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La Atlántida de la ruta de la Seda: así es la ciudad que unía China con el Mediterráneo que un día un terremoto ocultó al mundo

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La Atlántida de la ruta de la Seda: así es la ciudad que unía China con el Mediterráneo que un día un terremoto ocultó al mundo

Si hay un mito histórico en arqueología, ese es encontrar la ciudad perdida de la Atlántida. No obstante, a lo largo de la historia se han encontrado unas cuantas: desde la de Thonis-Heracleion en Egipto a la griega de Pavlopetri pasando por Port Royal en Jamaica. Ninguna son la Atlántida (de hecho, para numerosos historiadores y científicos es más una alegoría filosófica de Platón que algo real), pero la última ciudad que acaba de encontrarse, lejos de sitios típicos como el Atlántico, tiene bastantes similitudes. Eso sí, está en un lago de Kirguistán.

La ciudad perdida de Issyk-Kul. Más concretamente, fue en las aguas del noroeste del lago Issyk-Kul donde una expedición arqueológica internacional organizada por la Sociedad Geográfica Rusa (RGS), el Instituto de Arqueología de la Academia Rusa de Ciencias (RAS) y el Instituto de Historia, Arqueología y Etnología de la Academia Nacional de Ciencias de la República de Kirguistán se toparon con Toru-Aygyr, como reporta la noticia de la SGR. Para la investigación usaron drones submarinos y buceo de alta precisión.

Las leyendas eran ciertas. En torno al lago de Issyk-Kul corren varias leyendas populares sobre su formación sumergiendo a una ciudad que ya existía, algo que históricamente se reforzó con el rumor local de que cuando hace buen tiempo y el agua está tranquila, pueden verse restos de la ciudad

Asimismo, dentro del Atlas Catalán del cartógrafo mallorquín Cresques Abraham queda registrado en un mapa la existencia de un monasterio donde estaban los restos de San Mateo. Este lago ha sido una de las obsesiones del historiador y arqueólogo Vladimir Ploskikh, detrás del hallazgo anteriormente mencionado.

Issyk Kul

Vista de satélite de 1992. Wikimedia

Pero qué lago. El Issyk-Kul es un lago verdaderamente fascinante sin tener que recurrir a mitos: su nombre en ruso y kirguís  es “lago caliente” y tiene mérito estando a 1.609 metros de altura. El secreto está en lo profundo que es (de media 270 metros, máxima 702 metros), que es ligeramente salado y la actividad geotérmica del subsuelo. 

Es el segundo lago alpino más grande del mundo, solo superado por el Titicaca y una de sus particularidades es su transparencia: su visibilidad es tal que se puede ver hasta a 20 metros de profundidad en condiciones favorables. La guinda del pastel es que hay pruebas de que allí empezó la peste negra.

Issyk Kul Lake Issyk Kul Region Kyrgyzstan

Vilya Shoni,. Wikimedia

Una ciudad de lo más avanzada. Encontrar una ciudad sumergida no es algo raro, pero entre las particularidades de Toru-Aygyr está que sus ruinas están en aguas poco profundas y el buen estado de conservación de sus construcciones, con estructuras sólidas de piedra, ladrillos de arcilla y hasta vigas de madera.  Además, desvelan que era una infraestructura avanzada, con edificios públicos, viviendas de ladrillo o sistemas de riego. 

Más concretamente, identificaron restos de un cementerio medieval, grandes recipientes cerámicos, piezas de un molino, un elemento arquitectónico que apunta a la decoración de un edificio como una mezquita, un baño o una madrasa. Tras cotejar con materiales de archivo, el equipo constató que estaban ante una ciudad que manejaba seda, especias y metales en el traslado de estos bienes entre China y el Mediterráneo desde el siglo II a.C. hasta mediados del siglo XV. Quédate con la fecha final, volveremos a ella después. 

Atla

Elizaveta Romashkina. Russian Geographical Society.

Es el eslabón perdido de la ruta de la seda. Como concluye el investigador del Instituto de Historia, Arqueología y Etnología de la Academia Nacional de Ciencias de Kirguistán y jefe de la expedición kirguí, Valery Kolchenko: “El monumento que estamos estudiando es una ciudad o una gran aglomeración comercial situada en uno de los tramos clave de la Ruta de la Seda”.

