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Durante años el pollo fue el rey de la proteína. Ahora las alubias y las lentejas quieren destronarlo

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Durante años el pollo fue el rey de la proteína. Ahora las alubias y las lentejas quieren destronarlo

Durante décadas nos dijeron que lo saludable era cambiar la carne roja por pollo o pescado. La recomendación estaba tan asumida que se convirtió en una especie de mantra nutricional. No obstante, se empieza a vislumbrar un cambio ya sea en los estantes del supermercado, gimnasios o las redes sociales, la palabra “proteína” aparece más que nunca. Y lo llamativo es que cada vez más se asocia no tanto a la carne, sino a los alimentos vegetales. La pregunta es inevitable: ¿por qué ahora la proteína vegetal?

La proteína vegetal en el centro. El comité asesor de las Guías Alimentarias de Estados Unidos quiere dar un vuelco a la pirámide. Según un reportaje de The Washington Post, por primera vez se plantea que las proteínas vegetales tengan prioridad. Ni siquiera el pollo o el pescado, durante años sinónimo de comida sana, ocuparían ese lugar. Christopher Gardner, profesor en Stanford, lo resumió con una frase sencilla: “Las alubias, los guisantes y las lentejas pasarían a encabezar la lista de fuentes de proteínas”. La carne roja quedaría, en cambio, en la última posición.

La evidencia que respalda este giro. La recomendación no llega de la nada. Rahman, directora clínica del Barnard Medical Center, recordó al mismo medio que quienes comen más plantas tienen menos riesgo de cáncer, diabetes, obesidad e incluso deterioro de la memoria. En un estudio, publicado en el American Journal of Clinical Nutrition, analizaron a unas 50.000 mujeres, donde concluyeron que las dietas ricas en proteínas vegetales favorecen un envejecimiento más saludable que aquellas basadas en proteínas animales.

Más allá de las guías, la realidad habla por sí sola. Según The New York Times, las legumbres son un pilar de la dieta mediterránea. Una sola taza de lentejas o alubias aporta unos 15 gramos de proteína, a lo que habría que añadir fibra, hierro, magnesio, folato y vitamina E.

¿Vegetal o animal? Aquí aparece el matiz. En Men’s Health señalan algo que suele pasar desapercibido en medio del boom vegetal: la proteína animal todavía juega con ventaja. El motivo está en cómo la aprovechamos. Sus aminoácidos esenciales —los que nuestro cuerpo no puede fabricar— se absorben con más eficacia que los de origen vegetal. El ejemplo más simple está en el plato: 85 gramos de pollo suman unos 20 gramos de proteína. La misma cantidad de garbanzos se queda en seis.

Marie Spano, dietista deportiva citada por la revista, advierte que quienes siguen dietas exclusivamente vegetales necesitan más proteína total diaria. Aun así, la solución pasa por combinar legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas a lo largo del día.

El gran matiz: naturales vs ultraprocesados. No todas las proteínas vegetales son iguales y aquí aparece el punto más crítico. En The New York Times advierten del riesgo de confiar en ultraprocesados que “se disfrazan” de saludables. Un ensayo clínico mostró que, incluso con buen perfil nutricional en la etiqueta, los ultraprocesados (incluidos batidos y comidas preparadas vegetales) no ofrecen los mismos beneficios que los alimentos mínimamente procesados.

En el estudio, los participantes que siguieron una dieta con alimentos poco procesados —frutas, yogur natural, legumbres caseras— perdieron el doble de peso y grasa corporal que quienes consumieron ultraprocesados “saludables” como lasañas vegetales listas para calentar o batidos proteicos. Como resumía la epidemióloga Filippa Juul, citada por el NYT: “Los ultraprocesados tienen menos textura, se mastican más rápido y estimulan el apetito de forma artificial”.

El mundo gira en torno a la proteína. El auge no es solo nutricional, también cultural y comercial. Vivimos en plena “era Protein Chic”: la proteína se ha convertido en símbolo de cuerpos esculpidos y bienestar aspiracional. Redes sociales como TikTok popularizan rutinas extremas, batidos hiperproteicos y dietas que rozan la obsesión, a veces vinculadas a trastornos de la conducta alimentaria.

