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Canadá le ha abierto la puerta a los coches eléctricos chinos. EEUU advierte: “se van a arrepentir”

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Canadá le ha abierto la puerta a los coches eléctricos chinos. EEUU advierte: "se van a arrepentir"

Canadá ha reabierto las puertas de los vehículos eléctricos procedentes de China, dando un giro radical a su política comercial. El pasado viernes, el primer ministro Mark Carney redujo los aranceles del 100% al 6,1%, lo que podría llevar el mercado automovilístico canadiense a un nuevo horizonte. Bajo estas líneas te contamos qué puede implicar esto.

Cambio. La jugada llega un año después de que Canadá impusiera aranceles masivos a los vehículos eléctricos chinos, siguiendo los pasos de Estados Unidos bajo la administración Biden. El argumento, tal y como describen desde la BBC, fue que consideraban que China estaba ejecutando ‘una política de sobreproducción deliberada’.

Ahora, con las relaciones entre Canadá y Estados Unidos en un terreno algo delicado bajo la administración Trump, el Gobierno canadiense ha optado por diversificar sus alianzas comerciales. “Tomamos el mundo tal como es, no como nos gustaría que fuera”, contaba Carney.

Cantidades. El acuerdo inicial permite la entrada de hasta 49.000 vehículos eléctricos anuales desde China con el arancel reducido del 6,1%. Esta cifra representa aproximadamente el 3% del mercado canadiense total, que ronda los dos millones de vehículos al año, según cuenta el medio Driving.

Según el primer ministro, la cuota podría aumentar hasta alcanzar los 70.000 vehículos en un plazo de cinco años. Además, el acuerdo estipula que, en ese periodo, más del 50% de estos vehículos deberán ser modelos asequibles con un precio de importación inferior a 35.000 dólares canadienses (unos 21.569 euros al cambio).

Fecha. Aunque no existe una fecha exacta confirmada, varios medios vaticinan su llegada para las próximas semanas. Addisu Lashitew, profesor asociado de la DeGroote School of Business de la Universidad McMaster, contaba a la CBC que los fabricantes chinos tienen capacidad para acelerar la producción y realizar envíos rápidamente. BYD, el mayor fabricante chino de vehículos eléctricos, opera incluso sus propios buques de carga, lo que podría acortar aún más los tiempos de envío.

Marcas que llegarán primero. Curiosamente, las primeras marcas en beneficiarse de esta apertura no serán necesariamente las puramente chinas. Tesla está en una posición privilegiada para aprovechar el acuerdo de inmediato, según cuentan desde Reuters. La compañía de Elon Musk ya había equipado su planta de Shanghái en 2023 para fabricar una versión específica del Model Y destinada a Canadá, llegando a exportar más de 44.000 vehículos ese año antes de que entraran en vigor los aranceles del 100%.

Otras marcas con presencia previa incluyen Volvo y Polestar, ambas propiedad del grupo chino Geely. Para las marcas puramente chinas como BYD o Nio, el proceso será algo más lento, ya que deberán establecer redes de concesionarios, cadenas de servicio y mercados de repuestos desde cero.

Reacción política dispar. El primer ministro de Saskatchewan (provincia de Canadá), Scott Moe, celebró el acuerdo como “muy buenas noticias”, especialmente porque China se ha comprometido a reducir los aranceles sobre productos agrícolas canadienses como la colza.

Sin embargo, el primer ministro de Ontario, Doug Ford, criticó duramente la medida, calificando los vehículos eléctricos chinos como “coches espía subvencionados” y advirtiendo que el acuerdo “dañaría nuestra economía y provocaría pérdidas de empleo”. Por poner en contexto, es en Ontario la provincia donde se concentra la industria automovilística canadiense.

La respuesta de EEUU. El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, calificó el acuerdo de “problemático” y advirtió que Canadá podría arrepentirse. Sin embargo, el presidente Trump declaraba que era “algo bueno” y que “si puedes conseguir un acuerdo con China, deberías hacerlo”.

El reflejo de Japón. En 1981, Canadá llegó a un acuerdo similar con Japón, asignando cuotas de unidades en vez de precios. El resultado fue que los fabricantes japoneses simplemente subieron de gama: los Civic se convirtieron en Accord, los Corolla en Camry. En dos o tres años, el precio medio de un coche japonés importado pasó de 8.000 a 14.000 dólares, tal y como recuerda Greig Mordue, director del programa de Máster en Ingeniería y Políticas Públicas de la Universidad McMaster, al medio Driving.