En la investigación hallaron un segundo emplazamiento correspondiente a una necrópolis musulmana de los siglos XIII–XIV que todavía conserva vestigios de rituales islámicos tradicionales, un tercero con restos de cerámica medieval, una gran vasija entera (khum) y más enterramiento. Finalmente, un cuarto emplazamiento situado en la parte occidental, del que quedan restos de estructuras. La idea del equipo es volver para seguir analizándolo todo, pero de momento los restos ya dicen mucho de la relevancia del enclave, del que las fuentes históricas chinas dejan constancia, como explica el jefe de la expedición, Maksim Menshikov.

Por qué se hundió a.k.a el efecto Pompeya. La presencia de grandes vasijas cerámicas y piedras de molino en sus posiciones originales revela que la ciudad se abandonó de forma abrupta, sin saqueos posteriores. Kolchenko nos saca de dudas: fue un terremoto.

“A comienzos del siglo XV, como consecuencia de un terrible terremoto, la ciudad quedó sumergida bajo las aguas del lago. Según nuestra evaluación, en el momento del desastre los habitantes ya habían abandonado el asentamiento. La tragedia puede compararse con la historia de Pompeya, aunque es mucho menos conocida por el gran público.”

Después del terremoto, explica que la población de la región cambió de forma drástica cómo vivía, pasando de una próspera civilización urbana medieval a los nómadas. Este terremoto de gran magnitud provocó el aumento repentino del nivel de agua del lago, que se tragó la ciudad. El agua envolvió la urbe en lodo y arena, protegiéndola de la erosión y la exposición al oxígeno.

No es la Atlántida ni falta que le hace. Huelga decir que Toru-Aygyr no es la mítica Atlántida, pero compararla es inevitable por las leyendas que hay en torno a ella, los registros que quedan de su existencia a lo largo de los siglos en diferentes civilizaciones y por supuesto, la gran cantidad de tesoros encontrados y su prosperidad: allí vivía una ciudad avanzada, rica y viva que desapareció un día bajo las aguas. 

En Xataka | El Atlántico tiene una ‘Ciudad Perdida’ con la clave de la vida en otros planetas. Ahora está en peligro

En Xataka | La Atlántida del este: así es el continente perdido que unió Grecia y Anatolia hace 35 millones de años

Portada |  Mikhail Preobrazhenskiy y Elizaveta Romashkina del Institute of Archaeology of the Russian Academy of Sciences


La noticia

La Atlántida de la ruta de la Seda: así es la ciudad que unía China con el Mediterráneo que un día un terremoto ocultó al mundo

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Eva R. de Luis

.

​Si hay un mito histórico en arqueología, ese es encontrar la ciudad perdida de la Atlántida. No obstante, a lo largo de la historia se han encontrado unas cuantas: desde la de Thonis-Heracleion en Egipto a la griega de Pavlopetri pasando por Port Royal en Jamaica. Ninguna son la Atlántida (de hecho, para numerosos historiadores y científicos es más una alegoría filosófica de Platón que algo real), pero la última ciudad que acaba de encontrarse, lejos de sitios típicos como el Atlántico, tiene bastantes similitudes. Eso sí, está en un lago de Kirguistán.

La ciudad perdida de Issyk-Kul. Más concretamente, fue en las aguas del noroeste del lago Issyk-Kul donde una expedición arqueológica internacional organizada por la Sociedad Geográfica Rusa (RGS), el Instituto de Arqueología de la Academia Rusa de Ciencias (RAS) y el Instituto de Historia, Arqueología y Etnología de la Academia Nacional de Ciencias de la República de Kirguistán se toparon con Toru-Aygyr, como reporta la noticia de la SGR. Para la investigación usaron drones submarinos y buceo de alta precisión.

Las leyendas eran ciertas. En torno al lago de Issyk-Kul corren varias leyendas populares sobre su formación sumergiendo a una ciudad que ya existía, algo que históricamente se reforzó con el rumor local de que cuando hace buen tiempo y el agua está tranquila, pueden verse restos de la ciudad. 

Asimismo, dentro del Atlas Catalán del cartógrafo mallorquín Cresques Abraham queda registrado en un mapa la existencia de un monasterio donde estaban los restos de San Mateo. Este lago ha sido una de las obsesiones del historiador y arqueólogo Vladimir Ploskikh, detrás del hallazgo anteriormente mencionado.

