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Qué es el medio ambiente, cómo funciona y por qué es clave para nuestra supervivencia

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Qué es el medio ambiente, cómo funciona y por qué es clave para nuestra supervivencia

Cada mañana, una ventana se abre y la luz revela un mundo que trabaja en silencio. El aire entra despacio, el agua corre en algún punto de la casa y, a lo lejos, la ciudad murmura. Todo se mueve como parte de una misma maquinaria que sostiene la vida cotidiana sin pedir atención. Ese telón de fondo es, en realidad, el sistema que hace posible cada gesto, cada objeto y cada rutina. Sin embargo, pocas veces se mira de frente y se piensa en lo que ocurre si nos faltara.

Y por eso, aquí os vamos a explicar qué es exactamente el medio ambiente, cómo se estructura y por qué su deterioro empieza a notarse tan cerca. Entenderlo no es un ejercicio teórico: es una forma de leer lo que ya está pasando ahí fuera.


Índice de Contenidos (19)


Qué es el medio ambiente y por qué es esencial para la vida

El medio ambiente no es término difuso ni un invento moderno. La Real Academia Española lo describe como el “conjunto de componentes físicos y biológicos externos con los que interactúan los seres vivos”.

En palabras más técnicas, como detalló la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente en Estocolmo, el medio ambiente está compuesto por factores bióticos, abióticos y socioeconómicos que interactúan permanentemente entre sí. En otras palabras, todo lo que existe alrededor de los seres vivos forma parte del medio ambiente, incluyendo aquello que producimos como sociedad.

¿Y por qué es esencial? Porque sostiene todos los sistemas que hacen posible la vida, desde el aire respirable y el agua potable hasta los suelos fértiles de los que depende nuestra alimentación. También regula los grandes procesos planetarios —los ciclos del agua, del carbono y del oxígeno— que mantienen el equilibrio climático y permiten que la vida se desarrolle. 

Y no es solo eso. El medio ambiente alberga la biosfera, el único lugar del universo donde —hasta donde sabemos— existe vida. Es el soporte del desarrollo humano, económico y cultural. Cuando este sistema se deteriora, las consecuencias llegan rápido: aumentan los riesgos para la salud, la seguridad y la biodiversidad.

Cómo se compone el medio ambiente 

El medio ambiente funciona como un sistema interconectado dividido tradicionalmente en cuatro grandes esferas, pero la ciencia contemporánea ha añadido una quinta: la antroposfera. Juntas forman un engranaje dinámico en el que materia y energía circulan continuamente.

Hidrosfera

Engloba toda el agua del planeta: océanos, ríos, lagos, glaciares y acuíferos. Aunque cubre el 70% de la superficie terrestre, solo el 2,5% es agua dulce, un recurso crítico que la ONU advierte está siendo amenazado por la contaminación de plásticos, productos químicos y vertidos agrícolas. 

Además, los océanos absorben alrededor del 90% del exceso de calor causado por los gases de efecto invernadero. En el Mediterráneo, este calentamiento “extremadamente cálido” actúa como una olla a presión que altera ecosistemas, clima y corrientes regionales.

Atmósfera

Es la capa de gases que protege la Tierra, filtra la radiación ultravioleta y regula la temperatura del planeta como si fuera un gigantesco termostato natural. Pero es también una de las capas más vulnerables.

Para la ONU, la contaminación atmosférica es la mayor amenaza ambiental para la salud humana, responsable de millones de muertes prematuras cada año. Y la troposfera —la capa más baja, donde vivimos— está engrosando entre 50 y 60 metros por década debido al calentamiento global. Ese aumento modifica la dinámica del clima, intensificando tormentas y fenómenos extremos.

Litosfera o Geosfera

Es la parte sólida del planeta: suelos, rocas, montañas y sedimentos. Funciona como el soporte físico de los ecosistemas y de la agricultura, pero también es frágil.

La Agencia Europea de Medio Ambiente advierte que la agricultura intensiva, la urbanización masiva y las grandes infraestructuras están degradando suelos, alterando sedimentos y compactando terrenos que pierden fertilidad y biodiversidad.

