar al público qué ofrece cada película que no ofrezcan las demás. Pero hay razones más prosaicas para que los trailers revelen cada vez más de las películas.
El trailer como herramienta de marketing. Durante décadas, los trailers se consideraban piezas con su propia narrativa: pequeñas obras que condensaban el espíritu de una película, no meros anuncios. Esa premisa se tambaleó en diciembre de 2022, cuando un fallo judicial cuestionó los límites legales del marketing cinematográfico. El caso enfrentaba a Universal Pictures con dos espectadores que alegaban haber sido engañados por el trailer de ‘Yesterday’.
El caso ‘Yesterday’. Dos espectadores habían alquilado la película tras ver el trailer, en el que aparecía Ana de Armas en un papel aparentemente relevante; pero en la película había desaparecido: su personaje había sido eliminado por completo tras las proyecciones de prueba. Los demandantes alegaron que nunca habrían pagado por la película de haber sabido que De Armas no estaba en ella.
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Universal Pictures solicitó la desestimación del caso argumentando que el trailer transmitía el tema de la película en tres minutos, pero el juez rechazó esta línea de defensa. Aunque los trailers implican creatividad y decisiones editoriales, estos elementos no anulan su naturaleza fundamentalmente comercial: deben tratarse como anuncios, y la muestra que enseñan de la película debe corresponderse con el producto final. El juez especificó que su resolución se limitaba a la presencia o ausencia de intérpretes, excluyendo valoraciones subjetivas sobre tono, calidad o expectativas genéricas, pero sentó un precedente.
No es el primero. La fricción entre lo que los trailers prometen y lo que las películas entregan ha generado algún intento de litigio. Ninguno llegó a establecer jurisprudencia firme, pero todos ilustran una tensión recurrente entre las expectativas del público y las prácticas de marketing de los estudios.
Drive (2011). Una espectadora demandó a la distribuidora alegando que el avance presentaba la película como una cinta de acción al estilo de ‘Fast & Furious’, cuando en realidad se trataba de un drama atmosférico con escasas persecuciones y un protagonista prácticamente mudo. El caso se prolongó durante años sin éxito para la demandante: la película sí contenía escenas de conducción, pero la discrepancia residía en el tono y el ritmo, no en cuestiones objetivas.
Suicide Squad (2016). Los trailers habían destacado a Jared Leto como Joker, pero su presencia en el montaje final resultó ser inferior a quince minutos. Un fan escocés anunció su intención de demandar a Warner Bros. por publicidad engañosa. El propio Leto alimentó la controversia al confirmar que el material eliminado era tan extenso que daría para una película independiente. La demanda no llegó a prosperar, pero puso de manifiesto el problema de los trailers editados antes del montaje final.
Dune (2021). Zendaya figuraba de forma prominente en el material promocional: carteles, trailers y gira de prensa la situaban al mismo nivel que Timothée Chalamet. Sin embargo, su tiempo en pantalla apenas superaba los siete minutos de un metraje total de 155, y la mayor parte de sus apariciones eran secuencias oníricas. No hubo repercusiones legales: Zendaya había advertido previamente que su presencia era reducida y que solo había rodado durante cuatro días.
El caso Náufrago. Robert Zemeckis, con su habitual capacidad para anticiparse al resto de la industria, ya había transitado este camino años antes. El trailer de ‘Náufrago’ (2000) fue criticado en su momento porque revelaba el eventual rescate del protagonista. Zemeckis se defendió con un argumento que sigue vigente en la industria, más allá de las actuales precauciones legales: los estudios de mercado indican que el público quiere saber exactamente qué va a ver antes de pagar una entrada.
El problema de la externalización. La producción de trailers rara vez recae en los equipos creativos de las películas. Los estudios contratan agencias especializadas (Buddha Jones, Trailer Park o Mark Woollen & Associates, solo en Los Ángeles) que trabajan con material en bruto, a menudo meses antes de que exista un montaje definitivo. Estas agencias operan a partir de dailies o rushes, el metraje sin editar que llega directamente del rodaje. El proceso de creación de un trailer puede extenderse hasta un año, un calendario que obliga a trabajar sin conocer el corte final. El caso de ‘Yesterday’ es consecuencia directa de esta dinámica.
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La presión por la diferencia. Cuando una franquicia acumula múltiples entregas, los equipos de marketing afrontan un dilema adicional: ¿cómo convencer al público de que esta película ofrece algo distinto a las anteriores? La respuesta, con frecuencia, pasa por revelar el elemento diferenciador. El trailer de ‘Terminator: Génesis’ (2015) contaba que John Connor, tradicionalmente el líder de la resistencia humana, había sido convertido en una máquina, un giro que constituía el núcleo dramático de la película. El director Alan Taylor reconoció que la decisión respondió a un cálculo complejo: ¿cómo señalar al público que esta entrega no era una mera repetición de las anteriores? Un dilema que promete seguir dándonos dolores de cabeza durante mucho tiempo.
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