Ciencia y Tecnología
Hay un brote de peste porcina en Barcelona y lo más preocupante es que nadie es capaz de explicar de dónde ha salido
En noviembre de 2025 en Cataluña saltaron todas las alarmas por un brote de peste porcina africana que obligó a sacrificar a un gran número de animales y aplicar medidas muy restrictivas. En ese momento todo el mundo se preguntaba desde dónde había podido surgir este patógeno, y todas las miradas se pusieron sobre el IRTA-CReSA, un centro de alta seguridad que trabajaba con estos patógenos.
Una hipótesis fallida. Sobre la mesa parecía algo perfecto, puesto que todo coincidía. Pero la realidad es que el último informe del comité de expertos, avalado por el Ministerio de Agricultura, ha descartado completamente esta teoría.
De esta manera, ya sabemos que no fue una fuga de este laboratorio que trabaja con este tipo de patógenos, pero entonces… ¿De dónde ha salido un virus que ya ha infectado a más de un centenar de jabalíes y que tiene a la comunidad científica pidiendo más datos a gritos?
El ADN no miente. La sospecha sobre este laboratorio era completamente legítima, puesto que en noviembre se presentó un incidente técnico en un digestor del laboratorio que coincidió con la aparición de jabalíes muertos en la zona. Un equipo fundamental, puesto que convierte los cuerpos de animales infectados en residuos estériles sin presencia de su infección, pero su fallo pudo haber desencadenado esto.
Pero la genómica ha entrado en juego para desmontarlo, puesto que, según el informe preliminar, los análisis realizados por el Laboratorio Central de Veterinaria de Algete y expertos del IRB Barcelona son tajantes. En concreto, se han analizado 81 muestras y se han comparado con las cepas virales que se manipulaban dentro del CReSA y el resultado es que no hay ninguna coincidencia genética.
El virus ya estaba allí. Aquí es donde la trama se complica. Si el virus no salió del laboratorio durante el incidente de noviembre… ¿cuándo llegó? Los expertos y el informe ministerial sugieren que hemos estado mirando el calendario equivocado. Todo esto porque, según análisis de los cadáveres y la dispersión de los 23 focos iniciales, que ya han escalado a más de 100 jabalíes positivos según las últimas actualizaciones, indican que el virus llevaba circulando “bajo el radar” mucho más tiempo.
Se estima que las infecciones pudieron comenzar hasta cuatro meses antes de que se detectara el brote oficial. Esto elimina casi definitivamente la conexión con el fallo del digestor del CReSA en noviembre, puesto que el virus ya estaba completamente libre en los montes de Barcelona cuando eso ocurrió.
Hay una hipótesis. Si descartamos la implicación del laboratorio y también la llegada natural por la fauna silvestre, solo nos queda la opción más mundana y preocupante: los humanos. Y es que el consenso actual apunta a la introducción de este virus a través de productos cárnicos contaminados en nuestro entorno.
Un simple resto de comida infectada, como un bocadillo de embutido elaborado con carne de un cerdo infectado en otro país tirado en una zona periurbana accesible a jabalíes es suficiente para iniciar una epidemia. Algo que ahora mismo está encima de la mesa, con la teoría de la “intoxicación pasiva” con el vector humano que trae el virus en la maleta y la fauna local hace el resto al hurgar en la basura.
Lo que exige la ciencia. Aunque el origen “accidental” tranquiliza en cuanto a seguridad biológica, el manejo de la información ha abierto otro frente. Expertos internacionales de la talla de Edward Holmes, famoso por su trabajo en el origen del COVID-19, han alzado la voz por la falta de transparencia en la información.
Aunque el ministerio y el comité de expertos afirma que no hay una coincidencia entre el ADN del virus encontrado en los infectados y en el laboratorio, la comunidad científica global pide que se publiquen los genomas completos secuenciados para hacer análisis independientes. En la era de la Open Science, decir “confiad en nosotros” ya no es suficiente, puesto que los investigadores quieren ver los datos crudos para entender las mutaciones únicas de este “virus de Barcelona” y trazar su verdadero árbol genealógico.
¿Y ahora qué? El brote ahora mismo activo con más de 100 jabalíes afectados y la Guardia Civil investigando el origen. Es cierto que la prioridad ha pasado de buscar culpables con bata blanca a contener una expansión que amenaza a la industria porcina española al poner en cuarentena a los posibles expuestos para evitar que siga expandiéndose.
Lo que sabemos hoy es que la tecnología ha salvado la reputación de un laboratorio, pero nos ha dejado con una realidad más inquietante: la bioseguridad no solo depende de instalaciones de alta tecnología, sino de lo que tiramos a la basura en un día de campo.
Imágenes | Kemal Berkay Dogan
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La noticia
Hay un brote de peste porcina en Barcelona y lo más preocupante es que nadie es capaz de explicar de dónde ha salido
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
.
En noviembre de 2025 en Cataluña saltaron todas las alarmas por un brote de peste porcina africana que obligó a sacrificar a un gran número de animales y aplicar medidas muy restrictivas. En ese momento todo el mundo se preguntaba desde dónde había podido surgir este patógeno, y todas las miradas se pusieron sobre el IRTA-CReSA, un centro de alta seguridad que trabajaba con estos patógenos.
Una hipótesis fallida. Sobre la mesa parecía algo perfecto, puesto que todo coincidía. Pero la realidad es que el último informe del comité de expertos, avalado por el Ministerio de Agricultura, ha descartado completamente esta teoría.
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El virus ya estaba allí. Aquí es donde la trama se complica. Si el virus no salió del laboratorio durante el incidente de noviembre… ¿cuándo llegó? Los expertos y el informe ministerial sugieren que hemos estado mirando el calendario equivocado. Todo esto porque, según análisis de los cadáveres y la dispersión de los 23 focos iniciales, que ya han escalado a más de 100 jabalíes positivos según las últimas actualizaciones, indican que el virus llevaba circulando “bajo el radar” mucho más tiempo.
Se estima que las infecciones pudieron comenzar hasta cuatro meses antes de que se detectara el brote oficial. Esto elimina casi definitivamente la conexión con el fallo del digestor del CReSA en noviembre, puesto que el virus ya estaba completamente libre en los montes de Barcelona cuando eso ocurrió.
Hay una hipótesis. Si descartamos la implicación del laboratorio y también la llegada natural por la fauna silvestre, solo nos queda la opción más mundana y preocupante: los humanos. Y es que el consenso actual apunta a la introducción de este virus a través de productos cárnicos contaminados en nuestro entorno.
Un simple resto de comida infectada, como un bocadillo de embutido elaborado con carne de un cerdo infectado en otro país tirado en una zona periurbana accesible a jabalíes es suficiente para iniciar una epidemia. Algo que ahora mismo está encima de la mesa, con la teoría de la “intoxicación pasiva” con el vector humano que trae el virus en la maleta y la fauna local hace el resto al hurgar en la basura.
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Aunque el ministerio y el comité de expertos afirma que no hay una coincidencia entre el ADN del virus encontrado en los infectados y en el laboratorio, la comunidad científica global pide que se publiquen los genomas completos secuenciados para hacer análisis independientes. En la era de la Open Science, decir “confiad en nosotros” ya no es suficiente, puesto que los investigadores quieren ver los datos crudos para entender las mutaciones únicas de este “virus de Barcelona” y trazar su verdadero árbol genealógico.
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.