Biosfera

Es el conjunto de todos los ecosistemas donde se desarrolla la vida. La biodiversidad no solo son especies, también es su variabilidad genética y las interacciones que mantienen los sistemas naturales funcionando. En resumen, se trata de una red compleja ya que si se rompe un eslabón, se debilita todo lo demás.

Antroposfera

La ciencia contemporánea incorpora una quinta esfera: la antroposfera, que incluye todas las actividades humanas y los entornos artificiales que hemos creado (ciudades, industrias, infraestructuras, cultivos). Esto reconoce que el ser humano no está fuera del medio ambiente, sino inmerso en él. Y que sus acciones pueden dañarlo, alterarlo o restaurarlo.

Dentro de esta esfera también operan elementos bióticos, como la propia población humana, los microorganismos asociados a nuestras actividades o la flora y fauna que habita en áreas urbanas; elementos abióticos, como el aire, el agua, la luz, la temperatura o los minerales que utilizamos; y elementos artificiales, es decir, todo lo construido: carreteras, edificios, sistemas energéticos, maquinaria, redes de comunicación o paisajes agrícolas.

El impacto del hombre en el medio ambiente

Hay una verdad incómoda: el ser humano es la especie que más ha transformado el planeta. A menudo, profundamente y a una velocidad sin precedentes. La Agencia Europea de Medio Ambiente señala que la agricultura intensiva es la mayor presión ambiental en Europa: fertilizantes, pesticidas, drenajes de tierras y modificaciones del terreno han provocado la disminución de aves, insectos y polinizadores. Cerca del 50% de la contaminación ambiental europea proviene directamente de prácticas agrícolas.

Sin embargo, no es el único frente: la deforestación, la sobrepesca, la minería y la urbanización aceleran la pérdida global de biodiversidad. Por citar algunos ejemplos, el Mediterráneo lleva meses registrando temperaturas “extremadamente cálidas” desde hace meses, mientras que el Atlántico se está calentando con mayor rapidez en parte por la reducción de las nubes reflectantes que antes generaba el tráfico marítimo con altos niveles de azufre. Al mismo tiempo, la humanidad está peligrosamente cerca de superar el umbral de 1,5 °C de calentamiento, acercándonos a puntos de no retorno como el colapso de los corales o la degradación irreversible de la Amazonia.

El medio ambiente y las energías renovables 

La transición energética es imprescindible para frenar el calentamiento global, pero no puede hacerse a cualquier precio. La Agencia Europea de Medio Ambiente recuerda que las energías renovables deben planificarse en coordinación con las políticas de biodiversidad: turbinas eólicas pueden afectar aves y murciélagos, presas pueden bloquear peces migratorios y alterar sedimentos, y los paneles solares mal ubicados pueden ocupar hábitats valiosos.

Pero hay excepciones prometedoras: la energía geotérmica. Una renovable constante, estable y silenciosa, independiente del clima. La Unión Europea quiere multiplicar su uso y España —especialmente Canarias— tiene un potencial notable. Sin embargo, requiere inversiones costosas y estudios geológicos complejos.

Amenazas actuales al medio ambiente

El medio ambiente afronta hoy una combinación de presiones sin precedentes. Aunque cada ecosistema responde de forma distinta, se podrían enumerar cinco grandes amenazas transversales: deforestación, contaminación, cambio climático, pérdida de biodiversidad y sobreexplotación.

Deforestación

La expansión agrícola, la urbanización, la ganadería intensiva y la tala indiscriminada están detrás de la pérdida de bosques en numerosas regiones del mundo. En Europa, la Agencia Europea de Medio Ambiente alerta de que continúan las talas intensivas y el deterioro de bosques maduros para mantener la biodiversidad y almacenar carbono.

Contaminación

La Organización Mundial de la Salud considera la contaminación del aire la mayor amenaza ambiental para la salud humana. La contaminación del agua y del suelo también crece por el uso de pesticidas, fertilizantes y vertidos. 

