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La Generación Z ha encontrado el remedio a la fatiga de las suscripciones de streaming: volver a comprar DVDs

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La Generación Z ha encontrado el remedio a la fatiga de las suscripciones de streaming: volver a comprar DVDs

Las ventas de DVD, Blu-ray y 4K UHD frenaron su caída en 2025. Solo cayeron un 9% frente a los desplomes superiores al 20% de los dos años anteriores. ¿A qué se debe esa desaceleración? A un factor inesperado, un público imprevisto: jóvenes de la Generación Z que están llenando videoclubs, impulsando sellos boutique como Criterion y Arrow y convirtiendo el formato físico en un gesto de resistencia frente al la masificación del streaming.

Caida en picado. Durante más de una década, el mercado del formato físico en vídeo doméstico siguió una trayectoria descendente que parecía irreversible. Entre 2019 y 2023 se redujo un 40% solo en Estados Unidos, y la desaparición de cadenas como Blockbuster reforzó la sensación de que el disco era un medio agotado. En 2024, las ventas de DVD y Blu-ray estuvieron por debajo de los mil millones de dólares por primera vez.

Boqueando. Sin embargo, en 2025 se ha detectado un fenómeno distinto: el mercado de discos físicos generó 870 millones de dólares, es decir, solo retrocedió un 9,3% respecto al año anterior. Es más: en el segmento 4K UHD (que permite un visionado de alta calidad en casa), el gasto de los consumidores estadounidenses creció un 12% interanual. Todo esto en un contexto sumamente desfavorable: con el crecimiento imparable del streaming (un 19,8% en 2025), el formato físico representa apenas el 1,4% del total del entretenimiento doméstico.

Hartos del streaming. La sobredosis de oferta en streaming está, finalmente, causando un efecto de cansancio. Según estudios recientes, el 47% de los consumidores estadounidenses afirma que paga demasiado por sus servicios de streaming, y el 41% considera que el contenido disponible no justifica el precio. El número medio de suscripciones por hogar lleva un par de años siendo de cuatro, una cantidad que podría estar al límite de su punto crítico.

Solución DVD. A esa saturación se suma un problema que los aficionados al cine conocen bien: las plataformas son poco fiables y los catálogos van variando sin previo aviso. Las películas y series desaparecen por motivos que van de la llegada a término de los contratos de explotación a razones fiscales. En una pieza de ‘Los Angeles Times’ que ha indagado en este interés de los más jóvenes por recuperar los formatos físicos, algunos jóvenes de menos de treinta años hablaban de cómo se empezaron a interesar en el cine durante la pandemia, describiendo el coleccionismo de DVD como un acto de rebelión frente a la fragmentación del streaming. 

Blockbuster, punto de encuentro. En ese mismo artículo se habla de versiones renovadas de los viejos videoclubs como puntos de encuentro para estos nuevos coleccionistas. Por supuesto, es algo que atañe sobre todo a Estados Unidos, donde este tipo de comercios tan específicos tienen sentido: Vidiots, en Los Ángeles, funciona también como sala de cine, y está registrando sus mayores picos de ingresos desde su apertura, con una media de 170 alquileres diarios. También de allí es Cinefile, que tiene 500 socios de pago. La visita al videoclub funciona como actividad social que el streaming no puede ofrecer y la dimensión comunitaria es clave para entender por qué el fenómeno excede la pura nostalgia. 

Y no hay que irse a tiendas tan especializadas: Barnes & Noble, una de las pocas cadenas de gran tamaño en el país que mantiene un espacio dedicado al formato físico tras la retirada de Best Buy y Target, habla de un crecimiento en porcentaje de dos cifras durante el último año. Y apuntan a que el perfil demográfico de sus compradores es cada vez más joven.

Sellos boutique. La situación que viven las ediciones domésticas sí que es completamente inaudita en la historia del medio: mientras los grandes estudios reducen su apuesta por el formato físico, los sellos independientes viven un momento de expansión. Criterion Collection habla de “aumentos interanuales significativos” en ventas. El especializado en cine de culto Vinegar Syndrome también experimenta tendencias similares. Por supuesto, las ventas son incomparablemente menores a los buenos tiempos del formato físico, pero tampoco hablamos de fenómenos residuales. 