La industria alimentaria no se ha quedado atrás. Los envases de productos “altos en proteínas” adoptan códigos visuales agresivos, con tipografías en negro y rojo pensados para atraer al público masculino. Una estrategia que recuerda a lo que ocurrió en su día con los productos “light” en rosa, dirigidos a mujeres preocupadas por adelgazar. La proteína ya no es solo un nutriente: es marketing, identidad y negocio.

Entonces, ¿la proteína en polvo? El símbolo más reconocible del boom proteico quizá no sean las lentejas ni las hamburguesas vegetales, sino el batido que se agita en los vestuarios de cualquier gimnasio. Pero, ¿es imprescindible? La respuesta de los expertos es matizada. La nutricionista Saray López lo defiende en Xataka como herramienta práctica: “No tiene contraindicaciones y puede ayudar a alcanzar los requerimientos diarios”. Pero otros, como el dietista Jesús Guardiola, subrayan a este mismo medio que con una dieta equilibrada no hace falta recurrir a suplementos: “El problema es cuando el batido sustituye a la comida real”.

Los especialistas coinciden en que la proteína en polvo puede ser útil en contextos concretos: personas mayores con dificultades para masticar, pacientes en recuperación, quienes buscan ganar masa muscular o incluso trabajadores que apenas tienen tiempo para comer. Pero insisten en que no es una solución universal ni mágica.

Todo indica que no es una moda pasajera. La proteína se ha convertido en la estrella de la conversación alimentaria global. De las guías oficiales a los estantes del supermercado, de las rutinas fitness a las recetas de cocina casera, todo parece girar en torno a ella. Pero más allá del boom, el debate de fondo no es solo cuánta proteína comemos, sino de qué fuentes proviene y cómo está procesada.

Imagen | Freepik

Xataka | La proteína en polvo se ha convertido en el accesorio estrella del bienestar moderno. Los nutricionistas tienen algo que decir


La noticia

Durante años el pollo fue el rey de la proteína. Ahora las alubias y las lentejas quieren destronarlo

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Alba Otero

.

​Durante décadas nos dijeron que lo saludable era cambiar la carne roja por pollo o pescado. La recomendación estaba tan asumida que se convirtió en una especie de mantra nutricional. No obstante, se empieza a vislumbrar un cambio ya sea en los estantes del supermercado, gimnasios o las redes sociales, la palabra “proteína” aparece más que nunca. Y lo llamativo es que cada vez más se asocia no tanto a la carne, sino a los alimentos vegetales. La pregunta es inevitable: ¿por qué ahora la proteína vegetal?

La proteína vegetal en el centro. El comité asesor de las Guías Alimentarias de Estados Unidos quiere dar un vuelco a la pirámide. Según un reportaje de The Washington Post, por primera vez se plantea que las proteínas vegetales tengan prioridad. Ni siquiera el pollo o el pescado, durante años sinónimo de comida sana, ocuparían ese lugar. Christopher Gardner, profesor en Stanford, lo resumió con una frase sencilla: “Las alubias, los guisantes y las lentejas pasarían a encabezar la lista de fuentes de proteínas”. La carne roja quedaría, en cambio, en la última posición.

La evidencia que respalda este giro. La recomendación no llega de la nada. Rahman, directora clínica del Barnard Medical Center, recordó al mismo medio que quienes comen más plantas tienen menos riesgo de cáncer, diabetes, obesidad e incluso deterioro de la memoria. En un estudio, publicado en el American Journal of Clinical Nutrition, analizaron a unas 50.000 mujeres, donde concluyeron que las dietas ricas en proteínas vegetales favorecen un envejecimiento más saludable que aquellas basadas en proteínas animales.

Más allá de las guías, la realidad habla por sí sola. Según The New York Times, las legumbres son un pilar de la dieta mediterránea. Una sola taza de lentejas o alubias aporta unos 15 gramos de proteína, a lo que habría que añadir fibra, hierro, magnesio, folato y vitamina E.