La ONU advierte que el 85% de la basura marina son plásticos, y si no se actúa, esta cifra podría triplicarse para 2040. Además, la reducción del azufre en barcos ha mejorado la calidad del aire, pero también ha reducido ciertas nubes reflejantes que enfriaban los océanos, contribuyendo al calentamiento marino.

Cambio climático

El cambio climático es, en esencia, la alteración prolongada de los patrones climáticos del planeta debido al aumento de gases de efecto invernadero. Sus efectos ya son visibles en todos los sistemas naturales. Los océanos, que actúan como un amortiguador térmico, están acumulando alrededor del 90% del exceso de calor, y esa saturación está provocando desequilibrios cada vez más evidentes.

Y ese es solo uno de los muchos ejemplos. Como mencionamos más arriba, la troposfera está aumentando de grosor, un fenómeno que altera la dinámica atmosférica y favorece episodios cada vez más extremos. A la vez, ecosistemas vulnerables como los arrecifes de coral muestran señales de colapso por el estrés térmico, mientras que en tierra firme se multiplican las sequías prolongadas, las lluvias torrenciales y los fenómenos meteorológicos intensos. Todo apunta a que entramos en una etapa marcada por mayor inestabilidad climática y una creciente vulnerabilidad ambiental.

Pérdida de biodiversidad

La pérdida de biodiversidad es una de las crisis silenciosas más profundas del planeta. Sus principales motores están claros: la destrucción y fragmentación de hábitats, la sobreexplotación de especies, la contaminación, el avance del cambio climático y la expansión de especies invasoras que desplazan a la fauna y flora autóctonas. Cada uno de estos factores actúa como una pieza más en un engranaje que rompe el equilibrio de los ecosistemas.

La Agencia Europea de Medio Ambiente añade un elemento crucial: los polinizadores —abejas, mariposas, abejorros— están entre los más perjudicados por la agricultura intensiva. Su declive compromete directamente la producción de alimentos, ya que buena parte de los cultivos europeos dependen de ellos. La pérdida de biodiversidad, por tanto, no es solo un problema ecológico, es un riesgo inmediato para la seguridad alimentaria y la estabilidad de los sistemas naturales.

Especies invasoras

Las especies exóticas invasoras se han convertido en una de las amenazas más rápidas y difíciles de controlar para los ecosistemas europeos. Como explica la Agencia Europea de Medio Ambiente, muchas de estas especies llegan por comercio, transporte marítimo o liberaciones accidentales, y una vez establecidas pueden expandirse sin freno al no tener depredadores naturales en su nuevo entorno.

Algunos ejemplos ilustran bien el problema: el visón americano y el mapache depredan aves, anfibios y pequeños mamíferos, alterando por completo las cadenas tróficas de riberas y bosques. En ambientes acuáticos, la medusa peine —introducida a través del agua de lastre de los barcos— ha llegado a colapsar poblaciones enteras de peces en mares como el Negro. En tierra firme, plantas invasoras como la fallopia japonesa o la Impatiens glandulifera forman masas densas que expulsan a la vegetación nativa, erosionan márgenes de ríos y reducen la biodiversidad local.

Todas estas invasiones tienen un efecto acumulativo: degradan hábitats, desplazan a especies autóctonas y dificultan la regeneración natural de los ecosistemas. 

Sobreexplotación

La sobreexplotación de los recursos naturales es una de las presiones más persistentes y silenciosas sobre los ecosistemas. Destacan actividades como la pesca intensiva, la caza furtiva y la extracción descontrolada de minerales están llevando a muchas especies y hábitats al límite de su capacidad de regeneración.

En consecuencia, la sobreexplotación no solo agota recursos: debilita la capacidad del planeta para sostener vida a largo plazo.

Cómo cuidar el medio ambiente

El deterioro de nuestro entorno no es una fatalidad inevitable, sino el resultado de decisiones —económicas, políticas y culturales— tomadas durante décadas. Afortunadamente, también hay caminos claros para revertir ese daño. 

