Ciencia y Tecnología
Alemania ha trazado un plan para llevar 800.000 soldados frente a Rusia. Solo tiene un problema: la carretera es de 1995
Cuando comenzó la invasión en Ucrania, Alemania activó un plan de futuro preparándose para un escenario que creía enterrado desde el final de la Guerra Fría: en plena oleada de sabotajes, espionaje y tensiones crecientes con Rusia, Berlín ha acelerado una transformación silenciosa para garantizar que el país pueda sostener, mover y proteger a las fuerzas aliadas en cualquier crisis que estalle en Europa.
El retorno de la logística total. Alemania concibió el denominado como OPLAN DEU, un documento clasificado de 1.200 páginas nacido en un cuartel berlinés hace apenas dos años, como el núcleo operativo para una futura guerra con Rusia en la que el país volvería a ser el gran corredor estratégico de la OTAN, uno donde el movimiento continuo de fuerzas, suministros y refuerzos debe discurrir sin fricciones incluso bajo presión extrema.
Hablamos de un plan donde se anticipa que puertos, ríos, autopistas, puentes y ferrocarriles deberían mover hasta 800.000 soldados aliados hacia el Este, un corredor con una precisión logística nunca vista desde la Guerra Fría, en un contexto donde la propia invasión rusa de Ucrania ha devuelto la idea de una “sociedad entera para la defensa” y donde espionaje, sabotajes y violaciones del espacio aéreo indican que Moscú podría actuar antes del esperado 2029.
Infraestructuras envejecidas y vulnerabilidades. Lo hemos contado antes con los planes de rearme europeo. El estado real de las infraestructuras alemanas actúa como un espejo incómodo de décadas de confianza excesiva en la paz, dejando al descubierto debilidades estructurales que, de no corregirse, comprometerían la credibilidad de cualquier respuesta colectiva europea. En 1995 nadie pensaba que 2025 iba a estar como está.
El problema va más allá del deterioro físico: muchas de las obras civiles recientes fueron concebidas hace 30 años sin contemplar requisitos de carga, anchura o resiliencia ante tráfico militar pesado, lo que genera un mapa oculto de puntos frágiles cuya gestión exige un análisis de ingeniería, seguridad y planificación territorial de enorme complejidad. A esto se suma la dependencia de rutas únicas en puertos y estaciones críticas, que convierte cualquier avería o accidente en un posible cuello de botella estratégico. La urgencia no reside solo en reparar, sino en rediseñar infraestructuras que nunca se pensaron como elementos defensivos y que ahora deben integrarse en una arquitectura militar continental.
El experimento del ejército en casa. Contaba el Journal que la Bundeswehr está descubriendo que adaptar una sociedad a un horizonte de defensa requiere mucho más que ejercicios militares: implica coordinar ministerios, ayuntamientos, empresas de servicios, cuerpos de emergencias y operadores de transporte bajo un mismo esquema operativo. Los ensayos recientes han reflejado cómo la velocidad de reacción, la gestión del espacio urbano, la interoperabilidad entre civiles y militares y la capacidad de absorber imprevistos constituyen los factores decisivos para que un país entero funcione como una retaguardia fiable.
La práctica demuestra que cualquier detalle aparentemente menor (una señalización, un cruce mal gestionado, la ausencia de un protocolo para drones o manifestaciones espontáneas) puede desbaratar la cadencia de un convoy. Por eso cada ejercicio se ha convertido en un laboratorio para detectar fallos que no se apreciaban sobre el papel y que obligan a una revisión continua de procedimientos, responsabilidades y hábitos institucionales.
Guerra Híbrida y sabotaje. La creciente frecuencia de ataques, cortes de cables, incendios en infraestructuras y operaciones de sabotaje encubierto demuestra que el riesgo real ya no proviene únicamente de un ataque convencional, sino del desgaste progresivo de la capacidad logística a través de golpes selectivos que buscan desestabilizar sin cruzar formalmente el umbral de guerra.
