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Ciencia y Tecnología

Hubble ha encontrado algo inesperado en el universo cercano: una “galaxia” que no llegó a encenderse

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Hubble ha encontrado algo inesperado en el universo cercano: una “galaxia” que no llegó a encenderse

Si una galaxia es, ante todo, un conjunto de estrellas, ¿qué hacemos cuando encontramos algo que se parece a una galaxia, pero no tiene ninguna? Esa es la pregunta que plantea Cloud-9, un objeto detectado en el entorno cósmico cercano que desafía las definiciones habituales. No hay explosiones ni destellos, solo una nube silenciosa cuya existencia nos invita a mirar de otra manera los primeros pasos de la formación galáctica.

Lo que los investigadores han identificado es un tipo de objeto que llevaba años en el terreno de la teoría. Cloud-9 encaja en la categoría de los llamados RELHIC, una nube primitiva de hidrógeno neutro asociada a un halo de materia oscura que nunca llegó a convertirse en galaxia. Según explica la NASA, se trataría de un vestigio de las primeras etapas de la formación galáctica, conservado hasta hoy en el universo local.

Hubble como prueba definitiva. La clave del hallazgo no fue encontrar algo nuevo, sino confirmar una ausencia con un nivel de precisión sin precedentes. Allí donde los radiotelescopios habían detectado hidrógeno, el Hubble no encontró rastro alguno de estrellas, ni siquiera las más débiles. Esa combinación de datos descartó la hipótesis de una galaxia enana poco luminosa y situó a Cloud-9 en una categoría distinta. “Ver que no hay estrellas es lo que demuestra que la teoría es correcta”, señaló Alejandro Benitez-Llambay, investigador principal del programa. “Nos dice que hemos encontrado en el universo local un bloque primordial que no llegó a formarse”.

Cloud-9 se encuentra a unos 14 millones de años luz de la Tierra, en las inmediaciones de la galaxia espiral Messier 94, con la que parece mantener una relación física. Su estructura es compacta y casi esférica, un rasgo poco común entre las nubes de hidrógeno conocidas en el entorno cercano. El núcleo está formado por hidrógeno neutro y tiene un diámetro aproximado de 4.900 años luz. Las mediciones por radio indican una masa de gas equivalente a alrededor de un millón de soles y, a partir de ese gas y asumiendo que la presión del propio material compensa la gravedad del halo, el equipo estima que la materia oscura asociada rondaría los 5.000 millones de masas solares.

Cuando la materia oscura no es suficiente. Cloud-9 encaja en un escenario largamente anticipado por la teoría, pero difícil de comprobar: estructuras dominadas por materia oscura que logran retener gas sin transformarlo en estrellas. Para los investigadores, este tipo de objetos actúa como un eslabón perdido entre las simulaciones cosmológicas y el universo observable. La nube ilustra que no todos los halos de materia oscura evolucionan hacia galaxias luminosas. Algunos quedan atrapados en un estado intermedio, ofreciendo una ventana directa a los procesos que regulan cuándo y cómo se activa la formación estelar.

Hubble Discovers New Type Of Astronomical Object

El objeto apareció por primera vez hace tres años en un sondeo de gas de hidrógeno realizado por el radiotelescopio chino FAST, como una señal discreta en los márgenes de Messier 94. Observaciones posteriores con el Green Bank Telescope y el Very Large Array reforzaron la detección, pero no resolvieron su naturaleza. Detectar este tipo de sistemas es especialmente complejo porque objetos cercanos y luminosos tienden a eclipsarlos, y porque las nubes pueden perder gas al moverse por el espacio intergaláctico, reduciendo aún más su visibilidad. Además, los datos de radio de alta resolución muestran ligeras distorsiones en el gas, compatibles con algún tipo de interacción con la galaxia cercana.

Entre nacer o desaparecer. Los autores del estudio plantean que el destino de Cloud-9 no está cerrado. Un aumento suficiente de masa alteraría el equilibrio actual y empujaría al gas hacia la formación de estrellas, algo que no ha ocurrido hasta ahora. Pero también cabe la posibilidad de que el entorno juegue en su contra. La cercanía a Messier 94 podría favorecer procesos que arranquen parte del gas, reduciendo aún más su capacidad de evolucionar. En ese caso, Cloud-9 acabaría diluyéndose sin haber llegado nunca a convertirse en una galaxia propiamente dicha.

El hallazgo también ha despertado prudencia entre investigadores ajenos al estudio. Jacco van Loon, astrofísico de la Universidad de Keele, ha señalado que otras nubes de hidrógeno inicialmente consideradas oscuras acabaron mostrando poblaciones estelares inesperadas. A su juicio, demostrar que un objeto es realmente un relicto de materia oscura requiere evidencias difíciles de obtener incluso con Hubble. Esa cautela marca el siguiente paso del trabajo: ampliar la búsqueda y recurrir a observaciones de mayor resolución para confirmar si Cloud-9 es un caso aislado o parte de una población más amplia.