Medidas a nivel institucional

Las instituciones —gobiernos, agencias ambientales y organismos internacionales— tienen que impulsar cambios que trascienden lo individual. Su capacidad reguladora y de planificación permite actuar a gran escala sobre los modelos energéticos, agrícolas y económicos que presionan al planeta. Estas son algunas de las medidas en proyecto:

Medidas a nivel individual

Aunque las decisiones políticas marcan el rumbo, la protección del medio ambiente también depende de los gestos cotidianos. Las pequeñas acciones, repetidas por muchas personas y mantenidas en el tiempo, reducen impactos y generan hábitos colectivos. Estas son algunas de las medidas:

  • Reducir residuos y evitar plásticos de un solo uso. Bolsas, botellas y envases desechables son una fuente directa de contaminación.
  • Ahorrar energía y agua. Pequeñas decisiones como apagar luces, mejorar el aislamiento, usar electrodomésticos eficientes o reducir el consumo de agua.
  • Usar transporte público o bicicleta. 
  • Separar y reciclar residuos. 
  • Comprar productos sostenibles y apoyar empresas responsables. 
  • Mantener limpios los espacios verdes. No dejar residuos en parques, montes o playas protege la biodiversidad local.
  • Reutilizar envases y optar por energías renovables cuando sea posible. Dar una segunda vida a objetos y contratar energía verde en el hogar reduce emisiones y fomenta una economía más circular y responsable.

Imagen | Pexels

Xataka | Qué son y cómo se forman los rayos, las impresionantes descargas eléctricas que asustan y fascinan por igual


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Qué es el medio ambiente, cómo funciona y por qué es clave para nuestra supervivencia

fue publicada originalmente en

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por
Alba Otero

.

​Cada mañana, una ventana se abre y la luz revela un mundo que trabaja en silencio. El aire entra despacio, el agua corre en algún punto de la casa y, a lo lejos, la ciudad murmura. Todo se mueve como parte de una misma maquinaria que sostiene la vida cotidiana sin pedir atención. Ese telón de fondo es, en realidad, el sistema que hace posible cada gesto, cada objeto y cada rutina. Sin embargo, pocas veces se mira de frente y se piensa en lo que ocurre si nos faltara.
Y por eso, aquí os vamos a explicar qué es exactamente el medio ambiente, cómo se estructura y por qué su deterioro empieza a notarse tan cerca. Entenderlo no es un ejercicio teórico: es una forma de leer lo que ya está pasando ahí fuera.

Índice de Contenidos (19)

