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Bienestar

Danza giratoria: la técnica de meditación que no marea y te conecta con tu pasado

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La danza es una de las actividades que nos une con todo el mundo. Gracias a ella somos capaces de expresarnos y en muchas ocasiones decimos con el cuerpo lo que no podemos comunicar con las palabras. En cada cultura se practican unas u otras, y aunque la danza contemporánea, el ballet o la danza del vientre las conocemos casi todos, hay algunas que son completamente desconocidas para los occidentales, como por ejemplo las danzas giratorias.Como el propio nombre indica -aunque es mundialmente conocida como danza sufí -, en esta danza el ingrediente principal es el de girar y girar, y parece imposible que esto suceda sin marearnos, ¿verdad? Lo cierto es que hacen faltan algunas buenas dinámicas para que esta danza, que sirve como meditación, pueda practicarse sin un solo ápice de mareo.Como decíamos, en España se practica muy poco -su procedencia es turca- pero gracias a la labor de Raquel Santiago estamos entendiendo en qué consiste. Ella ha sido una bailarina atípica por aquello de no empezar en el mundo del baile desde pequeña, ni siquiera fue como un hobby; la danza entró en su vida en un contexto terapéutico. «Tuve anorexia por diferentes traumas infantiles y tras un trabajo con psicólogos y diversas terapias corporales y como yo no podía hablar ni relatar lo que me pasaba empecé a contarlo a través del cuerpo y empecé a expresarme. Parecía que se me daba bien el movimiento y ahí me interesé por la danza». Ahí se dio cuenta de que la danza no era solo una actividad para entrenar el cuerpo sino mas bien una herramienta profunda de conexión entre cuerpo y mente.La danza, como otras tantas disciplinas que se realizan con el cuerpo, sirve para autoconocerse. Raquel Santiago indica que la danza ha sido una herramienta de autoexploración y de un lenguaje único que puede trabajar a nivel insconsciente (trauma, memorias) y como una herramienta para sanar. Qué son las danzas giratoriasAunque se convirtió en bailarina profesional, Raquel Santiago siguió desarrollándose en las danzas giratorias y eso le llevó a querer enseñarlo para que otras personas pudieran beneficiarse de todas las bondades que puede ofrecer, ya que se trata más bien de una terapia que de cualquier otra cosa. ¿En qué consisten estas danzas? Tal como señala la experta, es un viaje en espiral a través del movimiento consciente y de giros en el que las personas giran alrededor de sí mismas durante una hora. «En este tipo de danzas lo que se desarrolla mucho es estar en el eje; estar en el ojo del huracán porque es ahí donde hay calma y no sucede de nada. Cuando te vas a la periferia eres arrastrado por el huracán. Sin embargo, cuando una persona está en el centro no observa lo que pasa fuera».La mayoría de las personas que acuden a sus talleres son personas que nunca han bailado y, por tanto, no tienen mucha experiencia con el movimiento. «Muchos vienen por la curiosidad pero principalmente se apuntan personas que están en un camino de desarrollo personal y espiritual; les interesa la función del movimiento y el mindfulness. Es una danza meditativa», comenta.Y pese a lo que se puede pensar, las danzas giratorias no marean: «Todos se quedan alucinados porque no se han mareado porque han girado durante media hora pero no tienen sensación de mareo», comenta. No obstante, reconoce que mucha gente no se apunta por ese miedo, pero cuando lo hacen se sorprenden por acabar los giros con sensación de calma en el cuerpo. ¿Qué nos aportan estas danzas? Al parecer, según la experta, hay mayor apertura de corazón, es decir, mucha más receptividad y sensación de unión con el grupo. Por supuesto, cada persona tiene diferentes experiencias y siente cómo que conecta con el planeta. «Con las danzas giratorias vienen memorias de su vida personal como cuando eran pequeños, personas que les despierta mucho la creatividad… Emergen muchas cosas y sentimientos». Además, en estas danzas no se gira todo el tiempo sino que es al final del viaje. Se conecta con el ritmo para desbloquear tensiones, liberar el cuerpo y cuando el cuerpo está preparado es cuando ya giramos con lo aprendido durante la sesión previa.«Las danzas giratorias son ancestrales y como todas las danzas es la manera en la que los hombres utilizaban el lenguaje para comunicar.Como he dicho, el ritmo va a ser importante y consigue que nos adentremos en una especie de trance. El fin de los giros en la danza sufí es la unidad, por lo que tiene un componente espiritual. Además, esto lo convierte en un super mindfulness porque la meditación normalmente la hacemos sentados. Te sientas, te pones en situación de meditación y a través de los mantras consigues silenciar la mente y estar en meditación durante veinte minutos. Esto es fácil pero estás sentado. Si estás girando no puedes darte este lujo de pensar porque entonces te mareas, sientes náuseas… El estar girando te hace estar presente en la respiración, en los pies conectados con la tierra, en tus brazos, en el corazón y centrado. Si te vas y tu cabeza se va a otras cosas es cuando sientes mareo. Los efectos al terminar de girar son muchísimo mejores que una meditación sentado porque has estado veinte minutos totalmente atento»., concluye Raquel Santiago, quien tiene retiros por el mundo para que más personas aprendan esta técnica.

