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Mientras todo el mundo mira al petróleo, el verdadero tesoro de Venezuela se esconde en los sótanos de Londres: su oro

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Mientras todo el mundo mira al petróleo, el verdadero tesoro de Venezuela se esconde en los sótanos de Londres: su oro

Puede que el gran tesoro de Venezuela no sea petróleo. De hecho, desde que Estados Unidos atacó Caracas, se ha empezado a escuchar con fuerza una serie de teorías que tienen un denominador común: el mayor botín venezolano está a miles de kilómetros de la nación, bajo el suelo de la capital de Reino Unido.

El oro atrapado en Londres. Sí, bajo las calles de la city, en las bóvedas de la Bank of England, permanecen inmovilizadas unas 31 toneladas de oro pertenecientes a Venezuela, un activo que en 2020 estaba valorado en torno a 1.400 millones de libras y que hoy vale bastante más tras el fuerte repunte del precio del metal. 

La captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos ha devuelto este asunto al primer plano internacional, reabriendo una pregunta que lleva años sin respuesta clara: quién tiene realmente derecho a controlar esas reservas. Aunque la atención global suele centrarse en el petróleo venezolano, el oro representa cerca del 15% de las reservas exteriores del país y se ha convertido en una pieza clave de un pulso político, jurídico y geopolítico que trasciende con mucho a Caracas.

Reconocimiento y bloqueo. El origen del bloqueo se remonta a 2018, tras unas elecciones presidenciales disputadas y el endurecimiento de las sanciones impulsadas por Trump durante su primer mandato. El Reino Unido, junto a decenas de países, dejó de reconocer a Maduro como presidente legítimo y, ante las presiones de la oposición venezolana, se negó a autorizar la repatriación del oro, alegando el riesgo de que fuera utilizado para apuntalar un régimen autoritario o directamente desviado. 

A ello se sumó, según reveló después el exasesor de seguridad nacional John Bolton, una petición expresa de Washington para que Londres mantuviera el bloqueo, lo que situó al banco central británico y al Gobierno en el centro de una batalla que mezclaba derecho internacional, sanciones y diplomacia.

Bank Of England London

Bank of England

Un laberinto judicial. En 2020, Caracas acudió a los tribunales británicos para reclamar el oro, argumentando que necesitaba esos fondos para hacer frente a la pandemia. Sin embargo, el proceso se complicó cuando Juan Guaidó, entonces reconocido por Londres como presidente interino, reclamó también la titularidad de las reservas. 

El litigio derivó en una maraña legal sobre a quién debía obedecer el Banco de Inglaterra, una cuestión que sigue sin resolverse incluso después de que Guaidó perdiera el reconocimiento internacional. El resultado es un limbo jurídico en el que el oro permanece inmovilizado, sin que ninguna de las partes pueda disponer de él.

Acusaciones de piratería. Desde el entorno chavista, la retención del oro fue denunciada como un acto de “piratería”, una acusación formulada en su día por Delcy Rodríguez, que posteriormente quedó salpicada por el escándalo conocido como Delcygate tras su supuesto viaje secreto a Madrid en 2020 pese a una prohibición de entrada en la UE y la presunta venta de lingotes venezolanos. 

Aunque Rodríguez ha adoptado un tono más conciliador tras la caída de Maduro, ofreciendo cooperación a Estados Unidos, la posición británica sigue siendo firme: la ministra de Exteriores Yvette Cooper ha reiterado que Londres mantiene la presión política porque considera clave forzar una transición democrática, aun subrayando la independencia formal del Banco de Inglaterra en la gestión de los activos.

El precedente peligroso. El caso venezolano no es una excepción, sino más bien parte de una tendencia cada vez más controvertida: la inmovilización de reservas soberanas en un contexto de creciente confrontación geopolítica. 

Lo hemos contado: tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, los países occidentales congelaron cerca de 300.000 millones de dólares del banco central ruso, en gran parte depositados en Euroclear, una medida que ha generado tensiones con Moscú y ha reavivado el debate sobre la seguridad de mantener activos en el extranjero. Históricamente, estas sanciones han sido raras pero no inéditas, desde la confiscación soviética de oro rumano en 1918 hasta los bloqueos a países como Irán o Corea del Norte en la segunda mitad del siglo XX.