Qué es el medio ambiente y por qué es esencial para la vida

Cómo se compone el medio ambiente 

Hidrosfera

Atmósfera

Litosfera o Geosfera

Biosfera

Antroposfera

El impacto del hombre en el medio ambiente

El medio ambiente y las energías renovables 

Amenazas actuales al medio ambiente

Deforestación

Contaminación

Cambio climático

Pérdida de biodiversidad

Especies invasoras

Sobreexplotación

Cómo cuidar el medio ambiente

Medidas a nivel institucional

Medidas a nivel individual

Qué es el medio ambiente y por qué es esencial para la vida
El medio ambiente no es término difuso ni un invento moderno. La Real Academia Española lo describe como el “conjunto de componentes físicos y biológicos externos con los que interactúan los seres vivos”.
En palabras más técnicas, como detalló la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente en Estocolmo, el medio ambiente está compuesto por factores bióticos, abióticos y socioeconómicos que interactúan permanentemente entre sí. En otras palabras, todo lo que existe alrededor de los seres vivos forma parte del medio ambiente, incluyendo aquello que producimos como sociedad.
¿Y por qué es esencial? Porque sostiene todos los sistemas que hacen posible la vida, desde el aire respirable y el agua potable hasta los suelos fértiles de los que depende nuestra alimentación. También regula los grandes procesos planetarios —los ciclos del agua, del carbono y del oxígeno— que mantienen el equilibrio climático y permiten que la vida se desarrolle. 
Y no es solo eso. El medio ambiente alberga la biosfera, el único lugar del universo donde —hasta donde sabemos— existe vida. Es el soporte del desarrollo humano, económico y cultural. Cuando este sistema se deteriora, las consecuencias llegan rápido: aumentan los riesgos para la salud, la seguridad y la biodiversidad.
Cómo se compone el medio ambiente 
El medio ambiente funciona como un sistema interconectado dividido tradicionalmente en cuatro grandes esferas, pero la ciencia contemporánea ha añadido una quinta: la antroposfera. Juntas forman un engranaje dinámico en el que materia y energía circulan continuamente.
Hidrosfera
Engloba toda el agua del planeta: océanos, ríos, lagos, glaciares y acuíferos. Aunque cubre el 70% de la superficie terrestre, solo el 2,5% es agua dulce, un recurso crítico que la ONU advierte está siendo amenazado por la contaminación de plásticos, productos químicos y vertidos agrícolas. 
Además, los océanos absorben alrededor del 90% del exceso de calor causado por los gases de efecto invernadero. En el Mediterráneo, este calentamiento “extremadamente cálido” actúa como una olla a presión que altera ecosistemas, clima y corrientes regionales.
Atmósfera
Es la capa de gases que protege la Tierra, filtra la radiación ultravioleta y regula la temperatura del planeta como si fuera un gigantesco termostato natural. Pero es también una de las capas más vulnerables.
Para la ONU, la contaminación atmosférica es la mayor amenaza ambiental para la salud humana, responsable de millones de muertes prematuras cada año. Y la troposfera —la capa más baja, donde vivimos— está engrosando entre 50 y 60 metros por década debido al calentamiento global. Ese aumento modifica la dinámica del clima, intensificando tormentas y fenómenos extremos.
Litosfera o Geosfera
Es la parte sólida del planeta: suelos, rocas, montañas y sedimentos. Funciona como el soporte físico de los ecosistemas y de la agricultura, pero también es frágil.
La Agencia Europea de Medio Ambiente advierte que la agricultura intensiva, la urbanización masiva y las grandes infraestructuras están degradando suelos, alterando sedimentos y compactando terrenos que pierden fertilidad y biodiversidad.
Biosfera
Es el conjunto de todos los ecosistemas donde se desarrolla la vida. La biodiversidad no solo son especies, también es su variabilidad genética y las interacciones que mantienen los sistemas naturales funcionando. En resumen, se trata de una red compleja ya que si se rompe un eslabón, se debilita todo lo demás.
Antroposfera
La ciencia contemporánea incorpora una quinta esfera: la antroposfera, que incluye todas las actividades humanas y los entornos artificiales que hemos creado (ciudades, industrias, infraestructuras, cultivos). Esto reconoce que el ser humano no está fuera del medio ambiente, sino inmerso en él. Y que sus acciones pueden dañarlo, alterarlo o restaurarlo.
Dentro de esta esfera también operan elementos bióticos, como la propia población humana, los microorganismos asociados a nuestras actividades o la flora y fauna que habita en áreas urbanas; elementos abióticos, como el aire, el agua, la luz, la temperatura o los minerales que utilizamos; y elementos artificiales, es decir, todo lo construido: carreteras, edificios, sistemas energéticos, maquinaria, redes de comunicación o paisajes agrícolas.
El impacto del hombre en el medio ambiente
Hay una verdad incómoda: el ser humano es la especie que más ha transformado el planeta. A menudo, profundamente y a una velocidad sin precedentes. La Agencia Europea de Medio Ambiente señala que la agricultura intensiva es la mayor presión ambiental en Europa: fertilizantes, pesticidas, drenajes de tierras y modificaciones del terreno han provocado la disminución de aves, insectos y polinizadores. Cerca del 50% de la contaminación ambiental europea proviene directamente de prácticas agrícolas.
Sin embargo, no es el único frente: la deforestación, la sobrepesca, la minería y la urbanización aceleran la pérdida global de biodiversidad. Por citar algunos ejemplos, el Mediterráneo lleva meses registrando temperaturas “extremadamente cálidas” desde hace meses, mientras que el Atlántico se está calentando con mayor rapidez en parte por la reducción de las nubes reflectantes que antes generaba el tráfico marítimo con altos niveles de azufre. Al mismo tiempo, la humanidad está peligrosamente cerca de superar el umbral de 1,5 °C de calentamiento, acercándonos a puntos de no retorno como el colapso de los corales o la degradación irreversible de la Amazonia.
El medio ambiente y las energías renovables 
La transición energética es imprescindible para frenar el calentamiento global, pero no puede hacerse a cualquier precio. La Agencia Europea de Medio Ambiente recuerda que las energías renovables deben planificarse en coordinación con las políticas de biodiversidad: turbinas eólicas pueden afectar aves y murciélagos, presas pueden bloquear peces migratorios y alterar sedimentos, y los paneles solares mal ubicados pueden ocupar hábitats valiosos.
Pero hay excepciones prometedoras: la energía geotérmica. Una renovable constante, estable y silenciosa, independiente del clima. La Unión Europea quiere multiplicar su uso y España —especialmente Canarias— tiene un potencial notable. Sin embargo, requiere inversiones costosas y estudios geológicos complejos.