Esta modalidad exige una vigilancia distribuida que abarca desde estaciones eléctricas hasta túneles ferroviarios, pasando por sistemas informáticos y empresas privadas que desconocían ser objetivos potenciales. La dificultad no está solo en neutralizar el sabotaje, sino en anticiparlo en un entorno donde actores estatales y paraestatales actúan con tácticas que explotan lagunas legales, zonas desmilitarizadas de responsabilidad y normativas civiles diseñadas para tiempos de calma. En ese terreno gris, cada brecha administrativa o tecnológica puede convertirse en el punto de entrada para afectar la movilidad militar de toda la OTAN.
Entre la paz y la guerra. Alemania se encuentra inmersa en una transición compleja en la que debe conciliar una cultura política profundamente pacifista con la necesidad de construir un andamiaje defensivo de gran capacidad. Este equilibrio delicado explica tanto la rapidez con la que se movilizan recursos como la prudencia con la que se comunica la magnitud del esfuerzo. A nivel interno, el desafío no es poco: preparar a la población para un escenario tenso sin generar alarma ni fracturas sociales, mientras que se proyecta la imagen al exterior de un país capaz de sostener a la alianza sin convertirse en un actor provocador.
En este contexto, el tiempo emerge como el factor más determinante: cada avance técnico o legislativo compite contra un entorno internacional marcado por la imprevisibilidad, donde la frontera entre disuasión y vulnerabilidad depende de la velocidad con la que Alemania consiga transformar su estructura civil en un instrumento competente ante cualquier eventualidad.
Imagen | RawPixel
–
La noticia
Alemania ha trazado un plan para llevar 800.000 soldados frente a Rusia. Solo tiene un problema: la carretera es de 1995
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
.
Cuando comenzó la invasión en Ucrania, Alemania activó un plan de futuro preparándose para un escenario que creía enterrado desde el final de la Guerra Fría: en plena oleada de sabotajes, espionaje y tensiones crecientes con Rusia, Berlín ha acelerado una transformación silenciosa para garantizar que el país pueda sostener, mover y proteger a las fuerzas aliadas en cualquier crisis que estalle en Europa.
El retorno de la logística total. Alemania concibió el denominado como OPLAN DEU, un documento clasificado de 1.200 páginas nacido en un cuartel berlinés hace apenas dos años, como el núcleo operativo para una futura guerra con Rusia en la que el país volvería a ser el gran corredor estratégico de la OTAN, uno donde el movimiento continuo de fuerzas, suministros y refuerzos debe discurrir sin fricciones incluso bajo presión extrema.
Hablamos de un plan donde se anticipa que puertos, ríos, autopistas, puentes y ferrocarriles deberían mover hasta 800.000 soldados aliados hacia el Este, un corredor con una precisión logística nunca vista desde la Guerra Fría, en un contexto donde la propia invasión rusa de Ucrania ha devuelto la idea de una “sociedad entera para la defensa” y donde espionaje, sabotajes y violaciones del espacio aéreo indican que Moscú podría actuar antes del esperado 2029.
En Xataka
Una familia quiso vivir solo con paneles solares, agua de pozo y un huerto. Hasta que Italia le quitó a sus hijos
Infraestructuras envejecidas y vulnerabilidades. Lo hemos contado antes con los planes de rearme europeo. El estado real de las infraestructuras alemanas actúa como un espejo incómodo de décadas de confianza excesiva en la paz, dejando al descubierto debilidades estructurales que, de no corregirse, comprometerían la credibilidad de cualquier respuesta colectiva europea. En 1995 nadie pensaba que 2025 iba a estar como está.