Sin embargo, ese acuerdo también trajo consigo que Honda y Toyota establecieran plantas de producción en Canadá, convirtiéndose hoy en los dos mayores fabricantes de vehículos del país. De hecho, según reveló un alto funcionario canadiense a la CBC, el gobierno quiere explorar la idea de crear empresas conjuntas e inversiones con compañías chinas en los próximos tres años para construir un vehículo eléctrico canadiense con el know-how chino.

Más competencia. Lashitew recalca que la entrada de vehículos chinos más económicos obligará a otros fabricantes a bajar sus precios, lo que haría los vehículos eléctricos más accesibles para los consumidores y ayudaría a Canadá a avanzar hacia sus objetivos de reducción de emisiones. “Con los vehículos eléctricos todavía entre un 30% y un 50% más caros que los coches de gasolina comparables, reducir las barreras comerciales aliviaría significativamente la limitación de asequibilidad”, señaló.

Imagen de portada | aboodi vesakaran y Xataka

En Xataka | Los coches están tan absurdamente caros que FIAT ya tiene un plan para solucionarlo: limitarlos a 117km/h


La noticia

Canadá le ha abierto la puerta a los coches eléctricos chinos. EEUU advierte: “se van a arrepentir”

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Antonio Vallejo

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​Canadá ha reabierto las puertas de los vehículos eléctricos procedentes de China, dando un giro radical a su política comercial. El pasado viernes, el primer ministro Mark Carney redujo los aranceles del 100% al 6,1%, lo que podría llevar el mercado automovilístico canadiense a un nuevo horizonte. Bajo estas líneas te contamos qué puede implicar esto.

Cambio. La jugada llega un año después de que Canadá impusiera aranceles masivos a los vehículos eléctricos chinos, siguiendo los pasos de Estados Unidos bajo la administración Biden. El argumento, tal y como describen desde la BBC, fue que consideraban que China estaba ejecutando ‘una política de sobreproducción deliberada’.

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Según el primer ministro, la cuota podría aumentar hasta alcanzar los 70.000 vehículos en un plazo de cinco años. Además, el acuerdo estipula que, en ese periodo, más del 50% de estos vehículos deberán ser modelos asequibles con un precio de importación inferior a 35.000 dólares canadienses (unos 21.569 euros al cambio).

Fecha. Aunque no existe una fecha exacta confirmada, varios medios vaticinan su llegada para las próximas semanas. Addisu Lashitew, profesor asociado de la DeGroote School of Business de la Universidad McMaster, contaba a la CBC que los fabricantes chinos tienen capacidad para acelerar la producción y realizar envíos rápidamente. BYD, el mayor fabricante chino de vehículos eléctricos, opera incluso sus propios buques de carga, lo que podría acortar aún más los tiempos de envío.

Marcas que llegarán primero. Curiosamente, las primeras marcas en beneficiarse de esta apertura no serán necesariamente las puramente chinas. Tesla está en una posición privilegiada para aprovechar el acuerdo de inmediato, según cuentan desde Reuters. La compañía de Elon Musk ya había equipado su planta de Shanghái en 2023 para fabricar una versión específica del Model Y destinada a Canadá, llegando a exportar más de 44.000 vehículos ese año antes de que entraran en vigor los aranceles del 100%.

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La respuesta de EEUU. El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, calificó el acuerdo de “problemático” y advirtió que Canadá podría arrepentirse. Sin embargo, el presidente Trump declaraba que era “algo bueno” y que “si puedes conseguir un acuerdo con China, deberías hacerlo”.

El reflejo de Japón. En 1981, Canadá llegó a un acuerdo similar con Japón, asignando cuotas de unidades en vez de precios. El resultado fue que los fabricantes japoneses simplemente subieron de gama: los Civic se convirtieron en Accord, los Corolla en Camry. En dos o tres años, el precio medio de un coche japonés importado pasó de 8.000 a 14.000 dólares, tal y como recuerda Greig Mordue, director del programa de Máster en Ingeniería y Políticas Públicas de la Universidad McMaster, al medio Driving.

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