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Ciencia y Tecnología

Tu abuela tenía razón con el kiwi, y ahora la ciencia le ha dado un arma potentísima a su marketing

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Tu abuela tenía razón con el kiwi, y ahora la ciencia le ha dado un arma potentísima a su marketing

Es un hito para la regulación europea: por primera vez, una fruta fresca, el kiwi verde, ha conseguido que la Comisión Europea le autorice una “declaración de propiedades saludables” específica. Lo que tu abuela te decía ahora viene con un sello oficial y respaldo científico. Pero esto da pie también a un gran entramado de marketing.

Una victoria para las marcas. Esta noticia, que a primera vista parece una victoria para la ciencia y los consumidores, es en realidad un fascinante caso de estudio sobre cómo funciona la industria alimentaria, el marketing y una regulación europea que tiene más recovecos de lo que parece. La solicitud, impulsada por el gigante neozelandés Zespri, ha tardado siete años en ver la luz y, aunque celebra un beneficio real, reabre el debate sobre qué consideramos “saludable” cómo se nos vende.

Una declaración de salud cocinada durante años. Para que un alimento pueda llevar un eslogan relacionado con la salud, no basta con la inventiva de un equipo de marketing. Como explica el tecnólogo de alimentos, Miguel Lurueña en El País, desde hace casi dos décadas la Unión Europea exige un riguroso proceso para evitar la publicidad engañosa.

La primera solicitud para que el Kiwi tenga su reconocimiento arrancó en 2018 cuando Zespri, el mayor comercializador de kiwis del mundo, presentó una solicitud a la Comisión Europea alegando que el kiwi contribuye al mantenimiento de la defecación normal. Para respaldarlo aportó 19 estudios científicos.

No es algo de dos días. El veredicto científico no llegó hasta el año 2021, cuando la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) entra en juego. Su trabajo es revisar la evidencia científica y determinar si es lo suficientemente sólida para dar su visto bueno. Algo que llegó tres años después de la solicitud inicial.

El siguiente paso fue el político, donde los Estados miembros de la Unión Europea tuvieron que ponerse de acuerdo sobre una declaración sobre este alimento y sus propiedades. Porque obviamente es algo que les va a afectar de manera directa a sus ciudadanos.

Un texto con letra pequeña. El texto oficial aprobado es: El consumo de kiwi verde contribuye al funcionamiento normal del intestino al aumentar la frecuencia de las deposiciones”. La ley permite simplificarlo, así que prepárate para ver anuncios con un claro y directo: “ayuda a ir al baño”.

Pero la declaración solo se va a poder usar para kiwis verdes frescos de la variedad Hayward y se debe informar al consumidor de que el efecto se consigue con una ingesta diaria de 200 gramos de pulpa, lo que equivale a unos dos kiwis de buen tamaño.

El “superpoder” del kiwi no es tan exclusivo. Aquí es donde la historia se pone muy interesante. Zespri argumentaba que el efecto del kiwi se debía a una combinación única de factores: su fibra, una enzima llamada actinidina, compuestos fenólicos y otras sustancias que alteraban la motilidad intestinal y la microbiota. Parecía que el kiwi tenía una fórmula secreta.

Sin embargo, la propia EFSA en su dictamen científico llega a una conclusión mucho menos exclusiva: la evidencia no demuestra que el efecto del kiwi verde sobre la defecación sea superior al que cabría esperar por su contenido en fibra dietética.

Se pueden poner cifras. Hay que tener en cuenta que 200 gramos de kiwi aportan aproximadamente seis gramos de fibra. Esta es la cantidad que, según los estudios, produce el efecto beneficioso. Pero esa cantidad no es, ni mucho menos, exclusiva del kiwi. Podemos conseguir un aporte de fibra similar en otros alimentos que a menudo son mucho más económicos. Por ejemplo:

  • Una taza de lentejas cocidas (unos 180 g) contiene más de 15 gramos de fibra.
  • Una ración de frambuesas (125 g) aporta unos 8 gramos de fibra.
  • Un plato de pasta integral (80 g en seco) ronda los 7 gramos de fibra.
  • Dos peras medianas también suman unos 6 gramos de fibra.

