Ciencia y Tecnología
Hemos encontrado el “interruptor” del envejecimiento celular. El secreto se llama proteína AP2A1
La medicina regenerativa tiene un objetivo muy claro por delante a día de hoy: buscar el ‘botón’ que pueda parar el envejecimiento y permitirnos vivir mucho más, o al menos tener una mejor calidad de vida cuando llegamos a ciertas edades. Y aquí los japoneses tienen mucho que decir con un descubrimiento que nos da más pistas sobre cómo hacer que nuestras células se conserven mucho mejor.
Un nuevo estudio. Todo lo que tiene que ver con vivir un poco más, la verdad es que causa un pequeño revuelo en el mundo científico, y el artículo publicado en enero de 2025 en la revista Cellular Signalling no fue para menos. Aquí se evidenció cómo un equipo de investigadores de la Universidad de Osaka logró identificar una proteína que actúa literalmente como un interruptor de la senescencia celular llamado AP2A1.
Nuestras células. Al igual que de manera estética se puede ver el envejecimiento, nuestras células también envejecen por un proceso de senescencia. Al entrar en este estado, las células dejan de dividirse, pero no mueren, puesto que se vuelven más grandes, rígidas y se adhieren fuertemente a su entorno. Y aquí un equipo de científicos ha descubierto el mecanismo exacto que provoca esto.
Aquí el estudio ha apuntado a una proteína como la culpable: la AP2A1. Una molécula que actúa como una especie de camión de transporte biológico que mueve a otra proteína, llamada integrina β1 a lo largo de las fibras de la célula. Es por ello que, con el paso del tiempo, este proceso va fortaleciendo la adhesión celular, haciendo que la célula se vuelva rígida y “vieja”.
La revolución. Lo importante aquí es que, si se suprime la función de la AP2A1 en las células viejas, el reloj biológico da marcha atrás. Es decir, las células disminuyen su tamaño, pierden rigidez, reducen drásticamente los marcadores clásicos de envejecimiento y vuelven a proliferar y migrar. Básicamente, se rejuvenecen.
Además, se ha visto también que si se sobreexpresa en células jóvenes esta proteína, el resultado es un gran envejecimiento que va acelerándose.
Su potencial. Aquí el equipo científico ha visto que la AP2A1 no solo se perfila como un gran marcador que mide el envejecimiento de una persona, sino que actúa como una diana terapéutica directa. Es por ello que algunas webs especializadas como Fight Aging! ya analizan cómo bloquear la AP2A1 previene la señalización inflamatoria típica de las células senescentes.
De esta manera, si logramos inhibir esta proteína en el futuro, podríamos desarrollar agentes “antisenescencia” capaces de extender nuestra esperanza de vida saludable y combatir enfermedades asociadas a la edad, como por ejemplo la artrosis.
Mucho camino. De momento, esto es algo que se ha podido estimar en los modelos celulares en una placa en un laboratorio, pero todavía queda ver cómo funciona en el organismo humano con todos los factores que intervienen sobre una célula que no está aislada.
Lo que está claro es que el descubrimiento de la AP2A1 es un hito espectacular en la biología celular. Hemos encontrado básicamente el botón que controla el tamaño y la juventud de las células en el laboratorio, pero el próximo gran reto de la ciencia será averiguar si podemos pulsar ese mismo botón, de forma segura, dentro del cuerpo humano. Y para eso, todavía quedan muchos años de investigación.
Imágenes | National Cancer Institute Huy Phan
–
La noticia
Hemos encontrado el “interruptor” del envejecimiento celular. El secreto se llama proteína AP2A1
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
.
La medicina regenerativa tiene un objetivo muy claro por delante a día de hoy: buscar el ‘botón’ que pueda parar el envejecimiento y permitirnos vivir mucho más, o al menos tener una mejor calidad de vida cuando llegamos a ciertas edades. Y aquí los japoneses tienen mucho que decir con un descubrimiento que nos da más pistas sobre cómo hacer que nuestras células se conserven mucho mejor.
Un nuevo estudio. Todo lo que tiene que ver con vivir un poco más, la verdad es que causa un pequeño revuelo en el mundo científico, y el artículo publicado en enero de 2025 en la revista Cellular Signalling no fue para menos. Aquí se evidenció cómo un equipo de investigadores de la Universidad de Osaka logró identificar una proteína que actúa literalmente como un interruptor de la senescencia celular llamado AP2A1.
En Xataka
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Aquí el estudio ha apuntado a una proteína como la culpable: la AP2A1. Una molécula que actúa como una especie de camión de transporte biológico que mueve a otra proteína, llamada integrina β1 a lo largo de las fibras de la célula. Es por ello que, con el paso del tiempo, este proceso va fortaleciendo la adhesión celular, haciendo que la célula se vuelva rígida y “vieja”.
La revolución. Lo importante aquí es que, si se suprime la función de la AP2A1 en las células viejas, el reloj biológico da marcha atrás. Es decir, las células disminuyen su tamaño, pierden rigidez, reducen drásticamente los marcadores clásicos de envejecimiento y vuelven a proliferar y migrar. Básicamente, se rejuvenecen.
Además, se ha visto también que si se sobreexpresa en células jóvenes esta proteína, el resultado es un gran envejecimiento que va acelerándose.
Su potencial. Aquí el equipo científico ha visto que la AP2A1 no solo se perfila como un gran marcador que mide el envejecimiento de una persona, sino que actúa como una diana terapéutica directa. Es por ello que algunas webs especializadas como Fight Aging! ya analizan cómo bloquear la AP2A1 previene la señalización inflamatoria típica de las células senescentes.
De esta manera, si logramos inhibir esta proteína en el futuro, podríamos desarrollar agentes “antisenescencia” capaces de extender nuestra esperanza de vida saludable y combatir enfermedades asociadas a la edad, como por ejemplo la artrosis.
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Lo que está claro es que el descubrimiento de la AP2A1 es un hito espectacular en la biología celular. Hemos encontrado básicamente el botón que controla el tamaño y la juventud de las células en el laboratorio, pero el próximo gran reto de la ciencia será averiguar si podemos pulsar ese mismo botón, de forma segura, dentro del cuerpo humano. Y para eso, todavía quedan muchos años de investigación.
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José A. Lizana
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