Imágenes | NASA | ESA

En Xataka | Si queremos colonizar la Luna lo más probable es que tengamos que vivir en cuevas. Y Corea del Sur ya lo está planificando


La noticia

Hubble ha encontrado algo inesperado en el universo cercano: una “galaxia” que no llegó a encenderse

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Javier Marquez

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​Si una galaxia es, ante todo, un conjunto de estrellas, ¿qué hacemos cuando encontramos algo que se parece a una galaxia, pero no tiene ninguna? Esa es la pregunta que plantea Cloud-9, un objeto detectado en el entorno cósmico cercano que desafía las definiciones habituales. No hay explosiones ni destellos, solo una nube silenciosa cuya existencia nos invita a mirar de otra manera los primeros pasos de la formación galáctica.
Lo que los investigadores han identificado es un tipo de objeto que llevaba años en el terreno de la teoría. Cloud-9 encaja en la categoría de los llamados RELHIC, una nube primitiva de hidrógeno neutro asociada a un halo de materia oscura que nunca llegó a convertirse en galaxia. Según explica la NASA, se trataría de un vestigio de las primeras etapas de la formación galáctica, conservado hasta hoy en el universo local.
Hubble como prueba definitiva. La clave del hallazgo no fue encontrar algo nuevo, sino confirmar una ausencia con un nivel de precisión sin precedentes. Allí donde los radiotelescopios habían detectado hidrógeno, el Hubble no encontró rastro alguno de estrellas, ni siquiera las más débiles. Esa combinación de datos descartó la hipótesis de una galaxia enana poco luminosa y situó a Cloud-9 en una categoría distinta. “Ver que no hay estrellas es lo que demuestra que la teoría es correcta”, señaló Alejandro Benitez-Llambay, investigador principal del programa. “Nos dice que hemos encontrado en el universo local un bloque primordial que no llegó a formarse”.

Cloud-9 se encuentra a unos 14 millones de años luz de la Tierra, en las inmediaciones de la galaxia espiral Messier 94, con la que parece mantener una relación física. Su estructura es compacta y casi esférica, un rasgo poco común entre las nubes de hidrógeno conocidas en el entorno cercano. El núcleo está formado por hidrógeno neutro y tiene un diámetro aproximado de 4.900 años luz. Las mediciones por radio indican una masa de gas equivalente a alrededor de un millón de soles y, a partir de ese gas y asumiendo que la presión del propio material compensa la gravedad del halo, el equipo estima que la materia oscura asociada rondaría los 5.000 millones de masas solares.
Cuando la materia oscura no es suficiente. Cloud-9 encaja en un escenario largamente anticipado por la teoría, pero difícil de comprobar: estructuras dominadas por materia oscura que logran retener gas sin transformarlo en estrellas. Para los investigadores, este tipo de objetos actúa como un eslabón perdido entre las simulaciones cosmológicas y el universo observable. La nube ilustra que no todos los halos de materia oscura evolucionan hacia galaxias luminosas. Algunos quedan atrapados en un estado intermedio, ofreciendo una ventana directa a los procesos que regulan cuándo y cómo se activa la formación estelar.

El objeto apareció por primera vez hace tres años en un sondeo de gas de hidrógeno realizado por el radiotelescopio chino FAST, como una señal discreta en los márgenes de Messier 94. Observaciones posteriores con el Green Bank Telescope y el Very Large Array reforzaron la detección, pero no resolvieron su naturaleza. Detectar este tipo de sistemas es especialmente complejo porque objetos cercanos y luminosos tienden a eclipsarlos, y porque las nubes pueden perder gas al moverse por el espacio intergaláctico, reduciendo aún más su visibilidad. Además, los datos de radio de alta resolución muestran ligeras distorsiones en el gas, compatibles con algún tipo de interacción con la galaxia cercana.
Entre nacer o desaparecer. Los autores del estudio plantean que el destino de Cloud-9 no está cerrado. Un aumento suficiente de masa alteraría el equilibrio actual y empujaría al gas hacia la formación de estrellas, algo que no ha ocurrido hasta ahora. Pero también cabe la posibilidad de que el entorno juegue en su contra. La cercanía a Messier 94 podría favorecer procesos que arranquen parte del gas, reduciendo aún más su capacidad de evolucionar. En ese caso, Cloud-9 acabaría diluyéndose sin haber llegado nunca a convertirse en una galaxia propiamente dicha.

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El hallazgo también ha despertado prudencia entre investigadores ajenos al estudio. Jacco van Loon, astrofísico de la Universidad de Keele, ha señalado que otras nubes de hidrógeno inicialmente consideradas oscuras acabaron mostrando poblaciones estelares inesperadas. A su juicio, demostrar que un objeto es realmente un relicto de materia oscura requiere evidencias difíciles de obtener incluso con Hubble. Esa cautela marca el siguiente paso del trabajo: ampliar la búsqueda y recurrir a observaciones de mayor resolución para confirmar si Cloud-9 es un caso aislado o parte de una población más amplia.
Imágenes | NASA | ESA
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