Vista de satélite de 1992. Wikimedia

Pero qué lago. El Issyk-Kul es un lago verdaderamente fascinante sin tener que recurrir a mitos: su nombre en ruso y kirguís  es “lago caliente” y tiene mérito estando a 1.609 metros de altura. El secreto está en lo profundo que es (de media 270 metros, máxima 702 metros), que es ligeramente salado y la actividad geotérmica del subsuelo. 

Es el segundo lago alpino más grande del mundo, solo superado por el Titicaca y una de sus particularidades es su transparencia: su visibilidad es tal que se puede ver hasta a 20 metros de profundidad en condiciones favorables. La guinda del pastel es que hay pruebas de que allí empezó la peste negra.

Vilya Shoni,. Wikimedia

Una ciudad de lo más avanzada. Encontrar una ciudad sumergida no es algo raro, pero entre las particularidades de Toru-Aygyr está que sus ruinas están en aguas poco profundas y el buen estado de conservación de sus construcciones, con estructuras sólidas de piedra, ladrillos de arcilla y hasta vigas de madera.  Además, desvelan que era una infraestructura avanzada, con edificios públicos, viviendas de ladrillo o sistemas de riego. 
Más concretamente, identificaron restos de un cementerio medieval, grandes recipientes cerámicos, piezas de un molino, un elemento arquitectónico que apunta a la decoración de un edificio como una mezquita, un baño o una madrasa. Tras cotejar con materiales de archivo, el equipo constató que estaban ante una ciudad que manejaba seda, especias y metales en el traslado de estos bienes entre China y el Mediterráneo desde el siglo II a.C. hasta mediados del siglo XV. Quédate con la fecha final, volveremos a ella después. 

Elizaveta Romashkina. Russian Geographical Society.

Es el eslabón perdido de la ruta de la seda. Como concluye el investigador del Instituto de Historia, Arqueología y Etnología de la Academia Nacional de Ciencias de Kirguistán y jefe de la expedición kirguí, Valery Kolchenko: “El monumento que estamos estudiando es una ciudad o una gran aglomeración comercial situada en uno de los tramos clave de la Ruta de la Seda”.
En la investigación hallaron un segundo emplazamiento correspondiente a una necrópolis musulmana de los siglos XIII–XIV que todavía conserva vestigios de rituales islámicos tradicionales, un tercero con restos de cerámica medieval, una gran vasija entera (khum) y más enterramiento. Finalmente, un cuarto emplazamiento situado en la parte occidental, del que quedan restos de estructuras. La idea del equipo es volver para seguir analizándolo todo, pero de momento los restos ya dicen mucho de la relevancia del enclave, del que las fuentes históricas chinas dejan constancia, como explica el jefe de la expedición, Maksim Menshikov.

En Xataka

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Por qué se hundió a.k.a el efecto Pompeya. La presencia de grandes vasijas cerámicas y piedras de molino en sus posiciones originales revela que la ciudad se abandonó de forma abrupta, sin saqueos posteriores. Kolchenko nos saca de dudas: fue un terremoto.
“A comienzos del siglo XV, como consecuencia de un terrible terremoto, la ciudad quedó sumergida bajo las aguas del lago. Según nuestra evaluación, en el momento del desastre los habitantes ya habían abandonado el asentamiento. La tragedia puede compararse con la historia de Pompeya, aunque es mucho menos conocida por el gran público.”
Después del terremoto, explica que la población de la región cambió de forma drástica cómo vivía, pasando de una próspera civilización urbana medieval a los nómadas. Este terremoto de gran magnitud provocó el aumento repentino del nivel de agua del lago, que se tragó la ciudad. El agua envolvió la urbe en lodo y arena, protegiéndola de la erosión y la exposición al oxígeno.
No es la Atlántida ni falta que le hace. Huelga decir que Toru-Aygyr no es la mítica Atlántida, pero compararla es inevitable por las leyendas que hay en torno a ella, los registros que quedan de su existencia a lo largo de los siglos en diferentes civilizaciones y por supuesto, la gran cantidad de tesoros encontrados y su prosperidad: allí vivía una ciudad avanzada, rica y viva que desapareció un día bajo las aguas. 
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Portada |  Mikhail Preobrazhenskiy y Elizaveta Romashkina del Institute of Archaeology of the Russian Academy of Sciences

– La noticia

La Atlántida de la ruta de la Seda: así es la ciudad que unía China con el Mediterráneo que un día un terremoto ocultó al mundo

fue publicada originalmente en

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por
Eva R. de Luis

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