Solo en España, por ejemplo, hay media docena de sellos especializados en reediciones de películas inencontrables en streaming (El 79, Cameo, Gabita Barbieri, Trashorama…) que sobreviven a crisis y recesiones aludiendo a un público fiel y a un cine que no se puede ver de otra forma.

La comparación inevitable. Es inevitable pensar en una analogía con la recuperación del vinilo, el cassette y el VHS que han llevado a cabo las generaciones previas, Millennials y Gen-Xers. Esto se lleva viviendo desde mediados de la década de 2010, en una mezcla de nostalgia, reivindicación de lo físico y discusiones interminables sobre calidades de audio y vídeo. Dos décadas después, el vinilo afronta su decimoctavo año consecutivo de crecimiento, con 1.400 millones de dólares en ventas (la cifra más alta desde 1984) y 44 millones de unidades en las tiendas, superando al CD por tercer año consecutivo.

La diferencia clave está en que el vinilo cuenta con una infraestructura industrial que lo respalda: discográficas que priorizan el formato, fabricantes activos y una cadena de distribución. El vídeo físico, en cambio, pierde fabricantes de reproductores y los grandes estudios priorizan el streaming sobre las ediciones en disco. Las consolas de videojuegos, eterno apoyo del formato, ya tienen institucionalizadas versiones de su hardware sin lectores de disco. De momento, la recuperación del DVD y el Blu-Ray es un fenómeno aislado. Pero los que seguimos escuchando cassettes sabemos que no hay que mirar por encima del hombro a un formato que parece muerto.

Cabecera | Foto de Lance Anderson en Unsplash 

En Xataka | Pese al streaming, sigo comprando Blu-Rays y DVDs. Pero el motivo no tiene nada que ver con la calidad de imagen


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John Tones

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​Las ventas de DVD, Blu-ray y 4K UHD frenaron su caída en 2025. Solo cayeron un 9% frente a los desplomes superiores al 20% de los dos años anteriores. ¿A qué se debe esa desaceleración? A un factor inesperado, un público imprevisto: jóvenes de la Generación Z que están llenando videoclubs, impulsando sellos boutique como Criterion y Arrow y convirtiendo el formato físico en un gesto de resistencia frente al la masificación del streaming.
Caida en picado. Durante más de una década, el mercado del formato físico en vídeo doméstico siguió una trayectoria descendente que parecía irreversible. Entre 2019 y 2023 se redujo un 40% solo en Estados Unidos, y la desaparición de cadenas como Blockbuster reforzó la sensación de que el disco era un medio agotado. En 2024, las ventas de DVD y Blu-ray estuvieron por debajo de los mil millones de dólares por primera vez.
Boqueando. Sin embargo, en 2025 se ha detectado un fenómeno distinto: el mercado de discos físicos generó 870 millones de dólares, es decir, solo retrocedió un 9,3% respecto al año anterior. Es más: en el segmento 4K UHD (que permite un visionado de alta calidad en casa), el gasto de los consumidores estadounidenses creció un 12% interanual. Todo esto en un contexto sumamente desfavorable: con el crecimiento imparable del streaming (un 19,8% en 2025), el formato físico representa apenas el 1,4% del total del entretenimiento doméstico.

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En 1997 Blockbuster tuvo la oportunidad de subirse al carro del DVD antes que los demás. Lo que siguió fue su bancarrota

Hartos del streaming. La sobredosis de oferta en streaming está, finalmente, causando un efecto de cansancio. Según estudios recientes, el 47% de los consumidores estadounidenses afirma que paga demasiado por sus servicios de streaming, y el 41% considera que el contenido disponible no justifica el precio. El número medio de suscripciones por hogar lleva un par de años siendo de cuatro, una cantidad que podría estar al límite de su punto crítico.
Solución DVD. A esa saturación se suma un problema que los aficionados al cine conocen bien: las plataformas son poco fiables y los catálogos van variando sin previo aviso. Las películas y series desaparecen por motivos que van de la llegada a término de los contratos de explotación a razones fiscales. En una pieza de ‘Los Angeles Times’ que ha indagado en este interés de los más jóvenes por recuperar los formatos físicos, algunos jóvenes de menos de treinta años hablaban de cómo se empezaron a interesar en el cine durante la pandemia, describiendo el coleccionismo de DVD como un acto de rebelión frente a la fragmentación del streaming. 