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Amenazas actuales al medio ambienteEl medio ambiente afronta hoy una combinación de presiones sin precedentes. Aunque cada ecosistema responde de forma distinta, se podrían enumerar cinco grandes amenazas transversales: deforestación, contaminación, cambio climático, pérdida de biodiversidad y sobreexplotación.

DeforestaciónLa expansión agrícola, la urbanización, la ganadería intensiva y la tala indiscriminada están detrás de la pérdida de bosques en numerosas regiones del mundo. En Europa, la Agencia Europea de Medio Ambiente alerta de que continúan las talas intensivas y el deterioro de bosques maduros para mantener la biodiversidad y almacenar carbono.

ContaminaciónLa Organización Mundial de la Salud considera la contaminación del aire la mayor amenaza ambiental para la salud humana. La contaminación del agua y del suelo también crece por el uso de pesticidas, fertilizantes y vertidos. 

La ONU advierte que el 85% de la basura marina son plásticos, y si no se actúa, esta cifra podría triplicarse para 2040. Además, la reducción del azufre en barcos ha mejorado la calidad del aire, pero también ha reducido ciertas nubes reflejantes que enfriaban los océanos, contribuyendo al calentamiento marino.

Cambio climáticoEl cambio climático es, en esencia, la alteración prolongada de los patrones climáticos del planeta debido al aumento de gases de efecto invernadero. Sus efectos ya son visibles en todos los sistemas naturales. Los océanos, que actúan como un amortiguador térmico, están acumulando alrededor del 90% del exceso de calor, y esa saturación está provocando desequilibrios cada vez más evidentes.

Y ese es solo uno de los muchos ejemplos. Como mencionamos más arriba, la troposfera está aumentando de grosor, un fenómeno que altera la dinámica atmosférica y favorece episodios cada vez más extremos. A la vez, ecosistemas vulnerables como los arrecifes de coral muestran señales de colapso por el estrés térmico, mientras que en tierra firme se multiplican las sequías prolongadas, las lluvias torrenciales y los fenómenos meteorológicos intensos. Todo apunta a que entramos en una etapa marcada por mayor inestabilidad climática y una creciente vulnerabilidad ambiental.

Pérdida de biodiversidadLa pérdida de biodiversidad es una de las crisis silenciosas más profundas del planeta. Sus principales motores están claros: la destrucción y fragmentación de hábitats, la sobreexplotación de especies, la contaminación, el avance del cambio climático y la expansión de especies invasoras que desplazan a la fauna y flora autóctonas. Cada uno de estos factores actúa como una pieza más en un engranaje que rompe el equilibrio de los ecosistemas.