De esta manera vemos que el kiwi puede funcionar y es muy saludable. Pero el beneficio aprobado no es una propiedad ‘mágica’, sino el resultado de su contenido en fibra, que es un nutriente presente en muchos otros alimentos.

En su piel es donde radica sus beneficios. Aunque a priori puede parecer necesario pelar toda la fruta, incluidos los kiwis, la ciencia nos dice algo diferente. En estudios pasados se dejó claro que el kiwi en su piel contiene una fuente rica en fibra y vitamina E, aunque se recomienda lavarla bien antes de su consumo.

Esto mismo ocurre en otros tipos de frutas, donde en la cáscara también se encuentra gran parte de la fibra que en esencia es fibra viscosa. Un tipo que ayuda a reducir el apetito al ralentizar el vaciado gástrico y estimular hormonas que promueven la saciedad.

La puerta abierta a la picaresca publicitaria. El caso del kiwi sienta un precedente, pero también nos recuerda las estrategias que la industria lleva años utilizando. La regularización permite que si un producto contiene una cantidad significativa de un nutriente con una declaración de salud ya aprobada como por ejemplo la vitamina D, puede usar un eslogan para promocionarlo.

El ejemplo más famoso es el de Actimel. Danone no consiguió que la EFSA aprobara declaraciones específicas para su bacteria L. casei. ¿La solución? Enriquecer el producto con vitaminas D y B6, para las cuales sí está autorizada la declaración “contribuye al normal funcionamiento del sistema inmunitario”. De ahí, al famoso eslogan “ayuda a tus defensas” hay un paso muy corto y, sobre todo, legal.

Valorando los alimentos por un nutriente. Esta estrategia que hemos visto en la industria alimentaria nos lleva directamente a la tendencia a valorar los alimentos por una única función. En el caso de Actimel solo por su función para el sistema inmunitario y ahora el kiwi para ir al baño. De esta manera, no se valora un alimento en conjunto con todos sus nutrientes.

Comer dos kiwis al día puede ayudar con el estreñimiento, pero no servirá de “antídoto” si el resto de nuestra alimentación se basa en ultraprocesados pobres en fibra.

El gran olvidado: los perfiles nutricionales. Para evitar que un bollo industrial y grasas saturadas pueda publicitarse como una fuente de hierro que ayude a disminuir el cansancio, simplemente porque está enriquecido, la legislación europea previó en 2006 la creación de los “perfiles nutricionales“.

La idea era simple: un alimento solo podría usar una declaración de salud si cumplía unos criterios nutricionales básicos, como por ejemplo imponer límites en la cantidad de azúcar añadida. La EFSA presentó una propuesta en 2008, pero las presiones de la industria y la falta de consenso político la dejaron en un cajón durante más de una década. Aunque la Comisión Europea ha intentado reactivarla, a día de hoy seguimos sin ellos.

Una noticia de doble filo. La aprobación para el kiwi es, por tanto, una noticia de doble filo. Es positivo que se reconozca con base científica el beneficio de un alimento entero y fresco. Pero también demuestra cómo una empresa con recursos puede navegar el complejo sistema regulatorio para obtener una ventaja de marketing que, si bien es cierta, no cuenta toda la historia.

El kiwi ayuda, sí, pero la verdadera solución a muchos problemas de salud, incluido el estreñimiento, casi nunca está en un único “superalimento”, sino en el conjunto de nuestro plato, donde la fibra es una de las grandes protagonistas.