Blockbuster, punto de encuentro. En ese mismo artículo se habla de versiones renovadas de los viejos videoclubs como puntos de encuentro para estos nuevos coleccionistas. Por supuesto, es algo que atañe sobre todo a Estados Unidos, donde este tipo de comercios tan específicos tienen sentido: Vidiots, en Los Ángeles, funciona también como sala de cine, y está registrando sus mayores picos de ingresos desde su apertura, con una media de 170 alquileres diarios. También de allí es Cinefile, que tiene 500 socios de pago. La visita al videoclub funciona como actividad social que el streaming no puede ofrecer y la dimensión comunitaria es clave para entender por qué el fenómeno excede la pura nostalgia. 

Y no hay que irse a tiendas tan especializadas: Barnes & Noble, una de las pocas cadenas de gran tamaño en el país que mantiene un espacio dedicado al formato físico tras la retirada de Best Buy y Target, habla de un crecimiento en porcentaje de dos cifras durante el último año. Y apuntan a que el perfil demográfico de sus compradores es cada vez más joven.

Sellos boutique. La situación que viven las ediciones domésticas sí que es completamente inaudita en la historia del medio: mientras los grandes estudios reducen su apuesta por el formato físico, los sellos independientes viven un momento de expansión. Criterion Collection habla de “aumentos interanuales significativos” en ventas. El especializado en cine de culto Vinegar Syndrome también experimenta tendencias similares. Por supuesto, las ventas son incomparablemente menores a los buenos tiempos del formato físico, pero tampoco hablamos de fenómenos residuales. 

Solo en España, por ejemplo, hay media docena de sellos especializados en reediciones de películas inencontrables en streaming (El 79, Cameo, Gabita Barbieri, Trashorama…) que sobreviven a crisis y recesiones aludiendo a un público fiel y a un cine que no se puede ver de otra forma.

La comparación inevitable. Es inevitable pensar en una analogía con la recuperación del vinilo, el cassette y el VHS que han llevado a cabo las generaciones previas, Millennials y Gen-Xers. Esto se lleva viviendo desde mediados de la década de 2010, en una mezcla de nostalgia, reivindicación de lo físico y discusiones interminables sobre calidades de audio y vídeo. Dos décadas después, el vinilo afronta su decimoctavo año consecutivo de crecimiento, con 1.400 millones de dólares en ventas (la cifra más alta desde 1984) y 44 millones de unidades en las tiendas, superando al CD por tercer año consecutivo.

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El caos del streaming está provocando un fenómeno que creíamos en recesión: las descargas aumentan

La diferencia clave está en que el vinilo cuenta con una infraestructura industrial que lo respalda: discográficas que priorizan el formato, fabricantes activos y una cadena de distribución. El vídeo físico, en cambio, pierde fabricantes de reproductores y los grandes estudios priorizan el streaming sobre las ediciones en disco. Las consolas de videojuegos, eterno apoyo del formato, ya tienen institucionalizadas versiones de su hardware sin lectores de disco. De momento, la recuperación del DVD y el Blu-Ray es un fenómeno aislado. Pero los que seguimos escuchando cassettes sabemos que no hay que mirar por encima del hombro a un formato que parece muerto.

Cabecera | Foto de Lance Anderson en Unsplash 

En Xataka | Pese al streaming, sigo comprando Blu-Rays y DVDs. Pero el motivo no tiene nada que ver con la calidad de imagen

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La Generación Z ha encontrado el remedio a la fatiga de las suscripciones de streaming: volver a comprar DVDs

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John Tones

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