El problema va más allá del deterioro físico: muchas de las obras civiles recientes fueron concebidas hace 30 años sin contemplar requisitos de carga, anchura o resiliencia ante tráfico militar pesado, lo que genera un mapa oculto de puntos frágiles cuya gestión exige un análisis de ingeniería, seguridad y planificación territorial de enorme complejidad. A esto se suma la dependencia de rutas únicas en puertos y estaciones críticas, que convierte cualquier avería o accidente en un posible cuello de botella estratégico. La urgencia no reside solo en reparar, sino en rediseñar infraestructuras que nunca se pensaron como elementos defensivos y que ahora deben integrarse en una arquitectura militar continental.
El experimento del ejército en casa. Contaba el Journal que la Bundeswehr está descubriendo que adaptar una sociedad a un horizonte de defensa requiere mucho más que ejercicios militares: implica coordinar ministerios, ayuntamientos, empresas de servicios, cuerpos de emergencias y operadores de transporte bajo un mismo esquema operativo. Los ensayos recientes han reflejado cómo la velocidad de reacción, la gestión del espacio urbano, la interoperabilidad entre civiles y militares y la capacidad de absorber imprevistos constituyen los factores decisivos para que un país entero funcione como una retaguardia fiable.
La práctica demuestra que cualquier detalle aparentemente menor (una señalización, un cruce mal gestionado, la ausencia de un protocolo para drones o manifestaciones espontáneas) puede desbaratar la cadencia de un convoy. Por eso cada ejercicio se ha convertido en un laboratorio para detectar fallos que no se apreciaban sobre el papel y que obligan a una revisión continua de procedimientos, responsabilidades y hábitos institucionales.
Guerra Híbrida y sabotaje. La creciente frecuencia de ataques, cortes de cables, incendios en infraestructuras y operaciones de sabotaje encubierto demuestra que el riesgo real ya no proviene únicamente de un ataque convencional, sino del desgaste progresivo de la capacidad logística a través de golpes selectivos que buscan desestabilizar sin cruzar formalmente el umbral de guerra.
Esta modalidad exige una vigilancia distribuida que abarca desde estaciones eléctricas hasta túneles ferroviarios, pasando por sistemas informáticos y empresas privadas que desconocían ser objetivos potenciales. La dificultad no está solo en neutralizar el sabotaje, sino en anticiparlo en un entorno donde actores estatales y paraestatales actúan con tácticas que explotan lagunas legales, zonas desmilitarizadas de responsabilidad y normativas civiles diseñadas para tiempos de calma. En ese terreno gris, cada brecha administrativa o tecnológica puede convertirse en el punto de entrada para afectar la movilidad militar de toda la OTAN.
En Xataka
Ante un mercado de la vivienda cada vez más roto, una idea se abre paso en Cataluña: prohibir las compras para invertir
Entre la paz y la guerra. Alemania se encuentra inmersa en una transición compleja en la que debe conciliar una cultura política profundamente pacifista con la necesidad de construir un andamiaje defensivo de gran capacidad. Este equilibrio delicado explica tanto la rapidez con la que se movilizan recursos como la prudencia con la que se comunica la magnitud del esfuerzo. A nivel interno, el desafío no es poco: preparar a la población para un escenario tenso sin generar alarma ni fracturas sociales, mientras que se proyecta la imagen al exterior de un país capaz de sostener a la alianza sin convertirse en un actor provocador.
En este contexto, el tiempo emerge como el factor más determinante: cada avance técnico o legislativo compite contra un entorno internacional marcado por la imprevisibilidad, donde la frontera entre disuasión y vulnerabilidad depende de la velocidad con la que Alemania consiga transformar su estructura civil en un instrumento competente ante cualquier eventualidad.
Imagen | RawPixel
En Xataka | Rusia presume de abatir 13 drones con escopetas desde una lancha en un vídeo. La edición es tan mala que revela el coste real
En Xataka | Europa se ha dado cuenta de algo inquietante: si Rusia quiere invadirla en menos de 45 días, no tiene impedimento
– La noticia
Alemania ha trazado un plan para llevar 800.000 soldados frente a Rusia. Solo tiene un problema: la carretera es de 1995
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
.