La Agencia Europea de Medio Ambiente añade un elemento crucial: los polinizadores —abejas, mariposas, abejorros— están entre los más perjudicados por la agricultura intensiva. Su declive compromete directamente la producción de alimentos, ya que buena parte de los cultivos europeos dependen de ellos. La pérdida de biodiversidad, por tanto, no es solo un problema ecológico, es un riesgo inmediato para la seguridad alimentaria y la estabilidad de los sistemas naturales.

Especies invasorasLas especies exóticas invasoras se han convertido en una de las amenazas más rápidas y difíciles de controlar para los ecosistemas europeos. Como explica la Agencia Europea de Medio Ambiente, muchas de estas especies llegan por comercio, transporte marítimo o liberaciones accidentales, y una vez establecidas pueden expandirse sin freno al no tener depredadores naturales en su nuevo entorno.

Algunos ejemplos ilustran bien el problema: el visón americano y el mapache depredan aves, anfibios y pequeños mamíferos, alterando por completo las cadenas tróficas de riberas y bosques. En ambientes acuáticos, la medusa peine —introducida a través del agua de lastre de los barcos— ha llegado a colapsar poblaciones enteras de peces en mares como el Negro. En tierra firme, plantas invasoras como la fallopia japonesa o la Impatiens glandulifera forman masas densas que expulsan a la vegetación nativa, erosionan márgenes de ríos y reducen la biodiversidad local.

Todas estas invasiones tienen un efecto acumulativo: degradan hábitats, desplazan a especies autóctonas y dificultan la regeneración natural de los ecosistemas. 

SobreexplotaciónLa sobreexplotación de los recursos naturales es una de las presiones más persistentes y silenciosas sobre los ecosistemas. Destacan actividades como la pesca intensiva, la caza furtiva y la extracción descontrolada de minerales están llevando a muchas especies y hábitats al límite de su capacidad de regeneración.

En consecuencia, la sobreexplotación no solo agota recursos: debilita la capacidad del planeta para sostener vida a largo plazo.

Cómo cuidar el medio ambienteEl deterioro de nuestro entorno no es una fatalidad inevitable, sino el resultado de decisiones —económicas, políticas y culturales— tomadas durante décadas. Afortunadamente, también hay caminos claros para revertir ese daño. 

Medidas a nivel institucionalLas instituciones —gobiernos, agencias ambientales y organismos internacionales— tienen que impulsar cambios que trascienden lo individual. Su capacidad reguladora y de planificación permite actuar a gran escala sobre los modelos energéticos, agrícolas y económicos que presionan al planeta. Estas son algunas de las medidas en proyecto:

Reducir emisiones de gases de efecto invernadero y contaminantes de vida corta. Restaurar ecosistemas, proteger hábitats y crear redes de áreas protegidas.Promover agricultura sostenible, agroecología, gestión forestal responsable y pesca regulada. Integrar la educación ambiental en todos los niveles y fomentar la participación ciudadana. Diseñar políticas que alineen la transición energética con la conservación de la biodiversidad. 

Medidas a nivel individualAunque las decisiones políticas marcan el rumbo, la protección del medio ambiente también depende de los gestos cotidianos. Las pequeñas acciones, repetidas por muchas personas y mantenidas en el tiempo, reducen impactos y generan hábitos colectivos. Estas son algunas de las medidas:

Reducir residuos y evitar plásticos de un solo uso. Bolsas, botellas y envases desechables son una fuente directa de contaminación.Ahorrar energía y agua. Pequeñas decisiones como apagar luces, mejorar el aislamiento, usar electrodomésticos eficientes o reducir el consumo de agua.Usar transporte público o bicicleta. Separar y reciclar residuos. Comprar productos sostenibles y apoyar empresas responsables. Mantener limpios los espacios verdes. No dejar residuos en parques, montes o playas protege la biodiversidad local.Reutilizar envases y optar por energías renovables cuando sea posible. Dar una segunda vida a objetos y contratar energía verde en el hogar reduce emisiones y fomenta una economía más circular y responsable.Imagen | Pexels

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Alba Otero

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