Imágenes | Lesly Juarez 

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Tu abuela tenía razón con el kiwi, y ahora la ciencia le ha dado un arma potentísima a su marketing

fue publicada originalmente en

Xataka

por
José A. Lizana

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​Es un hito para la regulación europea: por primera vez, una fruta fresca, el kiwi verde, ha conseguido que la Comisión Europea le autorice una “declaración de propiedades saludables” específica. Lo que tu abuela te decía ahora viene con un sello oficial y respaldo científico. Pero esto da pie también a un gran entramado de marketing.

Una victoria para las marcas. Esta noticia, que a primera vista parece una victoria para la ciencia y los consumidores, es en realidad un fascinante caso de estudio sobre cómo funciona la industria alimentaria, el marketing y una regulación europea que tiene más recovecos de lo que parece. La solicitud, impulsada por el gigante neozelandés Zespri, ha tardado siete años en ver la luz y, aunque celebra un beneficio real, reabre el debate sobre qué consideramos “saludable” cómo se nos vende.

Una declaración de salud cocinada durante años. Para que un alimento pueda llevar un eslogan relacionado con la salud, no basta con la inventiva de un equipo de marketing. Como explica el tecnólogo de alimentos, Miguel Lurueña en El País, desde hace casi dos décadas la Unión Europea exige un riguroso proceso para evitar la publicidad engañosa.

En Xataka

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La primera solicitud para que el Kiwi tenga su reconocimiento arrancó en 2018 cuando Zespri, el mayor comercializador de kiwis del mundo, presentó una solicitud a la Comisión Europea alegando que el kiwi contribuye al mantenimiento de la defecación normal. Para respaldarlo aportó 19 estudios científicos.

No es algo de dos días. El veredicto científico no llegó hasta el año 2021, cuando la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) entra en juego. Su trabajo es revisar la evidencia científica y determinar si es lo suficientemente sólida para dar su visto bueno. Algo que llegó tres años después de la solicitud inicial.

El siguiente paso fue el político, donde los Estados miembros de la Unión Europea tuvieron que ponerse de acuerdo sobre una declaración sobre este alimento y sus propiedades. Porque obviamente es algo que les va a afectar de manera directa a sus ciudadanos.

Un texto con letra pequeña. El texto oficial aprobado es: “El consumo de kiwi verde contribuye al funcionamiento normal del intestino al aumentar la frecuencia de las deposiciones”. La ley permite simplificarlo, así que prepárate para ver anuncios con un claro y directo: “ayuda a ir al baño”.

Pero la declaración solo se va a poder usar para kiwis verdes frescos de la variedad Hayward y se debe informar al consumidor de que el efecto se consigue con una ingesta diaria de 200 gramos de pulpa, lo que equivale a unos dos kiwis de buen tamaño.

El “superpoder” del kiwi no es tan exclusivo. Aquí es donde la historia se pone muy interesante. Zespri argumentaba que el efecto del kiwi se debía a una combinación única de factores: su fibra, una enzima llamada actinidina, compuestos fenólicos y otras sustancias que alteraban la motilidad intestinal y la microbiota. Parecía que el kiwi tenía una fórmula secreta.

Sin embargo, la propia EFSA en su dictamen científico llega a una conclusión mucho menos exclusiva: la evidencia no demuestra que el efecto del kiwi verde sobre la defecación sea superior al que cabría esperar por su contenido en fibra dietética.

Se pueden poner cifras. Hay que tener en cuenta que 200 gramos de kiwi aportan aproximadamente seis gramos de fibra. Esta es la cantidad que, según los estudios, produce el efecto beneficioso. Pero esa cantidad no es, ni mucho menos, exclusiva del kiwi. Podemos conseguir un aporte de fibra similar en otros alimentos que a menudo son mucho más económicos. Por ejemplo:

Una taza de lentejas cocidas (unos 180 g) contiene más de 15 gramos de fibra.
Una ración de frambuesas (125 g) aporta unos 8 gramos de fibra.
Un plato de pasta integral (80 g en seco) ronda los 7 gramos de fibra.
Dos peras medianas también suman unos 6 gramos de fibra.