Desconfianza global. Así, el clima de incertidumbre está llevando a muchos países a replantearse dónde guardan sus reservas, impulsando movimientos de repatriación y alimentando el reciente rally del oro como activo refugio. Para analistas y bancos centrales, el episodio venezolano es una advertencia clara de cómo la política puede interferir en activos que tradicionalmente se consideraban intocables. 

Mientras el Banco de Inglaterra guarda silencio oficial (y muchos lingotes), el oro venezolano sigue enterrado bajo Londres, convertido en símbolo de un orden financiero internacional cada vez más frágil y politizado.

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Miguel Jorge

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​Puede que el gran tesoro de Venezuela no sea petróleo. De hecho, desde que Estados Unidos atacó Caracas, se ha empezado a escuchar con fuerza una serie de teorías que tienen un denominador común: el mayor botín venezolano está a miles de kilómetros de la nación, bajo el suelo de la capital de Reino Unido.

El oro atrapado en Londres. Sí, bajo las calles de la city, en las bóvedas de la Bank of England, permanecen inmovilizadas unas 31 toneladas de oro pertenecientes a Venezuela, un activo que en 2020 estaba valorado en torno a 1.400 millones de libras y que hoy vale bastante más tras el fuerte repunte del precio del metal. 

La captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos ha devuelto este asunto al primer plano internacional, reabriendo una pregunta que lleva años sin respuesta clara: quién tiene realmente derecho a controlar esas reservas. Aunque la atención global suele centrarse en el petróleo venezolano, el oro representa cerca del 15% de las reservas exteriores del país y se ha convertido en una pieza clave de un pulso político, jurídico y geopolítico que trasciende con mucho a Caracas.

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A ello se sumó, según reveló después el exasesor de seguridad nacional John Bolton, una petición expresa de Washington para que Londres mantuviera el bloqueo, lo que situó al banco central británico y al Gobierno en el centro de una batalla que mezclaba derecho internacional, sanciones y diplomacia.

Bank of England

Un laberinto judicial. En 2020, Caracas acudió a los tribunales británicos para reclamar el oro, argumentando que necesitaba esos fondos para hacer frente a la pandemia. Sin embargo, el proceso se complicó cuando Juan Guaidó, entonces reconocido por Londres como presidente interino, reclamó también la titularidad de las reservas. 
El litigio derivó en una maraña legal sobre a quién debía obedecer el Banco de Inglaterra, una cuestión que sigue sin resolverse incluso después de que Guaidó perdiera el reconocimiento internacional. El resultado es un limbo jurídico en el que el oro permanece inmovilizado, sin que ninguna de las partes pueda disponer de él.
Acusaciones de piratería. Desde el entorno chavista, la retención del oro fue denunciada como un acto de “piratería”, una acusación formulada en su día por Delcy Rodríguez, que posteriormente quedó salpicada por el escándalo conocido como Delcygate tras su supuesto viaje secreto a Madrid en 2020 pese a una prohibición de entrada en la UE y la presunta venta de lingotes venezolanos. 
Aunque Rodríguez ha adoptado un tono más conciliador tras la caída de Maduro, ofreciendo cooperación a Estados Unidos, la posición británica sigue siendo firme: la ministra de Exteriores Yvette Cooper ha reiterado que Londres mantiene la presión política porque considera clave forzar una transición democrática, aun subrayando la independencia formal del Banco de Inglaterra en la gestión de los activos.

El precedente peligroso. El caso venezolano no es una excepción, sino más bien parte de una tendencia cada vez más controvertida: la inmovilización de reservas soberanas en un contexto de creciente confrontación geopolítica. 

Lo hemos contado: tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, los países occidentales congelaron cerca de 300.000 millones de dólares del banco central ruso, en gran parte depositados en Euroclear, una medida que ha generado tensiones con Moscú y ha reavivado el debate sobre la seguridad de mantener activos en el extranjero. Históricamente, estas sanciones han sido raras pero no inéditas, desde la confiscación soviética de oro rumano en 1918 hasta los bloqueos a países como Irán o Corea del Norte en la segunda mitad del siglo XX.

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Mientras el Banco de Inglaterra guarda silencio oficial (y muchos lingotes), el oro venezolano sigue enterrado bajo Londres, convertido en símbolo de un orden financiero internacional cada vez más frágil y politizado.

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Miguel Jorge

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