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Salud y Bienestar

Jengibre y tomate: combinación nutricional con alto poder energético y beneficios funcionales para la salud

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EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO. – El jengibre (Zingiber officinale) y el tomate (Solanum lycopersicum), dos alimentos ampliamente utilizados en la dieta diaria, han despertado el interés de la comunidad científica por sus propiedades bioactivas y su capacidad para aportar energía de forma natural, además de múltiples beneficios metabólicos para el ser humano.

Desde el punto de vista bioquímico, el jengibre contiene compuestos fenólicos como gingeroles, shogaoles y zingerona, responsables de su potente acción antiinflamatoria, antioxidante y termogénica. Estas sustancias estimulan la circulación sanguínea, favorecen la oxigenación de los tejidos y mejoran la producción de energía a nivel celular, contribuyendo a la reducción de la fatiga física y mental. Además, posee efectos comprobados en la regulación de la glucosa, la digestión y el fortalecimiento del sistema inmunológico.

Por su parte, el tomate es una de las principales fuentes naturales de licopeno, un carotenoide con alto poder antioxidante que protege las células del estrés oxidativo y reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.

También aporta vitaminas A, C, E, complejo B, potasio y ácido fólico, nutrientes esenciales para la producción de energía, la función muscular, el equilibrio electrolítico y el correcto funcionamiento del sistema nervioso.

Desde el enfoque nutricional, la combinación de jengibre y tomate favorece la generación de energía metabólica sostenida, al mejorar el aprovechamiento de los nutrientes, estimular el metabolismo basal y optimizar la función mitocondrial, responsable de la producción de ATP, la principal molécula energética del organismo.

Investigaciones en el campo de la nutracéutica señalan que esta combinación puede contribuir a la reducción de procesos inflamatorios crónicos, el fortalecimiento del sistema cardiovascular, la protección hepática y el aumento de las defensas, siempre dentro de un patrón de alimentación balanceado.

No obstante, especialistas en nutrición clínica advierten que, aunque ambos alimentos son seguros y altamente beneficiosos, su consumo con fines terapéuticos debe mantenerse dentro de las porciones recomendadas, especialmente en personas con hipertensión, problemas gástricos o que utilizan anticoagulantes, debido al efecto vasodilatador y circulatorio del jengibre.

La evidencia científica coincide en que el jengibre y el tomate constituyen una poderosa sinergia nutricional, capaz de aportar energía natural, protección celular y fortalecimiento general del organismo, consolidándose como aliados naturales de la salud cuando se integran de manera adecuada a la dieta diaria.

Contraindicaciones médicas:

Personas con gastritis severa, hipertensión no controlada, arritmias, embarazo avanzado o en uso de anticoagulantes, deben consultar a su médico antes de consumirla.

No sustituye tratamientos médicos.

Formas de preparación:  

Ingredientes (1 porción):

1 tomate grande maduro

1 a 2 cm de raíz de jengibre fresco

1 vaso de agua (250 ml)

Jugo de ½ limón (opcional, como potenciador antioxidante)

 Endulzante natural al gusto (opcional): miel o estevia

Procedimiento científico-nutricional:

Lavar y desinfectar correctamente el tomate y el jengibre para eliminar contaminantes.

Pelar el jengibre y cortarlo en rodajas finas para facilitar la liberación de los gingeroles.

Trocear el tomate y colocarlo en la licuadora junto al jengibre.

Agregar el agua y licuar durante 60–90 segundos hasta obtener una mezcla homogénea.

Colar (opcional) si se desea una textura más líquida.

Añadir el jugo de limón, que incrementa la biodisponibilidad de antioxidantes.

Consumir preferiblemente en ayunas o antes de actividad física.

Dosis recomendada:

1 vaso al día, de 3 a 5 veces por semana.

No se recomienda su consumo excesivo por su efecto termogénico y estimulante.

Efecto energético y funcional en el organismo:

Estimula la producción de energía celular (ATP).

Mejora la circulación sanguínea y oxigenación tisular.

Aumenta el rendimiento físico y mental.

Favorece la digestión, la inflamación controlada y la función cardiovascular.

Aporta antioxidantes que protegen contra el estrés oxidativo

 

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