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La locura de los productos proteicos está invadiendo los supermercados. Y por eso ahora tenemos atún para machos

¿Vegetal o animal? Aquí aparece el matiz. En Men’s Health señalan algo que suele pasar desapercibido en medio del boom vegetal: la proteína animal todavía juega con ventaja. El motivo está en cómo la aprovechamos. Sus aminoácidos esenciales —los que nuestro cuerpo no puede fabricar— se absorben con más eficacia que los de origen vegetal. El ejemplo más simple está en el plato: 85 gramos de pollo suman unos 20 gramos de proteína. La misma cantidad de garbanzos se queda en seis.

Marie Spano, dietista deportiva citada por la revista, advierte que quienes siguen dietas exclusivamente vegetales necesitan más proteína total diaria. Aun así, la solución pasa por combinar legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas a lo largo del día.

El gran matiz: naturales vs ultraprocesados. No todas las proteínas vegetales son iguales y aquí aparece el punto más crítico. En The New York Times advierten del riesgo de confiar en ultraprocesados que “se disfrazan” de saludables. Un ensayo clínico mostró que, incluso con buen perfil nutricional en la etiqueta, los ultraprocesados (incluidos batidos y comidas preparadas vegetales) no ofrecen los mismos beneficios que los alimentos mínimamente procesados.

En el estudio, los participantes que siguieron una dieta con alimentos poco procesados —frutas, yogur natural, legumbres caseras— perdieron el doble de peso y grasa corporal que quienes consumieron ultraprocesados “saludables” como lasañas vegetales listas para calentar o batidos proteicos. Como resumía la epidemióloga Filippa Juul, citada por el NYT: “Los ultraprocesados tienen menos textura, se mastican más rápido y estimulan el apetito de forma artificial”.

El mundo gira en torno a la proteína. El auge no es solo nutricional, también cultural y comercial. Vivimos en plena “era Protein Chic”: la proteína se ha convertido en símbolo de cuerpos esculpidos y bienestar aspiracional. Redes sociales como TikTok popularizan rutinas extremas, batidos hiperproteicos y dietas que rozan la obsesión, a veces vinculadas a trastornos de la conducta alimentaria.

La industria alimentaria no se ha quedado atrás. Los envases de productos “altos en proteínas” adoptan códigos visuales agresivos, con tipografías en negro y rojo pensados para atraer al público masculino. Una estrategia que recuerda a lo que ocurrió en su día con los productos “light” en rosa, dirigidos a mujeres preocupadas por adelgazar. La proteína ya no es solo un nutriente: es marketing, identidad y negocio.

Entonces, ¿la proteína en polvo? El símbolo más reconocible del boom proteico quizá no sean las lentejas ni las hamburguesas vegetales, sino el batido que se agita en los vestuarios de cualquier gimnasio. Pero, ¿es imprescindible? La respuesta de los expertos es matizada. La nutricionista Saray López lo defiende en Xataka como herramienta práctica: “No tiene contraindicaciones y puede ayudar a alcanzar los requerimientos diarios”. Pero otros, como el dietista Jesús Guardiola, subrayan a este mismo medio que con una dieta equilibrada no hace falta recurrir a suplementos: “El problema es cuando el batido sustituye a la comida real”.

Los especialistas coinciden en que la proteína en polvo puede ser útil en contextos concretos: personas mayores con dificultades para masticar, pacientes en recuperación, quienes buscan ganar masa muscular o incluso trabajadores que apenas tienen tiempo para comer. Pero insisten en que no es una solución universal ni mágica.

Todo indica que no es una moda pasajera. La proteína se ha convertido en la estrella de la conversación alimentaria global. De las guías oficiales a los estantes del supermercado, de las rutinas fitness a las recetas de cocina casera, todo parece girar en torno a ella. Pero más allá del boom, el debate de fondo no es solo cuánta proteína comemos, sino de qué fuentes proviene y cómo está procesada.

Imagen | Freepik

Xataka | La proteína en polvo se ha convertido en el accesorio estrella del bienestar moderno. Los nutricionistas tienen algo que decir

– La noticia

Durante años el pollo fue el rey de la proteína. Ahora las alubias y las lentejas quieren destronarlo

fue publicada originalmente en

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por
Alba Otero

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