De esta manera vemos que el kiwi puede funcionar y es muy saludable. Pero el beneficio aprobado no es una propiedad ‘mágica’, sino el resultado de su contenido en fibra, que es un nutriente presente en muchos otros alimentos.

En su piel es donde radica sus beneficios. Aunque a priori puede parecer necesario pelar toda la fruta, incluidos los kiwis, la ciencia nos dice algo diferente. En estudios pasados se dejó claro que el kiwi en su piel contiene una fuente rica en fibra y vitamina E, aunque se recomienda lavarla bien antes de su consumo.

Esto mismo ocurre en otros tipos de frutas, donde en la cáscara también se encuentra gran parte de la fibra que en esencia es fibra viscosa. Un tipo que ayuda a reducir el apetito al ralentizar el vaciado gástrico y estimular hormonas que promueven la saciedad.

La puerta abierta a la picaresca publicitaria. El caso del kiwi sienta un precedente, pero también nos recuerda las estrategias que la industria lleva años utilizando. La regularización permite que si un producto contiene una cantidad significativa de un nutriente con una declaración de salud ya aprobada como por ejemplo la vitamina D, puede usar un eslogan para promocionarlo.

El ejemplo más famoso es el de Actimel. Danone no consiguió que la EFSA aprobara declaraciones específicas para su bacteria L. casei. ¿La solución? Enriquecer el producto con vitaminas D y B6, para las cuales sí está autorizada la declaración “contribuye al normal funcionamiento del sistema inmunitario”. De ahí, al famoso eslogan “ayuda a tus defensas” hay un paso muy corto y, sobre todo, legal.

Valorando los alimentos por un nutriente. Esta estrategia que hemos visto en la industria alimentaria nos lleva directamente a la tendencia a valorar los alimentos por una única función. En el caso de Actimel solo por su función para el sistema inmunitario y ahora el kiwi para ir al baño. De esta manera, no se valora un alimento en conjunto con todos sus nutrientes.

Comer dos kiwis al día puede ayudar con el estreñimiento, pero no servirá de “antídoto” si el resto de nuestra alimentación se basa en ultraprocesados pobres en fibra.

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El gran olvidado: los perfiles nutricionales. Para evitar que un bollo industrial y grasas saturadas pueda publicitarse como una fuente de hierro que ayude a disminuir el cansancio, simplemente porque está enriquecido, la legislación europea previó en 2006 la creación de los “perfiles nutricionales”.

La idea era simple: un alimento solo podría usar una declaración de salud si cumplía unos criterios nutricionales básicos, como por ejemplo imponer límites en la cantidad de azúcar añadida. La EFSA presentó una propuesta en 2008, pero las presiones de la industria y la falta de consenso político la dejaron en un cajón durante más de una década. Aunque la Comisión Europea ha intentado reactivarla, a día de hoy seguimos sin ellos.

Una noticia de doble filo. La aprobación para el kiwi es, por tanto, una noticia de doble filo. Es positivo que se reconozca con base científica el beneficio de un alimento entero y fresco. Pero también demuestra cómo una empresa con recursos puede navegar el complejo sistema regulatorio para obtener una ventaja de marketing que, si bien es cierta, no cuenta toda la historia.

El kiwi ayuda, sí, pero la verdadera solución a muchos problemas de salud, incluido el estreñimiento, casi nunca está en un único “superalimento”, sino en el conjunto de nuestro plato, donde la fibra es una de las grandes protagonistas.

Imágenes | Lesly Juarez 

En Xataka | La comodidad de tragar una pastilla frente al poder de una inyección: el dilema que marcará el futuro de los fármacos para adelgazar

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Tu abuela tenía razón con el kiwi, y ahora la ciencia le ha dado un arma potentísima a su marketing

fue publicada originalmente en

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José A. Lizana

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