​La danza es una de las actividades que nos une con todo el mundo. Gracias a ella somos capaces de expresarnos y en muchas ocasiones decimos con el cuerpo lo que no podemos comunicar con las palabras. En cada cultura se practican unas u otras, y aunque la danza contemporánea, el ballet o la danza del vientre las conocemos casi todos, hay algunas que son completamente desconocidas para los occidentales, como por ejemplo las danzas giratorias.Como el propio nombre indica -aunque es mundialmente conocida como danza sufí -, en esta danza el ingrediente principal es el de girar y girar, y parece imposible que esto suceda sin marearnos, ¿verdad? Lo cierto es que hacen faltan algunas buenas dinámicas para que esta danza, que sirve como meditación, pueda practicarse sin un solo ápice de mareo.Como decíamos, en España se practica muy poco -su procedencia es turca- pero gracias a la labor de Raquel Santiago estamos entendiendo en qué consiste. Ella ha sido una bailarina atípica por aquello de no empezar en el mundo del baile desde pequeña, ni siquiera fue como un hobby; la danza entró en su vida en un contexto terapéutico. «Tuve anorexia por diferentes traumas infantiles y tras un trabajo con psicólogos y diversas terapias corporales y como yo no podía hablar ni relatar lo que me pasaba empecé a contarlo a través del cuerpo y empecé a expresarme. Parecía que se me daba bien el movimiento y ahí me interesé por la danza». Ahí se dio cuenta de que la danza no era solo una actividad para entrenar el cuerpo sino mas bien una herramienta profunda de conexión entre cuerpo y mente.La danza, como otras tantas disciplinas que se realizan con el cuerpo, sirve para autoconocerse. Raquel Santiago indica que la danza ha sido una herramienta de autoexploración y de un lenguaje único que puede trabajar a nivel insconsciente (trauma, memorias) y como una herramienta para sanar. Qué son las danzas giratoriasAunque se convirtió en bailarina profesional, Raquel Santiago siguió desarrollándose en las danzas giratorias y eso le llevó a querer enseñarlo para que otras personas pudieran beneficiarse de todas las bondades que puede ofrecer, ya que se trata más bien de una terapia que de cualquier otra cosa. ¿En qué consisten estas danzas? Tal como señala la experta, es un viaje en espiral a través del movimiento consciente y de giros en el que las personas giran alrededor de sí mismas durante una hora. «En este tipo de danzas lo que se desarrolla mucho es estar en el eje; estar en el ojo del huracán porque es ahí donde hay calma y no sucede de nada. Cuando te vas a la periferia eres arrastrado por el huracán. Sin embargo, cuando una persona está en el centro no observa lo que pasa fuera».La mayoría de las personas que acuden a sus talleres son personas que nunca han bailado y, por tanto, no tienen mucha experiencia con el movimiento. «Muchos vienen por la curiosidad pero principalmente se apuntan personas que están en un camino de desarrollo personal y espiritual; les interesa la función del movimiento y el mindfulness. Es una danza meditativa», comenta.Y pese a lo que se puede pensar, las danzas giratorias no marean: «Todos se quedan alucinados porque no se han mareado porque han girado durante media hora pero no tienen sensación de mareo», comenta. No obstante, reconoce que mucha gente no se apunta por ese miedo, pero cuando lo hacen se sorprenden por acabar los giros con sensación de calma en el cuerpo. ¿Qué nos aportan estas danzas? Al parecer, según la experta, hay mayor apertura de corazón, es decir, mucha más receptividad y sensación de unión con el grupo. Por supuesto, cada persona tiene diferentes experiencias y siente cómo que conecta con el planeta. «Con las danzas giratorias vienen memorias de su vida personal como cuando eran pequeños, personas que les despierta mucho la creatividad… Emergen muchas cosas y sentimientos». Además, en estas danzas no se gira todo el tiempo sino que es al final del viaje. Se conecta con el ritmo para desbloquear tensiones, liberar el cuerpo y cuando el cuerpo está preparado es cuando ya giramos con lo aprendido durante la sesión previa.«Las danzas giratorias son ancestrales y como todas las danzas es la manera en la que los hombres utilizaban el lenguaje para comunicar.Como he dicho, el ritmo va a ser importante y consigue que nos adentremos en una especie de trance. El fin de los giros en la danza sufí es la unidad, por lo que tiene un componente espiritual. Además, esto lo convierte en un super mindfulness porque la meditación normalmente la hacemos sentados. Te sientas, te pones en situación de meditación y a través de los mantras consigues silenciar la mente y estar en meditación durante veinte minutos. Esto es fácil pero estás sentado. Si estás girando no puedes darte este lujo de pensar porque entonces te mareas, sientes náuseas… El estar girando te hace estar presente en la respiración, en los pies conectados con la tierra, en tus brazos, en el corazón y centrado. Si te vas y tu cabeza se va a otras cosas es cuando sientes mareo. Los efectos al terminar de girar son muchísimo mejores que una meditación sentado porque has estado veinte minutos totalmente atento»., concluye Raquel Santiago, quien tiene retiros por el mundo para que más personas aprendan esta técnica.   

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